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Wednesday, July 10, 2013

Libro de Juan:

Libro bíblico número 43: Juan
Escritor: El apóstol Juan
Dónde se escribió: Éfeso, o cerca
Cuándo se completó: c. 98 E.C.
Tiempo que abarca: Después del prólogo, 29–33 E.C.
LOS registros de los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas habían estado en circulación durante más de 30 años y habían llegado a ser muy apreciados por los cristianos del primer siglo como las obras de hombres inspirados por espíritu santo. Ahora, al aproximarse el fin del siglo y menguar el número de los que habían estado con Jesús, bien pudiera haber surgido la pregunta: ¿Quedaba algo por decir todavía? ¿Había todavía alguien que, de sus recuerdos personales, pudiera suministrar detalles preciosos sobre el ministerio de Jesús? Sí, había alguien. Juan, ahora de edad avanzada, había sido particularmente bendecido en su asociación con Jesús. Parece que estuvo entre los primeros discípulos de Juan el Bautizante presentados al Cordero de Dios, y fue uno de los primeros cuatro hombres a quienes el Señor invitó a acompañarlo en el ministerio de tiempo completo. (Juan 1:35-39; Mar. 1:16-20.) Juan continuó en asociación íntima con Jesús durante todo su ministerio y fue el discípulo a quien ‘Jesús amaba’ que se reclinó ante el seno de Jesús en la última Pascua. (Juan 13:23; Mat. 17:1; Mar. 5:37; 14:33.) Juan estuvo presente en la desgarradora escena de la ejecución, donde Jesús le encomendó el cuidado de su madre carnal, y fue quien se adelantó a Pedro cuando ambos corrieron a la tumba para investigar el informe de que Jesús había resucitado. (Juan 19:26, 27; 20:2-4.)
2 Madurado por casi 70 años de ministerio activo, y fortalecido por visiones y meditaciones en su reciente encarcelamiento solitario en la isla de Patmos, Juan estaba bien equipado para escribir sobre cosas que por mucho tiempo había guardado en el corazón. Espíritu santo ahora le activó la mente para que recordara y pusiera por escrito muchos de aquellos dichos preciosos, dadores de vida, para que todo el que leyera ‘creyera que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y que, por creer, tuviera vida por medio del nombre de Jesús’. (Juan 20:31.)
3 Los cristianos que vivían a principios del siglo II aceptaron a Juan como el escritor de este relato y también consideraron este escrito como parte indisputable del canon de las Escrituras inspiradas. Clemente de Alejandría, Ireneo, Tertuliano y Orígenes, todos los cuales eran de fines del siglo II y principios del III, testifican que Juan fue el escritor. Además, en el libro mismo se puede hallar mucha prueba interna de que Juan fue el escritor. Es obvio que el escritor era judío y que conocía bien las costumbres y el país de los judíos (2:6; 4:5; 5:2; 10:22, 23). La intimidad misma del relato indica que el escritor no era solamente apóstol, sino también uno del círculo íntimo de tres —Pedro, Santiago y Juan— que acompañó a Jesús en ocasiones especiales. (Mat. 17:1; Mar. 5:37; 14:33.) De estos se elimina a Santiago (el hijo de Zebedeo) porque fue martirizado por Herodes Agripa I alrededor de 44 E.C., mucho antes de que se escribiera este libro. (Hech. 12:2.) Pedro queda excluido porque en Juan 21:20-24 se dice que estaba con el escritor.
4 En esos versículos finales se dice que el escritor era el discípulo “a quien Jesús amaba”, y varias veces en el registro se usan esta y otras expresiones similares, aunque en ningún lugar se da el nombre del apóstol Juan. En esta porción se indica que Jesús dijo de él: “Si es mi voluntad que él permanezca hasta que yo venga, ¿en qué te incumbe eso?”. (Juan 21:20, 22.) Esto da a entender que el discípulo al que se hacía referencia sobreviviría por mucho a Pedro y los demás apóstoles. Todo esto cuadra con el apóstol Juan. Es interesante que Juan, después de haber recibido la visión apocalíptica de la venida de Jesús, concluye esa notable profecía de Revelación con las palabras: “¡Amén! Ven, Señor Jesús”. (Rev. 22:20.)
5 Por lo general se cree que Juan escribió su Evangelio después de regresar del destierro en la isla de Patmos, aunque sus escritos en sí no dan información clara al respecto. (Rev. 1:9.) El emperador romano Nerva, 96-98 E.C., hizo volver a muchos de los que habían sido exiliados a fines del reinado de su predecesor, Domiciano. Se cree que, después de haber escrito su Evangelio, alrededor de 98 E.C., Juan murió tranquilamente en Éfeso en el tercer año del emperador Trajano, en 100 E.C.
6 En cuanto a que Éfeso o sus cercanías fueran el lugar donde se escribió, el historiador Eusebio (c. 260-342 E.C.) cita estas palabras de Ireneo: “Juan, el discípulo del Señor, que hasta se había recostado sobre su pecho, él mismo también produjo el evangelio, mientras vivía en Éfeso, en Asia”*. Se ve que el libro se escribió fuera de Palestina por sus muchas referencias a los opositores de Jesús mediante el término general “los judíos”, en vez de “fariseos”, “sacerdotes principales”, y así por el estilo. (Juan 1:19; 12:9.) Además, se menciona el mar de Galilea por su nombre romano, mar de Tiberíades (6:1; 21:1). Para beneficio de los no judíos, Juan da explicaciones útiles sobre las fiestas judías (6:4; 7:2; 11:55). El lugar de su destierro, Patmos, estaba cerca de Éfeso, y los capítulos 2 y 3 de Revelación indican que él estaba familiarizado con Éfeso, así como con las otras congregaciones de Asia Menor.
7 En el transcurso del siglo XX se han hecho varios hallazgos importantes de manuscritos que apoyan la autenticidad del Evangelio de Juan. Uno de estos es un fragmento del Evangelio de Juan descubierto en Egipto, fragmento que se conoce ahora como el Papiro Rylands 457 (P52), que contiene Juan 18:31-33, 37, 38, y se conserva en la Biblioteca John Rylands, en Manchester, Inglaterra*. Respecto a cómo apoya este la tradición de que Juan lo escribió a fines del primer siglo, el difunto sir Frederic Kenyon dijo en su libro The Bible and Modern Scholarship, 1949, página 21: “A pesar de lo pequeño que es, basta para probar que un manuscrito de este Evangelio circulaba, probablemente en el Egipto provincial donde se halló, alrededor del período 130-150 d.C. Dando siquiera un mínimo de tiempo para la circulación de la obra desde su lugar de origen, esto haría que la fecha de su composición se acercara tanto a la fecha tradicional en la última década del primer siglo que ya no hay motivo alguno para dudar de la validez de la tradición”.
8 El Evangelio de Juan es notable por su introducción, que revela a la Palabra, quien estaba “en el principio con Dios”, como el medio por el cual todas las cosas llegaron a existir (1:2). Después de dar a conocer la relación preciosa entre el Padre y el Hijo, Juan pasa a una magistral descripción de las obras y discursos de Jesús, especialmente desde el punto de vista del amor íntimo que enlaza todas las partes del gran arreglo de Dios. Este relato de la vida de Jesús en la Tierra abarca el período de 29-33 E.C., y en él se ejerce el cuidado de mencionar las cuatro Pascuas a las que asistió Jesús durante su ministerio, lo cual suministra parte de la prueba de que su ministerio duró tres años y medio. Se mencionan tres de estas Pascuas como tales (2:13; 6:4; 12:1; 13:1). Se alude a una de ellas como “una fiesta de los judíos”, pero el contexto la sitúa poco después que Jesús dijo que “todavía hay cuatro meses antes que venga la siega”, lo que indica que la fiesta era la Pascua, que se celebraba cerca del comienzo de la siega (4:35; 5:1)*.
9 Las buenas nuevas “según Juan” son en gran parte suplementarias; el 92% es información nueva que no se considera en los otros tres Evangelios. Aun así, Juan termina con estas palabras: “Hay, de hecho, muchas otras cosas también que Jesús hizo, que, si se escribieran alguna vez en todo detalle, supongo que el mundo mismo no podría contener los rollos que se escribieran” (21:25).
CONTENIDO DE JUAN
10 Prólogo: Presentación de “la Palabra” (1:1-18). Con hermosa sencillez, Juan declara que en el principio “la Palabra estaba con Dios”, que la vida misma llegó a existir por medio de él, que él llegó a ser “la luz de los hombres”, y que Juan (el Bautizante) había dado testimonio acerca de él (1:1, 4). La luz estaba en el mundo, pero el mundo no lo conoció. Los que sí lo recibieron llegaron a ser hijos de Dios al nacer de Dios. Tal como la Ley se había dado por medio de Moisés, así “la bondad inmerecida y la verdad vinieron a ser por medio de Jesucristo” (1:17).
11 Presentación del “Cordero de Dios” a los hombres (1:19-51). Juan el Bautizante confiesa que él no es el Cristo, pero dice que tras él viene uno, y que él no es digno de desatar la correa de la sandalia de ese. El día siguiente, al acercársele Jesús, Juan lo identifica como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (1:27, 29). Después presenta a Jesús dos de sus discípulos, y uno de estos, Andrés, lleva a Pedro su hermano a donde Jesús. Felipe y Natanael también aceptan a Jesús como ‘el Hijo de Dios, el Rey de Israel’ (1:49).
12 Los milagros de Jesús prueban que es “el Santo de Dios” (2:1–6:71). Jesús efectúa su primer milagro en Caná de Galilea cuando convierte agua en vino de la mejor calidad en un banquete de bodas. Este es el “principio de sus señales, [...] y sus discípulos pusieron su fe en él” (2:11). Jesús sube a Jerusalén para la Pascua. Al encontrar vendedores y cambistas en el templo, toma un látigo y los echa de allí con tal vigor que sus discípulos reconocen el cumplimiento de la profecía: “El celo por tu casa me consumirá”. (Juan 2:17; Sal. 69:9.) Jesús predice que el templo de su propio cuerpo será demolido y luego levantado de nuevo en tres días.
13 El temeroso Nicodemo viene a Jesús por la noche. Confiesa que Jesús ha sido enviado por Dios, y Jesús le dice que uno debe nacer del agua y del espíritu para entrar en el Reino de Dios. Para adquirir la vida es necesario creer en el Hijo del hombre que descendió del cielo. “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16.) La luz que ha venido al mundo está en conflicto con la oscuridad, “pero el que hace lo que es verdad viene a la luz”, concluye Jesús. Juan el Bautizante entonces se entera de lo que hace Jesús en Judea y dice que, aunque él mismo no es el Cristo, “el amigo del novio [...] tiene mucho gozo a causa de la voz del novio” (3:21, 29). Ahora Jesús debe aumentar, y Juan menguar.
14 Jesús parte nuevamente para Galilea. En el camino, polvoriento y “cansado del viaje”, se sienta a descansar junto a la fuente de Jacob en Sicar, mientras sus discípulos se han ido a comprar alimentos en la ciudad (4:6). Es mediodía, la hora sexta. Una samaritana se acerca para sacar agua, y Jesús le pide de beber. Entonces, a pesar de lo cansado que está, empieza a hablarle del “agua” verdadera que realmente refresca e imparte vida eterna a los que adoran a Dios “con espíritu y con verdad”. Los discípulos regresan y le instan a que coma, y él declara: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra”. Se queda dos días más en aquella zona, de modo que muchos de los samaritanos llegan a creer que “este hombre es verdaderamente el salvador del mundo” (4:24, 34, 42). Al llegar a Caná de Galilea, Jesús cura al hijo de un noble sin siquiera acercarse a su lecho.
15 Jesús sube de nuevo a Jerusalén para la fiesta de los judíos. Cura a un enfermo el sábado, lo cual provoca una gran tormenta de crítica. Jesús replica: “Mi Padre ha seguido trabajando hasta ahora, y yo sigo trabajando” (5:17). Los líderes judíos ahora alegan que al delito de violar el sábado Jesús ha añadido blasfemia, la de hacerse igual a Dios. Jesús responde que el Hijo no puede hacer ni una sola cosa de su propia iniciativa, sino que depende completamente del Padre. Hace la maravillosa declaración de que “todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz y saldrán” a una resurrección. Pero a su auditorio sin fe, Jesús dice: “¿Cómo pueden creer ustedes, cuando aceptan gloria unos de otros y no buscan la gloria que proviene del único Dios?” (5:28, 29, 44).
16 Cuando Jesús alimenta milagrosamente a 5.000 hombres con cinco panes y dos pescaditos, la multitud piensa prenderlo para hacerlo rey, pero él se retira a una montaña. Después Jesús los censura por ir tras “el alimento que perece”. Más bien, deberían trabajar “por el alimento que permanece para vida eterna”. Señala que ejercer fe en él como el Hijo es participar del pan de la vida, y añade: “A menos que coman la carne del Hijo del hombre y beban su sangre, no tienen vida en ustedes”. Muchos de sus discípulos se ofenden por esto y lo dejan. Jesús pregunta a los 12: “Ustedes no quieren irse también, ¿verdad?”, y Pedro responde: “Señor, ¿a quién nos iremos? Tú tienes dichos de vida eterna; y nosotros hemos creído y llegado a conocer que tú eres el Santo de Dios” (6:27, 53, 67-69). No obstante, Jesús, sabiendo que Judas lo traicionará, les dice que uno de ellos es calumniador.
17 “La luz” en conflicto con la oscuridad (7:1–12:50). Jesús sube secretamente a Jerusalén y se presenta en público al enseñar en el templo a mitad de la fiesta de los Tabernáculos. La gente discute en cuanto a si él es o no en verdad el Cristo. Jesús les dice: “Yo no he venido por mi propia iniciativa, pero el que me ha enviado es real, [...] y Aquel me ha enviado”. En otra ocasión Jesús clama a la multitud: “Si alguien tiene sed, venga a mí y beba”. Unos oficiales enviados a arrestar a Jesús regresan con las manos vacías e informan a los sacerdotes: “Jamás ha hablado otro hombre así”. Enfurecidos, los fariseos responden que ninguno de los gobernantes ha creído, ni ha de levantarse de Galilea profeta alguno (7:28, 29, 37, 46).
18 En otro discurso Jesús dice: “Yo soy la luz del mundo”. A las maliciosas acusaciones de que es testigo falso, de que nació fuera del estado matrimonial y de que es samaritano y está endemoniado, Jesús responde enérgicamente: “Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria no es nada. Es mi Padre quien me glorifica”. Cuando declara: “Antes que Abrahán llegara a existir, yo he sido”, los judíos atentan de nuevo contra su vida, pero no tienen éxito (8:12, 54, 58). Frustrados, interrogan después a un hombre cuya vista Jesús ha restaurado milagrosamente, y lo echan fuera.
19 De nuevo Jesús habla a los judíos, esta vez acerca del pastor excelente, que llama a sus ovejas por nombre y entrega su alma a favor de sus ovejas ‘para que tengan vida en abundancia’. Dice: “Tengo otras ovejas, que no son de este redil; a esas también tengo que traer, y escucharán mi voz, y llegarán a ser un solo rebaño, un solo pastor” (10:10, 16). Jesús dice a los judíos que nadie puede arrebatar de la mano de su Padre las ovejas, y que él y su Padre son uno. De nuevo procuran matarlo a pedradas. En respuesta a su acusación de blasfemia, les recuerda que en el libro de Salmos se llama “dioses” a ciertos poderosos de la Tierra, mientras que lo que él ha dicho de sí es que es Hijo de Dios. (Sal. 82:6.) Los insta a que por lo menos crean sus obras. (Juan 10:34.)
20 Desde Betania, cerca de Jerusalén, vienen noticias de que Lázaro, el hermano de María y Marta, está enfermo. Para cuando Jesús llega allí, Lázaro ha muerto y ya hace cuatro días que está sepultado. Jesús ejecuta el estupendo milagro de llamar a Lázaro de vuelta a la vida, lo cual hace que muchos pongan fe en Jesús. Esto precipita una reunión especial del Sanedrín, en la que el sumo sacerdote, Caifás, se siente impelido a profetizar que Jesús está destinado a morir por la nación. Mientras los sacerdotes principales y los fariseos entran en consejo para matarlo, Jesús se aparta temporalmente de la escena pública.
21 Seis días antes de la Pascua, Jesús viene nuevamente a Betania en camino a Jerusalén, y es huésped de la familia de Lázaro. Luego, el día después del sábado, el 9 de Nisán, Jesús se sienta sobre un asnillo y entra en Jerusalén en medio de las aclamaciones de una gran muchedumbre; los fariseos dicen entre sí: “Ustedes no logran absolutamente nada. ¡Miren! El mundo se ha ido tras él”. Por la ilustración de un grano de trigo, Jesús da a entender que debe ser plantado en la muerte para que se produzca fruto que lleve a la vida eterna. Pide a su Padre que glorifique Su nombre, y del cielo se oye una voz que dice: “Lo glorifiqué, y también lo glorificaré de nuevo”. Jesús insta a sus oyentes a evitar la oscuridad y andar en la luz, sí, a hacerse “hijos de la luz”. Mientras las fuerzas de la oscuridad lo van rodeando, él hace un poderoso llamado público para que la gente ponga fe en él ‘como luz que ha venido al mundo’ (12:19, 28, 36, 46).
22 El consejo de despedida de Jesús a los apóstoles fieles (13:1–16:33). Mientras está en la cena pascual con los 12, Jesús se levanta y, después de quitarse las prendas de vestir exteriores, toma una toalla y una palangana y procede a lavarles los pies a los discípulos. Pedro protesta, pero Jesús le dice que a él también debe lavarle los pies. Jesús aconseja a los discípulos que sigan su ejemplo de humildad, pues “el esclavo no es mayor que su amo”. Habla del traidor y entonces envía afuera a Judas. Después que Judas sale, Jesús empieza a hablar íntimamente con los demás. “Les doy un nuevo mandamiento: que se amen unos a otros; así como yo los he amado, que ustedes también se amen los unos a los otros. En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre sí” (13:16, 34, 35).
23 Jesús habla maravillosas palabras de consuelo para sus seguidores en esta hora crítica. Ellos deben ejercer fe en Dios y también en él. En la casa de su Padre hay muchas moradas, y Jesús volverá otra vez y los recibirá en casa a sí mismo. “Yo soy el camino y la verdad y la vida —dice Jesús—. Nadie viene al Padre sino por mí.” Consuela a sus seguidores diciéndoles que al ejercer fe harán obras mayores que las de él, y que él les concederá cualquier cosa que pidan en su nombre, para que su Padre sea glorificado. Les promete otro ayudante, “el espíritu de la verdad”, que les enseñará todas las cosas y les hará recordar todas las cosas que les ha dicho. Ellos deberían regocijarse de que él se va a donde está su Padre, pues, dice Jesús, “el Padre es mayor que yo” (14:6, 17, 28).
24 Jesús se identifica como la vid verdadera y dice que su Padre es el cultivador. Insta a sus discípulos a permanecer en unión con él, diciendo: “Mi Padre es glorificado en esto, que ustedes sigan llevando mucho fruto y demuestren ser mis discípulos” (15:8). ¿Y cómo puede alcanzar plenitud el gozo de ellos? Amándose unos a otros tal como él los ha amado. Los llama amigos. ¡Qué relación preciosa! El mundo los odiará como lo ha odiado a él, y los perseguirá, pero Jesús enviará el ayudante para que dé testimonio de él y guíe a sus discípulos a toda la verdad. El desconsuelo actual de ellos se convertirá en gozo cuando él los vea de nuevo, y nadie podrá quitarles su gozo. Consoladoras son sus palabras: “El Padre mismo les tiene cariño, porque ustedes me han tenido cariño a mí y han creído que salí como representante del Padre”. Sí, ellos serán esparcidos, pero, como dice Jesús: “Les he dicho estas cosas para que por medio de mí tengan paz. En el mundo están experimentando tribulación, pero ¡cobren ánimo!, yo he vencido al mundo” (16:27, 33).
25 La oración de Jesús a favor de sus discípulos (17:1-26). En oración Jesús reconoce ante el Padre: “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo”. Habiendo terminado su obra asignada en la Tierra, Jesús ahora pide a su Padre que lo glorifique a su lado con la gloria que tenía antes de que el mundo fuera. Ha puesto de manifiesto el nombre del Padre a sus discípulos, y le pide al Padre que los vigile ‘por causa de Su propio nombre’. No le pide al Padre que los saque del mundo, sino que los guarde del inicuo y los santifique mediante Su palabra de la verdad. Jesús amplía su oración para abarcar a todos los que han de ejercer fe por oír la palabra de estos discípulos, “para que todos ellos sean uno, así como tú, Padre, estás en unión conmigo y yo estoy en unión contigo, que ellos también estén en unión con nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste”. Pide que ellos también tengan junto con él gloria celestial, pues él les ha dado a conocer el nombre del Padre, para que Su amor more en ellos (17:3, 11, 21).
26 Cristo juzgado y luego fijado en el madero (18:1–19:42). Jesús y sus discípulos van ahora a un jardín al otro lado del valle de Cedrón. Allí Judas se presenta con una banda de soldados y traiciona a Jesús, quien se somete dócilmente. Sin embargo, Pedro lo defiende con una espada y recibe una reprensión: “La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (18:11). Entonces llevan a Jesús atado ante Anás, el suegro del sumo sacerdote Caifás. Juan y Pedro lo siguen de cerca, y Juan consigue que ambos entren en el patio del sumo sacerdote, donde tres veces Pedro niega que conozca a Cristo. Primero Jesús es sometido a un interrogatorio por Anás, y luego es llevado ante Caifás. Después llevan a Jesús ante el gobernador romano Pilato, mientras los judíos piden a gritos la pena de muerte.
27 A la pregunta de Pilato: “¿Eres tú rey?”, Jesús responde: “Tú mismo dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio acerca de la verdad” (18:37). Al no hallar ninguna prueba verdadera contra Jesús, Pilato ofrece ponerlo en libertad, pues había la costumbre de poner en libertad a algún prisionero en la Pascua, pero los judíos piden en cambio al salteador Barrabás. Pilato manda azotar a Jesús y luego procura una vez más ponerlo en libertad, pero los judíos claman: “¡Al madero con él! ¡Al madero con él! [...] porque se hizo hijo de Dios”. Cuando Pilato le dice a Jesús que tiene autoridad para fijarlo en un madero, Jesús responde: “No tendrías autoridad alguna contra mí a menos que te hubiera sido concedida de arriba”. De nuevo los judíos claman: “¡Quítalo! ¡Quítalo! ¡Al madero con él! [...] No tenemos más rey que César”. Entonces Pilato lo entrega para que sea fijado en un madero (19:6, 7, 11, 15).
28 Se conduce a Jesús “al llamado Lugar del Cráneo, que en hebreo se llama Gólgotha”, y se le fija en un madero entre dos malhechores. Pilato pone sobre él el título “Jesús el Nazareno el rey de los judíos”, escrito en hebreo, latín y griego de modo que todos lo vean y entiendan (19:17, 19). Jesús encomienda su madre al cuidado de Juan y, después de recibir un poco de vino agrio, exclama: “¡Se ha realizado!”. Entonces inclina la cabeza y muere (19:30). En cumplimiento de las profecías, el pelotón de ejecución echa suertes por sus prendas de vestir, se abstiene de quebrarle las piernas, y punza su costado con una lanza. (Juan 19:24, 32-37; Sal. 22:18; 34:20; 22:17; Zac. 12:10.) Más tarde José de Arimatea y Nicodemo preparan el cuerpo para sepultarlo y lo ponen en una tumba conmemorativa nueva que está cerca.
29 Las apariciones de Cristo resucitado (20:1–21:25). La serie de pruebas que presenta Juan respecto al Cristo termina con la nota feliz de la resurrección. María Magdalena encuentra la tumba vacía, y Pedro y otro discípulo (Juan) corren al lugar, pero ven que solo quedan las vendas y el paño de la cabeza. María, que ha permanecido cerca de la tumba, habla con dos ángeles y, por último, según cree ella, con el hortelano. Cuando él contesta: “¡María!”, ella inmediatamente se da cuenta de que es Jesús. Luego Jesús se manifiesta a sus discípulos cuando están tras puertas aseguradas con cerradura, y les habla del poder que recibirán mediante el espíritu santo. Más tarde Tomás, que no estuvo presente, rehúsa creer, pero ocho días después Jesús se aparece de nuevo y le da la prueba, y Tomás exclama: “¡Mi Señor y mi Dios!” (20:16, 28). Unos días después, en el mar de Tiberíades, Jesús se encuentra de nuevo con sus discípulos, les suministra una redada milagrosa de peces y entonces desayuna con ellos. Tres veces le pregunta a Pedro si lo ama. Al insistir Pedro en que sí, Jesús le dice claramente: “Apacienta mis corderos”, “Pastorea mis ovejitas”, “Apacienta mis ovejitas”. Entonces predice con qué clase de muerte Pedro glorificará a Dios. Pedro pregunta acerca de Juan, y Jesús dice: “Si es mi voluntad que él permanezca hasta que yo venga, ¿en qué te incumbe eso?” (21:15-17, 22).
POR QUÉ ES PROVECHOSO
30 Las buenas nuevas “según Juan”, poderosas por ser directas y convincentes por su descripción íntima y enternecedora de la Palabra, quien llegó a ser Cristo, nos ayudan a ver de cerca en palabra y en acción a este Hijo ungido de Dios. Aunque el estilo y el vocabulario de Juan son sencillos, lo cual indica que era un hombre ‘iletrado y del vulgo’, reflejan un extraordinario poder de expresión. (Hech. 4:13.) Su Evangelio alcanza su máxima sublimidad al dar a conocer el amor íntimo entre el Padre y el Hijo, así como la relación bendita y amorosa en que podemos entrar por estar en unión con ellos. Juan usa las palabras “amor” y “amado” con más frecuencia que los otros tres Evangelios juntos.
31 ¡Qué gloriosa relación existía en el principio entre la Palabra y Dios el Padre! Por la providencia de Dios “la Palabra vino a ser carne y residió entre nosotros, y tuvimos una vista de su gloria, gloria como la que pertenece a un hijo unigénito de parte de un padre; y estaba lleno de bondad inmerecida y verdad”. (Juan 1:14.) Luego, a través del relato de Juan, Jesús recalca que su relación es una de sujeción a la voluntad del Padre en obediencia incondicional (4:34; 5:19, 30; 7:16; 10:29, 30; 11:41, 42; 12:27, 49, 50; 14:10). Su expresión de esta relación íntima culmina gloriosamente en la conmovedora oración que hallamos en el capítulo 17 de Juan, donde Jesús informa a su Padre que ha terminado la obra que Él le encargó hacer en la Tierra, y añade: “Así que ahora, Padre, glorifícame al lado de ti mismo con la gloria que tenía al lado de ti antes que el mundo fuera” (17:5).
32 ¿Qué hay de la relación de Jesús con sus discípulos? Constantemente se destaca el papel que desempeña Jesús como el único medio por el cual se extienden las bendiciones de Dios a ellos y a toda la humanidad (14:13, 14; 15:16; 16:23, 24). Se llama a Jesús “el Cordero de Dios”, “el pan de la vida”, “la luz del mundo”, “el pastor excelente”, “la resurrección y la vida”, “el camino y la verdad y la vida” y “la vid verdadera” (1:29; 6:35; 8:12; 10:11; 11:25; 14:6; 15:1). Con esta ilustración de “la vid verdadera” Jesús da a conocer la maravillosa unidad que existe no solo entre sus verdaderos seguidores y él mismo, sino también con el Padre. Al llevar mucho fruto, ellos glorificarán al Padre de él. Jesús aconseja: “Así como me ha amado el Padre y yo los he amado a ustedes, permanezcan en mi amor” (15:9).
33 ¡Cuán fervientemente ora entonces a Jehová para que todos estos amados, y también ‘los que pongan fe en él mediante la palabra de ellos’, sean uno con su Padre y con él mismo, santificados por la palabra de la verdad! En realidad, todo el propósito del ministerio de Jesús queda maravillosamente expresado en las palabras finales de esa oración hecha a su Padre: “Yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos, y yo en unión con ellos” (17:20, 26).
34 Aunque Jesús dejaba a sus discípulos en el mundo, no los dejaría sin ayudante, “el espíritu de la verdad”. Además, les dio consejos oportunos sobre su relación con el mundo y les mostró cómo vencer como “hijos de la luz” (14:16, 17; 3:19-21; 12:36). “Si permanecen en mi palabra, verdaderamente son mis discípulos —dijo Jesús—, y conocerán la verdad, y la verdad los libertará.” Por contraste, a los hijos de la oscuridad dijo: “Ustedes proceden de su padre el Diablo, y quieren hacer los deseos de su padre. [...] [Él] no permaneció firme en la verdad, porque la verdad no está en él”. Resolvámonos, pues, a estar siempre firmes en la verdad, sí, a ‘adorar al Padre con espíritu y con verdad’, y derivar fuerzas de las palabras de Jesús: “¡Cobren ánimo!, yo he vencido al mundo” (8:31, 32, 44; 4:23; 16:33).
35 Todo esto está relacionado, además, con el Reino de Dios. Jesús declaró cuando se le enjuiciaba: “Mi reino no es parte de este mundo. Si mi reino fuera parte de este mundo, mis servidores habrían peleado para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero, como es el caso, mi reino no es de esta fuente”. Entonces, en respuesta a la pregunta de Pilato, dijo: “Tú mismo dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio acerca de la verdad. Todo el que está de parte de la verdad escucha mi voz” (18:36, 37). Ciertamente son felices los que escuchan y ‘nacen de nuevo’ para “entrar en el reino de Dios” en unión con el Rey. Felices son las “otras ovejas” que escuchan la voz de este Pastor-Rey y obtienen la vida. En realidad, hay motivo para agradecer la provisión del Evangelio de Juan, pues fue escrito “para que ustedes crean que Jesús es el Cristo el Hijo de Dios, y que, a causa de creer, tengan vida por medio de su nombre” (3:3, 5; 10:16; 20:31).
[Notas a pie de página]
The Ecclesiastical History, Eusebio, V, VIII, 4.
Perspicacia para comprender las Escrituras, volumen 1, página 323.
Perspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2, página 85.
[Preguntas del estudio]
1. ¿Qué muestran las Escrituras respecto a la estrecha asociación de Juan con Jesús?
2. ¿Cómo se equipó y activó a Juan para que escribiera su Evangelio, y con qué propósito?
3, 4. ¿Qué prueba externa e interna hay: a) de la canonicidad del Evangelio, y b) de que Juan fue el escritor?
5. Según se cree, ¿cuándo escribió Juan su Evangelio?
6. ¿Qué prueba hay de que el Evangelio de Juan se escribió fuera de Palestina, en Éfeso o cerca de tal ciudad?
7. ¿Qué importancia tiene el Papiro Rylands 457?
8. a) ¿Qué es notable en la introducción del Evangelio de Juan? b) ¿Qué prueba da este Evangelio de que el ministerio de Jesús duró tres años y medio?
9. ¿Qué muestra que el Evangelio de Juan es suplementario? Sin embargo, ¿completa todos los detalles del ministerio de Jesús?
10. ¿Qué dice Juan acerca de “la Palabra”?
11. ¿Como qué identifica Juan el Bautizante a Jesús, y como qué aceptan los discípulos de Juan a Jesús?
12. a) ¿Cuál es el primer milagro de Jesús? b) ¿Qué hace cuando está en Jerusalén para la primera Pascua durante su ministerio?
13. a) Como lo muestra Jesús, ¿qué se necesita para obtener la vida? b) ¿Qué dice Juan el Bautizante de sí mismo con relación a Jesús?
14. ¿Qué le explica Jesús a la samaritana en Sicar, y qué resultado tiene su predicación allí?
15. ¿De qué acusan a Jesús en Jerusalén, pero cómo responde él a sus críticos?
16. a) ¿Qué enseña Jesús acerca del alimento y la vida? b) ¿Cómo expresa Pedro la convicción de los apóstoles?
17. ¿Qué efecto tiene el que Jesús enseñe en el templo en la fiesta de los Tabernáculos?
18. ¿Qué oposición presentan los judíos a Jesús, y cómo responde él?
19. a) ¿Qué dice Jesús sobre su relación con su Padre y su propio interés en sus ovejas? b) ¿Cómo responde a los judíos cuando lo amenazan?
20. a) ¿Qué milagro sobresaliente ejecuta después Jesús? b) ¿A qué lleva esto?
21. a) ¿Cómo responden la gente y los fariseos a la entrada de Jesús en Jerusalén? b) ¿Qué ilustración da Jesús respecto a su muerte y el propósito de esta, y a qué insta a sus oyentes?
22. ¿Qué ejemplo da Jesús en la cena pascual, y qué nuevo mandamiento da?
23. Como consuelo, ¿qué esperanza y qué ayudante prometido considera Jesús?
24. ¿Qué dice Jesús sobre la relación de los apóstoles con él y con el Padre, y qué bendiciones les vienen a ellos de esa relación?
25. a) ¿Qué reconoce Jesús en oración a su Padre? b) ¿Qué pide respecto a sí mismo, a sus discípulos y a los que han de ejercer fe por la palabra de ellos?
26. ¿Qué dice el relato sobre el arresto y juicio de Jesús?
27. a) ¿Qué preguntas hace Pilato sobre el puesto de rey y la autoridad, y qué dice Jesús? b) ¿Qué postura adoptan en cuanto al puesto de rey los judíos?
28. ¿Qué sucede en Gólgota, y qué profecías se cumplen allí?
29. a) ¿En qué ocasiones se aparece Jesús a sus discípulos después de su resurrección? b) ¿Qué puntos comunica Jesús en sus comentarios finales a Pedro?
30. ¿Cómo recalca Juan en especial la cualidad del amor?
31. ¿Qué relación se destaca a través del Evangelio de Juan, y cómo culmina su expresión?
32. ¿Mediante qué expresiones muestra Jesús su propia relación con sus discípulos y que él es el único conducto por el cual vienen a la humanidad las bendiciones de la vida?
33. ¿Qué propósito de su ministerio expresa Jesús en oración?
34. ¿Qué consejo provechoso dio Jesús sobre cómo vencer al mundo?
35. a) ¿Qué testimonio da Jesús respecto al Reino de Dios? b) ¿Por qué da motivo para felicidad y agradecimiento el Evangelio de Juan?