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Thursday, May 29, 2014

Premian a Silvio Rodríguez:

Noticias


Recibe Silvio Rodríguez premio Barnasants 2014


22 de mayo del 2014

Por: Mónica Rivero
Fuente: Cubadebate
Fotos: Ladyrene Pérez

Silvio Rodríguez fue honrado con el premio Barnasants 2014, que le entregó en los Estudios Ojalá Pere Camps, creador de este festival de canción de autor (de los más importantes de Europa) en 1996 y su director desde entonces.
Camps declaró que el reconocimiento obedece al hecho de que Silvio es “alguien que toma las palabras, las trabaja como si fuera una argamasa y nos las devuelve en canciones”, que hablan sobre nuestros “amores, desamores, esperanzas, libertades, igualdades, y contradicciones sin las cuales el mundo no avanzaría. Por esto y por muchísimo más”.
Hizo entrega de una serigrafía con el lema del Barnasants, en catalán, cuya traducción es: La patria es el pueblo.
“El lema es maravilloso”, comentó Silvio, quien además se refirió al festival Barnasants como “uno de los escasísimos festivales que hay en el mundo que se dedican a mantener viva la canción de autor, desde punto de vista cultural y del compromiso”.
Aseguró recibir el premio “con el mismo sentimiento de honor” con que una vez recibió, en 1985, “una guitarrita que me dieron en el festival Tenco (de Sanremo). Creo que son festivales muy hermanados porque ambos son pobres, de gente honesta y que ama la cultura y la gente. El que pida más, como decía un amigo mío, es un goloso”.
En breve intercambio con la prensa, ambas figuras se refirieron a la reciente divulgación del video de Ojos color de sol, tema musical de Silvio Rodríguez y Calle 13.
El trovador cubano estima que la banda portorriqueña es “una vanguardia juvenil dentro de la canción. Es un privilegio que jóvenes tan prestigiosos llamen a un viejito como yo a grabar”, bromeó antes de concluir: “Me siento muy agradecido”.
Se les preguntó en torno a la reciente carta abierta de personalidades estadounidenses de diverso tipo dirigida al presidente Obama en petición de relanzar las relaciones con Cuba. Silvio confesó que no tiene “ninguna fe en que Obama cambie nada. Me gustaría que se atreviera a hacerlo, pero no tengo fe”.
En cuanto a la posibilidad de aumentar el alcance de Barnasants a nivel internacional, Camps explicó que el festival enfrenta una situación compleja en términos de medios y recursos. “Barnasants ha resistido porque siempre ha funcionado como una guerrilla cultural (…) trabajando en red. Si aplicáramos un criterio comercial eso no sería posible”.
“En estos momentos los recortes que recibe el festival por parte de España son el 60% de lo que recibía, en 3 años, y de Cataluña, el 30%”, enfatizó Camps, quien además agradeció la complicidad de muchos artistas para continuar llevando adelante este proyecto cultural.
El festival Barnasants nació en el barrio de Sants, Cataluña, y se concibió como un ciclo de resistencia de la canción de autor. Su relación con Cuba ostenta una notable trayectoria.
Su edición de 2008 fue clausurada en La Habana. En 2012 se celebraba en esta capital un concierto especial de la mallorquina María del Mar Bonet, y en 2014 edita el disco “Vicente Feliú al Barnasants”, primer fonograma que realizan con un artista que no pertenece al ámbito de los Países Catalanes. Además, Pere Camps dio a conocer que la edición del festival correspondiente a 2015 se celebrará en Cuba.
Recientemente, Barnasants ha sido honrado con el Premio Nacional de Cultura de Cataluña 2013 y la Medalla de Honor de la Ciudad de Barcelona 2013.

José Martí, escritor clásico:

martes, 27 de mayo de 2014

José Martí, escritor clásico

Por Roberto Fernández Retamar

Martí, por José Luis Fariñas
Los poetas y trágicos griegos, Virgilio, Dante, Shakespeare, Cervantes, Goethe, Hugo, Tolstoy se cuentan entre los pariguales de José Martí. Ellos, y otros de su estirpe, son escritores de todos los tiempos, habiéndolo sido a cabalidad de sus tiempos respectivos. Es curiosa la observación de Marx a propósito del arte de la Grecia antigua: que lo singular no es que naciera de sus circunstancias, como hizo, sino que se lo siguiera admirando mucho tiempo después de desaparecidas esas circunstancias.

Es lo propio de los llamados clásicos. Estamos a más de un siglo de la muerte de Martí, y ya es dable reconocerlo como un clásico de la literatura. Mucho se ha escrito sobre la condición de “clásico”, que por supuesto implica la sobrevivencia de ciertas creaciones. Y Borges (quien al parecer, por desgracia, no leyó a Martí) opinó que clásica es una obra que los receptores persisten en admirar generación tras generación. Lo que, en el caso de Martí como escritor, lleva a recordar que muchos de sus primeros y cálidos comentaristas no fueron cubanos. Se sabe bien, por ejemplo, lo que opinaron sobre su escritura hombres como el argentino Domingo Faustino Sarmiento y el nicaragüense Rubén Darío. El primero, en 1887, al ir a cumplir Martí 34 años, escribió:

En español, nada hay que se parezca a la salida de bramidos de Martí, y después de Victor Hugo nada presenta la Francia de esta resonancia de metal […] Deseo que le llegue a Martí este homenaje de mi admiración por su talento descriptivo y su estilo de Goya, el pintor español de los grandes borrones con que habría descrito el caos.

Y al año siguiente, 1888 (es decir, el de la aparición de Azul…), Darío escribió que Martí escribe, a nuestro modo de juzgar, más brillantemente que ninguno de España o de América […] porque fotografía y esculpe en la lengua, pinta o cuaja la idea, cristaliza el verbo en la letra, y su pensamiento es un relámpago y su palabra un tímpano o una lámina de plata o un estampido.

Se conoce también la admiración que sentían por la obra martiana otros hispanoamericanos. En contraste con esos criterios, sorprenden la incomprensión y la ignorancia de la faena literaria martiana en Cuba mientras él vivió. Su extraordinaria oratoria no interesó a Manuel Sanguily, y un poeta de la relevancia de Julián del Casal desconoció la obra de aquel a quien su amigo Darío llamaba Maestro, el cual, en cambio, dedicó al autor de Nieve un penetrante obituario. Raúl Hernández Novás escribiría un hermoso poema intertextual sobre los vínculos que hubieron debido existir entre Martí y Casal.

Tras la muerte de Martí y la instauración en 1902 de la República neocolonial en Cuba, él sería asumido como héroe nacional, sobre todo a partir de la tercera década del siglo XX. Pero su labor literaria no encontraría en su patria, durante muchos años, la comprensión merecida. Singularmente, el primer libro dedicado a su obra literaria (Martí escritor) se debió al mexicanoAndrés Iduarte, y apareció en México en 1945, a medio siglo de la muerte de Martí. Y hasta entonces, y aun algo después, con raras excepciones como la deJuan Marinello, los grandes escritores que abordaron la obra literaria martiana no eran cubanos. Debe añadirse que la tarea política de Martí sí encontró estudiosos cubanos de valía, como lo prueban, entre otras obras, el ensayo fundador que le dedicara Julio Antonio Mella en 1926, y el libro de Leonardo Griñán Peralta Martí, líder político (La Habana, 1943), tan valioso en lo suyo como el de Iduarte en lo literario.

En las últimas décadas, grandes escritores cubanos como Cintio Vitier y Fina García Marruz se sumaron a sus colegas de otras tierras que han estudiado con acierto la escritura literaria de Martí. Y aquí debo mencionar un hecho notable: y es que una mañana de México el gran escritor colombiano Gabriel García Márquez me confesó que estaba leyendo a Martí con inmensa admiración. Lástima que el fabulador de Macondo, recientemente fallecido, no haya escrito, que yo sepa, sobre el hecho.

Entregado desde sus primeros años a urgencias políticas y morales que lo llevarían al presidio, el destierro, la conspiración, la organización partidaria, y finalmente la muerte en combate, lo que Martí llamaba su «papelería» conoció una existencia bien azarosa. Baste recordar que Martí solo publicó dos cuadernos de versos (Ismaelillo y Versos sencillos) y unos cuantos más casi siempre políticos, en ediciones fuera de comercio. El resto quedó disperso en numerosos periódicos y revistas, en cartas, en diarios y apuntes íntimos, en otros textos inéditos, en discursos con frecuencia improvisados y perdidos para siempre. Sin embargo, quien así desatendió la difusión de sus creaciones verbales fue considerado por el mexicano Alfonso Reyes, en su exigente El deslinde (1944), “supremo varón literario”, y más tarde “la más pasmosa organización literaria”, mientras en 1951 el español Guillermo Díaz-Plaja llamó a Martí «el primer “creador” de prosa que ha tenido el mundo hispánico», ratificando así ambos, a mediados del siglo XX, lo que a finales del siglo XIX habían proclamado Sarmiento y Darío.

En 1900, cinco años después de la muerte de Martí, empezó a publicarse, por su exsecretario y albacea Gonzalo de Quesada y Aróstegui, la inicial edición de sus obras. Entre ellas vio la luz por primera vez en forma de libro, en 1905, La Edad de Oro, el mejor ejemplo en nuestra lengua de literatura para niños y jóvenes, que volvería a ser publicado muchas veces. En 1911 apareció una novela: Amistad funesta (o Lucía Jerez), que Martí diera a conocer en 1885, por entregas y con seudónimo. Esa novela comenzó a ser apreciada a partir de 1953, cuando el argentino Enrique Anderson Imbert le dedicó un agudo trabajo. En 1913, también en dicha edición, apareció, junto a sus dos cuadernos de versos mencionados, una tercera colección poética suya (Versos libres) que él había mantenido inédita. Volveré a mencionar dicho volumen. Más allá de tales obras, hubo que esperar a 1941 para que viera la luz el Diario de campaña de Martí.

En 1980, el nicaragüense Ernesto Mejía Sánchez pudo revelar una treintena de crónicas martianas destinadas al periódico mexicano El Partido Liberal que no habían sido recogidas en sus llamadas Obras completas. Distintas publicaciones, y en especial el Anuario del Centro de Estudios Martianos, suelen dar a conocer textos de esa índole. La primera edición crítica de las obras realmente completas de Martí empezó a aparecer en 1983, la edición crítica de su poesía completa vino a publicarse en 1985, y la de su Epistolario en 1993.

El grueso de la obra literaria martiana la constituyen los trabajos periodísticos que escribió desde su estancia mexicana, y en particular cuando estuvo radicado en los EE.UU. A tal punto dichos trabajos son abundantes y regios que un estudioso tan exigente como el dominicano Pedro Henríquez Ureña pudo escribir: “Su obra [la de Martí] es, pues, periodismo, pero periodismo elevado a un nivel artístico como jamás se ha visto en español, ni probablemente en ningún otro idioma”.

No siempre se ha aceptado el altísimo valor literario del periodismo martiano. Por ejemplo, el español Federico de Onís, a quien se deben páginas felices sobre el cubano, dijo sin embargo que la “vida atormentada [de Martí] no le permitió la concentración y la quietud necesarias para escribir obras de gran aliento, y la mayor parte de su producción tuvo que ser periodística y de ocasión”. En contraste con este criterio erróneo, García Marruz sostuvo que, inmerso Martí en la dinámica de la vida estadounidense, se produjo en él “la sustitución de una literatura libresca por una literatura periodística, atenta a la vibración del instante. Lo habitualmente tenido por “prosaico” es para él la nueva poesía moderna, la épica nueva y el taller formidable”. Y la venezolana Susana Rotker vio en el periodismo martiano la fundación de la nueva escritura de Hispanoamérica.

La variedad de los trabajos periodísticos de Martí es enorme. Hay entre ellos ensayos a la vez poemáticos y sociopolíticos, como “Nuestra América”; artículos de fondo, como los enderezados a combatir a los congresos panamericanos; críticas, como las consagradas a Flaubert, Pushkin, Wilde, los pintores impresionistas franceses, Whitman, Heredia, Twain, Casal; etopeyas, como las de Cecilio Acosta, Emerson, Jesse James, Wendell Phillips, Grant, Lucy Parsons, Céspedes y Agramonte, San Martín, Bolívar, Gómez, Maceo; crónicas, como las dedicadas al centenario de Calderón, Coney Island, Karl Marx en su muerte, el puente de Brooklyn, el terremoto de Charleston, la estatua de la Libertad, la guerra social en Chicago, el asesinato de los italianos. Cercanas a algunas de esas páginas, pero a la vez separadas de ellas por la total inmediatez de sus vivencias, están los testimonios de aquellos hechos de los que Martí fue protagonista, como El presidio político en Cuba (1871) y sus diarios, en especial el sobrecogedor Diario de campaña (1895).

Martí prestó atención también a sus discursos, con los que se emparientan, interiorizándolos, sus cartas. Ya mencioné que los discursos martianos no fueron apreciados por sus coetáneos de Cuba. Pero en cambio estremecieron a quienes los escucharon en el exilio estadunidense, sobre todo los trabajadores. Ese estremecimiento, y que para lograrlo jamás accediera Martí a darle un tinte populista a su palabra, se encuentran, sin duda, entre las más nobles y perdurables lecciones de la cultura de nuestra América.

Las fascinantes cartas de Martí equivalen a sus discursos más íntimos(más conversados, más conmovedores). Y si ellas están estructuralmente emparentadas con sus discursos, no lo están menos con muchos de sus trabajos periodísticos, escritos en forma de cartas. Creo que en el siglo XX solo un hispanoamericano me ha deslumbrado como Martí con sus cartas: Julio Cortázar, cuyo epistolario abarca cinco nutridos volúmenes.
Si la prosa de Martí tuvo durante su vida una difusión considerable (una veintena de periódicos americanos de lengua española llegó a publicar sus colaboraciones), muy otro fue el destino de sus versos. Solo publicó los dos cuadernos de versos mencionados, en ediciones restringidas, que apenas circularon, lo que contribuyó a que no se conozca crítica alguna aparecida en el siglo XIX sobre ellos. Apenas ha quedado constancia de que el colombiano Baldomero Sanín Cano dijera que su compatriota José Asunción Silva apreciaba en alto grado Ismaelillo. Ni siquiera Darío, en el hermosísimo treno que consagró en La Nación a Martí tras su caída en combate en 1895 y recogió al año siguiente en Los raros, advirtió entonces, como confesaría más tarde, la importancia de los Versos sencillos, a pesar de nombrarlos allí. Hubo que esperar a 1913, cuando apareció en La Habana el tomo XI de las primeras Obras ya nombradas, para que comenzara la recepción de sus versos (de modo similar, puede decirse que solo entrado el siglo XX su pensamiento fue interpretado en toda su hondura). Aquel volumen contenía los dos títulos ya aludidos y además una selección del libro suyo que había permanecido inédito: Versos libres. En su carta a Quesada de primero de abril de 1895, considerada con razón su testamento literario, Martí había diseñado tal conjunto: “de versos podría hacer otro volumen: Ismaelillo, Versos sencillos y lo más cuidado o significativo de unos Versos libres”.

En contraste con el silencio crítico que acompañó a la aparición primera de Ismaelillo y Versos sencillos, este tomo de 1913 encontró comentaristas superiores. El primero, una vez más, Darío, quien ese mismo año consagró en La Nación cuatro artículos fundamentales a “José Martí, poeta”. Otro comentarista privilegiado del volumen de 1913, concretamente de Versos libres, fue el español Miguel de Unamuno. También gracias a esa edición se familiarizó con los versos martianos la chilena Gabriela Mistral, quien después escribiría luminosamente sobre ellos, sobre todo los sencillos, y llamaría a su autor “el maestro americano más ostensible en mi obra”. Se había iniciado un reconocimiento de los versos martianos que no haría sino crecer, y del que han participado protagonistas de la literatura de nuestra lengua como el español Juan Ramón Jiménez, los cubanos Juan Marinello, Cintio Vitier y Fina García Marruz o el uruguayo Ángel Rama. Incluso el mexicano Octavio Paz, quien hasta finales de la década de 1960 desconocía la poesía (la obra) de Martí, según carta suya de 15 de marzo de 1968 a Vitier, dedicó algunas líneas entusiastas al poema martiano “Dos patrias” en Los hijos del limo […] (1974), y postuló allí que en tal poema Martí “anuncia […] a la poesía contemporánea”. Más lejos fue Rama, cuando en 1983 situó a “José Martí en el eje de la modernización poética: Whitman, Lautreamont. Rimbaud”.

Según confesión suya, Martí comenzó a escribir sus Versos libres en 1878, quizá durante su estancia en Guatemala, y para la fecha de aparición de Ismaelillo (1882) ya les había dado una primera ordenación. Ello se colige de carta que el 16 de septiembre de ese año enviara a su confidente mexicano Manuel A. Mercado. Allí le hablaba de todo un cuaderno de nuevas cosas mías, más encrespadas y rebeldes que cuanto he sacado de la mente al papel, y cuyas cosas iba a enviarle, y le enviaré, porque V. haga de juez secreto, como hermano de su hermano, y me diga si cree que he hallado al fin el molde natural, desembarazado e imponente, para poner en verso mis revueltos y fieros pensamientos.

Al no publicarlos Martí en aquella ocasión (¿por consejo de Mercado?), siguió añadiéndoles durante años poemas, todos o casi todos escritos en Nueva York, y al cabo los dejó inéditos. En el prólogo que hizo para ellos, explicó: “Amo las sonoridades difíciles, el verso escultórico, vibrante como la porcelana, volador como un ave, ardiente y arrollador como una lengua de lava”. Tras leerlos, exclamó Unamuno: “mi espíritu vibraba por la recia sacudida de aquellos ritmos selváticos, de selva brava […] La oscuridad, la confusión, el desorden mismo de aquellos versos libres nos encantaron”. Y como anunciando su propio Cristo de Velázquez (1920), tan martiano, añadió: “Tengo la convicción estética de que para escribir un largo poema, el metro más acomodado hoy en castellano es el endecasílabo libre”. Años después dijo Vitier de losVersos libres: “La fuerza irruptora de esta poesía, lo que pudiera llamarse su pathos volcánico, no tiene quizás paralelo en la lengua española […] Con este libro nos sentimos ante el chisporrotear y el crepitar del verso en su horno”.

Ismaelillo lo escribió Martí alejado de su hijo, a quien lo dedicara, en Caracas, en 1881: ha podido afirmarse que en aquella circunstancia su obra literaria alcanzó una primera maduración. En cuanto a los autobiográficos Versos sencillos (numerados, como ocurrirá después en Trilce, no titulados, y que según García Marruz deben leerse como un solo poema), los hizo en agosto de 1890 en los montes Catskill, al norte de Nueva York, ciudad donde vivía su doloroso destierro: el médico lo había echado allí, enfermo por las angustias que padeció durante la primera conferencia panamericana, celebrada en Washington entre 1889 y 1890, como explicó al frente del libro, donde también dijo: “amo la sencillez, y creo en la necesidad de poner el sentimiento en formas llanas y sinceras”. Vale la pena llamar la atención sobre los prólogos a sus libros de versos. No se han escrito sobre ellos palabras más exactas y más complejas (“amo las sonoridades difíciles”, “amo la sencillez”), ni más bellas.

En general, en su labor en verso se aprecian dos vertientes. Martí parece referirse a ellas cuando en el prólogo de los Versos sencillos afirma: “A veces ruge el mar, y revienta la ola, en la noche negra, contra las rocas del castillo ensangrentado: a veces susurra la abeja, merodeando entre las flores”. Aunque también es posible que para él esa dualidad atraviese todos sus versos de madurez, una interpretación de tal cita permite mirar, por una parte, a sus Versos libres; por otra, a los versos de Ismaelillo, La Edad de Oro y Versos sencillos.

En un extremo, una palabra agónica, nacida en gran parte del choque con la ciudad tremenda (como iba a ocurrirle al Federico García Lorca de Poeta en Nueva York), cuyos versos libres, no ajenos a Whitman, a quien dio a conocer en español, ni a tumultuosas “escenas norteamericanas” propias, lo son mucho más por el fuego que los convulsiona y hace encabalgar que por el mero hecho de ser endecasílabos sin rima. En otro extremo, una conquistada serenidad, en que las rápidas visiones que debemos a poetas de la estirpe de Rimbaud entran, iluminando, en formas de la poesía popular como villancicos, coplas y décimas: estas últimas, por lo general, truncas. Tales poemas, en especial los de los Versos sencillos, escritos en octosílabos, dan voz a una tradición americana de raíz española aún viva entre payadores rioplatenses y decimistas caribeños. Cuando aquellos fueron cantados, se les hizo regresar con música al venero popular, oral, de donde en gran medida procedían. Pues si a primera vista puede no ser evidente, el oído revela que, al igual que en sus discursos, Martí, a la vez que asimila herencias renacentistas y barrocas e incorporan lo más audaz de las letras de su época en varios idiomas, también hace entroncar buena parte de sus versos con la literatura oral del hombre americano libre y sencillo: fundador de un pueblo nuevo, como Ismael. Por algo el libro que dedicó a su hijo, llamado como él José, lo tituló Ismaelillo.

Décadas antes de que, popularizando gracias a Pete Seeger una intuición del músico Julián Orbón, los Versos sencillos recorrieran el mundo como letra de La guantanamera (cuya melodía, según Alejo Carpentier, es la de un romance traído a América por los conquistadores), Gabriela Mistral había observado sagazmente: “Yo me oigo en coplas la mayor parte de los Versos sencillos, habiendo en ellos tanta vida profunda y tanta cosa trascendente […] Parecen versos de tonada chilena, de habanera cubana, de canción de México, y se nos vienen a la boca espontáneamente”. En cuanto al adjetivo con que Martí nombró su pequeño gran libro final, y que tanta confusión ha provocado en comentaristas superficiales, Rubén Darío explicó: “La sencillez de Martí es de las cosas más difíciles, pues a ella no se llega sin potente dominio del verso y muchos conocimientos”. Lo que complementó Gabriela al decir:

La sencillez de Martí parece ser aquella en la que se disuelve, por una operación del alma que carece de receta, una experiencia grande del mundo, un buceo de la vida en cuatro dimensiones. […] Este sencillo nada tiene de simple […] La sencillez de Martí viene ya hecha de las honduras del ser; él no la logra desde afuera, no la confecciona como hacen los que deciden ser sencillos.

Como se habrá observado, al hablar de la obra literaria de Martí no he considerado necesario subrayar el aspecto de servicio (“ancilar” hubiera dicho Alfonso Reyes) de esa obra. Y es que en Martí no existió tal dualidad. Su faena verbal fue siempre pura y siempre de servicio. Se conoce sobradamente que fue un revolucionario político de los más radicales, y que su política estaba atravesada por anhelos trascendentes. Inicié estas palabras mencionando a algunos grandísimos escritores como la familia natural de Martí en lo que toca a las letras. Debo confesar que estuve tentado de emparentarlo también con los autores de obras como la Biblia, el Corán y el Popol Vuh.

Sabemos mucho de Martí, pero estoy convencido de que aún nos queda por saber mucho más sobre él. Como se me ha pedido leer estas palabras a propósito de “Martí, escritor de todos los tiempos”, quise enfatizar su condición de clásico de las letras. Pero bien sabemos que es también otras cosas. Al concluir sus artículos sobre la poesía de Martí escribió memorablemente Rubén Darío en 1913: “Y yo admiro —recordando al varón puro y al dulce amigo— aquel cerebro cósmico, aquella vasta alma, aquel concentrado y humano universo, que lo tuvo todo: la acción y el ensueño, el ideal y la vida, y una épica muerte, y, en su América, una segura inmortalidad”.

Intervención especial en la clausura del Coloquio Internacional “José Martí, escritor de todos los tiempos”, organizado por el Centro de Estudios Martianos, La Habana, 16 de mayo de 2014.
Fuentehttp://www.lajiribilla.cu/articulo/7772/jose-marti-escritor-clasico
Tomado de Segunda Cita de Silvio Rodríguez.

Anocheciendo en Boise:


Preparándome para la reunión cristiana:


Cánticos Bíblicos:


Examinando las Escrituras diariamente 2014:

Jueves 29 de mayo
Una palabra a su tiempo apropiado, ¡oh, cuán buena es! (Prov. 15:23.)
Los ancianos de la actualidad valoran la importancia de expresar con palabras el aprecio que sienten por sus hermanos (Prov. 3:27). Cuando lo hacen, es como si les dijeran: “Me fijé en lo que hiciste porque me intereso por ti”. No cabe duda, nuestros hermanos necesitan que los ancianos les digan palabras de ánimo. Este comentario de una cristiana de unos 55 años expresa lo que muchos opinan: “En el trabajo es raro que alguien te dé una palmadita en el hombro. El ambiente es frío y competitivo. Por eso me siento tan contenta cuando un anciano me dice que valora lo que hago en la congregación. ¡Me da muchas fuerzas! Para mí, es una muestra del amor de mi Padre celestial”. Hace poco, un hermano que recibió de un anciano unas bonitas palabras de ánimo dijo: “Sus palabras fueron una inyección de ánimo para mí”. Así es, los elogios sinceros de un anciano levantan el ánimo y aumentan el gozo de los hermanos. Y como resultado, estos tienen más fuerzas para seguir andando por el camino de la vida sin cansarse (Is. 40:31). w13 15/1 5:9
 
Miércoles 28 de mayo
Sigan absteniéndose de los deseos carnales (1 Ped. 2:11).
Hay deseos que no son incorrectos, siempre y cuando se satisfagan de acuerdo con las normas divinas. Por ejemplo, es normal que uno desee disfrutar de deliciosos alimentos y bebidas, realizar actividades amenas y pasar buenos ratos con los amigos. Y si uno está casado, no hay nada de malo en que satisfaga con su cónyuge los deseos sexuales (1 Cor. 7:3-5). No obstante, al hablar de “los deseos carnales”, Pedro se refería específicamente a aquellos que “llevan a cabo un conflicto en contra del alma”. Por eso, algunas versiones bíblicas utilizan la expresión “malos deseos” y “deseos pecaminosos” (Nueva Biblia al Día; Reina-Valera Contemporánea). No hay duda de que es muy importante que el cristiano domine cualquier deseo que vaya en contra de la voluntad de Dios y que pueda poner en peligro su relación con él. Si no, podría perder toda esperanza de conservar viva el alma. w12 15/12 3:8, 9
26 de mayo Lectura de la Biblia: Éxodo 34 a 37
Núm. 1: Éxodo 34:1-16
Núm. 2: ¿Por qué no se eliminó toda restricción moral cuando los Diez Mandamientos fueron abolidos? (rs pág. 337 párr. 3–pág. 338 párr. 1)
Núm. 3: Abrahán. La abundancia de bendiciones no debe volver orgulloso al siervo de Dios (it-1 pág. 32 párr. 1–pág. 33 párr. 3)
26 DE MAYO DE 2014–1 DE JUNIO DE 2014
PÁGINA 25 • CÁNTICOS: 134 Y 29
26 DE MAYO DE 2014–1 DE JUNIO DE 2014
PÁGINA 21 • CÁNTICOS 134 Y 29

Adoración en Familia:

IDEAS PARA LA ADORACIÓN EN FAMILIA
Guía para los padres: Use estas actividades para estudiar la Biblia con su familia.

Santas Escrituras:

Se nos ha confiado la traducción de las sagradas declaraciones de Dios (Romanos 3:2)

Las enseñanzas de Dios se pueden hallar en muchas traducciones de la Biblia, y los testigos de Jehová han usado un buen número de ellas por más de cien años. Entonces, ¿por qué emprendieron la tarea de traducir la Biblia? ¿Cuáles han sido los resultados? Descúbralo en este video.

Descargue un video Verlo en www.jw.org/es


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Se nos ha confiado la traducción de las sagradas declaraciones de Dios (Romanos 3:2)240p360p480p720p
 

Videojuegos:

LOS JÓVENES PREGUNTAN

¿Lo sé todo sobre los videojuegos?

 ¿Qué contestarías?

Tal vez sepas que en Estados Unidos la industria de los juegos electrónicos mueve miles de millones de dólares. Pero ¿sabías lo siguiente?
  1. ¿Cuál es la edad promedio de los jugadores de ese país?
    1. 18
    2. 30
  2. ¿Qué porcentaje son varones, y qué porcentaje son mujeres?
    1. El 55% son varones y el 45% son mujeres.
    2. El 15% son varones y el 85% son mujeres.
  3. ¿Cuál de los siguientes dos grupos de jugadores es mayor?
    1. El de las mujeres de 18 años o más
    2. El de los varones de 17 años o menos
Respuestas (según datos del 2013):
  1. B. 30.
  2. A. El 45% de los jugadores son mujeres, casi la mitad del total.
  3. A. A. El 31% de los jugadores son mujeres de 18 años o más, mientras que el 19% son varones de 17 años o menos.
Eso te da una idea de quiénes son los jugadores. Ahora bien, ¿sabes cuáles son los pros y los contras de los videojuegos?

 Los pros

¿Con cuáles de estos comentarios estás de acuerdo?
  • “Para mí, jugar videojuegos es una manera divertida de pasar tiempo con mi familia y mis amigos. Nos une más.” (Irene)
  • “Los videojuegos te ayudan a desconectarte de la realidad.” (Annette)
  • “Mejoran tus reflejos.” (Christopher)
  • “Te enseñan a encontrar soluciones.” (Amy)
  • “Ejercitan tu mente y te obligan a pensar, a idear planes y estrategias.” (Anthony)
  • “Algunos fomentan el trabajo en equipo.” (Thomas)
  • “Hay juegos que te ayudan a estar en forma porque en ellos tienes que hacer ejercicio.” (Jael)
Tal vez estés de acuerdo con todas estas opiniones. Y es que muchos videojuegos pueden ayudarte física y mentalmente. Pero aun si tan solo sirvieran para “desconectarte de la realidad” —como dice Annette— y pasar el rato, eso no siempre es malo.
● La Biblia dice que “hay un tiempo para todo”, y eso incluye divertirse (Eclesiastés 3:1-4).

 Los contras

¿Te roban el tiempo?
“Una vez que empiezo a jugar, ya no puedo parar. Siempre digo: ‘Un nivel más’. Y se me van las horas sin darme cuenta.” (Annette)
“Los videojuegos te absorben. Te sientas horas y horas frente a la pantalla, y piensas que has logrado mucho porque has ganado cinco juegos; pero en verdad no has logrado nada.” (Serena)
Un chico sentado en la cama jugando un videojuego
Conclusión: Si pierdes dinero, lo puedes recuperar; pero el tiempo que pierdas no lo recuperarás. Por eso puede decirse que el tiempo vale más que el dinero. Así que no dejes que nada robe tu tiempo.
● La Biblia dice: “Compórtense con sensatez [...], aprovechando bien el tiempo” (Colosenses 4:5, El libro del Pueblo de Dios).
¿Pueden los videojuegos cambiar tu forma de ser?
“En los videojuegos, la gente comete sin ningún problema delitos que en la vida real se castigan con la cárcel o la pena de muerte.” (Seth)
“En muchos juegos tienes que vencer a tus enemigos para ganar. Eso a menudo significa matarlos de forma brutal.” (Annette)
“A veces, cuando juegas con tus amigos, acabas diciéndoles cosas feas como: ‘¡¡Muere!!’ o ‘¡¡Te maté!!’.” (Nathan)
Conclusión: Si ves que en un videojuego hay violencia, ocultismo o sexo, olvídate de él. Dios odia esas cosas (Gálatas 5:19-21; Efesios 5:10; 1 Juan 2:15, 16).
● La Biblia dice que Jehová “odia a cualquiera que ama la violencia”, no solo a las personas que actúan violentamente (Salmo 11:5). Es verdad que si te entretienes con videojuegos indebidos, no necesariamente llegarás a ser una mala persona. Pero ¿qué dice de ti el hecho de que ya te gusten esos juegos?
Piensa en esto: Cierto libro que habla sobre este tema dice: “Es muy probable que la influencia que tienen los videojuegos violentos en el comportamiento sea mayor que la que tiene la televisión. En la tele, uno ve lo que hace el héroe agresivo y sanguinario, pero en los videojuegos uno mismo es ese héroe. Y como jugando se aprende, uno aprende a ser violento” (Getting to Calm). Ve también lo que dice Isaías 2:4.

 De regreso al mundo real

Muchos jóvenes han aprendido a ser equilibrados con los videojuegos. Veamos dos ejemplos.
“Solía quedarme hasta las tantas jugando. Pensaba: ‘Con cinco horas que duerma... Un nivel más y ya’. Pero aprendí a fijar límites. Los videojuegos ya no son mi vida, solo un pasatiempo que practico de vez en cuando. Todo hay que hacerlo con moderación.” (Joseph)
“Ahora que no juego tanto, he logrado muchas cosas. Me he convertido en un mejor evangelizador, ayudo a mis compañeros cristianos y hasta he aprendido a tocar un instrumento. ¡Estoy descubriendo un mundo nuevo!” (David)
● La Biblia dice que para ser alguien maduro hay que ser “moderado en los hábitos” (1 Timoteo 3:2, 11). A las personas maduras les gusta divertirse, pero lo hacen con moderación, es decir, saben cuándo parar (Efesios 5:10).
Conclusión: Los juegos electrónicos pueden ser una buena diversión, siempre y cuando se mantengan en su debido lugar. No dejes que acaparen tu tiempo ni que te distraigan de las cosas más importantes de la vida. En vez de invertir tantas horas buscando la forma de ganar en el mundo virtual, inviértelas en encontrar la forma de triunfar en la vida real.

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