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Tuesday, January 26, 2010

POEMA a la madre ajena y de nadie:


Por: Diana Margarita Cantón.

A: E. D.

Cuánto me duelen, madre ajena y de nadie,
tus caídas, tus dados, tus jugadas, tus pinturas,
esos dedos, esas piernas
enfundadas de azul
que cubre tu putrefacción lenta
y hedor vivo.
Cuánto me duele la humedad,
la soledad y el frío
que sientes,
ahí, tirada basura;
ese terror a los hombres
que te embarga.
Cuánto siento no poder
llevarte a casa,
con tus hijos y tus nietos
que perdieron la memoria
entrampados de trabajo,
lucha y de billetes.
Cuánto me marcan
tus fotos juveniles
de familia ausente.
Por eso te digo,
madre ajena y de nadie:
Soy tu hija
(no la muerta pequeña).
Por eso te refugio
en mi abrazo terremoto
y mi beso tsunami
peligroso de contagios.
Por eso no te tomo
ya la mano
Moribunda.
No te rezo.
Pero si te leemos
el Libro de La Vida
y sí te oramos.
Oro contigo,
madre ajena y de nadie,
en este asilo
de aguas turbias
y negras
y de olores
de resaca
que deprimen,
más me obligan
cuando Jehová
me trajo de Cuba
y de Miami
para orarte,
madre hermosa
que feneces.