Capítulo 4
Dios tiene nombre
CUANDO te presentan a alguien, ¿qué es lo primero que te dicen de esa persona?... Cómo se llama, por supuesto. Todos tenemos nombre. Al primer hombre, Dios lo llamó Adán, y el nombre de su esposa fue Eva.
Sin embargo, no solo las personas tienen nombre. Piensa en cosas que también lo tienen. Cuando alguien te regala una muñeca o un animalito, ¿no es verdad que le pones nombre?... Claro, porque tener nombre es muy importante.
Fíjate en la gran cantidad de estrellas que vemos en el cielo de noche. ¿Crees que tienen nombre?... Sí, Dios se lo puso a cada una. La Biblia nos dice que él “está contando el número de las estrellas; a todas las llama por sus nombres” (Salmo 147:4).
¿Quién dirías tú que es la persona más importante del universo?... Sí, es Dios. ¿Y crees que tiene nombre?... Jesús dijo que sí. En cierta ocasión, Jesús oró a Dios diciendo: ‘Yo les he dado a conocer tu nombre a mis seguidores’ (Juan 17:26). ¿Sabes cómo se llama Dios?... Él mismo lo reveló: “Yo soy Jehová. Ese es mi nombre”. De modo que el nombre de Dios es JEHOVÁ (Isaías 42:8).
¿Cómo te sientes cuando otros recuerdan tu nombre?... Te alegras, ¿no es cierto?... Jehová también quiere que la gente sepa Su nombre, y por eso deberíamos usarlo al hablar de él. El Gran Maestro utilizaba el nombre de Dios, Jehová, cuando enseñaba a la gente. En una ocasión dijo: “Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón” (Marcos 12:30).
Jesús sabía que el nombre de Dios, Jehová, es muy importante y que Dios desea que todo el mundo lo conozca. Por eso, enseñó a sus seguidores a utilizar ese nombre e, incluso, a hablar de él en las oraciones.
Hace mucho tiempo, Dios le mostró a un israelita llamado Moisés la importancia de Su nombre. Los israelitas vivían en un país llamado Egipto, donde eran esclavos y recibían un trato muy cruel. Cuando Moisés se hizo adulto, intentó ayudar a otro israelita. Pero Faraón, el rey de Egipto, se enojó por ello y quiso matarlo. Así que Moisés huyó de Egipto.
Moisés se fue a otro país, a la tierra de Madián. Allí se casó, tuvo hijos y trabajó como pastor. Un día, mientras cuidaba sus ovejas cerca de una montaña, vio algo sorprendente: una zarza que ardía, pero no se quemaba. Entonces se acercó para verla mejor.
¿Sabes lo que ocurrió?... Moisés escuchó una voz que lo llamaba de en medio de aquella zarza ardiente: “¡Moisés!, ¡Moisés!”. ¿De quién era aquella voz?... ¡Era la voz de Dios! Él le encargó una labor muy importante diciéndole: ‘Ven y déjame enviarte a Faraón, el rey de Egipto, y saca de allí a mi pueblo, los hijos de Israel’. Dios prometió ayudar a Moisés en su misión.
Pero Moisés contestó: ‘Si ahora voy a los hijos de Israel que están en Egipto y les digo que Dios me ha enviado, ¿qué haré si me preguntan cuál es su nombre? ¿Qué les diré?’. Dios le mandó que respondiera a los israelitas: ‘Jehová me ha enviado a ustedes. Jehová es mi nombre para siempre’ (Éxodo 3:1-15). Esas palabras mostraban que Dios nunca cambiaría de nombre. Seguiría llamándose Jehová, y deseaba que se le conociera por ese nombre para siempre.
Cuando Moisés volvió a Egipto, los egipcios creían que Jehová era solo un dios sin importancia de los israelitas. No se imaginaban que fuera el Dios de toda la Tierra. Por eso, Jehová le dijo al rey de Egipto: ‘Voy a hacer que mi nombre se conozca por toda la tierra’ (Éxodo 9:16). Y lo hizo. ¿Sabes cómo?...
Bueno, hizo que Moisés sacara al pueblo de Israel de la tierra de Egipto. Cuando los israelitas llegaron al mar Rojo, Jehová abrió un camino seco a través de sus aguas. Así pudieron cruzar sanos y salvos a la otra orilla. Pero cuando Faraón y todo su ejército entraron en el lecho seco del mar, las aguas que habían estado retenidas a cada lado cayeron sobre ellos, y todos murieron.
En poco tiempo, gente de toda la Tierra ya se había enterado de lo que Jehová había hecho en el mar Rojo. ¿Cómo lo sabemos?... Bueno, unos cuarenta años después, los israelitas llegaron a Canaán. Esa era la tierra que Jehová había prometido darles. Allí, una joven llamada Rahab les dijo a dos hombres israelitas: “Hemos oído cómo Jehová secó las aguas del mar Rojo de delante de ustedes cuando salieron de Egipto” (Josué 2:10).
Hoy día, muchas personas son como aquellos egipcios. No creen que Jehová sea el Dios de toda la Tierra. Por eso, Jehová quiere que su pueblo hable de él a otras personas. Jesús lo hizo. Cuando se acercaba el fin de su vida en la Tierra, le dijo a Jehová en oración: “Yo les he dado a conocer tu nombre” (Juan 17:26).
¿Quieres ser como Jesús? Entonces diles a otros que el nombre de Dios es Jehová. Quizás descubras que mucha gente no lo sabe. Podrías mostrarles en la Biblia el Salmo 83:18. Vamos a buscarlo juntos. Allí dice: “Para que la gente sepa que tú, cuyo nombre es Jehová, tú solo eres el Altísimo sobre toda la tierra”.
¿Qué aprendemos de estas palabras?... Que Jehová es el nombre más importante que existe, pues es el nombre del Dios todopoderoso, el Padre de Jesús y el Creador de todas las cosas. Y recuerda, Jesús dijo que deberíamos amar a Jehová Dios con todo nuestro corazón. ¿Lo amas tú?...
¿Cómo podemos demostrar que lo amamos?... Una forma de hacerlo es conocer a Jehová y ser su amigo. Otra es enseñar su nombre a las demás personas. Podemos mostrárselo en la Biblia misma. También podemos hablarles de las maravillas que Dios ha hecho. Jehová se sentirá muy feliz por ello, pues quiere que la gente lo conozca. ¿Verdad que podemos hacerlo?...
No todo el mundo va a prestar atención cuando hablemos de Jehová. Cuando Jesús, el Gran Maestro, habló de Él, hubo muchas personas que ni siquiera escucharon. Pero Jesús no dejó de hablar de Jehová.
Por eso, seamos como Jesús. Sigamos hablando de Jehová. Si lo hacemos, Jehová Dios se complacerá en nosotros porque mostramos amor por su nombre.
Vamos a leer juntos algunos textos bíblicos que muestran que el nombre de Dios es muy importante: Isaías 12:4, 5; Mateo 6:9; Juan 17:6, y Romanos 10:13.
[Ilustración de la página 27]
¿Sabías que todas las estrellas tienen nombre?
[Ilustración de la página 28]
¿Qué mensaje importante recibió Moisés al lado de la zarza ardiente?
[Ilustración de la página 29]
¿Cómo dio a conocer Dios su nombre en el mar Rojo?
[Ilustraciones de la página 30]
Jesús dio a conocer el nombre de Dios. ¿Puedes encontrar el nombre de Dios en la Biblia?
Es un blog personal confeccionado con poemas, artículos, testimonios, cuentos, críticas y novelas de la Licenciada en Educación Diana Margarita Cantón Martínez ( Ruiz ) sobre la problemática social, familiar y personal de Cuba y los cubanos en un contexto histórico-concreto y universal. A veces incluye trabajos interesantes de otros, aunque no comparta totalmente lo expresado.
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Thursday, August 13, 2009
Jescristo el hijo de Dios ( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):
Capítulo 5
“Este es mi Hijo”
CUANDO los niños se portan bien, alegran a las personas que los cuidan. Si un niño o una niña hace algo bueno, su padre dice a los demás con orgullo: “Este es mi hijo” o “Esta es mi hija”.
Jesús siempre hace lo que agrada a su Padre, y por eso su Padre se siente orgulloso de él. ¿Recuerdas qué hizo el Padre de Jesús en cierta ocasión en que este se hallaba con tres de sus discípulos?... Dios habló desde el cielo y dijo: “Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado” (Mateo 17:5).
A Jesús le encanta hacer las cosas que complacen a su Padre. ¿Sabes por qué? Porque lo ama de verdad. Las cosas que uno hace solamente por obligación parecen difíciles. Pero las que hace con gusto resultan más fáciles.
Aun antes de venir a la Tierra, Jesús estuvo dispuesto a hacer todo lo que su Padre, Jehová Dios, le pidiera. Y lo hizo porque lo amaba. ¿Sabes lo que significa estar dispuesto a hacer algo?... Significa querer hacerlo de verdad. Aunque Jesús ocupaba una posición maravillosa en el cielo, su Padre tenía una misión especial para él. Jesús tenía que dejar el cielo y nacer en la Tierra. Estuvo dispuesto a hacerlo porque era la voluntad de Jehová, lo que Jehová quería.
Para que Jesús naciera en la Tierra, se necesitaba una madre. ¿Sabes quién fue?... Su nombre era María. Jehová envió desde el cielo al ángel Gabriel para anunciarle que iba a tener un hijo varón y que el bebé se llamaría Jesús. ¿Y quién sería el padre?... El ángel dijo que sería Jehová Dios. Por eso a Jesús se le llamaría Hijo de Dios.
¿Qué crees que dijo María?... ¿Acaso dijo: “No quiero ser la madre de Jesús”? No, ella estuvo dispuesta a hacer la voluntad de Dios. Pero ¿cómo sería posible que el Hijo de Dios naciera en la Tierra si vivía en el cielo? ¿Por qué fue diferente el nacimiento de Jesús al de cualquier otro niño? ¿Lo sabes?...
Pues bien, Dios creó a nuestros primeros padres, Adán y Eva, con la capacidad de unirse de una forma maravillosa y, así, dar vida a un bebé que iría creciendo en el vientre de la madre. La gente dice que eso es un milagro, y de seguro tú estás de acuerdo.
Sin embargo, Dios hizo un milagro más maravilloso aún. Tomó la vida de su Hijo que estaba en el cielo y la puso en el vientre de María. Dios nunca había hecho algo parecido, y nunca lo ha vuelto a hacer. Por este milagro, Jesús se desarrolló en el vientre de María como cualquier otro bebé. Después, María se casó con José.
Cuando llegó el momento de que Jesús naciera, María y José se hallaban de visita en la ciudad de Belén. Allí había tanta gente que no encontraron alojamiento y tuvieron que quedarse en un establo. María dio a luz y, como puedes ver en la lámina, puso a Jesús en un pesebre. Un pesebre es un lugar donde se les echa la comida a las vacas y otros animales.
La noche en que Jesús nació sucedieron cosas emocionantes. Un ángel se apareció a unos pastores cerca de Belén y les dijo que Jesús era alguien muy importante. El ángel anunció: ‘¡Miren! Les estoy dando buenas noticias que les harán felices. Hoy nació el que salvará al pueblo’ (Lucas 2:10, 11).
El ángel dijo a los pastores que encontrarían a Jesús en Belén, acostado en un pesebre. De pronto, otros ángeles del cielo empezaron a alabar a Dios junto con el primer ángel, cantando: ‘Gloria a Dios, y sobre la tierra paz entre los hombres de buena voluntad’ (Lucas 2:12-14).
Cuando los ángeles desaparecieron, los pastores fueron a Belén y encontraron a Jesús. Allí contaron a José y María la buena noticia que habían escuchado. ¿Te puedes imaginar lo feliz que se sintió María por haber estado dispuesta a ser la madre de Jesús?
Después, José y María llevaron a Jesús a la ciudad de Nazaret, y allí se crió. Cuando se convirtió en adulto, comenzó su gran labor de enseñanza. Esta era parte de la misión que Jehová Dios quería que realizara en la Tierra. Jesús estuvo dispuesto a hacerlo porque amaba muchísimo a su Padre celestial.
Antes de que Jesús iniciara su labor de Gran Maestro, fue bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán. Entonces ocurrió algo asombroso. Cuando Jesús salió del agua, Jehová habló desde el cielo y dijo: “Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado” (Mateo 3:17). ¿Verdad que te sientes bien cuando tus padres te dicen que te aman?... Podemos estar seguros de que Jesús también se sintió así.
Jesús siempre hizo lo correcto. No trató de aparentar lo que no era ni tampoco dijo que fuese Dios. El ángel Gabriel le dijo a María que Jesús sería llamado Hijo de Dios. El propio Jesús reconoció que era el Hijo de Dios. Y él nunca le dijo a la gente que sabía más que su Padre, sino que afirmó: “El Padre es mayor que yo” (Juan 14:28).
Incluso cuando vivía en el cielo, Jesús hacía lo que su Padre le encargaba. Él amaba a su Padre y, por eso, lo escuchaba. Así que cuando vino a la Tierra, Jesús hizo lo que su Padre celestial le había mandado. No dedicó su tiempo a otras cosas. No nos sorprende que Jehová esté muy contento con su Hijo.
Nosotros también queremos complacer a Jehová, ¿verdad?... Entonces, tenemos que demostrar que realmente escuchamos a Dios, como hizo Jesús. Dios nos habla mediante la Biblia. No estaría bien fingir que lo escuchamos, pero luego creer y hacer cosas que van en contra de la Biblia, ¿no es cierto?... Y recuerda, si de veras amamos a Jehová, nos sentiremos felices de agradarle.
Ahora vamos a leer otros textos bíblicos que muestran lo que necesitamos saber y creer sobre Jesús: Mateo 7:21-23; Juan 4:25, 26, y 1 Timoteo 2:5, 6.
[Ilustración de la página 33]
¿Qué le dijo el ángel Gabriel a María?
[Ilustración de la página 34]
¿Por qué acostaron a Jesús en un pesebre?
[Ilustración de la página 35]
¿Qué buenas noticias anunció uno de estos ángeles a los pastores?
“Este es mi Hijo”
CUANDO los niños se portan bien, alegran a las personas que los cuidan. Si un niño o una niña hace algo bueno, su padre dice a los demás con orgullo: “Este es mi hijo” o “Esta es mi hija”.
Jesús siempre hace lo que agrada a su Padre, y por eso su Padre se siente orgulloso de él. ¿Recuerdas qué hizo el Padre de Jesús en cierta ocasión en que este se hallaba con tres de sus discípulos?... Dios habló desde el cielo y dijo: “Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado” (Mateo 17:5).
A Jesús le encanta hacer las cosas que complacen a su Padre. ¿Sabes por qué? Porque lo ama de verdad. Las cosas que uno hace solamente por obligación parecen difíciles. Pero las que hace con gusto resultan más fáciles.
Aun antes de venir a la Tierra, Jesús estuvo dispuesto a hacer todo lo que su Padre, Jehová Dios, le pidiera. Y lo hizo porque lo amaba. ¿Sabes lo que significa estar dispuesto a hacer algo?... Significa querer hacerlo de verdad. Aunque Jesús ocupaba una posición maravillosa en el cielo, su Padre tenía una misión especial para él. Jesús tenía que dejar el cielo y nacer en la Tierra. Estuvo dispuesto a hacerlo porque era la voluntad de Jehová, lo que Jehová quería.
Para que Jesús naciera en la Tierra, se necesitaba una madre. ¿Sabes quién fue?... Su nombre era María. Jehová envió desde el cielo al ángel Gabriel para anunciarle que iba a tener un hijo varón y que el bebé se llamaría Jesús. ¿Y quién sería el padre?... El ángel dijo que sería Jehová Dios. Por eso a Jesús se le llamaría Hijo de Dios.
¿Qué crees que dijo María?... ¿Acaso dijo: “No quiero ser la madre de Jesús”? No, ella estuvo dispuesta a hacer la voluntad de Dios. Pero ¿cómo sería posible que el Hijo de Dios naciera en la Tierra si vivía en el cielo? ¿Por qué fue diferente el nacimiento de Jesús al de cualquier otro niño? ¿Lo sabes?...
Pues bien, Dios creó a nuestros primeros padres, Adán y Eva, con la capacidad de unirse de una forma maravillosa y, así, dar vida a un bebé que iría creciendo en el vientre de la madre. La gente dice que eso es un milagro, y de seguro tú estás de acuerdo.
Sin embargo, Dios hizo un milagro más maravilloso aún. Tomó la vida de su Hijo que estaba en el cielo y la puso en el vientre de María. Dios nunca había hecho algo parecido, y nunca lo ha vuelto a hacer. Por este milagro, Jesús se desarrolló en el vientre de María como cualquier otro bebé. Después, María se casó con José.
Cuando llegó el momento de que Jesús naciera, María y José se hallaban de visita en la ciudad de Belén. Allí había tanta gente que no encontraron alojamiento y tuvieron que quedarse en un establo. María dio a luz y, como puedes ver en la lámina, puso a Jesús en un pesebre. Un pesebre es un lugar donde se les echa la comida a las vacas y otros animales.
La noche en que Jesús nació sucedieron cosas emocionantes. Un ángel se apareció a unos pastores cerca de Belén y les dijo que Jesús era alguien muy importante. El ángel anunció: ‘¡Miren! Les estoy dando buenas noticias que les harán felices. Hoy nació el que salvará al pueblo’ (Lucas 2:10, 11).
El ángel dijo a los pastores que encontrarían a Jesús en Belén, acostado en un pesebre. De pronto, otros ángeles del cielo empezaron a alabar a Dios junto con el primer ángel, cantando: ‘Gloria a Dios, y sobre la tierra paz entre los hombres de buena voluntad’ (Lucas 2:12-14).
Cuando los ángeles desaparecieron, los pastores fueron a Belén y encontraron a Jesús. Allí contaron a José y María la buena noticia que habían escuchado. ¿Te puedes imaginar lo feliz que se sintió María por haber estado dispuesta a ser la madre de Jesús?
Después, José y María llevaron a Jesús a la ciudad de Nazaret, y allí se crió. Cuando se convirtió en adulto, comenzó su gran labor de enseñanza. Esta era parte de la misión que Jehová Dios quería que realizara en la Tierra. Jesús estuvo dispuesto a hacerlo porque amaba muchísimo a su Padre celestial.
Antes de que Jesús iniciara su labor de Gran Maestro, fue bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán. Entonces ocurrió algo asombroso. Cuando Jesús salió del agua, Jehová habló desde el cielo y dijo: “Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado” (Mateo 3:17). ¿Verdad que te sientes bien cuando tus padres te dicen que te aman?... Podemos estar seguros de que Jesús también se sintió así.
Jesús siempre hizo lo correcto. No trató de aparentar lo que no era ni tampoco dijo que fuese Dios. El ángel Gabriel le dijo a María que Jesús sería llamado Hijo de Dios. El propio Jesús reconoció que era el Hijo de Dios. Y él nunca le dijo a la gente que sabía más que su Padre, sino que afirmó: “El Padre es mayor que yo” (Juan 14:28).
Incluso cuando vivía en el cielo, Jesús hacía lo que su Padre le encargaba. Él amaba a su Padre y, por eso, lo escuchaba. Así que cuando vino a la Tierra, Jesús hizo lo que su Padre celestial le había mandado. No dedicó su tiempo a otras cosas. No nos sorprende que Jehová esté muy contento con su Hijo.
Nosotros también queremos complacer a Jehová, ¿verdad?... Entonces, tenemos que demostrar que realmente escuchamos a Dios, como hizo Jesús. Dios nos habla mediante la Biblia. No estaría bien fingir que lo escuchamos, pero luego creer y hacer cosas que van en contra de la Biblia, ¿no es cierto?... Y recuerda, si de veras amamos a Jehová, nos sentiremos felices de agradarle.
Ahora vamos a leer otros textos bíblicos que muestran lo que necesitamos saber y creer sobre Jesús: Mateo 7:21-23; Juan 4:25, 26, y 1 Timoteo 2:5, 6.
[Ilustración de la página 33]
¿Qué le dijo el ángel Gabriel a María?
[Ilustración de la página 34]
¿Por qué acostaron a Jesús en un pesebre?
[Ilustración de la página 35]
¿Qué buenas noticias anunció uno de estos ángeles a los pastores?
Servir a los demás ( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):
Capítulo 6
El Gran Maestro sirvió a los demás
¿TE GUSTA cuando alguien hace algo bueno por ti?... Pues bien, no eres el único; en realidad, a todos nos gusta. El Gran Maestro lo sabía, y siempre estaba haciendo cosas por otras personas. Él dijo: ‘No vine para que me sirvan, sino para servir’ (Mateo 20:28).
Por eso, si queremos ser como el Gran Maestro, ¿qué debemos hacer?... Debemos servir a otros, hacer cosas buenas por ellos. Es cierto que muchas personas no actúan así. En realidad, la mayoría siempre quiere que los demás les sirvan. En cierta ocasión hasta los seguidores de Jesús se comportaron de esta manera. Todos querían ser el más importante.
Un día, Jesús iba con sus discípulos a la ciudad de Capernaum, cerca del mar de Galilea. Al llegar, entraron en una casa. Entonces, Jesús les preguntó: “¿Qué discutían en el camino?”. Ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido entre sí sobre quién era el más importante (Marcos 9:33, 34).
Jesús sabía que no estaba bien que alguno de sus discípulos se creyera más importante que los demás. Por eso, como leímos en el primer capítulo de este libro, puso a un niño en medio de ellos y les dijo que debían ser humildes como él. Pero no entendieron. Así que, poco antes de morir, Jesús les enseñó una lección que nunca olvidarían. ¿Qué hizo?...
Pues bien, mientras comían juntos, Jesús se levantó de la mesa y se ató una toalla a la cintura. Después echó agua en una palangana. Sin duda, sus discípulos se preguntaban qué iba a hacer. Mientras observaban, Jesús se agachó y se puso a lavarles los pies a cada uno y a secárselos con la toalla. ¡Imagínate! Si hubieras estado allí, ¿cómo te habrías sentido?...
A los discípulos no les pareció bien que el Gran Maestro les lavara los pies, y se sintieron avergonzados. De hecho, Pedro no quería que Jesús hiciera aquella tarea tan humilde por él. Pero para Jesús era importante, y así se lo explicó a Pedro.
Aunque hoy en día no es costumbre que nos lavemos los pies unos a otros, en tiempos de Jesús sí lo era. ¿Sabes por qué?... Bueno, en el país donde vivían Jesús y sus seguidores, la gente usaba sandalias. Cuando andaban por los caminos llenos de polvo, se les ensuciaban los pies. Por lo tanto, lavar los pies de la persona que visitaba una casa era un acto de bondad.
Sin embargo, en aquella ocasión, ninguno de los discípulos se ofreció a realizar esta tarea. Por eso, Jesús mismo lo hizo. Así enseñó a sus seguidores una importante lección que necesitaban aprender. Nosotros también debemos aprenderla.
¿Sabes qué lección era?... Cuando Jesús volvió a sentarse a la mesa, explicó: “¿Saben lo que les he hecho? Ustedes me llaman: ‘Maestro’, y, ‘Señor’, y hablan correctamente, porque lo soy. Por eso, si yo, aunque soy Señor y Maestro, les he lavado los pies a ustedes, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros” (Juan 13:2-14).
El Gran Maestro les mostró que quería que fueran serviciales. No quería que pensaran solo en sí mismos ni que se creyeran tan importantes que los demás siempre deberían servirles. Quería que estuvieran dispuestos a servir a otros.
¿Verdad que fue una buena lección?... Y tú, ¿serás como el Gran Maestro y servirás a los demás?... Todos podemos hacer cosas por otros. Eso los hará felices. Pero lo más importante es que hará felices a Jesús y su Padre.
Servir a los demás no es difícil. Si te fijas, verás que puedes hacer muchas cosas por otros. Piensa en esto: ¿hay algo en lo que puedas ayudar a tu mamá? Sabes que ella hace muchas cosas por ti y por el resto de la familia. ¿Puedes ayudarla?... ¿Por qué no le preguntas?
Quizás puedas poner la mesa o quitar los platos sucios cuando tu familia haya terminado de comer. Algunos niños sacan la basura todos los días. Si haces estas cosas, estarás sirviendo a otros, igual que hizo Jesús.
¿Tienes hermanos pequeños a los que puedas servir? Recuerda, Jesús, el Gran Maestro, sirvió incluso a sus discípulos. Si ayudas a tus hermanos pequeños, estarás imitando a Jesús. ¿Qué puedes hacer por ellos?... Podrías ayudarles a guardar sus juguetes cuando terminan de jugar, o a vestirse o a hacer la cama. ¿Se te ocurre algo más?... Ellos te querrán por esto, tal como los discípulos amaban a Jesús por las cosas buenas que hacía por ellos.
Además, puedes ser amable en la escuela con tus compañeros de clase o tus maestros. Si se le caen los libros a alguien, sería muy amable de tu parte que le ayudaras a recogerlos. También lo sería ofrecerte a limpiar la pizarra o ayudar de alguna otra manera a tus maestros. Incluso podrías sujetarle la puerta a alguien para que pase.
A veces, la gente no nos agradecerá que la ayudemos. ¿Crees que por eso deberíamos dejar de hacer lo bueno?... No. Muchas personas no le agradecieron a Jesús sus bondades, pero eso no lo desanimó.
Por lo tanto, nunca dejemos de servir a otras personas. Recordemos al Gran Maestro, Jesús, e intentemos seguir siempre su ejemplo.
Hay otros textos bíblicos que hablan de ayudar a los demás, como Proverbios 3:27, 28; Romanos 15:1, 2, y Gálatas 6:2.
[Ilustración de la página 37]
¿Qué estaban discutiendo los discípulos de Jesús?
[Ilustración de la página 39]
¿Qué lección enseñó Jesús a sus discípulos?
[Ilustraciones de las páginas 40 y 41]
¿Qué puedes hacer para ayudar a los demás?
El Gran Maestro sirvió a los demás
¿TE GUSTA cuando alguien hace algo bueno por ti?... Pues bien, no eres el único; en realidad, a todos nos gusta. El Gran Maestro lo sabía, y siempre estaba haciendo cosas por otras personas. Él dijo: ‘No vine para que me sirvan, sino para servir’ (Mateo 20:28).
Por eso, si queremos ser como el Gran Maestro, ¿qué debemos hacer?... Debemos servir a otros, hacer cosas buenas por ellos. Es cierto que muchas personas no actúan así. En realidad, la mayoría siempre quiere que los demás les sirvan. En cierta ocasión hasta los seguidores de Jesús se comportaron de esta manera. Todos querían ser el más importante.
Un día, Jesús iba con sus discípulos a la ciudad de Capernaum, cerca del mar de Galilea. Al llegar, entraron en una casa. Entonces, Jesús les preguntó: “¿Qué discutían en el camino?”. Ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido entre sí sobre quién era el más importante (Marcos 9:33, 34).
Jesús sabía que no estaba bien que alguno de sus discípulos se creyera más importante que los demás. Por eso, como leímos en el primer capítulo de este libro, puso a un niño en medio de ellos y les dijo que debían ser humildes como él. Pero no entendieron. Así que, poco antes de morir, Jesús les enseñó una lección que nunca olvidarían. ¿Qué hizo?...
Pues bien, mientras comían juntos, Jesús se levantó de la mesa y se ató una toalla a la cintura. Después echó agua en una palangana. Sin duda, sus discípulos se preguntaban qué iba a hacer. Mientras observaban, Jesús se agachó y se puso a lavarles los pies a cada uno y a secárselos con la toalla. ¡Imagínate! Si hubieras estado allí, ¿cómo te habrías sentido?...
A los discípulos no les pareció bien que el Gran Maestro les lavara los pies, y se sintieron avergonzados. De hecho, Pedro no quería que Jesús hiciera aquella tarea tan humilde por él. Pero para Jesús era importante, y así se lo explicó a Pedro.
Aunque hoy en día no es costumbre que nos lavemos los pies unos a otros, en tiempos de Jesús sí lo era. ¿Sabes por qué?... Bueno, en el país donde vivían Jesús y sus seguidores, la gente usaba sandalias. Cuando andaban por los caminos llenos de polvo, se les ensuciaban los pies. Por lo tanto, lavar los pies de la persona que visitaba una casa era un acto de bondad.
Sin embargo, en aquella ocasión, ninguno de los discípulos se ofreció a realizar esta tarea. Por eso, Jesús mismo lo hizo. Así enseñó a sus seguidores una importante lección que necesitaban aprender. Nosotros también debemos aprenderla.
¿Sabes qué lección era?... Cuando Jesús volvió a sentarse a la mesa, explicó: “¿Saben lo que les he hecho? Ustedes me llaman: ‘Maestro’, y, ‘Señor’, y hablan correctamente, porque lo soy. Por eso, si yo, aunque soy Señor y Maestro, les he lavado los pies a ustedes, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros” (Juan 13:2-14).
El Gran Maestro les mostró que quería que fueran serviciales. No quería que pensaran solo en sí mismos ni que se creyeran tan importantes que los demás siempre deberían servirles. Quería que estuvieran dispuestos a servir a otros.
¿Verdad que fue una buena lección?... Y tú, ¿serás como el Gran Maestro y servirás a los demás?... Todos podemos hacer cosas por otros. Eso los hará felices. Pero lo más importante es que hará felices a Jesús y su Padre.
Servir a los demás no es difícil. Si te fijas, verás que puedes hacer muchas cosas por otros. Piensa en esto: ¿hay algo en lo que puedas ayudar a tu mamá? Sabes que ella hace muchas cosas por ti y por el resto de la familia. ¿Puedes ayudarla?... ¿Por qué no le preguntas?
Quizás puedas poner la mesa o quitar los platos sucios cuando tu familia haya terminado de comer. Algunos niños sacan la basura todos los días. Si haces estas cosas, estarás sirviendo a otros, igual que hizo Jesús.
¿Tienes hermanos pequeños a los que puedas servir? Recuerda, Jesús, el Gran Maestro, sirvió incluso a sus discípulos. Si ayudas a tus hermanos pequeños, estarás imitando a Jesús. ¿Qué puedes hacer por ellos?... Podrías ayudarles a guardar sus juguetes cuando terminan de jugar, o a vestirse o a hacer la cama. ¿Se te ocurre algo más?... Ellos te querrán por esto, tal como los discípulos amaban a Jesús por las cosas buenas que hacía por ellos.
Además, puedes ser amable en la escuela con tus compañeros de clase o tus maestros. Si se le caen los libros a alguien, sería muy amable de tu parte que le ayudaras a recogerlos. También lo sería ofrecerte a limpiar la pizarra o ayudar de alguna otra manera a tus maestros. Incluso podrías sujetarle la puerta a alguien para que pase.
A veces, la gente no nos agradecerá que la ayudemos. ¿Crees que por eso deberíamos dejar de hacer lo bueno?... No. Muchas personas no le agradecieron a Jesús sus bondades, pero eso no lo desanimó.
Por lo tanto, nunca dejemos de servir a otras personas. Recordemos al Gran Maestro, Jesús, e intentemos seguir siempre su ejemplo.
Hay otros textos bíblicos que hablan de ayudar a los demás, como Proverbios 3:27, 28; Romanos 15:1, 2, y Gálatas 6:2.
[Ilustración de la página 37]
¿Qué estaban discutiendo los discípulos de Jesús?
[Ilustración de la página 39]
¿Qué lección enseñó Jesús a sus discípulos?
[Ilustraciones de las páginas 40 y 41]
¿Qué puedes hacer para ayudar a los demás?
La obediencia protege ( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):
Capítulo 7
La obediencia nos protege
¿TE GUSTARÍA hacer todo lo que quisieras y que nadie te dijera nunca lo que tienes que hacer? A ver, dime la verdad...
Sin embargo, ¿qué es lo mejor para ti? ¿Es en realidad hacer lo que quieras? ¿O te salen mejor las cosas cuando obedeces a tus padres?... Dios dice que se debe obedecer a los padres, de modo que tiene que haber una buena razón para ello. Veamos cuál puede ser.
¿Cuántos años tienes?... ¿Sabes cuántos años tienen tus padres o tus abuelos?... Ellos han vivido mucho más tiempo que tú. Y cuanto más vive una persona, más oportunidades tiene de aprender. Todos los años oye, ve y hace más cosas. Por eso, los niños pueden aprender de los mayores.
¿Conoces a alguien menor que tú?... ¿Sabes tú más que él?... ¿Por qué?... Porque has vivido más tiempo y has tenido más oportunidades de aprender.
¿Quién ha vivido más tiempo que tú, o yo, o cualquier otra persona?... Jehová Dios. Él sabe más que todos nosotros. Cuando nos manda hacer algo, podemos estar seguros de que es lo correcto, aunque nos cueste trabajo hacerlo. ¿Sabías que hasta al Gran Maestro le fue difícil obedecer en una ocasión?...
Aquella vez, Dios mandó a Jesús que hiciera algo muy difícil. Como vemos en la lámina, Jesús le pidió a Dios en oración: “Si deseas, remueve de mí esta copa”. Con estas palabras, Jesús demostró que hacer la voluntad de Dios no siempre era fácil. Pero ¿sabes qué dijo Jesús al final de su oración?...
Jesús dijo: “Sin embargo, que no se efectúe mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:41, 42). Él deseaba que se hiciera la voluntad de Dios, no la suya. Así que hizo lo que Dios quería y no lo que a él le parecía mejor.
¿Qué aprendemos de esto?... Aprendemos que siempre es apropiado hacer lo que Dios dice, aunque no sea fácil. Pero también aprendemos algo más. ¿Sabes qué es?... Pues que Dios y Jesús no son la misma persona, como dicen algunos. Jehová Dios es mayor y sabe más que su Hijo, Jesús.
Cuando obedecemos a Dios, demostramos que lo amamos. La Biblia dice: “Esto es lo que el amor de Dios significa: que observemos sus mandamientos” (1 Juan 5:3). Así que todos tenemos que obedecer a Dios. Tú deseas obedecerle, ¿no es verdad?...
Vamos a ver en la Biblia lo que Dios les dice a los niños que hagan. Leamos Efesios, capítulo 6, versículos 1, 2 y 3. Allí dice: “Hijos, sean obedientes a sus padres en unión con el Señor, porque esto es justo: ‘Honra a tu padre y a tu madre’; que es el primer mandato con promesa: ‘Para que te vaya bien y dures largo tiempo sobre la tierra’”.
Como ves, es el propio Jehová Dios quien te dice que seas obediente a tus padres. ¿Qué significa “honrarlos”? Significa que debes mostrarles respeto. Y Dios promete que si obedeces a tus padres, te irá bien.
Voy a contarte la historia de unas personas que se salvaron por ser obedientes. Vivieron hace mucho tiempo en la gran ciudad de Jerusalén. La mayoría de sus habitantes no escuchaban a Dios. Por ello, Jesús les advirtió que Dios iba a hacer que la ciudad fuera destruida. También les explicó cómo podían escapar los que amaban lo correcto. Les dijo: ‘Cuando vean a los ejércitos rodear Jerusalén, sabrán que pronto será destruida. Entonces es el momento de salir de Jerusalén y huir a las montañas’ (Lucas 21:20-22).
Pues bien, tal como Jesús dijo, los ejércitos de Roma llegaron para rodear y atacar Jerusalén. Más tarde, por alguna razón, los soldados se marcharon. La mayoría de las personas creyeron que el peligro había pasado y se quedaron en la ciudad. Pero ¿qué había dicho Jesús que debían hacer?... ¿Qué habrías hecho tú si hubieras vivido en Jerusalén?... Los que realmente creyeron a Jesús dejaron sus casas y huyeron a las montañas, lejos de Jerusalén.
Pasó un año entero, y no le ocurrió nada a Jerusalén. El segundo y tercer año tampoco ocurrió nada. Algunos quizás pensaban que los que habían huido de la ciudad eran tontos. Pero al cuarto año, los ejércitos romanos volvieron y rodearon Jerusalén de nuevo. Entonces fue demasiado tarde para escapar. Esta vez, los ejércitos destruyeron la ciudad. La mayoría de sus habitantes murieron, y los que sobrevivieron fueron llevados prisioneros.
Pero ¿qué les ocurrió a los que obedecieron a Jesús?... Estaban a salvo, lejos de Jerusalén, y por eso no sufrieron daño. La obediencia los protegió.
¿Te protegerá a ti también la obediencia?... Quizás tus padres te hayan prohibido jugar en la calle. ¿Por qué motivo?... Porque podría atropellarte un automóvil. Pero a lo mejor un día piensas: “Ahora no hay autos. No me pasará nada. Otros niños juegan en la calle, y nunca he visto que les pase nada”.
Eso fue lo que pensó la mayoría de la gente de Jerusalén. Cuando los ejércitos romanos se fueron, parecía un lugar seguro. Al ver que algunos se quedaban en la ciudad, los demás hicieron lo mismo. Se les había advertido, pero no prestaron atención, y a causa de esto perdieron la vida.
Veamos otro ejemplo. ¿Has jugado alguna vez con fósforos?... Quizás sea divertido ver el fuego cuando enciendes uno. Pero jugar con fósforos puede ser peligroso. Podría quemarse la casa, y tú podrías morir.
Recuerda, no basta con obedecer algunas veces. Lo que realmente te protegerá es obedecer siempre. Y ¿quién es el que dice: “Hijos, sean obedientes a sus padres”?... Es Dios. Y no olvides que él lo dice porque te ama.
Ahora vamos a leer unos textos bíblicos que muestran lo importante que es la obediencia: Proverbios 23:22; Eclesiastés 12:13; Isaías 48:17, 18, y Colosenses 3:20.
[Ilustración de la página 42]
¿Por qué deberías obedecer a los mayores?
[Ilustración de la página 43]
¿Qué podemos aprender de la oración de Jesús?
[Ilustración de la página 45]
¿Cómo se salvaron las personas que obedecieron el mandato de Jesús?
[Ilustraciones de la página 46]
¿Por qué deberías obedecer aunque no veas ningún peligro?
La obediencia nos protege
¿TE GUSTARÍA hacer todo lo que quisieras y que nadie te dijera nunca lo que tienes que hacer? A ver, dime la verdad...
Sin embargo, ¿qué es lo mejor para ti? ¿Es en realidad hacer lo que quieras? ¿O te salen mejor las cosas cuando obedeces a tus padres?... Dios dice que se debe obedecer a los padres, de modo que tiene que haber una buena razón para ello. Veamos cuál puede ser.
¿Cuántos años tienes?... ¿Sabes cuántos años tienen tus padres o tus abuelos?... Ellos han vivido mucho más tiempo que tú. Y cuanto más vive una persona, más oportunidades tiene de aprender. Todos los años oye, ve y hace más cosas. Por eso, los niños pueden aprender de los mayores.
¿Conoces a alguien menor que tú?... ¿Sabes tú más que él?... ¿Por qué?... Porque has vivido más tiempo y has tenido más oportunidades de aprender.
¿Quién ha vivido más tiempo que tú, o yo, o cualquier otra persona?... Jehová Dios. Él sabe más que todos nosotros. Cuando nos manda hacer algo, podemos estar seguros de que es lo correcto, aunque nos cueste trabajo hacerlo. ¿Sabías que hasta al Gran Maestro le fue difícil obedecer en una ocasión?...
Aquella vez, Dios mandó a Jesús que hiciera algo muy difícil. Como vemos en la lámina, Jesús le pidió a Dios en oración: “Si deseas, remueve de mí esta copa”. Con estas palabras, Jesús demostró que hacer la voluntad de Dios no siempre era fácil. Pero ¿sabes qué dijo Jesús al final de su oración?...
Jesús dijo: “Sin embargo, que no se efectúe mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:41, 42). Él deseaba que se hiciera la voluntad de Dios, no la suya. Así que hizo lo que Dios quería y no lo que a él le parecía mejor.
¿Qué aprendemos de esto?... Aprendemos que siempre es apropiado hacer lo que Dios dice, aunque no sea fácil. Pero también aprendemos algo más. ¿Sabes qué es?... Pues que Dios y Jesús no son la misma persona, como dicen algunos. Jehová Dios es mayor y sabe más que su Hijo, Jesús.
Cuando obedecemos a Dios, demostramos que lo amamos. La Biblia dice: “Esto es lo que el amor de Dios significa: que observemos sus mandamientos” (1 Juan 5:3). Así que todos tenemos que obedecer a Dios. Tú deseas obedecerle, ¿no es verdad?...
Vamos a ver en la Biblia lo que Dios les dice a los niños que hagan. Leamos Efesios, capítulo 6, versículos 1, 2 y 3. Allí dice: “Hijos, sean obedientes a sus padres en unión con el Señor, porque esto es justo: ‘Honra a tu padre y a tu madre’; que es el primer mandato con promesa: ‘Para que te vaya bien y dures largo tiempo sobre la tierra’”.
Como ves, es el propio Jehová Dios quien te dice que seas obediente a tus padres. ¿Qué significa “honrarlos”? Significa que debes mostrarles respeto. Y Dios promete que si obedeces a tus padres, te irá bien.
Voy a contarte la historia de unas personas que se salvaron por ser obedientes. Vivieron hace mucho tiempo en la gran ciudad de Jerusalén. La mayoría de sus habitantes no escuchaban a Dios. Por ello, Jesús les advirtió que Dios iba a hacer que la ciudad fuera destruida. También les explicó cómo podían escapar los que amaban lo correcto. Les dijo: ‘Cuando vean a los ejércitos rodear Jerusalén, sabrán que pronto será destruida. Entonces es el momento de salir de Jerusalén y huir a las montañas’ (Lucas 21:20-22).
Pues bien, tal como Jesús dijo, los ejércitos de Roma llegaron para rodear y atacar Jerusalén. Más tarde, por alguna razón, los soldados se marcharon. La mayoría de las personas creyeron que el peligro había pasado y se quedaron en la ciudad. Pero ¿qué había dicho Jesús que debían hacer?... ¿Qué habrías hecho tú si hubieras vivido en Jerusalén?... Los que realmente creyeron a Jesús dejaron sus casas y huyeron a las montañas, lejos de Jerusalén.
Pasó un año entero, y no le ocurrió nada a Jerusalén. El segundo y tercer año tampoco ocurrió nada. Algunos quizás pensaban que los que habían huido de la ciudad eran tontos. Pero al cuarto año, los ejércitos romanos volvieron y rodearon Jerusalén de nuevo. Entonces fue demasiado tarde para escapar. Esta vez, los ejércitos destruyeron la ciudad. La mayoría de sus habitantes murieron, y los que sobrevivieron fueron llevados prisioneros.
Pero ¿qué les ocurrió a los que obedecieron a Jesús?... Estaban a salvo, lejos de Jerusalén, y por eso no sufrieron daño. La obediencia los protegió.
¿Te protegerá a ti también la obediencia?... Quizás tus padres te hayan prohibido jugar en la calle. ¿Por qué motivo?... Porque podría atropellarte un automóvil. Pero a lo mejor un día piensas: “Ahora no hay autos. No me pasará nada. Otros niños juegan en la calle, y nunca he visto que les pase nada”.
Eso fue lo que pensó la mayoría de la gente de Jerusalén. Cuando los ejércitos romanos se fueron, parecía un lugar seguro. Al ver que algunos se quedaban en la ciudad, los demás hicieron lo mismo. Se les había advertido, pero no prestaron atención, y a causa de esto perdieron la vida.
Veamos otro ejemplo. ¿Has jugado alguna vez con fósforos?... Quizás sea divertido ver el fuego cuando enciendes uno. Pero jugar con fósforos puede ser peligroso. Podría quemarse la casa, y tú podrías morir.
Recuerda, no basta con obedecer algunas veces. Lo que realmente te protegerá es obedecer siempre. Y ¿quién es el que dice: “Hijos, sean obedientes a sus padres”?... Es Dios. Y no olvides que él lo dice porque te ama.
Ahora vamos a leer unos textos bíblicos que muestran lo importante que es la obediencia: Proverbios 23:22; Eclesiastés 12:13; Isaías 48:17, 18, y Colosenses 3:20.
[Ilustración de la página 42]
¿Por qué deberías obedecer a los mayores?
[Ilustración de la página 43]
¿Qué podemos aprender de la oración de Jesús?
[Ilustración de la página 45]
¿Cómo se salvaron las personas que obedecieron el mandato de Jesús?
[Ilustraciones de la página 46]
¿Por qué deberías obedecer aunque no veas ningún peligro?
Personas superiores ( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):
Capítulo 8
Hay personas superiores a nosotros
SEGURO que estás de acuerdo conmigo en que hay personas que son superiores a nosotros, es decir, más importantes y más fuertes. ¿Como quiénes?... Jehová Dios es una de ellas. ¿Y su Hijo, el Gran Maestro? ¿Es superior a nosotros?... Claro que sí.
Jesús vivió con Dios en el cielo. Era un hijo espiritual, o ángel. ¿Creó Dios otros ángeles, o hijos espirituales?... Sí, muchos millones. Los ángeles también son superiores y más poderosos que nosotros (Salmo 104:4; Daniel 7:10).
¿Recuerdas el nombre del ángel que habló con María?... Se llamaba Gabriel. Este le dijo a María que su bebé sería el Hijo de Dios. Jehová puso la vida de su Hijo espiritual en el vientre de María para que pudiera nacer en la Tierra (Lucas 1:26, 27).
¿Crees en ese milagro? ¿Crees que Jesús vivió con Dios en el cielo?... Jesús dijo que sí. ¿Cómo lo supo? Cuando era niño, María seguramente le contó las palabras de Gabriel. Además, es probable que José le dijera que su verdadero padre era Dios.
Cuando Jesús se bautizó, Dios incluso habló desde el cielo y dijo: “Este es mi Hijo” (Mateo 3:17). Y la noche antes de morir, Jesús le oró a Dios diciendo: “Padre, glorifícame al lado de ti mismo con la gloria que tenía al lado de ti antes que el mundo fuera” (Juan 17:5). Sí, Jesús pidió volver a vivir con Dios en el cielo. ¿Cómo sería esto posible?... Solo si Jehová Dios lo convertía de nuevo en una persona espiritual invisible, en un ángel.
Ahora deseo preguntarte algo importante. ¿Son buenos todos los ángeles? ¿Qué crees?... Hubo un tiempo en que todos eran buenos. Jehová fue quien los creó, y todo lo que él hace es bueno. Pero, un día, uno de ellos se hizo malo. ¿Cómo pudo suceder algo así?
Para saber la respuesta, debemos volver al tiempo en que Dios creó al primer hombre y la primera mujer, Adán y Eva. Algunas personas dicen que su historia es solo una leyenda, un cuento, pero el Gran Maestro sabía que era cierta.
Cuando Dios creó a Adán y Eva, los puso en un hermoso parque, o paraíso, situado en un lugar llamado Edén. Podían haber tenido muchos hijos, convertirse en una gran familia y vivir en el Paraíso para siempre. Pero tenían que aprender una lección importante de la que ya hemos hablado antes. Veamos si podemos recordarla.
Jehová les dijo a Adán y Eva que podían comer del fruto de todos los árboles del jardín, menos de uno. Si comían de ese árbol, Dios les dijo que ciertamente morirían (Génesis 2:17). ¿Cuál era, pues, la lección que Adán y Eva tenían que aprender?...
La lección de la obediencia. En realidad, la vida depende de obedecer a Jehová Dios. No era suficiente con que Adán y Eva simplemente dijeran que obedecerían. Tenían que demostrarlo con hechos. Si obedecían a Dios, estarían mostrando que lo amaban y deseaban que él los gobernara. Entonces podrían haber vivido para siempre en el Paraíso. Pero si comían de aquel árbol, ¿qué demostrarían?...
Demostrarían que no estaban realmente agradecidos a Dios por lo que él les había dado. ¿Habrías obedecido a Jehová si hubieras estado allí?... Al principio, Adán y Eva lo hicieron. Pero después, alguien superior a ellos engañó a Eva y consiguió que desobedeciera a Jehová. ¿Quién fue?...
La Biblia dice que una serpiente le habló a Eva. ¿Cómo es posible, si las serpientes no pueden hablar?... Un ángel hizo que pareciera que la serpiente estaba hablando. Pero en realidad era él quien hablaba. Ese ángel había empezado a pensar cosas malas. Quería que Adán y Eva lo adoraran, que hicieran lo que él les mandara. Quería ocupar el lugar de Dios.
Así que aquel ángel malvado puso malos pensamientos en la mente de Eva. Usando a la serpiente, le aseguró: ‘Dios no les dijo la verdad. No morirán si comen del árbol. Se harán sabios como Dios’. ¿Habrías creído tú lo que decía aquella voz?...
Eva empezó a desear algo que Dios no le había dado. Comió del fruto prohibido, y después le dio de él a Adán. Él no creyó las palabras de la serpiente, pero su deseo de estar con Eva fue mayor que su amor a Dios. Por eso también comió del árbol (Génesis 3:1-6; 1 Timoteo 2:14).
¿Cuál fue el resultado?... Adán y Eva se hicieron imperfectos, envejecieron y murieron. Y como ellos eran imperfectos, todos sus hijos también lo fueron, y con el tiempo envejecieron y murieron. Dios no había mentido. La vida depende de que le obedezcamos (Romanos 5:12). La Biblia nos dice que el ángel que engañó a Eva se llama Satanás el Diablo, y que a los ángeles que se hicieron malos se les llama demonios (Santiago 2:19; Revelación [Apocalipsis] 12:9).
¿Entiendes entonces por qué el ángel bueno se hizo malo?... Fue porque comenzó a pensar cosas malas. Quiso ser el número uno. Como sabía que Dios les había dicho a Adán y Eva que tuvieran hijos, quería que todos ellos lo adoraran a él. El Diablo quiere que todos desobedezcamos a Jehová. Por eso intenta poner malos pensamientos en nuestra mente (Santiago 1:13-15).
El Diablo afirma que nadie ama de verdad a Jehová. Dice que ni tú ni yo amamos a Dios, y que en realidad no queremos hacer lo que Él manda. Asegura que solo obedecemos a Jehová cuando las cosas salen como nosotros queremos. ¿Tiene razón el Diablo? ¿Somos así?
El Gran Maestro dijo que el Diablo es un mentiroso. Jesús demostró que realmente amaba a Jehová obedeciéndole. Y no lo hizo solamente cuando era fácil, sino en todo momento, incluso cuando otras personas se lo pusieron difícil. Demostró que era leal a Jehová hasta su misma muerte. Por ese motivo, Dios hizo que volviera a vivir, y que esta vez fuera para siempre.
Así que, ¿quién dirías tú que es nuestro mayor enemigo?... Sí, es Satanás el Diablo. ¿Podemos verlo?... ¡Desde luego que no! Pero sabemos que existe y que es superior y más poderoso que nosotros. Sin embargo, ¿quién es superior al Diablo?... Jehová Dios. Por eso estamos seguros de que Dios puede protegernos.
Leamos sobre la Persona a la que debemos adorar: Deuteronomio 30:19, 20; Josué 24:14, 15; Proverbios 27:11, y Mateo 4:10.
[Ilustración de la página 47]
¿Qué es posible que María y José le contaran a Jesús?
[Ilustración de las páginas 48 y 49]
¿Qué debían hacer Adán y Eva a fin de vivir para siempre en el Paraíso?
[Ilustración de la página 50]
¿Quién hizo que la serpiente le hablara a Eva?
[Ilustraciones de la página 50]
¿Qué les ocurrió a Adán y Eva después de que desobedecieron a Dios?
Hay personas superiores a nosotros
SEGURO que estás de acuerdo conmigo en que hay personas que son superiores a nosotros, es decir, más importantes y más fuertes. ¿Como quiénes?... Jehová Dios es una de ellas. ¿Y su Hijo, el Gran Maestro? ¿Es superior a nosotros?... Claro que sí.
Jesús vivió con Dios en el cielo. Era un hijo espiritual, o ángel. ¿Creó Dios otros ángeles, o hijos espirituales?... Sí, muchos millones. Los ángeles también son superiores y más poderosos que nosotros (Salmo 104:4; Daniel 7:10).
¿Recuerdas el nombre del ángel que habló con María?... Se llamaba Gabriel. Este le dijo a María que su bebé sería el Hijo de Dios. Jehová puso la vida de su Hijo espiritual en el vientre de María para que pudiera nacer en la Tierra (Lucas 1:26, 27).
¿Crees en ese milagro? ¿Crees que Jesús vivió con Dios en el cielo?... Jesús dijo que sí. ¿Cómo lo supo? Cuando era niño, María seguramente le contó las palabras de Gabriel. Además, es probable que José le dijera que su verdadero padre era Dios.
Cuando Jesús se bautizó, Dios incluso habló desde el cielo y dijo: “Este es mi Hijo” (Mateo 3:17). Y la noche antes de morir, Jesús le oró a Dios diciendo: “Padre, glorifícame al lado de ti mismo con la gloria que tenía al lado de ti antes que el mundo fuera” (Juan 17:5). Sí, Jesús pidió volver a vivir con Dios en el cielo. ¿Cómo sería esto posible?... Solo si Jehová Dios lo convertía de nuevo en una persona espiritual invisible, en un ángel.
Ahora deseo preguntarte algo importante. ¿Son buenos todos los ángeles? ¿Qué crees?... Hubo un tiempo en que todos eran buenos. Jehová fue quien los creó, y todo lo que él hace es bueno. Pero, un día, uno de ellos se hizo malo. ¿Cómo pudo suceder algo así?
Para saber la respuesta, debemos volver al tiempo en que Dios creó al primer hombre y la primera mujer, Adán y Eva. Algunas personas dicen que su historia es solo una leyenda, un cuento, pero el Gran Maestro sabía que era cierta.
Cuando Dios creó a Adán y Eva, los puso en un hermoso parque, o paraíso, situado en un lugar llamado Edén. Podían haber tenido muchos hijos, convertirse en una gran familia y vivir en el Paraíso para siempre. Pero tenían que aprender una lección importante de la que ya hemos hablado antes. Veamos si podemos recordarla.
Jehová les dijo a Adán y Eva que podían comer del fruto de todos los árboles del jardín, menos de uno. Si comían de ese árbol, Dios les dijo que ciertamente morirían (Génesis 2:17). ¿Cuál era, pues, la lección que Adán y Eva tenían que aprender?...
La lección de la obediencia. En realidad, la vida depende de obedecer a Jehová Dios. No era suficiente con que Adán y Eva simplemente dijeran que obedecerían. Tenían que demostrarlo con hechos. Si obedecían a Dios, estarían mostrando que lo amaban y deseaban que él los gobernara. Entonces podrían haber vivido para siempre en el Paraíso. Pero si comían de aquel árbol, ¿qué demostrarían?...
Demostrarían que no estaban realmente agradecidos a Dios por lo que él les había dado. ¿Habrías obedecido a Jehová si hubieras estado allí?... Al principio, Adán y Eva lo hicieron. Pero después, alguien superior a ellos engañó a Eva y consiguió que desobedeciera a Jehová. ¿Quién fue?...
La Biblia dice que una serpiente le habló a Eva. ¿Cómo es posible, si las serpientes no pueden hablar?... Un ángel hizo que pareciera que la serpiente estaba hablando. Pero en realidad era él quien hablaba. Ese ángel había empezado a pensar cosas malas. Quería que Adán y Eva lo adoraran, que hicieran lo que él les mandara. Quería ocupar el lugar de Dios.
Así que aquel ángel malvado puso malos pensamientos en la mente de Eva. Usando a la serpiente, le aseguró: ‘Dios no les dijo la verdad. No morirán si comen del árbol. Se harán sabios como Dios’. ¿Habrías creído tú lo que decía aquella voz?...
Eva empezó a desear algo que Dios no le había dado. Comió del fruto prohibido, y después le dio de él a Adán. Él no creyó las palabras de la serpiente, pero su deseo de estar con Eva fue mayor que su amor a Dios. Por eso también comió del árbol (Génesis 3:1-6; 1 Timoteo 2:14).
¿Cuál fue el resultado?... Adán y Eva se hicieron imperfectos, envejecieron y murieron. Y como ellos eran imperfectos, todos sus hijos también lo fueron, y con el tiempo envejecieron y murieron. Dios no había mentido. La vida depende de que le obedezcamos (Romanos 5:12). La Biblia nos dice que el ángel que engañó a Eva se llama Satanás el Diablo, y que a los ángeles que se hicieron malos se les llama demonios (Santiago 2:19; Revelación [Apocalipsis] 12:9).
¿Entiendes entonces por qué el ángel bueno se hizo malo?... Fue porque comenzó a pensar cosas malas. Quiso ser el número uno. Como sabía que Dios les había dicho a Adán y Eva que tuvieran hijos, quería que todos ellos lo adoraran a él. El Diablo quiere que todos desobedezcamos a Jehová. Por eso intenta poner malos pensamientos en nuestra mente (Santiago 1:13-15).
El Diablo afirma que nadie ama de verdad a Jehová. Dice que ni tú ni yo amamos a Dios, y que en realidad no queremos hacer lo que Él manda. Asegura que solo obedecemos a Jehová cuando las cosas salen como nosotros queremos. ¿Tiene razón el Diablo? ¿Somos así?
El Gran Maestro dijo que el Diablo es un mentiroso. Jesús demostró que realmente amaba a Jehová obedeciéndole. Y no lo hizo solamente cuando era fácil, sino en todo momento, incluso cuando otras personas se lo pusieron difícil. Demostró que era leal a Jehová hasta su misma muerte. Por ese motivo, Dios hizo que volviera a vivir, y que esta vez fuera para siempre.
Así que, ¿quién dirías tú que es nuestro mayor enemigo?... Sí, es Satanás el Diablo. ¿Podemos verlo?... ¡Desde luego que no! Pero sabemos que existe y que es superior y más poderoso que nosotros. Sin embargo, ¿quién es superior al Diablo?... Jehová Dios. Por eso estamos seguros de que Dios puede protegernos.
Leamos sobre la Persona a la que debemos adorar: Deuteronomio 30:19, 20; Josué 24:14, 15; Proverbios 27:11, y Mateo 4:10.
[Ilustración de la página 47]
¿Qué es posible que María y José le contaran a Jesús?
[Ilustración de las páginas 48 y 49]
¿Qué debían hacer Adán y Eva a fin de vivir para siempre en el Paraíso?
[Ilustración de la página 50]
¿Quién hizo que la serpiente le hablara a Eva?
[Ilustraciones de la página 50]
¿Qué les ocurrió a Adán y Eva después de que desobedecieron a Dios?
Las Tentaciones ( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):
Capítulo 9
Tenemos que resistir las tentaciones
¿ALGUNA vez te han pedido que hagas algo malo?... ¿Te han desafiado a que lo hagas? ¿O te han dicho que sería divertido y que en realidad no es nada malo?... La persona que hace eso está tentándote.
¿Cómo deberíamos reaccionar cuando se nos tienta? ¿Deberíamos hacer lo malo?... Eso no le agradaría a Jehová Dios. Sin embargo, ¿sabes a quién sí le alegraría?... A Satanás el Diablo.
Satanás es el enemigo de Dios, y también es el nuestro. No podemos verlo porque es un espíritu, pero él sí puede vernos. En una ocasión, el Diablo tentó a Jesús, el Gran Maestro. Veamos qué hizo Jesús, y así sabremos cómo actuar ante una tentación.
Jesús siempre quiso hacer la voluntad de Dios, y lo demostró claramente cuando se bautizó en el río Jordán. Fue poco después de su bautismo cuando Satanás lo tentó. La Biblia dice que “los cielos se abrieron” para Jesús (Mateo 3:16). Probablemente, aquello significó que Jesús comenzó a recordar su vida anterior en el cielo con Dios.
Después de su bautismo, Jesús se fue al desierto para pensar en las cosas que había comenzado a recordar. Pasaron cuarenta días y cuarenta noches. Durante todo ese tiempo, Jesús estuvo sin comer, así que tenía mucha hambre. Fue entonces cuando Satanás lo tentó.
El Diablo le dijo: “Si eres hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en panes”. ¡Con qué ganas se habría comido Jesús un trozo de pan! Pero ¿podía él convertir aquellas piedras en pan?... Claro que sí, pues él era el Hijo de Dios y tenía poderes especiales.
¿Habrías convertido tú una piedra en pan si el Diablo te lo hubiera pedido?... Jesús tenía hambre. ¿No tendría razón para hacerlo al menos una vez?... Jesús sabía que no estaba bien utilizar de aquella manera los poderes que Jehová le había dado. Debía usarlos para acercar a las personas a su Padre, no para beneficiarse él mismo.
Así que, en vez de hacerle caso a Satanás, Jesús le citó lo que está escrito en la Biblia: ‘El hombre no debe vivir solo de pan, sino de todas las palabras que salen de la boca de Jehová’. Jesús sabía que agradar a Jehová era mucho más importante que tener algo que comer.
Pero el Diablo volvió a intentarlo. Esta vez llevó a Jesús a Jerusalén y lo colocó en una parte alta del templo. Allí le dijo: ‘Si eres hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito que Dios enviará a sus ángeles para que no te lastimes’.
¿Por qué dijo eso Satanás?... Quería tentar a Jesús para que hiciera algo peligroso. Pero Jesús tampoco le hizo caso esta vez, sino que le respondió: “Está escrito: ‘No debes poner a prueba a Jehová tu Dios’”. Jesús sabía que no estaba bien poner a prueba a Jehová arriesgando la vida.
Sin embargo, Satanás no se dio por vencido. Llevó a Jesús a una montaña muy alta y le mostró todos los reinos, o gobiernos, del mundo y su gloria. Entonces le dijo: “Todas estas cosas te las daré si caes y me rindes un acto de adoración”.
Piensa en la oferta del Diablo. ¿Eran en realidad de Satanás todos aquellos reinos, o gobiernos humanos?... Bueno, Jesús no dijo que no le pertenecían a Satanás. Si el Diablo hubiera mentido, Jesús se lo habría dicho. Así es, Satanás es el gobernante de todas las naciones del mundo. La Biblia incluso lo llama “el gobernante de este mundo” (Juan 12:31).
¿Qué harías si el Diablo prometiera darte algo a cambio de que lo adoraras?... Jesús sabía que estaba mal adorar al Diablo, sin importar lo que este pudiera darle. Por eso le dijo: ‘¡Vete, Satanás! Porque la Biblia dice que debes adorar a Jehová tu Dios y que solo debes servirle a él’ (Mateo 4:1-10; Lucas 4:1-13).
Nosotros también nos enfrentamos a tentaciones. ¿Sabes cuáles son algunas?... Por ejemplo, puede que tu madre haga un bizcocho o algún otro postre delicioso y te diga que no debes probarlo hasta la hora de comer. Pero tú tienes mucha hambre y te sientes tentado a probarlo. ¿Obedecerás a tu mamá?... Satanás quiere que desobedezcas.
Recuerda a Jesús: él también estaba hambriento, pero sabía que agradar a Dios era más importante que comer. Tú demostrarás que eres como Jesús si obedeces a tu madre.
Puede que otros niños te pidan que tomes unas pastillas que, según ellos, te harán sentir muy contento. Pero esas pastillas quizás sean drogas que pueden enfermarte o hasta matarte. O tal vez alguien te ofrezca un cigarrillo, que también contiene sustancias dañinas, y te diga: “¡A que no te atreves a fumarlo!”. ¿Qué harás?...
Recuerda a Jesús. Satanás intentó hacer que Jesús pusiera en peligro su vida cuando le pidió que saltara del templo. Pero Jesús no lo hizo. ¿Qué harías tú si alguien te desafía a que hagas algo peligroso?... Jesús no escuchó a Satanás. Tú tampoco deberías escuchar a nadie que trate de convencerte para que hagas cosas malas.
Tal vez algún día te pidan que adores una imagen, algo que la Biblia prohíbe (Éxodo 20:4, 5). Puede que ocurra durante una ceremonia en la escuela, y te digan que no podrás volver a la escuela si te niegas a adorarla. ¿Qué harás?...
Es fácil hacer lo bueno cuando todo el mundo lo hace, pero resulta muy difícil cuando otros quieren convencernos para que hagamos lo malo. Tal vez digan que lo que están haciendo no es tan malo. Sin embargo, lo más importante es: ¿qué opina Dios? Él sabe más que nosotros.
Por eso, sin importar lo que opinen los demás, nunca debemos hacer cosas que Dios diga que son malas. De esa forma, siempre haremos feliz a Dios y nunca agradaremos al Diablo.
Se puede encontrar más información sobre cómo resistir la tentación de hacer lo malo en Salmo 1:1, 2; Proverbios 1:10, 11; Mateo 26:41, y 2 Timoteo 2:22.
[Ilustración de la página 52]
¿Qué es probable que empezara a recordar Jesús cuando se bautizó?
[Ilustración de la página 53]
¿Cómo utilizó el Diablo piedras para tentar a Jesús?
[Ilustración de la página 55]
¿Por qué pudo Satanás ofrecer a Jesús todos estos reinos?
[Ilustraciones de la página 55]
¿Qué harás si eres tentado?
[Ilustración de la página 56]
¿Por qué está mal utilizar imágenes para adorar a Dios?
Tenemos que resistir las tentaciones
¿ALGUNA vez te han pedido que hagas algo malo?... ¿Te han desafiado a que lo hagas? ¿O te han dicho que sería divertido y que en realidad no es nada malo?... La persona que hace eso está tentándote.
¿Cómo deberíamos reaccionar cuando se nos tienta? ¿Deberíamos hacer lo malo?... Eso no le agradaría a Jehová Dios. Sin embargo, ¿sabes a quién sí le alegraría?... A Satanás el Diablo.
Satanás es el enemigo de Dios, y también es el nuestro. No podemos verlo porque es un espíritu, pero él sí puede vernos. En una ocasión, el Diablo tentó a Jesús, el Gran Maestro. Veamos qué hizo Jesús, y así sabremos cómo actuar ante una tentación.
Jesús siempre quiso hacer la voluntad de Dios, y lo demostró claramente cuando se bautizó en el río Jordán. Fue poco después de su bautismo cuando Satanás lo tentó. La Biblia dice que “los cielos se abrieron” para Jesús (Mateo 3:16). Probablemente, aquello significó que Jesús comenzó a recordar su vida anterior en el cielo con Dios.
Después de su bautismo, Jesús se fue al desierto para pensar en las cosas que había comenzado a recordar. Pasaron cuarenta días y cuarenta noches. Durante todo ese tiempo, Jesús estuvo sin comer, así que tenía mucha hambre. Fue entonces cuando Satanás lo tentó.
El Diablo le dijo: “Si eres hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en panes”. ¡Con qué ganas se habría comido Jesús un trozo de pan! Pero ¿podía él convertir aquellas piedras en pan?... Claro que sí, pues él era el Hijo de Dios y tenía poderes especiales.
¿Habrías convertido tú una piedra en pan si el Diablo te lo hubiera pedido?... Jesús tenía hambre. ¿No tendría razón para hacerlo al menos una vez?... Jesús sabía que no estaba bien utilizar de aquella manera los poderes que Jehová le había dado. Debía usarlos para acercar a las personas a su Padre, no para beneficiarse él mismo.
Así que, en vez de hacerle caso a Satanás, Jesús le citó lo que está escrito en la Biblia: ‘El hombre no debe vivir solo de pan, sino de todas las palabras que salen de la boca de Jehová’. Jesús sabía que agradar a Jehová era mucho más importante que tener algo que comer.
Pero el Diablo volvió a intentarlo. Esta vez llevó a Jesús a Jerusalén y lo colocó en una parte alta del templo. Allí le dijo: ‘Si eres hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito que Dios enviará a sus ángeles para que no te lastimes’.
¿Por qué dijo eso Satanás?... Quería tentar a Jesús para que hiciera algo peligroso. Pero Jesús tampoco le hizo caso esta vez, sino que le respondió: “Está escrito: ‘No debes poner a prueba a Jehová tu Dios’”. Jesús sabía que no estaba bien poner a prueba a Jehová arriesgando la vida.
Sin embargo, Satanás no se dio por vencido. Llevó a Jesús a una montaña muy alta y le mostró todos los reinos, o gobiernos, del mundo y su gloria. Entonces le dijo: “Todas estas cosas te las daré si caes y me rindes un acto de adoración”.
Piensa en la oferta del Diablo. ¿Eran en realidad de Satanás todos aquellos reinos, o gobiernos humanos?... Bueno, Jesús no dijo que no le pertenecían a Satanás. Si el Diablo hubiera mentido, Jesús se lo habría dicho. Así es, Satanás es el gobernante de todas las naciones del mundo. La Biblia incluso lo llama “el gobernante de este mundo” (Juan 12:31).
¿Qué harías si el Diablo prometiera darte algo a cambio de que lo adoraras?... Jesús sabía que estaba mal adorar al Diablo, sin importar lo que este pudiera darle. Por eso le dijo: ‘¡Vete, Satanás! Porque la Biblia dice que debes adorar a Jehová tu Dios y que solo debes servirle a él’ (Mateo 4:1-10; Lucas 4:1-13).
Nosotros también nos enfrentamos a tentaciones. ¿Sabes cuáles son algunas?... Por ejemplo, puede que tu madre haga un bizcocho o algún otro postre delicioso y te diga que no debes probarlo hasta la hora de comer. Pero tú tienes mucha hambre y te sientes tentado a probarlo. ¿Obedecerás a tu mamá?... Satanás quiere que desobedezcas.
Recuerda a Jesús: él también estaba hambriento, pero sabía que agradar a Dios era más importante que comer. Tú demostrarás que eres como Jesús si obedeces a tu madre.
Puede que otros niños te pidan que tomes unas pastillas que, según ellos, te harán sentir muy contento. Pero esas pastillas quizás sean drogas que pueden enfermarte o hasta matarte. O tal vez alguien te ofrezca un cigarrillo, que también contiene sustancias dañinas, y te diga: “¡A que no te atreves a fumarlo!”. ¿Qué harás?...
Recuerda a Jesús. Satanás intentó hacer que Jesús pusiera en peligro su vida cuando le pidió que saltara del templo. Pero Jesús no lo hizo. ¿Qué harías tú si alguien te desafía a que hagas algo peligroso?... Jesús no escuchó a Satanás. Tú tampoco deberías escuchar a nadie que trate de convencerte para que hagas cosas malas.
Tal vez algún día te pidan que adores una imagen, algo que la Biblia prohíbe (Éxodo 20:4, 5). Puede que ocurra durante una ceremonia en la escuela, y te digan que no podrás volver a la escuela si te niegas a adorarla. ¿Qué harás?...
Es fácil hacer lo bueno cuando todo el mundo lo hace, pero resulta muy difícil cuando otros quieren convencernos para que hagamos lo malo. Tal vez digan que lo que están haciendo no es tan malo. Sin embargo, lo más importante es: ¿qué opina Dios? Él sabe más que nosotros.
Por eso, sin importar lo que opinen los demás, nunca debemos hacer cosas que Dios diga que son malas. De esa forma, siempre haremos feliz a Dios y nunca agradaremos al Diablo.
Se puede encontrar más información sobre cómo resistir la tentación de hacer lo malo en Salmo 1:1, 2; Proverbios 1:10, 11; Mateo 26:41, y 2 Timoteo 2:22.
[Ilustración de la página 52]
¿Qué es probable que empezara a recordar Jesús cuando se bautizó?
[Ilustración de la página 53]
¿Cómo utilizó el Diablo piedras para tentar a Jesús?
[Ilustración de la página 55]
¿Por qué pudo Satanás ofrecer a Jesús todos estos reinos?
[Ilustraciones de la página 55]
¿Qué harás si eres tentado?
[Ilustración de la página 56]
¿Por qué está mal utilizar imágenes para adorar a Dios?
Jesús es más poderoso...( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):
Capítulo 10
Jesús es más poderoso que los demonios
¿RECUERDAS por qué uno de los ángeles de Dios se convirtió en Satanás el Diablo?... Era egoísta y deseaba que lo adoraran a él; por eso se volvió contra Dios. ¿Halló Satanás seguidores entre los demás ángeles?... Sí. La Biblia los llama ‘ángeles de Satanás’, o demonios (Revelación [Apocalipsis] 12:9).
¿Creen estos ángeles malos en Dios?... Las Escrituras dicen que ‘los demonios creen que Dios existe’ (Santiago 2:19). Pero en la actualidad tienen miedo, pues saben que él los castigará por las maldades que han cometido. ¿Cuáles son?...
La Biblia explica que aquellos ángeles abandonaron el lugar que debían ocupar en el cielo y bajaron a la Tierra para vivir como los humanos. Lo hicieron porque deseaban tener relaciones sexuales con las bellas mujeres de la Tierra (Génesis 6:1, 2; Judas 6). ¿Qué sabes sobre las relaciones sexuales?...
Un hombre y una mujer tienen relaciones sexuales cuando se unen de una manera muy especial. Esta unión puede dar vida a un bebé que se irá desarrollando en el vientre de la madre. Dios desea que solo las personas que están casadas se unan de esa manera. Así, cuando nace un bebé, tanto el esposo como la esposa pueden cuidarlo. Sin embargo, a los ángeles no les está permitido tener ese tipo de relaciones.
Después de que los ángeles se hicieron cuerpos humanos y tuvieron relaciones sexuales con las mujeres, les nacieron hijos que crecieron hasta hacerse gigantes. Estos eran muy crueles y lastimaban a la gente. Por eso Dios envió un diluvio —una gran inundación— para destruir a los gigantes y a toda la gente mala. Pero hizo que Noé construyera un arca, o un enorme barco, para salvar a las pocas personas que hacían lo bueno. El Gran Maestro dijo que es importante recordar lo que ocurrió en el Diluvio (Génesis 6:3, 4, 13, 14; Lucas 17:26, 27).
¿Sabes qué hicieron los ángeles malos cuando vino el Diluvio?... Dejaron de usar los cuerpos humanos que se habían hecho y volvieron al cielo. Pero ya no podían ser ángeles de Dios, por eso se convirtieron en ángeles de Satanás, en demonios. ¿Y qué les pasó a sus hijos, los gigantes?... Murieron en el Diluvio, junto con todos los que no obedecieron a Dios.
Después del Diluvio, Dios nunca más permitió que los demonios se hicieran cuerpos humanos. Sin embargo, aunque no podemos verlos, los demonios siguen tratando de conseguir que la gente haga lo malo. Hoy causan más problemas que nunca porque se les ha arrojado a la Tierra.
¿Sabes por qué no podemos ver a los demonios?... Porque son espíritus. Sin embargo, podemos estar seguros de que existen. La Biblia dice que Satanás está ‘engañando a personas de toda la tierra’ con ayuda de sus demonios (Revelación 12:9, 12).
¿Pueden el Diablo y sus demonios engañarnos también a nosotros?... Sí, lo harán si no tenemos cuidado. Pero no hay por qué temer. El Gran Maestro dijo: ‘El Diablo no tiene dominio sobre mí’. Si nos mantenemos cerca de Dios, él nos protegerá del Diablo y sus demonios (Juan 14:30).
Es importante saber cuáles son las cosas malas que los demonios intentarán que hagamos. Así que piensa: ¿qué cosas malas hicieron los demonios cuando vinieron a la Tierra?... Antes del Diluvio, tuvieron relaciones sexuales con mujeres, algo que les estaba prohibido. Hoy en día, los demonios se alegran cuando las personas no obedecen las leyes de Dios sobre las relaciones sexuales. A ver si recuerdas: ¿quiénes son los únicos que pueden tener relaciones de este tipo?... Tienes razón, solo los casados.
En nuestros días hay muchachos y muchachas que tienen relaciones sexuales, y eso es malo. La Biblia habla del “órgano genital” masculino, que se llama pene (Levítico 15:1-3). Los genitales femeninos reciben el nombre de vulva. Jehová creó estas partes del cuerpo con una función especial de la que solo deberían gozar las personas casadas. Los demonios se alegran cuando la gente hace cosas que Jehová prohíbe, por ejemplo, cuando un niño y una niña juegan con los genitales del otro. ¿Verdad que no queremos agradar a los demonios?...
Hay otra cosa que a los demonios les gusta, pero que Jehová odia. ¿Sabes qué es?... La violencia (Salmo 11:5). La gente violenta se comporta de forma cruel y lastima a los demás. Recuerda, eso era lo que hacían aquellos gigantes, que eran hijos de los demonios.
Los demonios también disfrutan asustando a la gente. A veces fingen ser personas que han muerto, e incluso imitan sus voces. Así engañan a muchos para que crean que los muertos siguen con vida y pueden hablar con los vivos. De ahí que tantas personas crean que existen los fantasmas.
Por lo tanto, debemos estar alerta para que Satanás y sus demonios no nos engañen. La Biblia nos advierte: ‘Satanás intenta hacerse pasar por un ángel bueno, y sus siervos hacen lo mismo’ (2 Corintios 11:14, 15). Pero en realidad, los demonios son malos. Veamos qué métodos pueden usar para que seamos como ellos.
¿Dónde aprende tanto la gente sobre la violencia, las relaciones sexuales que Dios prohíbe y los espíritus y fantasmas?... ¿Verdad que es en los programas de televisión, los videojuegos, Internet y los libros de historietas? ¿Nos acercan estas cosas más a Dios, o por el contrario, al Diablo y sus demonios? ¿Qué opinas?...
¿Quiénes desean que escuchemos y veamos cosas malas?... Satanás y sus demonios. Por eso, ¿qué debemos hacer?... Tenemos que leer, escuchar y ver cosas que sean de provecho y nos ayuden a servir a Jehová. ¿Se te ocurren algunas?...
Si hacemos lo bueno, no hay razón para temer a los demonios, pues Jesús es más poderoso que ellos. En una ocasión, los demonios le preguntaron asustados: “¿Viniste a destruirnos?” (Marcos 1:24). ¿Verdad que nos alegraremos cuando Jesús los destruya?... Mientras tanto, podemos estar seguros de que Jesús nos protegerá de ellos si nos mantenemos cerca de él y de su Padre celestial.
Veamos lo que debemos hacer para protegernos de Satanás y sus demonios en 1 Pedro 5:8, 9 y Santiago 4:7, 8.
[Ilustración de la página 57]
¿Qué cosa mala hicieron estos ángeles?
[Ilustración de la página 58]
¿Por qué hay más problemas que nunca en la Tierra?
[Ilustraciones de la página 60]
¿Qué puede ocurrir si vemos programas violentos?
[Ilustración de la página 61]
¿Qué deberíamos hacer para protegernos de Satanás y sus demonios?
Jesús es más poderoso que los demonios
¿RECUERDAS por qué uno de los ángeles de Dios se convirtió en Satanás el Diablo?... Era egoísta y deseaba que lo adoraran a él; por eso se volvió contra Dios. ¿Halló Satanás seguidores entre los demás ángeles?... Sí. La Biblia los llama ‘ángeles de Satanás’, o demonios (Revelación [Apocalipsis] 12:9).
¿Creen estos ángeles malos en Dios?... Las Escrituras dicen que ‘los demonios creen que Dios existe’ (Santiago 2:19). Pero en la actualidad tienen miedo, pues saben que él los castigará por las maldades que han cometido. ¿Cuáles son?...
La Biblia explica que aquellos ángeles abandonaron el lugar que debían ocupar en el cielo y bajaron a la Tierra para vivir como los humanos. Lo hicieron porque deseaban tener relaciones sexuales con las bellas mujeres de la Tierra (Génesis 6:1, 2; Judas 6). ¿Qué sabes sobre las relaciones sexuales?...
Un hombre y una mujer tienen relaciones sexuales cuando se unen de una manera muy especial. Esta unión puede dar vida a un bebé que se irá desarrollando en el vientre de la madre. Dios desea que solo las personas que están casadas se unan de esa manera. Así, cuando nace un bebé, tanto el esposo como la esposa pueden cuidarlo. Sin embargo, a los ángeles no les está permitido tener ese tipo de relaciones.
Después de que los ángeles se hicieron cuerpos humanos y tuvieron relaciones sexuales con las mujeres, les nacieron hijos que crecieron hasta hacerse gigantes. Estos eran muy crueles y lastimaban a la gente. Por eso Dios envió un diluvio —una gran inundación— para destruir a los gigantes y a toda la gente mala. Pero hizo que Noé construyera un arca, o un enorme barco, para salvar a las pocas personas que hacían lo bueno. El Gran Maestro dijo que es importante recordar lo que ocurrió en el Diluvio (Génesis 6:3, 4, 13, 14; Lucas 17:26, 27).
¿Sabes qué hicieron los ángeles malos cuando vino el Diluvio?... Dejaron de usar los cuerpos humanos que se habían hecho y volvieron al cielo. Pero ya no podían ser ángeles de Dios, por eso se convirtieron en ángeles de Satanás, en demonios. ¿Y qué les pasó a sus hijos, los gigantes?... Murieron en el Diluvio, junto con todos los que no obedecieron a Dios.
Después del Diluvio, Dios nunca más permitió que los demonios se hicieran cuerpos humanos. Sin embargo, aunque no podemos verlos, los demonios siguen tratando de conseguir que la gente haga lo malo. Hoy causan más problemas que nunca porque se les ha arrojado a la Tierra.
¿Sabes por qué no podemos ver a los demonios?... Porque son espíritus. Sin embargo, podemos estar seguros de que existen. La Biblia dice que Satanás está ‘engañando a personas de toda la tierra’ con ayuda de sus demonios (Revelación 12:9, 12).
¿Pueden el Diablo y sus demonios engañarnos también a nosotros?... Sí, lo harán si no tenemos cuidado. Pero no hay por qué temer. El Gran Maestro dijo: ‘El Diablo no tiene dominio sobre mí’. Si nos mantenemos cerca de Dios, él nos protegerá del Diablo y sus demonios (Juan 14:30).
Es importante saber cuáles son las cosas malas que los demonios intentarán que hagamos. Así que piensa: ¿qué cosas malas hicieron los demonios cuando vinieron a la Tierra?... Antes del Diluvio, tuvieron relaciones sexuales con mujeres, algo que les estaba prohibido. Hoy en día, los demonios se alegran cuando las personas no obedecen las leyes de Dios sobre las relaciones sexuales. A ver si recuerdas: ¿quiénes son los únicos que pueden tener relaciones de este tipo?... Tienes razón, solo los casados.
En nuestros días hay muchachos y muchachas que tienen relaciones sexuales, y eso es malo. La Biblia habla del “órgano genital” masculino, que se llama pene (Levítico 15:1-3). Los genitales femeninos reciben el nombre de vulva. Jehová creó estas partes del cuerpo con una función especial de la que solo deberían gozar las personas casadas. Los demonios se alegran cuando la gente hace cosas que Jehová prohíbe, por ejemplo, cuando un niño y una niña juegan con los genitales del otro. ¿Verdad que no queremos agradar a los demonios?...
Hay otra cosa que a los demonios les gusta, pero que Jehová odia. ¿Sabes qué es?... La violencia (Salmo 11:5). La gente violenta se comporta de forma cruel y lastima a los demás. Recuerda, eso era lo que hacían aquellos gigantes, que eran hijos de los demonios.
Los demonios también disfrutan asustando a la gente. A veces fingen ser personas que han muerto, e incluso imitan sus voces. Así engañan a muchos para que crean que los muertos siguen con vida y pueden hablar con los vivos. De ahí que tantas personas crean que existen los fantasmas.
Por lo tanto, debemos estar alerta para que Satanás y sus demonios no nos engañen. La Biblia nos advierte: ‘Satanás intenta hacerse pasar por un ángel bueno, y sus siervos hacen lo mismo’ (2 Corintios 11:14, 15). Pero en realidad, los demonios son malos. Veamos qué métodos pueden usar para que seamos como ellos.
¿Dónde aprende tanto la gente sobre la violencia, las relaciones sexuales que Dios prohíbe y los espíritus y fantasmas?... ¿Verdad que es en los programas de televisión, los videojuegos, Internet y los libros de historietas? ¿Nos acercan estas cosas más a Dios, o por el contrario, al Diablo y sus demonios? ¿Qué opinas?...
¿Quiénes desean que escuchemos y veamos cosas malas?... Satanás y sus demonios. Por eso, ¿qué debemos hacer?... Tenemos que leer, escuchar y ver cosas que sean de provecho y nos ayuden a servir a Jehová. ¿Se te ocurren algunas?...
Si hacemos lo bueno, no hay razón para temer a los demonios, pues Jesús es más poderoso que ellos. En una ocasión, los demonios le preguntaron asustados: “¿Viniste a destruirnos?” (Marcos 1:24). ¿Verdad que nos alegraremos cuando Jesús los destruya?... Mientras tanto, podemos estar seguros de que Jesús nos protegerá de ellos si nos mantenemos cerca de él y de su Padre celestial.
Veamos lo que debemos hacer para protegernos de Satanás y sus demonios en 1 Pedro 5:8, 9 y Santiago 4:7, 8.
[Ilustración de la página 57]
¿Qué cosa mala hicieron estos ángeles?
[Ilustración de la página 58]
¿Por qué hay más problemas que nunca en la Tierra?
[Ilustraciones de la página 60]
¿Qué puede ocurrir si vemos programas violentos?
[Ilustración de la página 61]
¿Qué deberíamos hacer para protegernos de Satanás y sus demonios?
Los ángeles ( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro) :
Capítulo 11
Los ángeles de Dios nos ayudan
ALGUNAS personas dicen que solo creen en lo que ven, pero eso no tiene sentido. Hay muchas cosas que nunca hemos visto y, sin embargo, existen. ¿Cuáles son algunas?...
¿Podemos sentir el aire que respiramos?... Levanta la mano y sopla sobre ella. ¿Sientes algo?... Sí, el aire, pero ¿verdad que no podemos verlo?...
En capítulos anteriores hablamos de seres espirituales que son invisibles. Aprendimos que algunos son buenos y otros malos. ¿Podrías nombrar algunos de los buenos?... Sí, están Jehová Dios, Jesús y los ángeles buenos. ¿Acaso hay ángeles malos también?... La Biblia dice que sí. ¿Qué aprendiste sobre ellos?...
Sabemos que tanto los ángeles buenos como los malos son más fuertes que nosotros. El Gran Maestro conocía muchas cosas sobre los ángeles porque antes de nacer en la Tierra había sido uno de ellos. Había vivido con millones de ángeles en el cielo. ¿Tienen todos los ángeles nombre?...
Aprendimos que Dios les dio nombre a las estrellas. Así que de seguro los ángeles también tienen nombre. Además, sabemos que se comunican entre ellos, porque la Biblia menciona el ‘idioma de los ángeles’ (1 Corintios 13:1). ¿De qué crees que hablan? ¿Hablarán de nosotros, los que vivimos en la Tierra?...
Vimos que los ángeles de Satanás desean que desobedezcamos a Jehová. Por eso, es posible que hablen sobre cómo lograrlo. Quieren que seamos como ellos para que Jehová no esté contento con nosotros. ¿Y los ángeles fieles? ¿Crees que también hablan de nosotros?... Sí, porque quieren ayudarnos. Te contaré cómo algunos ayudaron a personas que amaban y servían a Jehová.
Por ejemplo, había un hombre llamado Daniel que vivía en Babilonia. Pocas personas allí amaban a Jehová. Incluso hicieron una ley que castigaba a cualquiera que orara a Dios. Pero Daniel no dejó de orar. ¿Sabes qué le hicieron?...
Unos hombres malos hicieron que se arrojara a Daniel a un foso de leones. Daniel estaba solo ante aquellas fieras hambrientas. ¿Qué le sucedió?... Él nos cuenta: “Dios envió a su ángel y cerró la boca de los leones”. ¡No le causaron ningún daño! Los ángeles pueden hacer cosas maravillosas por los siervos de Jehová (Daniel 6:18-22).
En cierta ocasión se encarceló a Pedro, que, como recordarás, era amigo del Gran Maestro, Jesucristo. Algunos se habían enfadado cuando Pedro dijo que Jesús era el Hijo de Dios. Por eso lo metieron en la cárcel y pusieron soldados a vigilarlo para que no se escapara. ¿Podría ayudarle alguien?...
Pedro estaba durmiendo en medio de dos soldados y tenía las manos encadenadas. Pero la Biblia dice: ‘¡Mira! Vino el ángel de Jehová, y una luz brilló en la celda de la prisión. El ángel tocó a Pedro en el costado para despertarlo y le dijo: “¡Deprisa, levántate!”’.
En ese momento, a Pedro se le soltaron las cadenas de las manos, y el ángel le ordenó: ‘Vístete, ponte las sandalias y sígueme’. Los soldados no pudieron detenerlos porque era un ángel quien ayudaba a Pedro. Entonces llegaron ante una puerta de hierro y ocurrió algo extraño: la puerta se abrió sola. El ángel había liberado a Pedro para que siguiera predicando (Hechos 12:3-11).
¿Pueden los ángeles de Dios ayudarnos también a nosotros?... Por supuesto. ¿Significa eso que nunca permitirán que suframos daño?... No. Si actuamos de forma arriesgada, los ángeles no impedirán que nos lastimemos. Sin embargo, habrá veces en que suframos aunque no hayamos hecho nada arriesgado. Dios no ha ordenado a los ángeles que nos protejan todo el tiempo. Pero sí les ha dado una misión especial.
La Biblia habla de un ángel que está diciendo a la gente en todas partes que adore a Dios (Revelación [Apocalipsis] 14:6, 7). ¿Cómo lo hace? ¿Acaso grita desde el cielo para que todo el mundo lo oiga?... No. Son los seguidores de Jesús en la Tierra quienes se encargan de hablar a otras personas de Dios, y los ángeles los guían en su predicación. Los ángeles se aseguran de que las personas que realmente desean conocer a Dios tengan la oportunidad de escuchar. Nosotros podemos participar en esta obra, y los ángeles nos ayudarán.
Pero ¿qué haremos si personas que no aman a Dios nos causan problemas? ¿Y si nos encarcelan? ¿Nos liberarán los ángeles?... Podrían, pero no siempre lo hacen.
En una ocasión, Pablo, uno de los seguidores de Jesús, viajaba como prisionero en un barco durante una terrible tormenta. Pero los ángeles no lo libraron enseguida, porque había otras personas que necesitaban oír sobre Dios. Un ángel le dijo: “No temas, Pablo. Tienes que estar de pie ante César”. Pablo fue llevado ante el emperador de Roma para que le predicara. Los ángeles siempre supieron dónde estaba Pablo y le ayudaron. También nos ayudarán a nosotros si servimos a Dios lealmente (Hechos 27:23-25).
A los ángeles les queda otra misión importantísima que cumplir, y lo harán pronto. Se acerca el momento en que Dios destruirá a los malvados, a todos los que no lo adoran. Quienes dicen que no creen en los ángeles porque no pueden verlos descubrirán lo equivocados que están (2 Tesalonicenses 1:6-8).
¿Qué significará eso para nosotros?... Si nos ponemos del lado de los ángeles de Dios, nos ayudarán. Pero ¿estamos de su lado?... Lo estaremos si servimos a Jehová. Y si le servimos, animaremos a otras personas a servirle también.
Aprenderemos más sobre cómo influyen los ángeles en la vida de la gente leyendo Salmo 34:7; Mateo 4:11; 18:10; Lucas 22:43, y Hechos 8:26-31.
[Ilustración de la página 63]
¿Qué hizo Dios para salvar a Daniel?
[Ilustración de la página 64]
¿Cómo ayudó el ángel a Pedro a salir de la cárcel?
[Ilustración de la página 66]
¿Qué le está diciendo el ángel a Pablo?
Los ángeles de Dios nos ayudan
ALGUNAS personas dicen que solo creen en lo que ven, pero eso no tiene sentido. Hay muchas cosas que nunca hemos visto y, sin embargo, existen. ¿Cuáles son algunas?...
¿Podemos sentir el aire que respiramos?... Levanta la mano y sopla sobre ella. ¿Sientes algo?... Sí, el aire, pero ¿verdad que no podemos verlo?...
En capítulos anteriores hablamos de seres espirituales que son invisibles. Aprendimos que algunos son buenos y otros malos. ¿Podrías nombrar algunos de los buenos?... Sí, están Jehová Dios, Jesús y los ángeles buenos. ¿Acaso hay ángeles malos también?... La Biblia dice que sí. ¿Qué aprendiste sobre ellos?...
Sabemos que tanto los ángeles buenos como los malos son más fuertes que nosotros. El Gran Maestro conocía muchas cosas sobre los ángeles porque antes de nacer en la Tierra había sido uno de ellos. Había vivido con millones de ángeles en el cielo. ¿Tienen todos los ángeles nombre?...
Aprendimos que Dios les dio nombre a las estrellas. Así que de seguro los ángeles también tienen nombre. Además, sabemos que se comunican entre ellos, porque la Biblia menciona el ‘idioma de los ángeles’ (1 Corintios 13:1). ¿De qué crees que hablan? ¿Hablarán de nosotros, los que vivimos en la Tierra?...
Vimos que los ángeles de Satanás desean que desobedezcamos a Jehová. Por eso, es posible que hablen sobre cómo lograrlo. Quieren que seamos como ellos para que Jehová no esté contento con nosotros. ¿Y los ángeles fieles? ¿Crees que también hablan de nosotros?... Sí, porque quieren ayudarnos. Te contaré cómo algunos ayudaron a personas que amaban y servían a Jehová.
Por ejemplo, había un hombre llamado Daniel que vivía en Babilonia. Pocas personas allí amaban a Jehová. Incluso hicieron una ley que castigaba a cualquiera que orara a Dios. Pero Daniel no dejó de orar. ¿Sabes qué le hicieron?...
Unos hombres malos hicieron que se arrojara a Daniel a un foso de leones. Daniel estaba solo ante aquellas fieras hambrientas. ¿Qué le sucedió?... Él nos cuenta: “Dios envió a su ángel y cerró la boca de los leones”. ¡No le causaron ningún daño! Los ángeles pueden hacer cosas maravillosas por los siervos de Jehová (Daniel 6:18-22).
En cierta ocasión se encarceló a Pedro, que, como recordarás, era amigo del Gran Maestro, Jesucristo. Algunos se habían enfadado cuando Pedro dijo que Jesús era el Hijo de Dios. Por eso lo metieron en la cárcel y pusieron soldados a vigilarlo para que no se escapara. ¿Podría ayudarle alguien?...
Pedro estaba durmiendo en medio de dos soldados y tenía las manos encadenadas. Pero la Biblia dice: ‘¡Mira! Vino el ángel de Jehová, y una luz brilló en la celda de la prisión. El ángel tocó a Pedro en el costado para despertarlo y le dijo: “¡Deprisa, levántate!”’.
En ese momento, a Pedro se le soltaron las cadenas de las manos, y el ángel le ordenó: ‘Vístete, ponte las sandalias y sígueme’. Los soldados no pudieron detenerlos porque era un ángel quien ayudaba a Pedro. Entonces llegaron ante una puerta de hierro y ocurrió algo extraño: la puerta se abrió sola. El ángel había liberado a Pedro para que siguiera predicando (Hechos 12:3-11).
¿Pueden los ángeles de Dios ayudarnos también a nosotros?... Por supuesto. ¿Significa eso que nunca permitirán que suframos daño?... No. Si actuamos de forma arriesgada, los ángeles no impedirán que nos lastimemos. Sin embargo, habrá veces en que suframos aunque no hayamos hecho nada arriesgado. Dios no ha ordenado a los ángeles que nos protejan todo el tiempo. Pero sí les ha dado una misión especial.
La Biblia habla de un ángel que está diciendo a la gente en todas partes que adore a Dios (Revelación [Apocalipsis] 14:6, 7). ¿Cómo lo hace? ¿Acaso grita desde el cielo para que todo el mundo lo oiga?... No. Son los seguidores de Jesús en la Tierra quienes se encargan de hablar a otras personas de Dios, y los ángeles los guían en su predicación. Los ángeles se aseguran de que las personas que realmente desean conocer a Dios tengan la oportunidad de escuchar. Nosotros podemos participar en esta obra, y los ángeles nos ayudarán.
Pero ¿qué haremos si personas que no aman a Dios nos causan problemas? ¿Y si nos encarcelan? ¿Nos liberarán los ángeles?... Podrían, pero no siempre lo hacen.
En una ocasión, Pablo, uno de los seguidores de Jesús, viajaba como prisionero en un barco durante una terrible tormenta. Pero los ángeles no lo libraron enseguida, porque había otras personas que necesitaban oír sobre Dios. Un ángel le dijo: “No temas, Pablo. Tienes que estar de pie ante César”. Pablo fue llevado ante el emperador de Roma para que le predicara. Los ángeles siempre supieron dónde estaba Pablo y le ayudaron. También nos ayudarán a nosotros si servimos a Dios lealmente (Hechos 27:23-25).
A los ángeles les queda otra misión importantísima que cumplir, y lo harán pronto. Se acerca el momento en que Dios destruirá a los malvados, a todos los que no lo adoran. Quienes dicen que no creen en los ángeles porque no pueden verlos descubrirán lo equivocados que están (2 Tesalonicenses 1:6-8).
¿Qué significará eso para nosotros?... Si nos ponemos del lado de los ángeles de Dios, nos ayudarán. Pero ¿estamos de su lado?... Lo estaremos si servimos a Jehová. Y si le servimos, animaremos a otras personas a servirle también.
Aprenderemos más sobre cómo influyen los ángeles en la vida de la gente leyendo Salmo 34:7; Mateo 4:11; 18:10; Lucas 22:43, y Hechos 8:26-31.
[Ilustración de la página 63]
¿Qué hizo Dios para salvar a Daniel?
[Ilustración de la página 64]
¿Cómo ayudó el ángel a Pedro a salir de la cárcel?
[Ilustración de la página 66]
¿Qué le está diciendo el ángel a Pablo?
La oración ( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):
Capítulo 12
Jesús nos enseña a orar
¿HABLAS tú con Jehová Dios?... Él quiere que lo hagas. Cuando le hablas a Dios, estás orando. Jesús hablaba a menudo con su Padre celestial, y a veces prefería hacerlo a solas. La Biblia cuenta que en una ocasión “subió solo a la montaña a orar. Aunque se hizo tarde, estaba allí solo” (Mateo 14:23).
¿Dónde puedes orar a Jehová a solas?... Tal vez en tu habitación antes de acostarte. Jesús dijo: “Cuando ores, entra en tu cuarto privado y, después de cerrar tu puerta, ora a tu Padre” (Mateo 6:6). ¿Oras cada noche antes de dormir?... Deberías hacerlo.
Jesús oraba también cuando estaba con otras personas. Cuando murió su amigo Lázaro, oró con otros en el lugar donde lo habían enterrado (Juan 11:41, 42). Además, Jesús oraba cuando se reunía con sus discípulos. ¿Vas a reuniones donde se ora?... Por lo general, en estas ocasiones un adulto pronuncia la oración. Deberías escuchar con atención sus palabras, pues está hablando con Dios a favor tuyo. Entonces podrás decir “amén” al final de la oración. ¿Sabes por qué decimos “amén”?... Para mostrar que nos gustó la oración, que estamos de acuerdo con ella y que deseamos que sea también nuestra oración.
Además, Jesús oraba antes de las comidas, dando gracias a Jehová por el alimento. Y tú, ¿oras siempre antes de comer?... Es bueno que demos gracias a Jehová antes de empezar a comer. Hay veces en que otra persona hace la oración. Pero si estás comiendo solo o con alguien que no le da las gracias a Jehová, ¿qué debes hacer?... Entonces tienes que hacer tu propia oración.
¿Hay que orar siempre en voz alta? ¿O escucha Jehová las oraciones que se hacen en silencio?... Veamos lo que le ocurrió a Nehemías. Él era un adorador de Jehová que trabajaba en el palacio del rey persa Artajerjes. Un día, Nehemías se puso muy triste al enterarse de que estaban en ruinas las murallas de Jerusalén, la capital de su país.
Cuando el rey le preguntó a Nehemías por qué estaba triste, lo primero que hizo Nehemías fue orar en silencio. Después le explicó al rey por qué se sentía así y le pidió permiso para ir a Jerusalén y reconstruir las murallas. ¿Qué ocurrió?...
Dios contestó la oración de Nehemías. El rey le permitió ir y, además, le dio mucha madera para construir las murallas. Como vemos, Dios puede contestar nuestras oraciones aunque las hagamos en silencio (Nehemías 1:2, 3; 2:4-8).
¿Hay que inclinar la cabeza para orar? ¿O arrodillarse? ¿Tú qué crees?... A veces, Jesús se arrodilló para orar, y otras veces se quedó de pie. En ocasiones levantó la cabeza hacia el cielo, por ejemplo, cuando oró por Lázaro.
¿Qué demuestra esto?... Pues que la postura del cuerpo no es lo más importante. Algunas veces tal vez sea bueno inclinar la cabeza y cerrar los ojos. Otras veces quizás quieras arrodillarte, como hizo Jesús. Pero recuerda: podemos orar a Dios a cualquier hora del día o de la noche, y él nos escuchará. Lo principal es que creamos que Jehová está escuchando. ¿Lo crees tú?...
¿Qué deberíamos decir en nuestras oraciones?... A ver: cuando oras, ¿de qué le hablas a Dios?... Jehová nos da muchísimas cosas buenas. ¿No es cierto que deberíamos darle las gracias por ellas?... Aunque es bueno agradecer el alimento, ¿le has dado alguna vez las gracias por el cielo azul, las plantas, los árboles y las hermosas flores?... Él también los creó.
Los discípulos de Jesús le pidieron en una ocasión que les enseñara a orar. El Gran Maestro les enseñó cuáles eran las cosas más importantes por las que debían orar. ¿Las sabes tú?... Si abres tu Biblia en Mateo, capítulo 6, versículos 9 al 13, encontrarás lo que se conoce como la oración del padrenuestro. Vamos a leerla juntos.
Como hemos leído, Jesús dijo que pidiéramos en nuestras oraciones que el nombre de Dios fuera santificado, es decir, tratado como algo santo. ¿Cómo se llama Dios?... Sí, Jehová, y deberíamos amar su nombre.
En segundo lugar, Jesús nos enseñó a pedir que viniera el Reino de Dios. Ese Reino es importante porque traerá paz a la Tierra y la convertirá en un paraíso.
En tercer lugar, el Gran Maestro dijo que oremos para que se haga la voluntad de Dios en la Tierra tal como se hace en el cielo. Si pedimos esto, también deberíamos hacer lo que él desea que hagamos, o sea, su voluntad.
A continuación, Jesús nos enseñó a pedir el alimento que necesitamos para cada día. Además, dijo que deberíamos arrepentirnos y pedirle perdón a Dios por los errores que cometemos. Sin embargo, si queremos que él nos perdone, debemos perdonar a quienes nos hayan hecho algo malo. ¿Te resulta fácil perdonar?...
Por último, Jesús nos enseñó a pedir a Jehová Dios que nos proteja del inicuo, Satanás el Diablo. Podemos mencionar en las oraciones todas estas cosas buenas.
Debemos creer que Jehová escucha nuestras oraciones. Pero además de pedir ayuda, deberíamos darle gracias. Él se alegra cuando en nuestras oraciones decimos lo que en realidad sentimos y pedimos cosas apropiadas. Y, sin duda, él nos dará lo que pidamos. ¿Lo crees así?...
Encontramos buenos consejos sobre la oración en Romanos 12:12; 1 Pedro 3:12, y 1 Juan 5:14.
[Ilustraciones de la página 67]
Jesús oró cuando estaba solo y cuando estaba con otras personas
[Ilustración de la página 68]
¿Por qué deberíamos escuchar con atención las oraciones que se hacen en las reuniones?
[Ilustraciones de la página 69]
¿Cuándo puedes orar en silencio como hizo Nehemías?
[Ilustración de la página 70]
¿De qué puedes hablarle a Dios en tu oración?
Jesús nos enseña a orar
¿HABLAS tú con Jehová Dios?... Él quiere que lo hagas. Cuando le hablas a Dios, estás orando. Jesús hablaba a menudo con su Padre celestial, y a veces prefería hacerlo a solas. La Biblia cuenta que en una ocasión “subió solo a la montaña a orar. Aunque se hizo tarde, estaba allí solo” (Mateo 14:23).
¿Dónde puedes orar a Jehová a solas?... Tal vez en tu habitación antes de acostarte. Jesús dijo: “Cuando ores, entra en tu cuarto privado y, después de cerrar tu puerta, ora a tu Padre” (Mateo 6:6). ¿Oras cada noche antes de dormir?... Deberías hacerlo.
Jesús oraba también cuando estaba con otras personas. Cuando murió su amigo Lázaro, oró con otros en el lugar donde lo habían enterrado (Juan 11:41, 42). Además, Jesús oraba cuando se reunía con sus discípulos. ¿Vas a reuniones donde se ora?... Por lo general, en estas ocasiones un adulto pronuncia la oración. Deberías escuchar con atención sus palabras, pues está hablando con Dios a favor tuyo. Entonces podrás decir “amén” al final de la oración. ¿Sabes por qué decimos “amén”?... Para mostrar que nos gustó la oración, que estamos de acuerdo con ella y que deseamos que sea también nuestra oración.
Además, Jesús oraba antes de las comidas, dando gracias a Jehová por el alimento. Y tú, ¿oras siempre antes de comer?... Es bueno que demos gracias a Jehová antes de empezar a comer. Hay veces en que otra persona hace la oración. Pero si estás comiendo solo o con alguien que no le da las gracias a Jehová, ¿qué debes hacer?... Entonces tienes que hacer tu propia oración.
¿Hay que orar siempre en voz alta? ¿O escucha Jehová las oraciones que se hacen en silencio?... Veamos lo que le ocurrió a Nehemías. Él era un adorador de Jehová que trabajaba en el palacio del rey persa Artajerjes. Un día, Nehemías se puso muy triste al enterarse de que estaban en ruinas las murallas de Jerusalén, la capital de su país.
Cuando el rey le preguntó a Nehemías por qué estaba triste, lo primero que hizo Nehemías fue orar en silencio. Después le explicó al rey por qué se sentía así y le pidió permiso para ir a Jerusalén y reconstruir las murallas. ¿Qué ocurrió?...
Dios contestó la oración de Nehemías. El rey le permitió ir y, además, le dio mucha madera para construir las murallas. Como vemos, Dios puede contestar nuestras oraciones aunque las hagamos en silencio (Nehemías 1:2, 3; 2:4-8).
¿Hay que inclinar la cabeza para orar? ¿O arrodillarse? ¿Tú qué crees?... A veces, Jesús se arrodilló para orar, y otras veces se quedó de pie. En ocasiones levantó la cabeza hacia el cielo, por ejemplo, cuando oró por Lázaro.
¿Qué demuestra esto?... Pues que la postura del cuerpo no es lo más importante. Algunas veces tal vez sea bueno inclinar la cabeza y cerrar los ojos. Otras veces quizás quieras arrodillarte, como hizo Jesús. Pero recuerda: podemos orar a Dios a cualquier hora del día o de la noche, y él nos escuchará. Lo principal es que creamos que Jehová está escuchando. ¿Lo crees tú?...
¿Qué deberíamos decir en nuestras oraciones?... A ver: cuando oras, ¿de qué le hablas a Dios?... Jehová nos da muchísimas cosas buenas. ¿No es cierto que deberíamos darle las gracias por ellas?... Aunque es bueno agradecer el alimento, ¿le has dado alguna vez las gracias por el cielo azul, las plantas, los árboles y las hermosas flores?... Él también los creó.
Los discípulos de Jesús le pidieron en una ocasión que les enseñara a orar. El Gran Maestro les enseñó cuáles eran las cosas más importantes por las que debían orar. ¿Las sabes tú?... Si abres tu Biblia en Mateo, capítulo 6, versículos 9 al 13, encontrarás lo que se conoce como la oración del padrenuestro. Vamos a leerla juntos.
Como hemos leído, Jesús dijo que pidiéramos en nuestras oraciones que el nombre de Dios fuera santificado, es decir, tratado como algo santo. ¿Cómo se llama Dios?... Sí, Jehová, y deberíamos amar su nombre.
En segundo lugar, Jesús nos enseñó a pedir que viniera el Reino de Dios. Ese Reino es importante porque traerá paz a la Tierra y la convertirá en un paraíso.
En tercer lugar, el Gran Maestro dijo que oremos para que se haga la voluntad de Dios en la Tierra tal como se hace en el cielo. Si pedimos esto, también deberíamos hacer lo que él desea que hagamos, o sea, su voluntad.
A continuación, Jesús nos enseñó a pedir el alimento que necesitamos para cada día. Además, dijo que deberíamos arrepentirnos y pedirle perdón a Dios por los errores que cometemos. Sin embargo, si queremos que él nos perdone, debemos perdonar a quienes nos hayan hecho algo malo. ¿Te resulta fácil perdonar?...
Por último, Jesús nos enseñó a pedir a Jehová Dios que nos proteja del inicuo, Satanás el Diablo. Podemos mencionar en las oraciones todas estas cosas buenas.
Debemos creer que Jehová escucha nuestras oraciones. Pero además de pedir ayuda, deberíamos darle gracias. Él se alegra cuando en nuestras oraciones decimos lo que en realidad sentimos y pedimos cosas apropiadas. Y, sin duda, él nos dará lo que pidamos. ¿Lo crees así?...
Encontramos buenos consejos sobre la oración en Romanos 12:12; 1 Pedro 3:12, y 1 Juan 5:14.
[Ilustraciones de la página 67]
Jesús oró cuando estaba solo y cuando estaba con otras personas
[Ilustración de la página 68]
¿Por qué deberíamos escuchar con atención las oraciones que se hacen en las reuniones?
[Ilustraciones de la página 69]
¿Cuándo puedes orar en silencio como hizo Nehemías?
[Ilustración de la página 70]
¿De qué puedes hablarle a Dios en tu oración?
Discípulos de Jesús:
-Judas Iscariote.
-Judas ( También llamado Tadeo).
-Simón.
-Santiago ( Hijo de Alfeo).
-Tomás.
-Mateo.
-Natanael.
-Felipe.
-Juan.
-Santiago ( Hermano de Juan).
-Andrés.
-Pedro.
-Judas ( También llamado Tadeo).
-Simón.
-Santiago ( Hijo de Alfeo).
-Tomás.
-Mateo.
-Natanael.
-Felipe.
-Juan.
-Santiago ( Hermano de Juan).
-Andrés.
-Pedro.
Los seguidores de Jesús: ( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):
Capítulo 13
Los discípulos de Jesús
¿QUIÉN es el siervo de Dios más fiel que haya existido?... Has dicho bien: Jesucristo. ¿Crees que podemos imitarlo?... Bueno, la Biblia dice que él nos puso el ejemplo para que lo sigamos. Y él nos invita a ser sus discípulos, o seguidores.
¿Sabes qué significa ser discípulo de Jesús?... Significa varias cosas. La primera, aprender de él. Pero eso no es todo. También debemos creer de verdad lo que nos enseña y obedecer sus mandatos.
Hay muchos que afirman que creen en Jesús. ¿Piensas que todos ellos son realmente discípulos suyos?... La mayoría no lo son. Quizás vayan a la iglesia, pero nunca han sacado tiempo para aprender las enseñanzas del Gran Maestro. En realidad, solo son discípulos de Jesús quienes imitan su ejemplo.
Hablemos de algunos que se hicieron discípulos de Jesús cuando él vivió en la Tierra. Uno de los primeros fue Felipe. Este se apresuró a buscar a su amigo Natanael (también llamado Bartolomé), quien estaba sentado debajo de un árbol, como se ve en la lámina. Cuando Natanael se acercó a Jesús, este le dijo: ‘Aquí viene un verdadero israelita, un hombre sincero’. Sorprendido, Natanael le preguntó: “¿Cómo es que me conoces?”.
Jesús le contestó: “Antes que Felipe te llamara, mientras estabas debajo de la higuera, te vi”. Natanael se asombró de que Jesús supiera exactamente dónde estaba él, así que dijo: “Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel” (Juan 1:49).
Otros se hicieron discípulos un día antes que Felipe y Natanael. Fueron Andrés y su hermano Pedro, así como Juan y, quizás, su hermano Santiago (Juan 1:35-51). Sin embargo, algún tiempo después, los cuatro volvieron a su oficio de pescadores. Un día, mientras Jesús caminaba por la orilla del mar de Galilea, vio a Pedro y Andrés echando una red de pescar al mar. Jesús los llamó: ‘Síganme’.
Un poco más adelante, Jesús vio a Santiago y a Juan. Estaban en una barca con su padre reparando las redes de pescar. Jesús también los invitó a seguirlo. ¿Qué habrías hecho tú si Jesús te hubiera llamado? ¿Te habrías ido enseguida con él?... Aquellos hombres sabían quién era Jesús. Sabían que Dios lo había enviado. Por eso, inmediatamente dejaron su trabajo de pescadores y lo siguieron (Mateo 4:18-22).
Después que aquellos hombres llegaron a ser discípulos de Jesús, ¿hicieron siempre lo que estaba bien?... No. Tal vez recuerdes que incluso discutieron entre sí sobre quién era el más importante de todos. Pero escucharon a Jesús y estuvieron dispuestos a cambiar. Si nosotros también estamos dispuestos a cambiar, podemos ser discípulos de él.
Jesús invitó a todo tipo de personas para que fueran sus discípulos. En una ocasión, un joven gobernante rico fue a verlo y le preguntó qué debía hacer para conseguir la vida eterna. Cuando el joven afirmó que había obedecido los mandamientos de Dios desde niño, Jesús le dijo: “Ven, sé mi seguidor”. ¿Sabes qué ocurrió?...
Al enterarse de que ser discípulo de Jesucristo tenía que ser más importante que poseer riquezas, el joven se puso muy triste. No se hizo discípulo de Jesús porque amaba más su dinero que a Dios (Lucas 18:18-25).
Jesús había predicado durante casi un año y medio cuando escogió a doce de sus discípulos para que fueran sus apóstoles. Los apóstoles eran hombres a los que se les encargó un trabajo especial. ¿Sabes cuáles son sus nombres?... Vamos a ver si podemos aprenderlos. Fíjate en los dibujos y trata de leer los nombres. Luego intenta repetirlos de memoria.
Con el tiempo, uno de los doce apóstoles, llamado Judas Iscariote, se volvió malo, y otro discípulo ocupó su lugar. ¿Sabes quién fue?... Matías. Tiempo después, Pablo y Bernabé también llegaron a ser apóstoles, pero no formaron parte de los doce (Hechos 1:23-26; 14:14).
Como aprendimos en el primer capítulo de este libro, Jesús se interesaba en los niños. ¿Por qué?... Porque sabía que también podían llegar a ser discípulos suyos. Lo cierto es que a menudo los niños dicen las cosas de tal forma que hasta los adultos los escuchan y quieren aprender más acerca del Gran Maestro.
Muchas mujeres se hicieron también discípulas de Jesús. Algunas, como María Magdalena, Juana y Susana, lo acompañaban cuando iba a predicar a otras ciudades. Es posible que también le ayudaran preparando comida y lavándole la ropa (Lucas 8:1-3).
¿Quieres ser discípulo de Jesús?... Recuerda: no nos convertimos en discípulos de Jesús solo con decir que creemos en él. Debemos comportarnos como discípulos suyos en cualquier lugar donde estemos, no solo en las reuniones cristianas. ¿Se te ocurre algún lugar donde sea importante comportarse así?...
Sí, en casa. Otro lugar sería la escuela. Lo que nunca debemos olvidar es que para ser un verdadero discípulo de Jesús tenemos que comportarnos como él en todo momento, sin importar dónde estemos.
Ahora leamos juntos lo que dice la Biblia sobre los discípulos de Jesús en Mateo 28:19, 20; Lucas 6:13-16; Juan 8:31, 32, y 1 Pedro 2:21.
[Ilustración de la página 72]
¿Quién es este hombre, y cómo llegó a ser discípulo de Jesús?
[Ilustración de la página 73]
¿A quiénes está llamando Jesús para que sean sus discípulos?
[Ilustraciones de la página 75]
Pedro
Andrés
Santiago (hermano de Juan)
Juan
Felipe
Natanael
Mateo
Tomás
Santiago (hijo de Alfeo)
Simón
Judas (también llamado Tadeo)
Judas Iscariote
[Ilustraciones de la página 76]
¿Quiénes eran estas mujeres que ayudaron a Jesús cuando iba predicando?
[Ilustración de la página 76]
¿Dónde debemos comportarnos como discípulos de Jesús?
Los discípulos de Jesús
¿QUIÉN es el siervo de Dios más fiel que haya existido?... Has dicho bien: Jesucristo. ¿Crees que podemos imitarlo?... Bueno, la Biblia dice que él nos puso el ejemplo para que lo sigamos. Y él nos invita a ser sus discípulos, o seguidores.
¿Sabes qué significa ser discípulo de Jesús?... Significa varias cosas. La primera, aprender de él. Pero eso no es todo. También debemos creer de verdad lo que nos enseña y obedecer sus mandatos.
Hay muchos que afirman que creen en Jesús. ¿Piensas que todos ellos son realmente discípulos suyos?... La mayoría no lo son. Quizás vayan a la iglesia, pero nunca han sacado tiempo para aprender las enseñanzas del Gran Maestro. En realidad, solo son discípulos de Jesús quienes imitan su ejemplo.
Hablemos de algunos que se hicieron discípulos de Jesús cuando él vivió en la Tierra. Uno de los primeros fue Felipe. Este se apresuró a buscar a su amigo Natanael (también llamado Bartolomé), quien estaba sentado debajo de un árbol, como se ve en la lámina. Cuando Natanael se acercó a Jesús, este le dijo: ‘Aquí viene un verdadero israelita, un hombre sincero’. Sorprendido, Natanael le preguntó: “¿Cómo es que me conoces?”.
Jesús le contestó: “Antes que Felipe te llamara, mientras estabas debajo de la higuera, te vi”. Natanael se asombró de que Jesús supiera exactamente dónde estaba él, así que dijo: “Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel” (Juan 1:49).
Otros se hicieron discípulos un día antes que Felipe y Natanael. Fueron Andrés y su hermano Pedro, así como Juan y, quizás, su hermano Santiago (Juan 1:35-51). Sin embargo, algún tiempo después, los cuatro volvieron a su oficio de pescadores. Un día, mientras Jesús caminaba por la orilla del mar de Galilea, vio a Pedro y Andrés echando una red de pescar al mar. Jesús los llamó: ‘Síganme’.
Un poco más adelante, Jesús vio a Santiago y a Juan. Estaban en una barca con su padre reparando las redes de pescar. Jesús también los invitó a seguirlo. ¿Qué habrías hecho tú si Jesús te hubiera llamado? ¿Te habrías ido enseguida con él?... Aquellos hombres sabían quién era Jesús. Sabían que Dios lo había enviado. Por eso, inmediatamente dejaron su trabajo de pescadores y lo siguieron (Mateo 4:18-22).
Después que aquellos hombres llegaron a ser discípulos de Jesús, ¿hicieron siempre lo que estaba bien?... No. Tal vez recuerdes que incluso discutieron entre sí sobre quién era el más importante de todos. Pero escucharon a Jesús y estuvieron dispuestos a cambiar. Si nosotros también estamos dispuestos a cambiar, podemos ser discípulos de él.
Jesús invitó a todo tipo de personas para que fueran sus discípulos. En una ocasión, un joven gobernante rico fue a verlo y le preguntó qué debía hacer para conseguir la vida eterna. Cuando el joven afirmó que había obedecido los mandamientos de Dios desde niño, Jesús le dijo: “Ven, sé mi seguidor”. ¿Sabes qué ocurrió?...
Al enterarse de que ser discípulo de Jesucristo tenía que ser más importante que poseer riquezas, el joven se puso muy triste. No se hizo discípulo de Jesús porque amaba más su dinero que a Dios (Lucas 18:18-25).
Jesús había predicado durante casi un año y medio cuando escogió a doce de sus discípulos para que fueran sus apóstoles. Los apóstoles eran hombres a los que se les encargó un trabajo especial. ¿Sabes cuáles son sus nombres?... Vamos a ver si podemos aprenderlos. Fíjate en los dibujos y trata de leer los nombres. Luego intenta repetirlos de memoria.
Con el tiempo, uno de los doce apóstoles, llamado Judas Iscariote, se volvió malo, y otro discípulo ocupó su lugar. ¿Sabes quién fue?... Matías. Tiempo después, Pablo y Bernabé también llegaron a ser apóstoles, pero no formaron parte de los doce (Hechos 1:23-26; 14:14).
Como aprendimos en el primer capítulo de este libro, Jesús se interesaba en los niños. ¿Por qué?... Porque sabía que también podían llegar a ser discípulos suyos. Lo cierto es que a menudo los niños dicen las cosas de tal forma que hasta los adultos los escuchan y quieren aprender más acerca del Gran Maestro.
Muchas mujeres se hicieron también discípulas de Jesús. Algunas, como María Magdalena, Juana y Susana, lo acompañaban cuando iba a predicar a otras ciudades. Es posible que también le ayudaran preparando comida y lavándole la ropa (Lucas 8:1-3).
¿Quieres ser discípulo de Jesús?... Recuerda: no nos convertimos en discípulos de Jesús solo con decir que creemos en él. Debemos comportarnos como discípulos suyos en cualquier lugar donde estemos, no solo en las reuniones cristianas. ¿Se te ocurre algún lugar donde sea importante comportarse así?...
Sí, en casa. Otro lugar sería la escuela. Lo que nunca debemos olvidar es que para ser un verdadero discípulo de Jesús tenemos que comportarnos como él en todo momento, sin importar dónde estemos.
Ahora leamos juntos lo que dice la Biblia sobre los discípulos de Jesús en Mateo 28:19, 20; Lucas 6:13-16; Juan 8:31, 32, y 1 Pedro 2:21.
[Ilustración de la página 72]
¿Quién es este hombre, y cómo llegó a ser discípulo de Jesús?
[Ilustración de la página 73]
¿A quiénes está llamando Jesús para que sean sus discípulos?
[Ilustraciones de la página 75]
Pedro
Andrés
Santiago (hermano de Juan)
Juan
Felipe
Natanael
Mateo
Tomás
Santiago (hijo de Alfeo)
Simón
Judas (también llamado Tadeo)
Judas Iscariote
[Ilustraciones de la página 76]
¿Quiénes eran estas mujeres que ayudaron a Jesús cuando iba predicando?
[Ilustración de la página 76]
¿Dónde debemos comportarnos como discípulos de Jesús?
Las Fiestas ( Tomado del Libro para Niños Aprendamos del Gran Maestro) :
Capítulo 29
¿Le agradan a Dios todas las fiestas?
¿TE GUSTA ir a fiestas?... Pueden ser muy divertidas. ¿Crees que al Gran Maestro le parece bien que vayamos a fiestas?... Él fue con algunos de sus discípulos a una fiesta en la que se celebraba una boda. Además, Jehová es el “Dios feliz”, y se alegra de que nos divirtamos en las fiestas que a él le agradan (1 Timoteo 1:11; Juan 2:1-11).
En la página 29 de este libro se nos cuenta que Jehová dividió las aguas del mar Rojo para que los israelitas pudieran cruzarlo. ¿Lo recuerdas?... Después, el pueblo cantó y bailó, y dio gracias a Jehová. Fue como una fiesta. La gente estaba muy contenta, y podemos estar seguros de que Dios también lo estaba (Éxodo 15:1, 20, 21).
Casi cuarenta años después, los israelitas fueron a otra gran fiesta. En esa ocasión, quienes los invitaron no adoraban a Jehová. En realidad, adoraban a otros dioses y tenían relaciones sexuales con personas con las que no estaban casados. ¿Crees que estaba bien ir a una fiesta como esa?... A Jehová no le pareció bien, y castigó a los israelitas (Números 25:1-9; 1 Corintios 10:8).
La Biblia también habla de dos fiestas de cumpleaños. ¿Se festejó en alguna de ellas el cumpleaños del Gran Maestro?... No. Las dos fiestas se celebraron en honor de hombres que no servían a Jehová. Una fue la fiesta de cumpleaños del rey Herodes Antipas, que gobernaba el distrito de Galilea cuando Jesús vivía allí.
El rey Herodes hizo muchas cosas malas. Incluso le quitó la esposa a su propio hermano. El nombre de ella era Herodías. El siervo de Dios llamado Juan el Bautista le dijo a Herodes que estaba mal lo que hacía. A Herodes no le gustó que se lo dijera, así que encarceló a Juan (Lucas 3:19, 20).
Mientras Juan estaba en la cárcel, llegó el día del cumpleaños de Herodes. Este dio una gran fiesta, con muchos invitados importantes. Todos comían, bebían y se divertían. Entonces entró la hija de Herodías y bailó para ellos. A todos les gustó tanto el baile que el rey Herodes quiso hacerle un regalo especial a la joven. Le dijo: “Cualquier cosa que me pidas, te la daré, hasta la mitad de mi reino”.
¿Qué debía pedir? ¿Dinero? ¿Ropa bonita? ¿Un palacio para ella sola? La muchacha no sabía qué decir, así que fue a donde estaba su madre, Herodías, y le preguntó : “¿Qué debo pedir?”.
Como Herodías odiaba con todas sus fuerzas a Juan el Bautista, le dijo a su hija que pidiera la cabeza de Juan. La muchacha volvió ante el rey y le dijo: “Quiero que me des ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista”.
El rey Herodes sabía que Juan era un buen hombre y no quería matarlo. Pero Herodes había hecho una promesa y le preocupaba lo que pensarían sus invitados si no la cumplía. Por eso envió a un soldado a la prisión para que le cortara la cabeza a Juan. El soldado volvió enseguida con la cabeza en una bandeja y se la dio a la muchacha. Entonces ella se la llevó a su madre (Marcos 6:17-29).
La otra fiesta de cumpleaños de la que habla la Biblia tampoco fue buena. Se celebró en honor de un rey de Egipto. Durante aquella fiesta, el rey también ordenó que le cortaran la cabeza a una persona. Además, después mandó que colgaran el cuerpo para que se lo comieran las aves (Génesis 40:19-22). ¿Crees que Dios aprobó esas dos fiestas?... ¿Te hubiera gustado estar en ellas?...
Sabemos que todo lo que está escrito en la Biblia tiene un propósito. Pues bien, en ella solo se habla de dos fiestas de cumpleaños. Y en las dos se hicieron cosas malas como parte de la celebración. Entonces, ¿qué piensas tú que Dios nos está diciendo sobre las fiestas de cumpleaños? ¿Quiere él que las celebremos?...
Es cierto que en nuestros días no se le corta la cabeza a nadie en las fiestas de cumpleaños. Pero los primeros que tuvieron la idea de celebrarlas fueron personas que no adoraban al Dios verdadero. Sobre las fiestas de cumpleaños mencionadas en la Biblia, una enciclopedia dice: “Son solo los pecadores [...] quienes hacen grandes festividades el día en que nacieron” (The Catholic Encyclopedia). ¿Queremos ser como ellos?...
¿Qué puede decirse del Gran Maestro? ¿Festejaba él su cumpleaños?... No, la Biblia no dice que lo hiciera. Tampoco sus primeros discípulos lo celebraban. ¿Sabes por qué la gente decidió después festejar el cumpleaños de Jesús el día 25 de diciembre?...
Se eligió esa fecha porque, como explica otra enciclopedia, “los habitantes de Roma ya observaban ese día la fiesta de Saturno, en la que se celebraba el cumpleaños del Sol” (The World Book Encyclopedia). Es decir, para el cumpleaños de Jesús se escogió una fecha en la que los paganos ya celebraban una fiesta.
¿Sabes por qué no es posible que Jesús naciera en diciembre?... Porque la Biblia dice que cuando él nació, había pastores que pasaban la noche en los campos (Lucas 2:8-12). Y no podrían haberlo hecho durante el mes de diciembre, que en aquella región es frío y lluvioso.
Muchas personas saben que el día de Navidad no es el cumpleaños de Jesús. Saben incluso que en ese día los paganos tenían una celebración que no le agrada a Dios. Pero, de todas maneras, muchos celebran la Navidad. Están más interesados en divertirse en la fiesta que en averiguar lo que Dios piensa de ella realmente. Pero nosotros queremos agradar a Jehová, ¿no es cierto?...
Por eso, cuando celebremos fiestas, debemos asegurarnos de que a Jehová le agraden. Podemos celebrarlas en cualquier momento del año. No tenemos por qué esperar a un día determinado. Podemos comer algo especial y divertirnos jugando. ¿Te gustaría hacerlo?... Quizás puedas hablar con tus padres y planear una fiesta con su ayuda. ¿Verdad que sería bueno?... Pero antes de hacer los planes, debes estar seguro de que será un tipo de fiesta que Dios apruebe.
También se muestra lo importante que es hacer siempre lo que Dios aprueba en Proverbios 12:2; Juan 8:29; Romanos 12:2, y 1 Juan 3:22.
[Ilustración de la página 152]
¿Por qué le gustó a Dios esta fiesta?
[Ilustración de la página 153]
¿Qué ocurrió en la fiesta de cumpleaños de Herodes?
[Ilustración de la página 154]
¿Por qué no es posible que Jesús naciera el 25 de diciembre?
[Ilustración de la página 156]
¿Cómo podemos estar seguros de que nuestras fiestas agradan a Dios?
¿Le agradan a Dios todas las fiestas?
¿TE GUSTA ir a fiestas?... Pueden ser muy divertidas. ¿Crees que al Gran Maestro le parece bien que vayamos a fiestas?... Él fue con algunos de sus discípulos a una fiesta en la que se celebraba una boda. Además, Jehová es el “Dios feliz”, y se alegra de que nos divirtamos en las fiestas que a él le agradan (1 Timoteo 1:11; Juan 2:1-11).
En la página 29 de este libro se nos cuenta que Jehová dividió las aguas del mar Rojo para que los israelitas pudieran cruzarlo. ¿Lo recuerdas?... Después, el pueblo cantó y bailó, y dio gracias a Jehová. Fue como una fiesta. La gente estaba muy contenta, y podemos estar seguros de que Dios también lo estaba (Éxodo 15:1, 20, 21).
Casi cuarenta años después, los israelitas fueron a otra gran fiesta. En esa ocasión, quienes los invitaron no adoraban a Jehová. En realidad, adoraban a otros dioses y tenían relaciones sexuales con personas con las que no estaban casados. ¿Crees que estaba bien ir a una fiesta como esa?... A Jehová no le pareció bien, y castigó a los israelitas (Números 25:1-9; 1 Corintios 10:8).
La Biblia también habla de dos fiestas de cumpleaños. ¿Se festejó en alguna de ellas el cumpleaños del Gran Maestro?... No. Las dos fiestas se celebraron en honor de hombres que no servían a Jehová. Una fue la fiesta de cumpleaños del rey Herodes Antipas, que gobernaba el distrito de Galilea cuando Jesús vivía allí.
El rey Herodes hizo muchas cosas malas. Incluso le quitó la esposa a su propio hermano. El nombre de ella era Herodías. El siervo de Dios llamado Juan el Bautista le dijo a Herodes que estaba mal lo que hacía. A Herodes no le gustó que se lo dijera, así que encarceló a Juan (Lucas 3:19, 20).
Mientras Juan estaba en la cárcel, llegó el día del cumpleaños de Herodes. Este dio una gran fiesta, con muchos invitados importantes. Todos comían, bebían y se divertían. Entonces entró la hija de Herodías y bailó para ellos. A todos les gustó tanto el baile que el rey Herodes quiso hacerle un regalo especial a la joven. Le dijo: “Cualquier cosa que me pidas, te la daré, hasta la mitad de mi reino”.
¿Qué debía pedir? ¿Dinero? ¿Ropa bonita? ¿Un palacio para ella sola? La muchacha no sabía qué decir, así que fue a donde estaba su madre, Herodías, y le preguntó : “¿Qué debo pedir?”.
Como Herodías odiaba con todas sus fuerzas a Juan el Bautista, le dijo a su hija que pidiera la cabeza de Juan. La muchacha volvió ante el rey y le dijo: “Quiero que me des ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista”.
El rey Herodes sabía que Juan era un buen hombre y no quería matarlo. Pero Herodes había hecho una promesa y le preocupaba lo que pensarían sus invitados si no la cumplía. Por eso envió a un soldado a la prisión para que le cortara la cabeza a Juan. El soldado volvió enseguida con la cabeza en una bandeja y se la dio a la muchacha. Entonces ella se la llevó a su madre (Marcos 6:17-29).
La otra fiesta de cumpleaños de la que habla la Biblia tampoco fue buena. Se celebró en honor de un rey de Egipto. Durante aquella fiesta, el rey también ordenó que le cortaran la cabeza a una persona. Además, después mandó que colgaran el cuerpo para que se lo comieran las aves (Génesis 40:19-22). ¿Crees que Dios aprobó esas dos fiestas?... ¿Te hubiera gustado estar en ellas?...
Sabemos que todo lo que está escrito en la Biblia tiene un propósito. Pues bien, en ella solo se habla de dos fiestas de cumpleaños. Y en las dos se hicieron cosas malas como parte de la celebración. Entonces, ¿qué piensas tú que Dios nos está diciendo sobre las fiestas de cumpleaños? ¿Quiere él que las celebremos?...
Es cierto que en nuestros días no se le corta la cabeza a nadie en las fiestas de cumpleaños. Pero los primeros que tuvieron la idea de celebrarlas fueron personas que no adoraban al Dios verdadero. Sobre las fiestas de cumpleaños mencionadas en la Biblia, una enciclopedia dice: “Son solo los pecadores [...] quienes hacen grandes festividades el día en que nacieron” (The Catholic Encyclopedia). ¿Queremos ser como ellos?...
¿Qué puede decirse del Gran Maestro? ¿Festejaba él su cumpleaños?... No, la Biblia no dice que lo hiciera. Tampoco sus primeros discípulos lo celebraban. ¿Sabes por qué la gente decidió después festejar el cumpleaños de Jesús el día 25 de diciembre?...
Se eligió esa fecha porque, como explica otra enciclopedia, “los habitantes de Roma ya observaban ese día la fiesta de Saturno, en la que se celebraba el cumpleaños del Sol” (The World Book Encyclopedia). Es decir, para el cumpleaños de Jesús se escogió una fecha en la que los paganos ya celebraban una fiesta.
¿Sabes por qué no es posible que Jesús naciera en diciembre?... Porque la Biblia dice que cuando él nació, había pastores que pasaban la noche en los campos (Lucas 2:8-12). Y no podrían haberlo hecho durante el mes de diciembre, que en aquella región es frío y lluvioso.
Muchas personas saben que el día de Navidad no es el cumpleaños de Jesús. Saben incluso que en ese día los paganos tenían una celebración que no le agrada a Dios. Pero, de todas maneras, muchos celebran la Navidad. Están más interesados en divertirse en la fiesta que en averiguar lo que Dios piensa de ella realmente. Pero nosotros queremos agradar a Jehová, ¿no es cierto?...
Por eso, cuando celebremos fiestas, debemos asegurarnos de que a Jehová le agraden. Podemos celebrarlas en cualquier momento del año. No tenemos por qué esperar a un día determinado. Podemos comer algo especial y divertirnos jugando. ¿Te gustaría hacerlo?... Quizás puedas hablar con tus padres y planear una fiesta con su ayuda. ¿Verdad que sería bueno?... Pero antes de hacer los planes, debes estar seguro de que será un tipo de fiesta que Dios apruebe.
También se muestra lo importante que es hacer siempre lo que Dios aprueba en Proverbios 12:2; Juan 8:29; Romanos 12:2, y 1 Juan 3:22.
[Ilustración de la página 152]
¿Por qué le gustó a Dios esta fiesta?
[Ilustración de la página 153]
¿Qué ocurrió en la fiesta de cumpleaños de Herodes?
[Ilustración de la página 154]
¿Por qué no es posible que Jesús naciera el 25 de diciembre?
[Ilustración de la página 156]
¿Cómo podemos estar seguros de que nuestras fiestas agradan a Dios?
El Reino de Dios:
Jueves 13 de agosto
Reinará sobre la casa de Jacob para siempre (Luc. 1:33).
Hacia el año 2 antes de nuestra era, en Nazaret, una ciudad galilea del norte de Palestina, una joven virgen llamada María recibe la visita del ángel Gabriel. “¡Mira! —le dice él—, concebirás en tu matriz y darás a luz un hijo, y has de ponerle por nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y Jehová Dios le dará el trono de David su padre.” (Luc. 1:31, 32.) Por fin se había acercado el momento de que se revelara el “secreto sagrado”. Estaba a punto de aparecer la parte principal de la “descendencia” prometida (Mar. 4:11; Gén. 3:15; Gál. 4:4; 1 Tim. 3:16). Es cierto que Satanás le magullaría el talón, pero la “descendencia” le magullaría la cabeza a Satanás y así acabaría de una vez por todas con él y sus secuaces. Tal “descendencia” también demostraría que, mediante el Reino de Dios, se reparará todo el daño que el Diablo ha causado y se vindicará la soberanía de Jehová (Heb. 2:14; 1 Juan 3:8).
Reinará sobre la casa de Jacob para siempre (Luc. 1:33).
Hacia el año 2 antes de nuestra era, en Nazaret, una ciudad galilea del norte de Palestina, una joven virgen llamada María recibe la visita del ángel Gabriel. “¡Mira! —le dice él—, concebirás en tu matriz y darás a luz un hijo, y has de ponerle por nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y Jehová Dios le dará el trono de David su padre.” (Luc. 1:31, 32.) Por fin se había acercado el momento de que se revelara el “secreto sagrado”. Estaba a punto de aparecer la parte principal de la “descendencia” prometida (Mar. 4:11; Gén. 3:15; Gál. 4:4; 1 Tim. 3:16). Es cierto que Satanás le magullaría el talón, pero la “descendencia” le magullaría la cabeza a Satanás y así acabaría de una vez por todas con él y sus secuaces. Tal “descendencia” también demostraría que, mediante el Reino de Dios, se reparará todo el daño que el Diablo ha causado y se vindicará la soberanía de Jehová (Heb. 2:14; 1 Juan 3:8).
Wednesday, August 12, 2009
Fidelidad y obediencia de José a Jehová:
Miércoles 12 de agosto
¿Cómo podría yo cometer esta gran maldad y realmente pecar contra Dios? (Gén. 39:9.)
José conocía la norma divina: el matrimonio es una unión en la que solo hay lugar para un hombre y una mujer que forman “una sola carne”. Además, tuvo que haberse enterado del incidente de su abuela Rebeca con Abimélec. Cuando este rey descubrió que era una mujer casada, comprendió que ningún hombre de su reino debía unirse a ella, pues quien lo hiciera cometería un pecado y acarrearía culpa a su pueblo. Y Jehová dio su bendición, lo que reveló su punto de vista acerca del adulterio. Sin duda, el conocimiento que tenía José de estos asuntos contribuyó a que la voz de su conciencia resonara aún con más fuerza y lo moviera a rechazar la inmoralidad sexual (Gén. 2:24; 12:17-19; 20:1-18; 26:7-14). Hoy día disponemos de la Biblia completa para aprender la manera de pensar y sentir de nuestro Padre, lo que incluye qué cosas aprueba y cuáles prohíbe. Cuanto más familiarizados estemos con las Escrituras, más fácil nos será acercarnos a Dios y copiar su ejemplo. Y, por consiguiente, lo que nos diga la conciencia reflejará cada vez mejor la manera de pensar de nuestro Padre y estará en sintonía con su voluntad (Efe. 5:1-5).
¿Cómo podría yo cometer esta gran maldad y realmente pecar contra Dios? (Gén. 39:9.)
José conocía la norma divina: el matrimonio es una unión en la que solo hay lugar para un hombre y una mujer que forman “una sola carne”. Además, tuvo que haberse enterado del incidente de su abuela Rebeca con Abimélec. Cuando este rey descubrió que era una mujer casada, comprendió que ningún hombre de su reino debía unirse a ella, pues quien lo hiciera cometería un pecado y acarrearía culpa a su pueblo. Y Jehová dio su bendición, lo que reveló su punto de vista acerca del adulterio. Sin duda, el conocimiento que tenía José de estos asuntos contribuyó a que la voz de su conciencia resonara aún con más fuerza y lo moviera a rechazar la inmoralidad sexual (Gén. 2:24; 12:17-19; 20:1-18; 26:7-14). Hoy día disponemos de la Biblia completa para aprender la manera de pensar y sentir de nuestro Padre, lo que incluye qué cosas aprueba y cuáles prohíbe. Cuanto más familiarizados estemos con las Escrituras, más fácil nos será acercarnos a Dios y copiar su ejemplo. Y, por consiguiente, lo que nos diga la conciencia reflejará cada vez mejor la manera de pensar de nuestro Padre y estará en sintonía con su voluntad (Efe. 5:1-5).
Tuesday, August 11, 2009
La fe de las otras ovejas:
Lunes 10 de agosto
Sean obedientes a los que llevan la delantera entre ustedes (Heb. 13:17).
Los compañeros de los cristianos ungidos, las otras ovejas, demuestran su fe de diversas maneras. En primer lugar, ayudan a los ungidos a proclamar las buenas nuevas del Reino de Dios (Mat. 24:14; 28:19, 20). En segundo lugar, se someten con agrado a la dirección del Cuerpo Gobernante (Zac. 8:23). En tercer lugar, viven de acuerdo con los justos principios de Dios, con lo que también demuestran su apoyo a sus hermanos ungidos. Se esfuerzan por manifestar “amor, gozo, paz, gran paciencia, benignidad, bondad, fe, apacibilidad [y] autodominio” (Gál. 5:22, 23). Es cierto que en nuestros días estas cualidades son poco comunes, a diferencia de lo que sucede con “las obras de la carne”. Aun así, los miembros de la gran muchedumbre están resueltos a abstenerse de “fornicación, inmundicia, conducta relajada, idolatría, práctica de espiritismo, enemistades, contiendas, celos, arrebatos de cólera, altercaciones, divisiones, sectas, envidias, borracheras, diversiones estrepitosas, y cosas semejantes a estas” (Gál. 5:19-21).
Sean obedientes a los que llevan la delantera entre ustedes (Heb. 13:17).
Los compañeros de los cristianos ungidos, las otras ovejas, demuestran su fe de diversas maneras. En primer lugar, ayudan a los ungidos a proclamar las buenas nuevas del Reino de Dios (Mat. 24:14; 28:19, 20). En segundo lugar, se someten con agrado a la dirección del Cuerpo Gobernante (Zac. 8:23). En tercer lugar, viven de acuerdo con los justos principios de Dios, con lo que también demuestran su apoyo a sus hermanos ungidos. Se esfuerzan por manifestar “amor, gozo, paz, gran paciencia, benignidad, bondad, fe, apacibilidad [y] autodominio” (Gál. 5:22, 23). Es cierto que en nuestros días estas cualidades son poco comunes, a diferencia de lo que sucede con “las obras de la carne”. Aun así, los miembros de la gran muchedumbre están resueltos a abstenerse de “fornicación, inmundicia, conducta relajada, idolatría, práctica de espiritismo, enemistades, contiendas, celos, arrebatos de cólera, altercaciones, divisiones, sectas, envidias, borracheras, diversiones estrepitosas, y cosas semejantes a estas” (Gál. 5:19-21).
Jehová nos dará espíritu santo si se lo pedimos:
Martes 11 de agosto
Si ustedes, aunque son inicuos, saben dar buenos regalos a sus hijos, ¡con cuánta más razón dará el Padre en el cielo espíritu santo a los que le piden! (Luc. 11:13.)
A medida que cultive las cualidades cristianas, probablemente los demás se den cuenta de que usted está ‘andando por espíritu santo’ y manifestando su fruto (Gál. 5:16, 22-25). ¿Puede mencionar algo en concreto que sea prueba de que usted y su familia se han vestido de la nueva personalidad? (Col. 3:9, 10.) Por ejemplo, en la congregación y fuera de ella, ¿se le conoce por sus acciones bondadosas? (Gál. 6:10.) El estudio regular de las Escrituras le permitirá desarrollar cualidades cristianas como estas y así estar preparado para el día de Jehová. ¿Qué puede hacer si tiene mal genio y se da cuenta de que necesita más autodominio? Esta cualidad es parte del fruto que el espíritu santo puede producir en usted. Por lo tanto, pídale a Jehová su espíritu. Recuerde que Jesús dijo: “Sigan pidiendo, y se les dará; sigan buscando, y hallarán” (Luc. 11:9).
Si ustedes, aunque son inicuos, saben dar buenos regalos a sus hijos, ¡con cuánta más razón dará el Padre en el cielo espíritu santo a los que le piden! (Luc. 11:13.)
A medida que cultive las cualidades cristianas, probablemente los demás se den cuenta de que usted está ‘andando por espíritu santo’ y manifestando su fruto (Gál. 5:16, 22-25). ¿Puede mencionar algo en concreto que sea prueba de que usted y su familia se han vestido de la nueva personalidad? (Col. 3:9, 10.) Por ejemplo, en la congregación y fuera de ella, ¿se le conoce por sus acciones bondadosas? (Gál. 6:10.) El estudio regular de las Escrituras le permitirá desarrollar cualidades cristianas como estas y así estar preparado para el día de Jehová. ¿Qué puede hacer si tiene mal genio y se da cuenta de que necesita más autodominio? Esta cualidad es parte del fruto que el espíritu santo puede producir en usted. Por lo tanto, pídale a Jehová su espíritu. Recuerde que Jesús dijo: “Sigan pidiendo, y se les dará; sigan buscando, y hallarán” (Luc. 11:9).
La Sabiduría:
" Haré perecer la sabiduría de los sabios, y echaré a un lado la inteligencia de los intelectuales....No hizo Dios necedad la sabiduría del mundo?...( 1 Cor...1:19-25).
A qué se debe que muchas personas no tengan fe?:
-El no tener conocimiento bíblico.
-Desilusión con la religión.
-El no entender por qué Dios ha permitido la iniquidad.
-Los deseos y puntos de vista carnales dominan su vida.
-Desilusión con la religión.
-El no entender por qué Dios ha permitido la iniquidad.
-Los deseos y puntos de vista carnales dominan su vida.
La fe es un fruto del espíritu de Dios:
Y Dios se complace en dar su espíritu a los que lo buscan( Gál.5:22; Luc. 11:13).
Las personas que no tienen fe no están buscando ese espíritu, o lo buscan con el propósito incorrecto o luchan contra el funcionamiento de éste en su vida.
Las personas que no tienen fe no están buscando ese espíritu, o lo buscan con el propósito incorrecto o luchan contra el funcionamiento de éste en su vida.
La fe:
Es la expectativa segura de cosas esperadas, la demostración evidente de realidades aunque no se contemplan( Heb. 11:1). La fe verdadera no es credulidad, es decir, el estar presto a creer algo sin que haya prueba sólida, o sencillamente porque uno quiera que así sea. La fe genuina requiere que se tenga conocimiento básico o fundamental, que se conozcan los hechos y que se muestre aprecio sincero, del corazón, por lo que los hechos indican. Así, aunque es imposible tener verdadera fe sin conocimiento exacto, la Biblia dice que es "con el corazón " con lo que se ejerce fe. ( Rom. 10:10).
Sunday, August 09, 2009
Comentario de lector:
Preguntas que es recomendable hacer al médico:
Si nos van a realizar una operación o administrar un tratamiento que pudiera incluir un producto sanguíneo, debemos asegurarnos de tener debidamente cumplimentada la documentación legal necesaria para no recibir transfusiones( por ejemplo, el poder en el que designamos un representante). También conviene plantear las siguientes preguntas al doctor:
-Sabe todo el equipo médico implicado que soy testigo de Jehová y que no permito bajo ningún concepto que se me administren transfusiones de sangre( sangre completa, glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas ni plasma)?.
-Contiene el producto que me está recomendando alguna fracción sanguínea?. Si es así, cuál es exactamente su composición?. En qué cantidad se administraría, y de qué modo?.
Si mi conciencia me permite aceptar esta fracción sanguúnea, qué riesgos médicos correré?. Qué otras opciones tengo?.
Antes de tomar cualquier decisión, expongamos nuestras inquietudes a Jehová, quien promete dar la sabiduría necesaria a todo el que "siga pidiendo con fe". ( Santiago 1:5,6).
( Puede también consultar el video y otras publicaciones sobre la santidad de la sangre y de la vida de la Watch Tower.).
-Sabe todo el equipo médico implicado que soy testigo de Jehová y que no permito bajo ningún concepto que se me administren transfusiones de sangre( sangre completa, glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas ni plasma)?.
-Contiene el producto que me está recomendando alguna fracción sanguínea?. Si es así, cuál es exactamente su composición?. En qué cantidad se administraría, y de qué modo?.
Si mi conciencia me permite aceptar esta fracción sanguúnea, qué riesgos médicos correré?. Qué otras opciones tengo?.
Antes de tomar cualquier decisión, expongamos nuestras inquietudes a Jehová, quien promete dar la sabiduría necesaria a todo el que "siga pidiendo con fe". ( Santiago 1:5,6).
( Puede también consultar el video y otras publicaciones sobre la santidad de la sangre y de la vida de la Watch Tower.).
Procedimientos médicos:
Dos técnicas quirúrgicas habituales son la hemodilución y la recuperación de sangre. La hemodilución consiste en desviar parte de la sangre, sustituirla por un expansor del plasma y luego reintroducirla en el cuerpo. Y la recuperación de sangre es el proceso por el que, durante una operación, se recoge de las heridas y cavidades la sangre que pierde el paciente, se lava o se filtra y luego se le reinfunde. Dado que la aplicación de estas técnicas puede variar de un doctor a otro, el cristiano debe preguntar a su médico qué pretende hacer en su caso.
A la hora de tomar decisiones sobre procedimientos como los anteriores, debemos preguntarnos: " Si desviaran parte de mi sangre fuera del cuerpo e incluso se interrumpiera su flujo durante un tiempo, me permitiría mi conciencia educada por la Biblia seguir considerando que esta sangre es parte de mí, y que por lo tanto, no es necesario derramarla sobre el suelo"?( Deut. 12:23-24). Se quedaría tranquila mi conciencia si durante un procedimiento médico extrajeran parte de mi sangre, la modificaran y la devolvieran a mi cuerpo?".Comprendo que si rechazo todas las técnicas médicas que impliquen el uso de mi propia sangre me estoy negando a aceptar procedimientos como los análisis de sangre, la hemodiálisis y el empleo de la bomba de circulación extracorpórea?.
El cristiano debe decidir por sí mismo cómo permitirá que se maneje su sangre durante un procedimiento quirúrgico. Y lo mismo ocurre con las pruebas y terapias que impliquen extraer y reinyectar una pequeña cantidad de sangre, tal vez después de haberla modificado.
( Tomado de Manténganse en el Amor de Dios, editado por Watch Tower Bible...., págs 215-218).
A la hora de tomar decisiones sobre procedimientos como los anteriores, debemos preguntarnos: " Si desviaran parte de mi sangre fuera del cuerpo e incluso se interrumpiera su flujo durante un tiempo, me permitiría mi conciencia educada por la Biblia seguir considerando que esta sangre es parte de mí, y que por lo tanto, no es necesario derramarla sobre el suelo"?( Deut. 12:23-24). Se quedaría tranquila mi conciencia si durante un procedimiento médico extrajeran parte de mi sangre, la modificaran y la devolvieran a mi cuerpo?".Comprendo que si rechazo todas las técnicas médicas que impliquen el uso de mi propia sangre me estoy negando a aceptar procedimientos como los análisis de sangre, la hemodiálisis y el empleo de la bomba de circulación extracorpórea?.
El cristiano debe decidir por sí mismo cómo permitirá que se maneje su sangre durante un procedimiento quirúrgico. Y lo mismo ocurre con las pruebas y terapias que impliquen extraer y reinyectar una pequeña cantidad de sangre, tal vez después de haberla modificado.
( Tomado de Manténganse en el Amor de Dios, editado por Watch Tower Bible...., págs 215-218).
Los cuatro jinetes del Apocalipsis:
Domingo 9 de agosto
¡Ay de la tierra[!] (Rev. 12:12.)
En el libro de Revelación se representa a Jesús montado en un caballo blanco y recibiendo una corona (Rev. 6:1-8). Se dice de él que sale “venciendo y para completar su victoria”. A continuación, el relato muestra que le siguen varios jinetes en caballos de distintos colores. Proféticamente, tales jinetes representan la guerra, la escasez de alimentos y las epidemias. De hecho, estamos viendo el cumplimiento de esta profecía ahora, en nuestro propio tiempo. El capítulo 12 de Revelación da más detalles respecto a la instauración del Reino de Dios en los cielos. Por ejemplo, nos habla de una batalla que se pelea en la región invisible. Satanás y sus fuerzas demoníacas son arrojados a la Tierra. El relato nos dice que, en ese momento, el Diablo siente gran cólera, “sabiendo que tiene un corto espacio de tiempo” (Rev. 12:7-12). Está claro, pues, que tras la instauración del Reino de Cristo en los cielos habría un período marcado por calamidades cada vez mayores para la Tierra y sus habitantes.
¡Ay de la tierra[!] (Rev. 12:12.)
En el libro de Revelación se representa a Jesús montado en un caballo blanco y recibiendo una corona (Rev. 6:1-8). Se dice de él que sale “venciendo y para completar su victoria”. A continuación, el relato muestra que le siguen varios jinetes en caballos de distintos colores. Proféticamente, tales jinetes representan la guerra, la escasez de alimentos y las epidemias. De hecho, estamos viendo el cumplimiento de esta profecía ahora, en nuestro propio tiempo. El capítulo 12 de Revelación da más detalles respecto a la instauración del Reino de Dios en los cielos. Por ejemplo, nos habla de una batalla que se pelea en la región invisible. Satanás y sus fuerzas demoníacas son arrojados a la Tierra. El relato nos dice que, en ese momento, el Diablo siente gran cólera, “sabiendo que tiene un corto espacio de tiempo” (Rev. 12:7-12). Está claro, pues, que tras la instauración del Reino de Cristo en los cielos habría un período marcado por calamidades cada vez mayores para la Tierra y sus habitantes.
La gran muchedumbre u otras ovejas:
Sábado 8 de agosto
¡Miren!, una gran muchedumbre, que ningún hombre podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas (Rev. 7:9).
Para los años treinta era evidente que ya se había empezado a recoger a las “otras ovejas” (Juan 10:16). Primero fueron miles, luego centenares de miles, y ahora incluso se cuentan por millones las personas que se han puesto de parte de la adoración pura. Actualmente hay más de 6.700.000. Al liberar a su pueblo de Babilonia la Grande, Jehová abrió la puerta para el espectacular crecimiento que hoy vemos por todo el mundo. Todavía queda pendiente otro acto de liberación, uno cuyos efectos se verán en toda la faz de la Tierra. Con una imponente manifestación de poder, Jehová eliminará a todos sus adversarios, liberando así a su pueblo para que entre en un nuevo mundo de justicia. Imagínese la alegría de ver el fin de la maldad y los comienzos de la era más gloriosa de toda la historia. ¡Será algo maravilloso! (Rev. 21:1-4.)
¡Miren!, una gran muchedumbre, que ningún hombre podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas (Rev. 7:9).
Para los años treinta era evidente que ya se había empezado a recoger a las “otras ovejas” (Juan 10:16). Primero fueron miles, luego centenares de miles, y ahora incluso se cuentan por millones las personas que se han puesto de parte de la adoración pura. Actualmente hay más de 6.700.000. Al liberar a su pueblo de Babilonia la Grande, Jehová abrió la puerta para el espectacular crecimiento que hoy vemos por todo el mundo. Todavía queda pendiente otro acto de liberación, uno cuyos efectos se verán en toda la faz de la Tierra. Con una imponente manifestación de poder, Jehová eliminará a todos sus adversarios, liberando así a su pueblo para que entre en un nuevo mundo de justicia. Imagínese la alegría de ver el fin de la maldad y los comienzos de la era más gloriosa de toda la historia. ¡Será algo maravilloso! (Rev. 21:1-4.)
Friday, August 07, 2009
Pueden los cristianos aceptar terapias que empleen fracciones sanguíneas?:
La Biblia no da instrucciones específicas, por lo que cada cual debe tomar su propia decisión ante Dios de acuerdo con los dictados de su conciencia. Algunos rechazan todas las fracciones, razonando que, cuando Dios les dio la Ley a los israelitas, les indicó que la sangre de los animales que mataran tenían que"derramarla sobre el suelo"( Deuteronomio 12:22-24). Pero hay otros que, aunque tampoco aceptan transfusiones de sangre completa o de componentes principales, sí admiten tratamientos con una determinada fracción, pues consideran que, en algún momento, la fracción dejó de representar la vida de la criatura de la que proviene.
Antes de decidir nada, conviene preguntarse:"Comprendo que si rechazo todas las fracciones sanguíneas me estoy negando a aceptar todos los productos que las incluyan, entre ellos medicamentos destinados a combatir ciertas enfermedades o a detener las hemorrágeas facilitando la coagulación?. Sabría explicarle a un médico por qué rechazo o por qué acepto una o más fracciones sanguíneas?.
Antes de decidir nada, conviene preguntarse:"Comprendo que si rechazo todas las fracciones sanguíneas me estoy negando a aceptar todos los productos que las incluyan, entre ellos medicamentos destinados a combatir ciertas enfermedades o a detener las hemorrágeas facilitando la coagulación?. Sabría explicarle a un médico por qué rechazo o por qué acepto una o más fracciones sanguíneas?.
Fracciones sanguíneas:
Se extraen de los cuatro componentes principales de la sangre: glóbulos rojos, blancos, plaquetas y plasma.
Entre las fracciones que se obtienen de los glóbulos rojos figura una proteína llamada hemoglobina. Con ella, sea humana o animal se elaboran productos destinados al tratamiento de anemias agudas y hemorragias masivas.
Otras fracciones provienen del plasma, componente sanguíneo formado por agua( en un 90%) y por una gran cantidad de hormonas, sales inorgánicas, enzimas y nutrientes, entre ellos minerales y azúcares. El plasma también contiene factores de coagulación, proteínas como la albúmina y anticuerpos que combaten enfermedades. Así cuando una persona se ve expuesta a determinadas enfermedades, se le suele recetar inyecciones de gammaglobulina, fracción rica en anticuerpos que se extrae del plasma de personas inmunizadas. Finalmente, de los glóbulos blancos se obtienen fracciones como los interferones y las interleuquinas, con las que se tratan infecciones virales y cánceres.
Entre las fracciones que se obtienen de los glóbulos rojos figura una proteína llamada hemoglobina. Con ella, sea humana o animal se elaboran productos destinados al tratamiento de anemias agudas y hemorragias masivas.
Otras fracciones provienen del plasma, componente sanguíneo formado por agua( en un 90%) y por una gran cantidad de hormonas, sales inorgánicas, enzimas y nutrientes, entre ellos minerales y azúcares. El plasma también contiene factores de coagulación, proteínas como la albúmina y anticuerpos que combaten enfermedades. Así cuando una persona se ve expuesta a determinadas enfermedades, se le suele recetar inyecciones de gammaglobulina, fracción rica en anticuerpos que se extrae del plasma de personas inmunizadas. Finalmente, de los glóbulos blancos se obtienen fracciones como los interferones y las interleuquinas, con las que se tratan infecciones virales y cánceres.
Los Testigos de Jehová pueden decidir de acuerdo a su conciencia si aceptan fracciones de:
-glóbulos rojos.
-glóbulos blancos.
-plaquetas.
-plasma.
Por qué?
-glóbulos blancos.
-plaquetas.
-plasma.
Por qué?
Los Testigos de Jehová consideran inaceptable la sangre completa:
-Glóbulos rojos.
-Glóbulos blancos.
-Plaquetas.
-Plasma.
Por qué?......
-Glóbulos blancos.
-Plaquetas.
-Plasma.
Por qué?......
El Perdón ( Tomado de el Libro de Educación Cristiana para Niños Aprendamos del Gran Maestro):
Capítulo 14
¿Por qué debemos perdonar?
¿TE HAN hecho algo malo alguna vez?... ¿Te han lastimado o te han dicho alguna cosa desagradable?... ¿Deberías tratar tú de la misma manera a quien te hizo eso?...
Muchas personas se vengan de quienes los tratan mal. Pero Jesús enseñó que debemos perdonar (Mateo 6:12). ¿Qué ocurre si esa persona nos trata mal muchas veces? ¿Cuántas veces tenemos que perdonarla?...
El apóstol Pedro quería saber la respuesta, así que un día le preguntó a Jesús: ‘¿Tengo que perdonar hasta siete veces?’. Sin embargo, con siete no era suficiente. Jesús le respondió: ‘Tienes que perdonar hasta setenta y siete veces’ si es necesario.
Este es un número muy alto. Si alguien nos ofendiera tantas veces, no podríamos recordarlas todas, ¿verdad? Eso es lo que Jesús nos estaba enseñando: no debemos llevar la cuenta de todo lo malo que otros nos hagan. Si nos piden perdón, debemos perdonarlos.
Jesús quería demostrar a sus discípulos que perdonar es muy importante. Por eso, después de responder a la pregunta de Pedro, les contó una historia. ¿Quieres oírla?...
Había una vez un rey muy bueno, que incluso les prestaba dinero a sus esclavos cuando lo necesitaban. Pero un día quiso que le devolvieran el dinero y llamó a sus esclavos. Uno de ellos le debía sesenta millones de monedas, una cantidad enorme.
Pero el esclavo se lo había gastado todo y no tenía con qué devolverlo. Por lo tanto, el rey ordenó que vendieran al esclavo, su esposa, sus hijos y todas sus posesiones. De esa forma, el dinero de la venta serviría para pagar al rey. ¿Cómo crees que se sintió el esclavo?...
De rodillas ante el rey, le suplicó: ‘Por favor, dame más tiempo y te pagaré todo lo que te debo’. Si tú hubieras sido el rey, ¿qué habrías hecho?... El rey sintió compasión por el esclavo y lo perdonó. Le dijo que no tenía que devolverle nada, ni una sola moneda de los sesenta millones que le debía. Sin duda, el esclavo debió sentirse muy feliz.
Pero ¿qué hizo el esclavo después? Al salir, se encontró con otro esclavo, que tan solo le debía cien monedas. Lo agarró por el cuello y empezó a ahogarlo, diciendo: ‘¡Págame ahora mismo las cien monedas que me debes!’. ¿Puedes creer que hiciera algo así, sobre todo después de que el rey le había perdonado tanto a él?...
El esclavo que solo debía cien monedas era pobre. No podía devolver el dinero en ese momento. Por eso, cayó a los pies de su compañero y le pidió: ‘Por favor, dame más tiempo y te lo pagaré todo’. ¿Debería el esclavo haberle dado más tiempo a su compañero?... ¿Qué habrías hecho tú?...
Aquel hombre no era bondadoso, como lo había sido el rey. Quiso que le devolvieran su dinero enseguida. Y como su compañero no pudo pagarle, hizo que lo metieran en la cárcel. Otros esclavos vieron lo que ocurrió, y no les gustó. Sintieron pena por el esclavo que estaba en prisión, así que fueron y se lo contaron al rey.
Al rey tampoco le gustó. Se enfadó mucho con el esclavo que no perdonó a su compañero, de modo que lo llamó y le dijo: ‘Esclavo malo, ¿no te perdoné yo lo que me debías? ¿Por qué no tuviste compasión de tu compañero?’.
Aquel esclavo malo debería haber aprendido una lección del buen rey. Pero no lo hizo, así que el rey ordenó que lo metieran en la cárcel hasta que devolviera los sesenta millones de monedas que debía. Por supuesto, en la cárcel nunca podría ganar el dinero para pagarle al rey. Se quedaría allí hasta que muriera.
Cuando Jesús terminó de contar su historia, dijo a sus seguidores: “Del mismo modo también tratará mi Padre celestial con ustedes si no perdonan de corazón cada uno a su hermano” (Mateo 18:21-35).
En realidad, todos le debemos mucho a Dios; nuestra propia vida viene de él. Por eso, en comparación con lo que le debemos a él, otras personas nos deben muy poco. Esa deuda es como las cien monedas que le debía el esclavo a su compañero. Pero nuestra deuda con Dios por las cosas malas que hacemos es como los sesenta millones de monedas que el esclavo le debía al rey.
Dios es muy bondadoso. Aunque hayamos hecho cosas malas, él nos perdona. No nos obliga a pagarle quitándonos la vida para siempre. Pero debemos recordar esta lección: Dios solo nos perdona si perdonamos a las personas que nos hacen cosas malas. ¿No crees que deberíamos pensar en esto?...
Entonces, si alguien te hace algo malo, pero después dice que lo siente, ¿qué harás? ¿Lo perdonarás?... ¿Qué pasa si esto sucede muchas veces? ¿Seguirás perdonándolo?...
Si estuviéramos en el lugar de la persona que pide disculpas, querríamos que se nos perdonara, ¿no es cierto?... Así que nosotros tenemos que hacer lo mismo. No solo debemos decir que perdonamos, sino perdonar de corazón. De esa forma, demostraremos que de verdad deseamos imitar al Gran Maestro.
Para comprender lo importante que es perdonar, sería bueno leer también Proverbios 19:11; Mateo 6:14, 15, y Lucas 17:3, 4.
[Ilustración de la página 77]
¿Qué quiso saber Pedro sobre el perdón?
[Ilustración de la página 78]
¿Qué ocurrió cuando el esclavo le suplicó al rey que le diera más tiempo para pagar su deuda?
[Ilustraciones de la página 78]
¿Cómo trató el esclavo al compañero que no pudo pagarle?
[Ilustración de la página 80]
¿Qué hizo el rey con el esclavo que no perdonó?
[Ilustración de la página 81]
¿Qué harás si alguien te pide que lo perdones?
¿Por qué debemos perdonar?
¿TE HAN hecho algo malo alguna vez?... ¿Te han lastimado o te han dicho alguna cosa desagradable?... ¿Deberías tratar tú de la misma manera a quien te hizo eso?...
Muchas personas se vengan de quienes los tratan mal. Pero Jesús enseñó que debemos perdonar (Mateo 6:12). ¿Qué ocurre si esa persona nos trata mal muchas veces? ¿Cuántas veces tenemos que perdonarla?...
El apóstol Pedro quería saber la respuesta, así que un día le preguntó a Jesús: ‘¿Tengo que perdonar hasta siete veces?’. Sin embargo, con siete no era suficiente. Jesús le respondió: ‘Tienes que perdonar hasta setenta y siete veces’ si es necesario.
Este es un número muy alto. Si alguien nos ofendiera tantas veces, no podríamos recordarlas todas, ¿verdad? Eso es lo que Jesús nos estaba enseñando: no debemos llevar la cuenta de todo lo malo que otros nos hagan. Si nos piden perdón, debemos perdonarlos.
Jesús quería demostrar a sus discípulos que perdonar es muy importante. Por eso, después de responder a la pregunta de Pedro, les contó una historia. ¿Quieres oírla?...
Había una vez un rey muy bueno, que incluso les prestaba dinero a sus esclavos cuando lo necesitaban. Pero un día quiso que le devolvieran el dinero y llamó a sus esclavos. Uno de ellos le debía sesenta millones de monedas, una cantidad enorme.
Pero el esclavo se lo había gastado todo y no tenía con qué devolverlo. Por lo tanto, el rey ordenó que vendieran al esclavo, su esposa, sus hijos y todas sus posesiones. De esa forma, el dinero de la venta serviría para pagar al rey. ¿Cómo crees que se sintió el esclavo?...
De rodillas ante el rey, le suplicó: ‘Por favor, dame más tiempo y te pagaré todo lo que te debo’. Si tú hubieras sido el rey, ¿qué habrías hecho?... El rey sintió compasión por el esclavo y lo perdonó. Le dijo que no tenía que devolverle nada, ni una sola moneda de los sesenta millones que le debía. Sin duda, el esclavo debió sentirse muy feliz.
Pero ¿qué hizo el esclavo después? Al salir, se encontró con otro esclavo, que tan solo le debía cien monedas. Lo agarró por el cuello y empezó a ahogarlo, diciendo: ‘¡Págame ahora mismo las cien monedas que me debes!’. ¿Puedes creer que hiciera algo así, sobre todo después de que el rey le había perdonado tanto a él?...
El esclavo que solo debía cien monedas era pobre. No podía devolver el dinero en ese momento. Por eso, cayó a los pies de su compañero y le pidió: ‘Por favor, dame más tiempo y te lo pagaré todo’. ¿Debería el esclavo haberle dado más tiempo a su compañero?... ¿Qué habrías hecho tú?...
Aquel hombre no era bondadoso, como lo había sido el rey. Quiso que le devolvieran su dinero enseguida. Y como su compañero no pudo pagarle, hizo que lo metieran en la cárcel. Otros esclavos vieron lo que ocurrió, y no les gustó. Sintieron pena por el esclavo que estaba en prisión, así que fueron y se lo contaron al rey.
Al rey tampoco le gustó. Se enfadó mucho con el esclavo que no perdonó a su compañero, de modo que lo llamó y le dijo: ‘Esclavo malo, ¿no te perdoné yo lo que me debías? ¿Por qué no tuviste compasión de tu compañero?’.
Aquel esclavo malo debería haber aprendido una lección del buen rey. Pero no lo hizo, así que el rey ordenó que lo metieran en la cárcel hasta que devolviera los sesenta millones de monedas que debía. Por supuesto, en la cárcel nunca podría ganar el dinero para pagarle al rey. Se quedaría allí hasta que muriera.
Cuando Jesús terminó de contar su historia, dijo a sus seguidores: “Del mismo modo también tratará mi Padre celestial con ustedes si no perdonan de corazón cada uno a su hermano” (Mateo 18:21-35).
En realidad, todos le debemos mucho a Dios; nuestra propia vida viene de él. Por eso, en comparación con lo que le debemos a él, otras personas nos deben muy poco. Esa deuda es como las cien monedas que le debía el esclavo a su compañero. Pero nuestra deuda con Dios por las cosas malas que hacemos es como los sesenta millones de monedas que el esclavo le debía al rey.
Dios es muy bondadoso. Aunque hayamos hecho cosas malas, él nos perdona. No nos obliga a pagarle quitándonos la vida para siempre. Pero debemos recordar esta lección: Dios solo nos perdona si perdonamos a las personas que nos hacen cosas malas. ¿No crees que deberíamos pensar en esto?...
Entonces, si alguien te hace algo malo, pero después dice que lo siente, ¿qué harás? ¿Lo perdonarás?... ¿Qué pasa si esto sucede muchas veces? ¿Seguirás perdonándolo?...
Si estuviéramos en el lugar de la persona que pide disculpas, querríamos que se nos perdonara, ¿no es cierto?... Así que nosotros tenemos que hacer lo mismo. No solo debemos decir que perdonamos, sino perdonar de corazón. De esa forma, demostraremos que de verdad deseamos imitar al Gran Maestro.
Para comprender lo importante que es perdonar, sería bueno leer también Proverbios 19:11; Mateo 6:14, 15, y Lucas 17:3, 4.
[Ilustración de la página 77]
¿Qué quiso saber Pedro sobre el perdón?
[Ilustración de la página 78]
¿Qué ocurrió cuando el esclavo le suplicó al rey que le diera más tiempo para pagar su deuda?
[Ilustraciones de la página 78]
¿Cómo trató el esclavo al compañero que no pudo pagarle?
[Ilustración de la página 80]
¿Qué hizo el rey con el esclavo que no perdonó?
[Ilustración de la página 81]
¿Qué harás si alguien te pide que lo perdones?
La bondad( Tomado del Libro para la educación cristiana de los niños Aprendamos del Gran Maestro):
Capítulo 15
Una lección de bondad
¿SABES qué es tener prejuicios?... Pues que no te guste alguien simplemente porque parezca diferente o hable otro idioma. Significa tener antipatía a una persona antes de conocerla.
¿Crees que está bien que no te guste alguien sin siquiera conocerlo o solo porque sea diferente?... No. Tener prejuicios no está bien ni es muestra de bondad. No deberíamos tratar mal a nadie porque sea diferente a nosotros.
Piensa en esto: ¿conoces a alguien que tenga un color de piel diferente al tuyo o que hable otro idioma?... Tal vez hasta conozcas personas que tienen un aspecto diferente a causa de una enfermedad o un accidente. ¿Muestras bondad y amor a los que son diferentes a ti?...
Si escuchamos al Gran Maestro, Jesucristo, seremos bondadosos con todos, sin importar de qué país vengan o de qué color sea su piel. Aunque no todo el mundo cree que debamos ser así, Jesús enseñó una lección sobre este tema. Veamos cuál es.
Un judío que tenía prejuicios se acercó a Jesús y le preguntó: ‘¿Qué debo hacer para tener la vida eterna?’. Jesús sabía que aquel hombre probablemente quería oír que solo debía mostrar bondad a las personas de su propia raza o país. Por eso, en vez de darle una respuesta, le preguntó: ‘¿Qué nos dice la ley de Dios que hagamos?’.
El hombre contestó: ‘Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y a tu prójimo como a ti mismo’. Jesús le dijo: ‘Muy bien. Sigue haciendo esto y tendrás la vida eterna’.
Sin embargo, el hombre no deseaba mostrar bondad ni amor a las personas que eran diferentes a él. Por eso intentó encontrar una excusa y le preguntó a Jesús: “¿Quién, verdaderamente, es mi prójimo?”. Tal vez deseaba que Jesús le dijera: “Tu prójimo son tus amigos”, o “Son las personas que tienen el mismo aspecto que tú”. En respuesta, Jesús relató la siguiente historia sobre un judío y un samaritano, un hombre de otro país.
Un judío bajaba por el camino que va desde la ciudad de Jerusalén hasta Jericó cuando unos ladrones lo asaltaron y le quitaron el dinero y la ropa. Después lo golpearon y lo dejaron medio muerto al lado del camino.
Poco después, pasó por allí un sacerdote y vio que el hombre estaba gravemente herido. ¿Qué habrías hecho tú?... El sacerdote pasó de largo sin acercarse siquiera. No hizo nada para ayudarlo.
Luego pasó otro hombre muy religioso. Era un levita que servía en el templo de Jerusalén. ¿Se detendría para ayudar al herido?... No. El levita hizo lo mismo que el sacerdote.
Por último, apareció un samaritano. ¿Puedes verlo acercándose por el camino?... El viajero vio que el judío estaba tirado en el suelo, muy lastimado. Lo cierto es que la mayoría de los samaritanos y los judíos no se llevaban bien (Juan 4:9). Así que, ¿se marcharía aquel samaritano sin ayudar al hombre? ¿Pensaría: “No tengo por qué ayudar a este judío. Él no me ayudaría si yo estuviera herido”?
Bueno, el samaritano miró al hombre que estaba tirado al lado del camino y le dio mucha lástima. No podía dejarlo allí para que muriera. Así que se bajó del animal en el que iba montado, se acercó al judío y comenzó a curarle las heridas con aceite y vino. Después se las vendó.
El samaritano lo subió con cuidado en el animal que llevaba. Entonces siguió el camino lentamente hasta que llegaron a una posada, o pequeño hotel. El samaritano alquiló una habitación para el herido y se encargó de cuidarlo.
Cuando terminó el relato, Jesús le preguntó al hombre con quien hablaba: ‘¿Quién de estos tres te parece que demostró ser su prójimo?’. ¿Tú qué dirías? ¿Fue el sacerdote, el levita, o el samaritano?...
El hombre contestó: ‘Su prójimo fue el que se detuvo y lo ayudó’. Jesús dijo: ‘Tienes razón. Anda y haz tú lo mismo’ (Lucas 10:25-37).
¿No es una historia excelente? Nos explica de forma clara quién es nuestro prójimo. No son solo nuestros mejores amigos o las personas que tienen nuestro mismo color de piel o hablan el mismo idioma. Jesús nos enseñó a mostrar bondad a todos, sin importar de dónde sean, qué apariencia tengan o el idioma que hablen.
Jehová es así. No tiene prejuicios. Jesús dijo: ‘Su padre que está en el cielo hace que salga el sol sobre buenos y malos, y hace que llueva para justos e injustos’. Así que debemos mostrar bondad a todo el mundo, igual que hace Dios (Mateo 5:44-48).
Por eso, si ves a alguien herido, ¿qué harás?... ¿Y si es de otro país, o el color de su piel es diferente al tuyo? Aun así es tu prójimo, y deberías ayudarle. Si crees que no puedes hacerlo solo, pídele ayuda a un adulto. Puedes llamar a un policía o a un maestro. Eso es ser bondadoso, tal como lo fue el samaritano.
El Gran Maestro quiere que mostremos bondad y que ayudemos a otros, sin importar quiénes sean. Por eso nos contó la historia del buen samaritano.
Aprenderemos más sobre mostrar bondad a otros sin importar su raza o nacionalidad en Proverbios 19:22; Hechos 10:34, 35, y 17:26.
[Ilustraciones de la página 83]
¿Cómo debemos tratar a quienes son diferentes a nosotros?
[Ilustraciones de las páginas 84 y 85]
¿Cómo demostró ser prójimo del herido el samaritano?
[Ilustración de la página 86]
¿Cómo puedes tú ser prójimo de los demás?
Una lección de bondad
¿SABES qué es tener prejuicios?... Pues que no te guste alguien simplemente porque parezca diferente o hable otro idioma. Significa tener antipatía a una persona antes de conocerla.
¿Crees que está bien que no te guste alguien sin siquiera conocerlo o solo porque sea diferente?... No. Tener prejuicios no está bien ni es muestra de bondad. No deberíamos tratar mal a nadie porque sea diferente a nosotros.
Piensa en esto: ¿conoces a alguien que tenga un color de piel diferente al tuyo o que hable otro idioma?... Tal vez hasta conozcas personas que tienen un aspecto diferente a causa de una enfermedad o un accidente. ¿Muestras bondad y amor a los que son diferentes a ti?...
Si escuchamos al Gran Maestro, Jesucristo, seremos bondadosos con todos, sin importar de qué país vengan o de qué color sea su piel. Aunque no todo el mundo cree que debamos ser así, Jesús enseñó una lección sobre este tema. Veamos cuál es.
Un judío que tenía prejuicios se acercó a Jesús y le preguntó: ‘¿Qué debo hacer para tener la vida eterna?’. Jesús sabía que aquel hombre probablemente quería oír que solo debía mostrar bondad a las personas de su propia raza o país. Por eso, en vez de darle una respuesta, le preguntó: ‘¿Qué nos dice la ley de Dios que hagamos?’.
El hombre contestó: ‘Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y a tu prójimo como a ti mismo’. Jesús le dijo: ‘Muy bien. Sigue haciendo esto y tendrás la vida eterna’.
Sin embargo, el hombre no deseaba mostrar bondad ni amor a las personas que eran diferentes a él. Por eso intentó encontrar una excusa y le preguntó a Jesús: “¿Quién, verdaderamente, es mi prójimo?”. Tal vez deseaba que Jesús le dijera: “Tu prójimo son tus amigos”, o “Son las personas que tienen el mismo aspecto que tú”. En respuesta, Jesús relató la siguiente historia sobre un judío y un samaritano, un hombre de otro país.
Un judío bajaba por el camino que va desde la ciudad de Jerusalén hasta Jericó cuando unos ladrones lo asaltaron y le quitaron el dinero y la ropa. Después lo golpearon y lo dejaron medio muerto al lado del camino.
Poco después, pasó por allí un sacerdote y vio que el hombre estaba gravemente herido. ¿Qué habrías hecho tú?... El sacerdote pasó de largo sin acercarse siquiera. No hizo nada para ayudarlo.
Luego pasó otro hombre muy religioso. Era un levita que servía en el templo de Jerusalén. ¿Se detendría para ayudar al herido?... No. El levita hizo lo mismo que el sacerdote.
Por último, apareció un samaritano. ¿Puedes verlo acercándose por el camino?... El viajero vio que el judío estaba tirado en el suelo, muy lastimado. Lo cierto es que la mayoría de los samaritanos y los judíos no se llevaban bien (Juan 4:9). Así que, ¿se marcharía aquel samaritano sin ayudar al hombre? ¿Pensaría: “No tengo por qué ayudar a este judío. Él no me ayudaría si yo estuviera herido”?
Bueno, el samaritano miró al hombre que estaba tirado al lado del camino y le dio mucha lástima. No podía dejarlo allí para que muriera. Así que se bajó del animal en el que iba montado, se acercó al judío y comenzó a curarle las heridas con aceite y vino. Después se las vendó.
El samaritano lo subió con cuidado en el animal que llevaba. Entonces siguió el camino lentamente hasta que llegaron a una posada, o pequeño hotel. El samaritano alquiló una habitación para el herido y se encargó de cuidarlo.
Cuando terminó el relato, Jesús le preguntó al hombre con quien hablaba: ‘¿Quién de estos tres te parece que demostró ser su prójimo?’. ¿Tú qué dirías? ¿Fue el sacerdote, el levita, o el samaritano?...
El hombre contestó: ‘Su prójimo fue el que se detuvo y lo ayudó’. Jesús dijo: ‘Tienes razón. Anda y haz tú lo mismo’ (Lucas 10:25-37).
¿No es una historia excelente? Nos explica de forma clara quién es nuestro prójimo. No son solo nuestros mejores amigos o las personas que tienen nuestro mismo color de piel o hablan el mismo idioma. Jesús nos enseñó a mostrar bondad a todos, sin importar de dónde sean, qué apariencia tengan o el idioma que hablen.
Jehová es así. No tiene prejuicios. Jesús dijo: ‘Su padre que está en el cielo hace que salga el sol sobre buenos y malos, y hace que llueva para justos e injustos’. Así que debemos mostrar bondad a todo el mundo, igual que hace Dios (Mateo 5:44-48).
Por eso, si ves a alguien herido, ¿qué harás?... ¿Y si es de otro país, o el color de su piel es diferente al tuyo? Aun así es tu prójimo, y deberías ayudarle. Si crees que no puedes hacerlo solo, pídele ayuda a un adulto. Puedes llamar a un policía o a un maestro. Eso es ser bondadoso, tal como lo fue el samaritano.
El Gran Maestro quiere que mostremos bondad y que ayudemos a otros, sin importar quiénes sean. Por eso nos contó la historia del buen samaritano.
Aprenderemos más sobre mostrar bondad a otros sin importar su raza o nacionalidad en Proverbios 19:22; Hechos 10:34, 35, y 17:26.
[Ilustraciones de la página 83]
¿Cómo debemos tratar a quienes son diferentes a nosotros?
[Ilustraciones de las páginas 84 y 85]
¿Cómo demostró ser prójimo del herido el samaritano?
[Ilustración de la página 86]
¿Cómo puedes tú ser prójimo de los demás?
Lo más importante( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):
Capítulo 16
¿Qué es lo más importante?
EN CIERTA ocasión, un hombre fue a ver a Jesús, pues sabía que era muy sabio, y le pidió: ‘Maestro, dile a mi hermano que divida conmigo la herencia’. El hombre pensaba que él también tenía derecho a ella.
Si tú hubieras sido el Gran Maestro, ¿qué le habrías dicho?... Jesús comprendió que aquel hombre tenía un problema: no era que necesitara parte de la herencia de su hermano, sino que no sabía qué era lo más importante en la vida.
Pensemos en esto: ¿qué debería ser lo más importante para nosotros? ¿Tener los juguetes que nos gustan, ropa nueva y ese tipo de cosas?... No. Jesús quería enseñar la lección de que hay algo mucho más importante. Por eso relató la historia de un hombre que se olvidó de Dios. ¿Te gustaría escucharla?...
Se trataba de un hombre muy rico que poseía tierras y graneros. Había recogido una gran cosecha y no tenía sitio en sus graneros para guardarla. ¿Qué decidió hacer entonces? Se dijo: ‘Derribaré mis graneros viejos y construiré otros más grandes. Así podré guardar toda la cosecha y todos mis bienes en los graneros nuevos’.
El hombre rico pensó que hacerlo así era lo mejor, que era muy inteligente al guardar tantos bienes. Pensó: ‘Tengo almacenadas muchas cosas buenas, que me durarán muchos años. Así que ahora puedo tomarme la vida con calma. Voy a comer, beber y divertirme’. Pero su forma de razonar estaba equivocada. ¿Sabes por qué?... Porque solo pensaba en sí mismo y en su propio placer, y se había olvidado de Dios.
Por ello, Dios habló con él y le dijo: ‘¡Qué insensato eres! Vas a morir esta noche, y ¿quién tendrá entonces las cosas que guardaste?’. ¿Podía el rico usar esas cosas después de morirse?... No, otras personas se quedarían con ellas. Jesús explicó: “Así pasa con el hombre que atesora para sí, pero no es rico para con Dios” (Lucas 12:13-21).
Tú no quieres ser como aquel rico, ¿verdad?... Para él, lo más importante en la vida era conseguir bienes materiales. Ese fue su error, siempre quería más, pero no era “rico para con Dios”.
Muchas personas son como aquel hombre, siempre quieren más. Sin embargo, eso puede causarles muchos problemas. Por ejemplo, tú tienes juguetes, ¿no es así?... ¿Puedes decirme cuáles son?... ¿Qué pasa si alguno de tus amigos tiene una pelota, una muñeca u otro juguete que tú no tienes? ¿Estaría bien que les pidieras a tus padres una y otra vez que te compraran uno igual?...
A veces, un juguete parece algo muy importante. Pero ¿qué pasa con él después de un tiempo?... Se estropea. Tal vez se rompa y entonces ya no lo quieras más. En realidad, tú posees algo mucho más valioso que los juguetes. ¿Sabes qué es?...
La vida. La vida es lo más importante porque sin ella no puedes hacer nada. Pero tu vida depende de que hagas lo que le agrada a Dios, ¿no es cierto?... Por eso no debemos ser como aquel rico insensato que se olvidó de Dios.
Los niños no son los únicos que hacen cosas insensatas como aquel hombre. Muchos adultos también las hacen. Algunos siempre quieren tener más posesiones. Quizás tengan alimento para cada día, ropa que ponerse y un lugar donde vivir. Pero no se conforman: quieren mucha más ropa y casas más grandes. Todo eso cuesta dinero. Así que trabajan mucho para ganarlo, y cuanto más dinero tienen, más quieren tener.
Algunos adultos trabajan tanto para ganar dinero que no les queda tiempo para dedicarlo a su familia ni tampoco a Dios. ¿Puede mantenerlos vivos su dinero?... No. ¿Pueden usar su dinero después de morirse?... No, porque los muertos no pueden hacer nada en absoluto (Eclesiastés 9:5, 10).
¿Significa eso que es malo tener dinero?... No. Con el dinero podemos comprar alimentos y ropa. La Biblia dice que sirve de protección (Eclesiastés 7:12). Pero si amamos el dinero, entonces sí tendremos problemas. Seremos como el hombre rico que guardó tesoros para sí mismo, pero no fue rico para con Dios.
¿Qué quiere decir ser rico para con Dios?... Poner a Dios en primer lugar en la vida. Algunas personas afirman que creen en Dios y piensan que con eso basta. Pero ¿son realmente ricas para con él?... No, son como el rico que se olvidó de Dios.
Jesús nunca se olvidó de su Padre celestial. No intentó ganar mucho dinero ni tuvo muchas cosas materiales. Jesús sabía qué era lo más importante en la vida. ¿Sabes tú qué es?... Ser rico para con Dios.
¿Cómo piensas que podemos ser ricos para con Dios?... Pues haciendo lo que le agrada. Jesús dijo: “Siempre hago las cosas que le agradan” (Juan 8:29). Y eso le gusta a Dios. Ahora, dime, ¿qué puedes hacer tú para agradarle?... Leer la Biblia, ir a las reuniones cristianas, orar a Dios y ayudar a otras personas a que aprendan de él. Esas cosas son las más importantes en la vida.
Jesús era rico para con Dios, y por eso Jehová lo cuidó. Lo recompensó con vida eterna. Si somos como Jesús, Jehová nos amará y nos cuidará también a nosotros. Por lo tanto, imitemos a Jesús, y nunca al hombre rico que se olvidó de Dios.
A continuación aparecen algunos textos bíblicos que nos muestran cómo tener el punto de vista apropiado sobre las cosas materiales: Proverbios 23:4; 28:20; 1 Timoteo 6:6-10, y Hebreos 13:5.
[Ilustración de la página 87]
¿Qué problema tenía este hombre?
[Ilustración de la página 88]
¿En qué estaba pensando el rico?
[Ilustración de la página 89]
¿Qué tienes tú que es mucho más valioso que los juguetes?
[Ilustraciones de la página 91]
¿Qué hace esta niña que es importante de verdad?
¿Qué es lo más importante?
EN CIERTA ocasión, un hombre fue a ver a Jesús, pues sabía que era muy sabio, y le pidió: ‘Maestro, dile a mi hermano que divida conmigo la herencia’. El hombre pensaba que él también tenía derecho a ella.
Si tú hubieras sido el Gran Maestro, ¿qué le habrías dicho?... Jesús comprendió que aquel hombre tenía un problema: no era que necesitara parte de la herencia de su hermano, sino que no sabía qué era lo más importante en la vida.
Pensemos en esto: ¿qué debería ser lo más importante para nosotros? ¿Tener los juguetes que nos gustan, ropa nueva y ese tipo de cosas?... No. Jesús quería enseñar la lección de que hay algo mucho más importante. Por eso relató la historia de un hombre que se olvidó de Dios. ¿Te gustaría escucharla?...
Se trataba de un hombre muy rico que poseía tierras y graneros. Había recogido una gran cosecha y no tenía sitio en sus graneros para guardarla. ¿Qué decidió hacer entonces? Se dijo: ‘Derribaré mis graneros viejos y construiré otros más grandes. Así podré guardar toda la cosecha y todos mis bienes en los graneros nuevos’.
El hombre rico pensó que hacerlo así era lo mejor, que era muy inteligente al guardar tantos bienes. Pensó: ‘Tengo almacenadas muchas cosas buenas, que me durarán muchos años. Así que ahora puedo tomarme la vida con calma. Voy a comer, beber y divertirme’. Pero su forma de razonar estaba equivocada. ¿Sabes por qué?... Porque solo pensaba en sí mismo y en su propio placer, y se había olvidado de Dios.
Por ello, Dios habló con él y le dijo: ‘¡Qué insensato eres! Vas a morir esta noche, y ¿quién tendrá entonces las cosas que guardaste?’. ¿Podía el rico usar esas cosas después de morirse?... No, otras personas se quedarían con ellas. Jesús explicó: “Así pasa con el hombre que atesora para sí, pero no es rico para con Dios” (Lucas 12:13-21).
Tú no quieres ser como aquel rico, ¿verdad?... Para él, lo más importante en la vida era conseguir bienes materiales. Ese fue su error, siempre quería más, pero no era “rico para con Dios”.
Muchas personas son como aquel hombre, siempre quieren más. Sin embargo, eso puede causarles muchos problemas. Por ejemplo, tú tienes juguetes, ¿no es así?... ¿Puedes decirme cuáles son?... ¿Qué pasa si alguno de tus amigos tiene una pelota, una muñeca u otro juguete que tú no tienes? ¿Estaría bien que les pidieras a tus padres una y otra vez que te compraran uno igual?...
A veces, un juguete parece algo muy importante. Pero ¿qué pasa con él después de un tiempo?... Se estropea. Tal vez se rompa y entonces ya no lo quieras más. En realidad, tú posees algo mucho más valioso que los juguetes. ¿Sabes qué es?...
La vida. La vida es lo más importante porque sin ella no puedes hacer nada. Pero tu vida depende de que hagas lo que le agrada a Dios, ¿no es cierto?... Por eso no debemos ser como aquel rico insensato que se olvidó de Dios.
Los niños no son los únicos que hacen cosas insensatas como aquel hombre. Muchos adultos también las hacen. Algunos siempre quieren tener más posesiones. Quizás tengan alimento para cada día, ropa que ponerse y un lugar donde vivir. Pero no se conforman: quieren mucha más ropa y casas más grandes. Todo eso cuesta dinero. Así que trabajan mucho para ganarlo, y cuanto más dinero tienen, más quieren tener.
Algunos adultos trabajan tanto para ganar dinero que no les queda tiempo para dedicarlo a su familia ni tampoco a Dios. ¿Puede mantenerlos vivos su dinero?... No. ¿Pueden usar su dinero después de morirse?... No, porque los muertos no pueden hacer nada en absoluto (Eclesiastés 9:5, 10).
¿Significa eso que es malo tener dinero?... No. Con el dinero podemos comprar alimentos y ropa. La Biblia dice que sirve de protección (Eclesiastés 7:12). Pero si amamos el dinero, entonces sí tendremos problemas. Seremos como el hombre rico que guardó tesoros para sí mismo, pero no fue rico para con Dios.
¿Qué quiere decir ser rico para con Dios?... Poner a Dios en primer lugar en la vida. Algunas personas afirman que creen en Dios y piensan que con eso basta. Pero ¿son realmente ricas para con él?... No, son como el rico que se olvidó de Dios.
Jesús nunca se olvidó de su Padre celestial. No intentó ganar mucho dinero ni tuvo muchas cosas materiales. Jesús sabía qué era lo más importante en la vida. ¿Sabes tú qué es?... Ser rico para con Dios.
¿Cómo piensas que podemos ser ricos para con Dios?... Pues haciendo lo que le agrada. Jesús dijo: “Siempre hago las cosas que le agradan” (Juan 8:29). Y eso le gusta a Dios. Ahora, dime, ¿qué puedes hacer tú para agradarle?... Leer la Biblia, ir a las reuniones cristianas, orar a Dios y ayudar a otras personas a que aprendan de él. Esas cosas son las más importantes en la vida.
Jesús era rico para con Dios, y por eso Jehová lo cuidó. Lo recompensó con vida eterna. Si somos como Jesús, Jehová nos amará y nos cuidará también a nosotros. Por lo tanto, imitemos a Jesús, y nunca al hombre rico que se olvidó de Dios.
A continuación aparecen algunos textos bíblicos que nos muestran cómo tener el punto de vista apropiado sobre las cosas materiales: Proverbios 23:4; 28:20; 1 Timoteo 6:6-10, y Hebreos 13:5.
[Ilustración de la página 87]
¿Qué problema tenía este hombre?
[Ilustración de la página 88]
¿En qué estaba pensando el rico?
[Ilustración de la página 89]
¿Qué tienes tú que es mucho más valioso que los juguetes?
[Ilustraciones de la página 91]
¿Qué hace esta niña que es importante de verdad?
La felicidad( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):
Capítulo 17
Cómo ser feliz
TODOS queremos ser felices, ¿no es cierto?... Pero no hay muchas personas que lo sean de verdad. ¿Sabes por qué?... Porque no han aprendido el secreto de la felicidad. Piensan que para lograrla hay que tener muchas cosas. Pero cuando las tienen, su felicidad no dura.
El Gran Maestro nos aclaró cuál era este importante secreto: “Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hechos 20:35). Entonces, ¿cómo seremos felices?... Dando a otros y haciendo cosas por ellos. ¿Lo sabías?...
Pensemos un poco más en lo que esto significa. ¿Dijo Jesús que la persona que recibiera un regalo no se sentiría feliz?... No, no dijo eso. ¿Verdad que te gusta recibir regalos?... A todo el mundo le gusta. Nos sentimos felices cuando nos dan cosas bonitas.
Pero Jesús dijo que sentimos aún más felicidad cuando somos nosotros los que damos. ¿Quién crees tú que es la persona que ha dado más regalos que nadie a los demás?... Claro que sí, Jehová Dios.
La Biblia dice que Dios “da a toda persona vida y aliento y todas las cosas”. Nos da la lluvia y la luz del sol para que las plantas crezcan y tengamos alimentos (Hechos 14:17; 17:25). No es de extrañar que la Biblia llame a Jehová el “Dios feliz” (1 Timoteo 1:11). Dar a los demás es una de las cosas que hacen feliz a Dios, y también puede hacernos felices a nosotros.
Pues bien, ¿qué podemos dar a otras personas? ¿Tú qué dirías?... A veces un regalo cuesta dinero. Si es algo que se compra en una tienda, hay que pagarlo. Por eso, si estás pensando en ese tipo de regalo, tienes que ahorrar hasta conseguir suficiente dinero para comprarlo.
Pero no todos los regalos tienen que ser de la tienda. Por ejemplo, un vaso de agua fría viene muy bien en un día caluroso. Si le das ese regalo a una persona que tiene sed, sentirás la felicidad que proviene de dar.
Tal vez un día te diviertas haciendo galletitas con tu mamá. Pero ¿qué te haría más feliz que comértelas todas tú solo?... Regalarle algunas a un amigo o amiga. ¿Te gustaría hacerlo?...
Tanto el Gran Maestro como sus apóstoles sintieron la felicidad que proviene de dar. ¿Sabes qué dieron a otras personas?... Lo mejor que existe. Conocían las buenas nuevas, las verdades que habían aprendido acerca de Dios, y con gusto hablaron de ellas sin dejar que nadie les diera dinero a cambio.
En cierta ocasión, el apóstol Pablo y su buen amigo, el discípulo Lucas, conocieron a una mujer que también deseaba sentir la felicidad que hay en dar. La encontraron junto a un río al que fueron porque habían oído que era un lugar donde se oraba a Dios. Y así era; cuando llegaron, encontraron varias mujeres orando.
Pablo comenzó a hablarles a aquellas mujeres sobre las buenas nuevas de Jehová Dios y su Reino. Una de ellas, llamada Lidia, prestó mucha atención. Después, Lidia quiso demostrar su aprecio por las buenas nuevas que acababa de escuchar. Por eso rogó a Pablo y a Lucas: “Si ustedes me han juzgado fiel a Jehová, entren en mi casa y quédense”. Y de esa forma los hizo quedarse en su hogar (Hechos 16:13-15).
Lidia estaba encantada de tener a aquellos siervos de Dios en su casa. Los amaba porque la habían ayudado a aprender sobre Jehová y Jesús, y sobre cómo conseguir vida eterna. Se alegraba de poder ofrecer a Pablo y a Lucas comida y un lugar donde descansar. Lidia se sintió feliz al dar porque lo hizo de corazón. Eso es algo que todos debemos recordar. Tal vez alguien nos diga que tenemos que hacer un regalo. Pero si no damos de corazón, no nos sentiremos felices.
Por ejemplo, si tuvieras unas golosinas que te quisieras comer y yo te dijera que le dieras algunas a otro niño, ¿te alegrarías de dárselas?... Pero ¿y si fuera un amigo al que quieres mucho? Si hubiera sido idea tuya compartir las golosinas con tu amigo, ¿no te sentirías feliz?...
A veces amamos tanto a una persona que queremos darle todo lo que tenemos, sin guardarnos nada. Cuando crece nuestro amor por Dios, también queremos darle todo.
El Gran Maestro vio en el templo de Jerusalén a una mujer pobre que quería a Dios de esa manera. Todo lo que ella tenía eran dos moneditas, pero las echó en la caja de contribuciones como regalo para el templo. Nadie la obligó a echarlas, y la mayoría de los que estaban allí ni siquiera la vieron. Lo hizo porque así lo deseaba y porque amaba mucho a Jehová. Se sentía feliz de poder dar (Lucas 21:1-4).
Hay muchas formas de dar. ¿Puedes decirme algunas?... Si damos porque realmente queremos hacerlo, seremos felices. Por esa razón, el Gran Maestro nos manda que seamos generosos (Lucas 6:38). Si le obedecemos, haremos felices a otras personas. Y nosotros seremos más felices todavía.
Leamos algo más sobre la felicidad que sentimos al dar en Mateo 6:1-4; Lucas 14:12-14, y 2 Corintios 9:7.
[Ilustración de la página 92]
¿Por qué es Jehová el “Dios feliz”?
[Ilustración de la página 93]
¿Qué puede hacerte más feliz que comerte todas las galletas tú solo?
[Ilustración de la página 94]
¿Qué les está diciendo Lidia a Pablo y a Lucas?
[Ilustración de la página 94]
¿Por qué se alegra Lidia de recibir en su casa a Pablo y a Lucas?
[Ilustración de la página 96]
¿Por qué se sintió feliz la mujer pobre al dar todo lo que tenía?
Cómo ser feliz
TODOS queremos ser felices, ¿no es cierto?... Pero no hay muchas personas que lo sean de verdad. ¿Sabes por qué?... Porque no han aprendido el secreto de la felicidad. Piensan que para lograrla hay que tener muchas cosas. Pero cuando las tienen, su felicidad no dura.
El Gran Maestro nos aclaró cuál era este importante secreto: “Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hechos 20:35). Entonces, ¿cómo seremos felices?... Dando a otros y haciendo cosas por ellos. ¿Lo sabías?...
Pensemos un poco más en lo que esto significa. ¿Dijo Jesús que la persona que recibiera un regalo no se sentiría feliz?... No, no dijo eso. ¿Verdad que te gusta recibir regalos?... A todo el mundo le gusta. Nos sentimos felices cuando nos dan cosas bonitas.
Pero Jesús dijo que sentimos aún más felicidad cuando somos nosotros los que damos. ¿Quién crees tú que es la persona que ha dado más regalos que nadie a los demás?... Claro que sí, Jehová Dios.
La Biblia dice que Dios “da a toda persona vida y aliento y todas las cosas”. Nos da la lluvia y la luz del sol para que las plantas crezcan y tengamos alimentos (Hechos 14:17; 17:25). No es de extrañar que la Biblia llame a Jehová el “Dios feliz” (1 Timoteo 1:11). Dar a los demás es una de las cosas que hacen feliz a Dios, y también puede hacernos felices a nosotros.
Pues bien, ¿qué podemos dar a otras personas? ¿Tú qué dirías?... A veces un regalo cuesta dinero. Si es algo que se compra en una tienda, hay que pagarlo. Por eso, si estás pensando en ese tipo de regalo, tienes que ahorrar hasta conseguir suficiente dinero para comprarlo.
Pero no todos los regalos tienen que ser de la tienda. Por ejemplo, un vaso de agua fría viene muy bien en un día caluroso. Si le das ese regalo a una persona que tiene sed, sentirás la felicidad que proviene de dar.
Tal vez un día te diviertas haciendo galletitas con tu mamá. Pero ¿qué te haría más feliz que comértelas todas tú solo?... Regalarle algunas a un amigo o amiga. ¿Te gustaría hacerlo?...
Tanto el Gran Maestro como sus apóstoles sintieron la felicidad que proviene de dar. ¿Sabes qué dieron a otras personas?... Lo mejor que existe. Conocían las buenas nuevas, las verdades que habían aprendido acerca de Dios, y con gusto hablaron de ellas sin dejar que nadie les diera dinero a cambio.
En cierta ocasión, el apóstol Pablo y su buen amigo, el discípulo Lucas, conocieron a una mujer que también deseaba sentir la felicidad que hay en dar. La encontraron junto a un río al que fueron porque habían oído que era un lugar donde se oraba a Dios. Y así era; cuando llegaron, encontraron varias mujeres orando.
Pablo comenzó a hablarles a aquellas mujeres sobre las buenas nuevas de Jehová Dios y su Reino. Una de ellas, llamada Lidia, prestó mucha atención. Después, Lidia quiso demostrar su aprecio por las buenas nuevas que acababa de escuchar. Por eso rogó a Pablo y a Lucas: “Si ustedes me han juzgado fiel a Jehová, entren en mi casa y quédense”. Y de esa forma los hizo quedarse en su hogar (Hechos 16:13-15).
Lidia estaba encantada de tener a aquellos siervos de Dios en su casa. Los amaba porque la habían ayudado a aprender sobre Jehová y Jesús, y sobre cómo conseguir vida eterna. Se alegraba de poder ofrecer a Pablo y a Lucas comida y un lugar donde descansar. Lidia se sintió feliz al dar porque lo hizo de corazón. Eso es algo que todos debemos recordar. Tal vez alguien nos diga que tenemos que hacer un regalo. Pero si no damos de corazón, no nos sentiremos felices.
Por ejemplo, si tuvieras unas golosinas que te quisieras comer y yo te dijera que le dieras algunas a otro niño, ¿te alegrarías de dárselas?... Pero ¿y si fuera un amigo al que quieres mucho? Si hubiera sido idea tuya compartir las golosinas con tu amigo, ¿no te sentirías feliz?...
A veces amamos tanto a una persona que queremos darle todo lo que tenemos, sin guardarnos nada. Cuando crece nuestro amor por Dios, también queremos darle todo.
El Gran Maestro vio en el templo de Jerusalén a una mujer pobre que quería a Dios de esa manera. Todo lo que ella tenía eran dos moneditas, pero las echó en la caja de contribuciones como regalo para el templo. Nadie la obligó a echarlas, y la mayoría de los que estaban allí ni siquiera la vieron. Lo hizo porque así lo deseaba y porque amaba mucho a Jehová. Se sentía feliz de poder dar (Lucas 21:1-4).
Hay muchas formas de dar. ¿Puedes decirme algunas?... Si damos porque realmente queremos hacerlo, seremos felices. Por esa razón, el Gran Maestro nos manda que seamos generosos (Lucas 6:38). Si le obedecemos, haremos felices a otras personas. Y nosotros seremos más felices todavía.
Leamos algo más sobre la felicidad que sentimos al dar en Mateo 6:1-4; Lucas 14:12-14, y 2 Corintios 9:7.
[Ilustración de la página 92]
¿Por qué es Jehová el “Dios feliz”?
[Ilustración de la página 93]
¿Qué puede hacerte más feliz que comerte todas las galletas tú solo?
[Ilustración de la página 94]
¿Qué les está diciendo Lidia a Pablo y a Lucas?
[Ilustración de la página 94]
¿Por qué se alegra Lidia de recibir en su casa a Pablo y a Lucas?
[Ilustración de la página 96]
¿Por qué se sintió feliz la mujer pobre al dar todo lo que tenía?
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