
Es un blog personal confeccionado con poemas, artículos, testimonios, cuentos, críticas y novelas de la Licenciada en Educación Diana Margarita Cantón Martínez ( Ruiz ) sobre la problemática social, familiar y personal de Cuba y los cubanos en un contexto histórico-concreto y universal. A veces incluye trabajos interesantes de otros, aunque no comparta totalmente lo expresado.
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Friday, June 12, 2009
Cifrar la Esperanza en Dios:
Viernes 12 de junio
A los que son ricos en el presente sistema de cosas da órdenes de que no sean altaneros, y de que cifren su esperanza, no en las riquezas inseguras, sino en Dios, que nos proporciona todas las cosas ricamente para que disfrutemos de ellas (1 Tim. 6:17).
Cifrar nuestra esperanza en las riquezas no es una buena idea, ya que estas son “inseguras”. El patriarca Job, por ejemplo, era muy rico. Pero cuando las desgracias le sobrevinieron súbitamente, sus riquezas no le sirvieron de nada, pues lo perdió todo de la noche a la mañana. Más bien, fue su fuerte relación con Dios lo que lo sostuvo a través de todas sus pruebas y aflicciones (Job 1:1, 3, 20-22). Abrahán, por su parte, no dejó que sus numerosos bienes le impidieran aceptar una difícil comisión de Jehová. Y como recompensa, llegó a ser “padre de una muchedumbre de naciones” (Gén. 12:1, 4; 17:4-6). Ambos hombres —como muchos otros— son ejemplos dignos de imitar. Así pues, seamos jóvenes o mayores, todos debemos examinarnos para ver a qué concedemos verdadera importancia en nuestra vida y en qué ciframos nuestra esperanza (Efe. 5:10; Fili. 1:10).
A los que son ricos en el presente sistema de cosas da órdenes de que no sean altaneros, y de que cifren su esperanza, no en las riquezas inseguras, sino en Dios, que nos proporciona todas las cosas ricamente para que disfrutemos de ellas (1 Tim. 6:17).
Cifrar nuestra esperanza en las riquezas no es una buena idea, ya que estas son “inseguras”. El patriarca Job, por ejemplo, era muy rico. Pero cuando las desgracias le sobrevinieron súbitamente, sus riquezas no le sirvieron de nada, pues lo perdió todo de la noche a la mañana. Más bien, fue su fuerte relación con Dios lo que lo sostuvo a través de todas sus pruebas y aflicciones (Job 1:1, 3, 20-22). Abrahán, por su parte, no dejó que sus numerosos bienes le impidieran aceptar una difícil comisión de Jehová. Y como recompensa, llegó a ser “padre de una muchedumbre de naciones” (Gén. 12:1, 4; 17:4-6). Ambos hombres —como muchos otros— son ejemplos dignos de imitar. Así pues, seamos jóvenes o mayores, todos debemos examinarnos para ver a qué concedemos verdadera importancia en nuestra vida y en qué ciframos nuestra esperanza (Efe. 5:10; Fili. 1:10).
Thursday, June 11, 2009
El Ministerio de Tiempo Completo:
Jueves 11 de junio
La bendición de Jehová... eso es lo que enriquece, y él no añade dolor con ella (Pro. 10:22).
Una forma de cumplir con el propósito de Dios es emprendiendo el ministerio de tiempo completo. ¿Por qué no lo intenta? Si lo hace, le aguardan incontables bendiciones. Si sus circunstancias no se lo permiten por el momento, quizás pueda hacer algo para cambiarlas. Ore a Dios como hizo Nehemías cuando anhelaba emprender una importante misión: “Jehová, por favor, [...] otorga éxito a tu siervo” (Neh. 1:11). Luego, con plena confianza en el “Oidor de la oración”, actúe en armonía con su petición (Sal. 65:2). Recuerde: si quiere que Jehová bendiga sus esfuerzos por servirle más de lleno, usted tiene que haberse esforzado primero. Una vez que haya decidido emprender el ministerio de tiempo completo, no permita que nada lo detenga. Conforme vaya pasando el tiempo, irá adquiriendo experiencia y se sentirá cada vez más feliz. ¡Qué agradecido estará entonces de haber servido a Jehová y al prójimo y de haber vivido en total conformidad con el propósito de Dios! (Mat. 24:21; Rev. 7:14, 15.)
La bendición de Jehová... eso es lo que enriquece, y él no añade dolor con ella (Pro. 10:22).
Una forma de cumplir con el propósito de Dios es emprendiendo el ministerio de tiempo completo. ¿Por qué no lo intenta? Si lo hace, le aguardan incontables bendiciones. Si sus circunstancias no se lo permiten por el momento, quizás pueda hacer algo para cambiarlas. Ore a Dios como hizo Nehemías cuando anhelaba emprender una importante misión: “Jehová, por favor, [...] otorga éxito a tu siervo” (Neh. 1:11). Luego, con plena confianza en el “Oidor de la oración”, actúe en armonía con su petición (Sal. 65:2). Recuerde: si quiere que Jehová bendiga sus esfuerzos por servirle más de lleno, usted tiene que haberse esforzado primero. Una vez que haya decidido emprender el ministerio de tiempo completo, no permita que nada lo detenga. Conforme vaya pasando el tiempo, irá adquiriendo experiencia y se sentirá cada vez más feliz. ¡Qué agradecido estará entonces de haber servido a Jehová y al prójimo y de haber vivido en total conformidad con el propósito de Dios! (Mat. 24:21; Rev. 7:14, 15.)
Wednesday, June 10, 2009
La Protección de Jehová a su Pueblo:
Miércoles 10 de junio
Levántate, cruza este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que les voy a dar a ellos, a los hijos de Israel (Jos. 1:2).
Después de cruzar el mar Rojo, los israelitas vagaron por un “desierto grande y terrible, lleno de serpientes y escorpiones venenosos; una tierra seca donde no había agua” (Deu. 8:15, La Palabra de Dios para Todos). Durante los años que estuvieron en el desierto, Jehová protegió a su pueblo, tal como lo había protegido del ejército egipcio. ¿Y qué sucedió cuando los israelitas entraron en la Tierra Prometida? Aunque tuvieron que enfrentarse a los poderosos ejércitos cananeos, Jehová le dijo a Josué: “Nadie se plantará con firmeza delante de ti en todos los días de tu vida. Tal como resulté estar con Moisés resultaré estar contigo. No te desampararé ni te dejaré enteramente” (Jos. 1:5). Estas palabras de Jehová tampoco fallaron. En unos seis años, Josué derrotó a 31 reyes y conquistó gran parte de la Tierra Prometida (Jos. 12:7-24). Sin el cuidado protector de Jehová, aquello habría sido imposible.
Levántate, cruza este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que les voy a dar a ellos, a los hijos de Israel (Jos. 1:2).
Después de cruzar el mar Rojo, los israelitas vagaron por un “desierto grande y terrible, lleno de serpientes y escorpiones venenosos; una tierra seca donde no había agua” (Deu. 8:15, La Palabra de Dios para Todos). Durante los años que estuvieron en el desierto, Jehová protegió a su pueblo, tal como lo había protegido del ejército egipcio. ¿Y qué sucedió cuando los israelitas entraron en la Tierra Prometida? Aunque tuvieron que enfrentarse a los poderosos ejércitos cananeos, Jehová le dijo a Josué: “Nadie se plantará con firmeza delante de ti en todos los días de tu vida. Tal como resulté estar con Moisés resultaré estar contigo. No te desampararé ni te dejaré enteramente” (Jos. 1:5). Estas palabras de Jehová tampoco fallaron. En unos seis años, Josué derrotó a 31 reyes y conquistó gran parte de la Tierra Prometida (Jos. 12:7-24). Sin el cuidado protector de Jehová, aquello habría sido imposible.
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