




Por: Diana M. Cantón.
Es un blog personal confeccionado con poemas, artículos, testimonios, cuentos, críticas y novelas de la Licenciada en Educación Diana Margarita Cantón Martínez ( Ruiz ) sobre la problemática social, familiar y personal de Cuba y los cubanos en un contexto histórico-concreto y universal. A veces incluye trabajos interesantes de otros, aunque no comparta totalmente lo expresado.







Julián Pérez PortoPor estas horas, los admiradores más fervientes de Antoine de Saint-Exupéryexperimentan una gran alegría porque, cuando nadie lo esperaba, se dio a conocer la noticia del hallazgo, en territorio francés, de cuatro fotografías hasta ahora desconocidas del escritor y aviador francés que dio origen a “El Principito”.
Las imágenes, que probablemente sean las últimas que se tomó el autor nacido en Lyonel 29 de junio de 1900, fueron encontradas por la familia de Raymond Duriez, uno de sus compañeros de combate, en Anjou, una localidad francesa ubicada al oeste del país.
Por su valor histórico y la importancia cultural de estos materiales que habían sido conservados por Duriez en una caja de cartón, quienes hallaron las instantáneas anónimas que parecen haber sido tomadas en la isla de Córcega, decidieron cederlas al Museo Regional del Aire de Angers.
Según trascendió, una de las fotos, en la que puede verse al también creador de “El aviador” y “Piloto de guerra” con ropa de vuelo y anteojos de sol sentado en la cabina de su avión P-38 Lightning, había aparecido en 1990 en“Icare” (una revista profesional de aviación), pero hasta ahora se desconocía el paradero del negativo original. Las restantes, reproduce el diario “Clarín”, permiten contemplar la figura de Saint-Exupéry en cercanías de un jeep y ver al escritor sentado junto a una mesa, de tertulia, y con un cigarrillo en su boca.
De acuerdo al análisis de François Blondeau, quien preside la asociación que opera el museo que atesora las imágenes, estas tomas que fueron identificadas por Monique Catta, una sobrina del autor, podrían ser de julio de 1944 ya que son posteriores a las que realizó John Phillips en mayo de ese mismo año.
Si bien este hallazgo no enriquece el legado literario de Saint-Exupéry, sí permite reavivar el interés social por la vida de este talentoso hombre que le regaló a la humanidad una de las obras más maravillosas de la literatura universal: “El Principito”.
Links relacionados:
http://alasdeplomo.com/antoine-de-saint-exupery
http://embusteria.blogspot.com/2010/06/antoine-de-saint-exupery-y-robert.html
Yo tenía 19 y él había muerto cien años antes. En la escuela, nos aterrábamos cuando en los exámenes de gramática ponían a analizar una de sus complejas oraciones. Nos habían repetido tantas veces que José Martí era el “autor intelectual del asalto al cuartel Moncada” que hasta lo imaginábamos de cuerpo presente en aquella madrugada de disparos y muertos. En las vallas políticas, sus sentencias –sacadas de contexto– ataviaban una ciudad sumida en las miserias del Período Especial. Recuerdo que ironizábamos con algunas de ellas, al estilo de “la pobreza pasa: lo que no pasa es la deshonra” que habíamos trasmutado en “la pobreza pasa, la que no pasa es la 174”, en alusión al autobús que conectaba el Vedado con La Víbora.
No faltaron los desinformados que culparon al Apóstol por lo que ocurría y durante los días de apagones y de poquísima comida le propinaban a sus bustos de yeso diversos castigos. La excesiva tergiversación del ideario martiano –readaptado según las conveniencias del poder– hizo que decenas de mis colegas de aula le dieran un portazo definitivo a su obra. Sólo un exiguo grupo de aquellos adolescentes nos mantuvimos leyendo su poesía de amor o sus versos libres, preservando así para nosotros otro Pepe, más humano, más cercano. Estaba yo por ese entonces en el Instituto Pedagógico que –como trampolín– me permitiría pasar a estudiar Filología o Periodismo, dos profesiones que él había ejercido magistralmente. Allí me presentaban a un señor de rostro enérgico al que había que adorar sin rebatir, definido oficialmente como el inspirador de lo que vivíamos.
En los días cercanos al aniversario cien de su muerte se me ocurrió redactar un pequeño editorial para el boletín que hacíamos varios estudiantes. Con el nombre de Letra a Letra, la publicación se armaba con poemas, análisis literarios y una sección dedicada a los gazapos lingüísticos que se escuchaban en los pasillos de la facultad de Español y Literatura. Escribí unas breves y apasionadas líneas donde decía que formábamos parte de “otra generación del centenario” a la que le correspondía salvar a la patria de “otros peligros”. Aquella pequeñísima transgresión de la norma instituida para interpretar al héroe nacional terminó con el cierre del modesto periódico y mi primer encuentro con “los muchachos del aparato”. Sólo ellos estaban capacitados para desentrañar y esgrimir su escritura, parecían querer decirme con aquella soterrada advertencia, pero yo sonreía para mis adentros: ya conocía otro Martí, más indomable, más rebelde.
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Nota: Este post intenté mandarlo ayer. pero no fue posible.



