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Wednesday, August 14, 2013

Libro Dios nos habla mediante Jeremias:

Capítulo 13
“Jehová ha hecho lo que tenía pensado”
JERUSALÉN yace en ruinas. El humo de los incendios provocados por los conquistadores babilonios aún asciende al cielo. En los oídos de Jeremías todavía resuenan los espantosos gritos de los caídos. Él sabía lo que iba a suceder, y todo ocurrió tal como le había dicho Dios. “Jehová ha hecho lo que tenía pensado”, dice entre suspiros el profeta. ¡Qué fin tan trágico! (Léase Lamentaciones 2:17.)
2 Jeremías constató el cumplimiento de muchas profecías transmitidas al pueblo de Dios, entre ellas algunas muy antiguas. Siglos atrás, Moisés había expuesto a Israel cuáles serían las consecuencias de obedecer o desobedecer a Dios, a saber, bendiciones o maldiciones. Jehová quería lo mejor para su pueblo, es decir, las bendiciones; pero si le desobedecían, sobre ellos caerían terribles maldiciones. Moisés advirtió —y Jeremías lo reiteró— que quienes no hicieran caso y se opusieran a Jehová llegarían al extremo de comerse “la carne de sus hijos y la carne de sus hijas” (Deu. 30:19, 20; Jer. 19:9; Lev. 26:29). “¿Será posible semejante atrocidad?”, preguntarían algunos. Bueno, eso fue lo que ocurrió cuando escasearon los alimentos durante el asedio babilonio. “Las mismísimas manos de mujeres compasivas han cocido a sus propios hijos —informó Jeremías—. Estos han llegado a ser como pan de consolación a alguien durante el quebranto de la hija de mi pueblo.” (Lam. 4:10.) ¡Qué escena más espantosa!
[Ilustración de la página 154]
3 Naturalmente, Jehová no comisionó profetas como Jeremías con el único fin de anunciar desgracias. Quería que su pueblo retornara a la senda de la fidelidad, que los pecadores se arrepintieran. Así lo señaló Esdras: “Jehová el Dios de sus antepasados siguió enviando avisos contra ellos por medio de sus mensajeros, enviando vez tras vez, porque sentía compasión por su pueblo y por su morada” (2 Cró. 36:15; léase Jeremías 26:3, 12, 13).
4 Al igual que Jehová, Jeremías sentía compasión por su pueblo, como se deduce de sus palabras antes de la caída de Jerusalén. Lo abatía profundamente el desastre que se cernía sobre la ciudad, algo que sus habitantes podían evitar con tan solo obedecer sus palabras. Pensemos en lo que sentiría mientras pregonaba el mensaje de Dios. “¡Oh mis intestinos, mis intestinos! —exclamó—. Estoy con fuertes dolores en las paredes de mi corazón. Mi corazón está alborotado dentro de mí. No puedo quedarme callado, porque el sonido del cuerno es lo que mi alma ha oído, la señal de alarma de la guerra.” (Jer. 4:19.) Era imposible callar ante la inminente calamidad.
¿POR QUÉ TAN SEGURO?
5 ¿Por qué estaba seguro Jeremías de que sus profecías se harían realidad? (Jer. 1:17; 7:30; 9:22.) Él era un hombre de fe que había estudiado las Escrituras y sabía que Jehová es el Dios de la profecía veraz. La historia atestiguaba Su poder para predecir cosas aparentemente imposibles desde el punto de vista humano, como la liberación de Israel del cautiverio egipcio. Jeremías estaba familiarizado con el relato del éxodo y conocía las palabras de un testigo ocular, Josué, quien recordó a los israelitas: “Ustedes bien saben con todo su corazón y con toda su alma que ni una sola palabra de todas las buenas palabras que Jehová su Dios les ha hablado ha fallado. Todas se han realizado para ustedes. Ni una sola palabra de ellas ha fallado” (Jos. 23:14).
6 ¿Qué razones tenemos nosotros para seguir prestando atención a las profecías de Jeremías? Primero, su confianza en las palabras de Jehová estaba justificada. Segundo, algunas de las predicciones que Dios hizo por boca de él se están verificando ahora, y otras las veremos cumplirse más adelante. Tercero, la cantidad de mensajes que pronunció en nombre de Dios, así como el ímpetu con el que acometió su misión, lo distinguieron como un extraordinario siervo de Dios. “Entre todos los profetas, Jeremías descuella como un gigante”, comenta un erudito. Jeremías fue una figura tan notoria en las relaciones de Dios con Su pueblo que cuando algunos oyeron hablar a Jesús, pensaron que era él (Mat. 16:13, 14).
7 Nosotros también vivimos en un tiempo en que se están cumpliendo importantes profecías bíblicas, y al igual que Jeremías, necesitamos mantener la confianza en la veracidad de las promesas divinas (2 Ped. 3:9-14). ¿Cómo lo logramos? Afianzando día a día nuestra convicción de que la Palabra profética de Dios es absolutamente confiable. Con este objetivo, el presente capítulo analizará varias profecías de Jeremías que se cumplieron en vida suya, otras que se realizaron después y otras que tienen que ver directamente con nosotros y nuestro porvenir. Esperamos que este examen fortalezca su confianza en la Palabra profética de Jehová y lo convenza aún más de que él ‘hará lo que tiene pensado’ (Lam. 2:17).
¿Por qué comisionó Dios a los profetas? ¿Qué nos da confianza en las profecías acerca de la destrucción que se avecina?
PROFECÍAS DE JEREMÍAS QUE ÉL VIO CUMPLIDAS
8 Muchas personas intentan pronosticar el futuro: economistas, políticos, clarividentes, meteorólogos... Y todos sabemos lo difícil que es acertar aun en cosas sencillas, como lo que acaecerá al cabo de unos días o unas semanas. Sin embargo, una característica distintiva de la Biblia es la exactitud profética (Isa. 41:26; 42:9). Todas las profecías de Jeremías, sea que se refirieran al futuro cercano o distante, fueron infalibles. Muchas de ellas tuvieron que ver con individuos y naciones. Veamos algunas que se cumplieron en vida del profeta.
9 ¿Quién puede decir hoy cómo será el mundo en uno o dos años? Por ejemplo, ¿qué analista internacional puede prever con certeza si se producirá un realineamiento de las grandes potencias del mundo? Jeremías, en cambio, anunció por inspiración divina que Babilonia expandiría su esfera de influencia. Sería la “copa de oro” por medio de la cual Jehová derramaría su cólera contra Judá y las ciudades y pueblos vecinos, que quedarían sometidos a servidumbre (Jer. 51:7). A Jeremías y sus contemporáneos les tocó asistir a estos hechos (compárese con Jeremías 25:15-29; 27:3-6; 46:13).
10 Jehová también reveló por medio de Jeremías el destino de cuatro reyes judíos. Acerca de Jehoacaz (o Salum), un hijo del rey Josías, vaticinó que sería llevado en cautividad y que nunca más volvería a Judá (Jer. 22:11, 12). Y así fue (2 Rey. 23:31-34). De su sucesor, Jehoiaquim, dijo que sería enterrado “con el entierro de un asno” (Jer. 22:18, 19; 36:30). Aunque la Biblia no aclara cómo murió o qué se hizo con su cadáver, sí cuenta que su hijo Joaquín lo sucedió durante el asedio. Jeremías predijo que Joaquín (llamado también Conías y Jeconías) partiría al exilio en Babilonia y allí moriría (Jer. 22:24-27; 24:1). Y así sucedió. ¿Qué sería del último rey, Sedequías? Jeremías anunció que Jehová lo entregaría en manos de sus enemigos, quienes no tendrían compasión de él (Jer. 21:1-10). Efectivamente, los enemigos lo apresaron, degollaron a sus hijos en su presencia, le sacaron los ojos y se lo llevaron a Babilonia, donde murió (Jer. 52:8-11). Sí, todas estas profecías se cumplieron al pie de la letra.
11 En el capítulo 28 de Jeremías leemos que durante el mandato de Sedequías, el falso profeta Hananías contradijo lo que Jehová había declarado por boca de Jeremías, a saber, que Babilonia sometería a Jerusalén. Pasando por alto la palabra divina, afirmó que el yugo de esclavitud que Nabucodonosor impondría a Judá y otras naciones sería quebrado. Por dirección de Jehová, Jeremías expuso la mentira de Hananías, reiteró que muchas naciones tendrían que servir a los babilonios y anunció la muerte del falso profeta ese año. Y fue así (léase Jeremías 28:10-17).
12 Por supuesto, el blanco principal del mensaje profético de Jeremías fue la caída de Jerusalén. Vez tras vez, el profeta advirtió que la ciudad sería demolida si los judíos no se arrepentían de su idolatría, injusticia y violencia (Jer. 4:1; 16:18; 19:3-5, 15). Muchos creían que Jehová jamás haría algo así. Su templo estaba allí. ¿Cómo iba a permitir que destruyeran aquel lugar sagrado? ¡Ni pensarlo! Pero Jehová no miente. Cumplió lo que tenía pensado (Jer. 52:12-14).
[Ilustración de la página 160]
Padres, válganse del ejemplo de los recabitas, Ébed-mélec y Baruc para edificar la fe de sus hijos
13 El pueblo de Dios se halla hoy en una situación parecida a la de los fieles contemporáneos de Jeremías. Sabemos que Jehová pronto traerá la ruina sobre los que desoyen sus advertencias; sin embargo, podemos extraer ánimo de sus promesas proféticas, como hicieron aquellos judíos que apoyaron el culto verdadero. Por la fidelidad de los recabitas a Jehová y a los mandatos de su padre, Dios dijo que sobrevivirían a la caída de Jerusalén. Y fue cierto. La posterior mención de “Malkiya hijo de Recab”, quien colaboró en la reconstrucción de Jerusalén durante el mandato del gobernador Nehemías, puede ser prueba de ello (Neh. 3:14; Jer. 35:18, 19). Jehová también aseguró que protegería a Ébed-mélec por haber confiado en él y haber ayudado a Jeremías (Jer. 38:11-13; 39:15-18). Igualmente, prometió a Baruc, compañero de Jeremías, darle su “alma como despojo” (Jer. 45:1, 5). ¿Qué concluimos de la realización de todas estas profecías? ¿Qué hará Jehová por nosotros si le somos fieles? (Léase 2 Pedro 2:9.)
¿Cómo se beneficiaron Ébed-mélec, Baruc y los recabitas de la infalibilidad de las profecías de Dios? ¿Qué emociones despiertan en usted tales profecías?
PROFECÍAS QUE SE CUMPLIERON DESPUÉS
14 Dios predijo que Nabucodonosor no solo conquistaría Judá, sino también Egipto (Jer. 25:17-19). Aquello debió de parecer muy improbable, pues Egipto era entonces una nación poderosa que incluso dominaba Judá (2 Rey. 23:29-35). Tras la caída de Jerusalén, un resto de judíos se propuso dejar su tierra y buscar amparo en Egipto. Sus planes contrariaban la voluntad divina, pues Jehová les había advertido que no se fueran y les había prometido bendecirlos si se quedaban en Judá. Por otro lado, si huían a Egipto, la espada que tanto temían los alcanzaría allí y morirían (Jer. 42:10-16; 44:30). Los escritos de Jeremías no nos dicen si él presenció la invasión babilonia de Egipto, pero de lo que no cabe la menor duda es de que el cumplimiento de las profecías de Jehová alcanzó a los israelitas refugiados cuando los caldeos conquistaron Egipto a principios del siglo VI antes de nuestra era (Jer. 43:8-13).
15 Jeremías también pronosticó el fin de la nación que conquistaría Egipto, la propia Babilonia. Con un siglo de antelación predijo certeramente que Babilonia caería de manera repentina. ¿Cómo? Sus aguas protectoras se ‘secarían’ y sus valientes cesarían de pelear (Jer. 50:38; 51:30). Dichas profecías se verificaron hasta el último detalle cuando los medos y los persas desviaron las aguas del Éufrates, vadearon la corriente y penetraron en la ciudad, tomando a los babilonios por sorpresa. Otro aspecto igualmente significativo es que la ciudad se convertiría en un terreno estéril o yermo (Jer. 50:39; 51:26). La desolación en la que hoy se halla la otrora poderosa Babilonia testifica la exactitud de la profecía divina.
16 Jehová declaró mediante Jeremías que los judíos servirían a los babilonios setenta años, después de lo cual los haría volver a su país (léanse Jeremías 25:8-11 y 29:10). Daniel confiaba plenamente en aquella profecía y se valió de ella para calcular cuándo terminarían “las devastaciones de Jerusalén” (Dan. 9:2). “Para que se realizara la palabra de Jehová procedente de la boca de Jeremías —dijo Esdras—, Jehová despertó el espíritu de Ciro el rey de Persia”, conquistador de Babilonia, a fin de devolver a los judíos a su patria (Esd. 1:1-4). Ahora, los retornados podrían dar gritos de júbilo por la paz de su tierra y restaurar la adoración pura, como predijo Jeremías (Jer. 30:8-10; 31:3, 11, 12; 32:37).
17 Jeremías también puso por escrito profecías que se realizarían mucho tiempo después. Dijo: “Esto es lo que ha dicho Jehová: ‘En Ramá se está oyendo una voz, lamentación y llanto amargo; Raquel que llora a sus hijos. Ha rehusado ser consolada acerca de sus hijos, porque ya no son’” (Jer. 31:15). Al parecer, los judíos cautivos fueron llevados a la ciudad de Ramá, a unos ocho kilómetros (cinco millas) al norte de Jerusalén, después de la desolación de la ciudad santa en 607. Es probable que algunos hasta fueran ejecutados allí. Esto habría marcado el cumplimiento inicial de la profecía, como si Raquel llorara la pérdida de sus “hijos”. Por otro lado, más de seis siglos después, el rey Herodes mandó matar a los niñitos que vivían en Belén. El evangelista Mateo explicó que las palabras de Jeremías anunciaron el amargo lamento por aquella matanza (Mat. 2:16-18).
[Ilustración de la página 163]
¿Dónde están los edomitas hoy?
18 Otra profecía de Jeremías que se hizo realidad en el siglo primero fue la de que Edom estaría entre las naciones invadidas por Babilonia (Jer. 25:15-17, 21; 27:1-7). Pero la palabra divina fue más allá. Edom llegaría a ser como Sodoma y Gomorra. Sabemos lo que eso significaba: quedaría desolada para siempre, borrada de la existencia (Jer. 49:7-10, 17, 18). Y así fue. ¿Dónde hallamos el nombre Edom hoy día? ¿En los mapas modernos? No. Las palabras Edom y edomitas aparecen principalmente en los libros de historia antigua o historia bíblica, o en los mapas que representan la época. Según Flavio Josefo, los edomitas fueron forzados a aceptar el judaísmo en el siglo II antes de nuestra era; y cuando Jerusalén fue destruida en el año 70 de nuestra era, desaparecieron como un pueblo con identidad propia.
19 Como hemos notado, el libro de Jeremías presenta, capítulo a capítulo, profecías relativas a individuos y naciones. La mayoría ya se han verificado. Esto de por sí hace que merezca nuestro estudio y atención, pues nos confirma algo sobre nuestro gran Dios, Jehová: él hizo lo que tenía pensado y lo volverá a hacer (léase Isaías 46:9-11). Lo anterior nos refuerza la confianza en las predicciones contenidas en la Biblia. De hecho, algunas de las profecías de Jeremías tienen cumplimientos que nos afectan directamente a nosotros y a nuestro futuro. Veamos algunas de ellas en los párrafos finales.
Mencione algunas profecías que se cumplieron después de la muerte de Jeremías. ¿Qué importancia tienen para usted?
PROFECÍAS QUE NOS INCUMBEN
20 Las profecías bíblicas pueden tener más de un cumplimiento. Tomemos como ejemplo la respuesta de Jesús a la pregunta que le hicieron sus discípulos sobre la señal de su “presencia y de la conclusión del sistema de cosas” (Mat. 24:3). Aunque esta profecía tuvo un cumplimiento entre los años 66 y 70, es obvio que en ciertos aspectos se cumplirá también durante la “gran tribulación” que le sobrevendrá al inicuo orden de cosas actual, tribulación “como la cual no ha sucedido una desde el principio del mundo hasta ahora, no, ni volverá a suceder” (Mat. 24:21). Las profecías de Jeremías contienen paralelismos similares. Algunas tuvieron un cumplimiento inicial en 607 antes de nuestra era y uno secundario mucho después, como el anuncio de que ‘Raquel lloraría a sus hijos’ (Jer. 31:15). De hecho, varias se refieren a nuestros tiempos, y su cumplimiento nos atañe personalmente.
21 Así se desprende del libro de Revelación. Bajo inspiración, el apóstol Juan aludió a las profecías de Jeremías sobre el fin de Babilonia en 539. Encontramos en Revelación paralelismos entre aquel suceso y lo que está por ocurrir a mayor escala. Entre las profecías de Jeremías que ya se han cumplido figura la de la caída de un gran imperio: el imperio mundial de la religión falsa, “Babilonia la Grande” (Rev. 14:8; 17:1, 2, 5; Jer. 50:2; 51:8). El pueblo de Dios tendría que ‘salir de ella’ para no correr su misma suerte (Rev. 18:2, 4; Jer. 51:6). Las aguas de aquella ciudad, símbolo de sus devotos, ‘se secarían’ (Jer. 51:36; Rev. 16:12).
22 Todavía queda por cumplirse en nuestro tiempo la promesa de que Jehová ejecutará venganza sobre la religión falsa por maltratar a su pueblo, ‘pagándole conforme a todo lo que ha hecho’ (Jer. 50:29; 51:9; Rev. 18:6). Y las tierras simbólicas de la religión falsa tienen que quedarse desiertas (Jer. 50:39, 40).
23 A estas alturas habremos notado que las profecías de Jeremías también tienen un tono optimista. Él predijo la restauración de la adoración verdadera en la Tierra para nuestros tiempos. La liberación de los judíos cautivos de la antigua ciudad de Babilonia corresponde hoy a la liberación del pueblo de Dios de la servidumbre a Babilonia la Grande tras el establecimiento del Reino en el cielo. En sentido espiritual, Jehová restauró la adoración pura entre su pueblo, lo que constituye un motivo de inmensa gratitud y júbilo. Desde entonces, ha bendecido sus esfuerzos por ayudar a otras personas para que lo adoren y estén bien nutridas espiritualmente (léase Jeremías 30:18, 19). Asimismo, sabemos por experiencia propia que Jehová ha mantenido su promesa de levantarle a su pueblo pastores, hombres espiritualmente maduros que de verdad cuidan y protegen al rebaño (Jer. 3:15; 23:3, 4).
[Ilustración de la página 166]
No ‘hurtemos las palabras de Jehová’ escondiendo lo que está por suceder
24 Las palabras de Jeremías dirigidas al antiguo pueblo de Dios equilibraban una promesa de cosas mejores para los fieles con un aviso de destrucción para los que descuidaran su relación con Jehová. Lo mismo sucede hoy día. Difícilmente podemos pasar por alto la urgencia que entrañan estas palabras: “Los muertos por Jehová ciertamente llegarán a estar en aquel día desde un extremo de la tierra hasta el mismísimo otro extremo de la tierra. No serán plañidos, ni serán recogidos ni enterrados. Quedarán como estiércol sobre la superficie del suelo” (Jer. 25:33).
25 Nuestros tiempos son tan difíciles como los de Jeremías. Y hoy, como entonces, la reacción de la gente al mensaje de Jehová significa vida o muerte. Los siervos de Dios no somos profetas ni se nos ha inspirado para añadir ni una letra a las palabras infalibles de Jehová consignadas en la Biblia; pero sí hemos sido comisionados para predicar las buenas nuevas del Reino todos los días hasta la conclusión del sistema de cosas (Mat. 28:19, 20). De ningún modo queremos ‘hurtar las palabras de Jehová’ escondiendo de la gente lo que está por suceder (léase Jeremías 23:30). Por nada del mundo les restaremos fuerza y efecto a sus palabras. Muchas profecías que Dios hizo por medio de Jeremías ya se han cumplido, por lo que estamos seguros de que las que faltan por realizarse merecen total confianza. Tenemos que decir a la gente que ‘lo que Dios tiene pensado y lo que ordenó desde los días de mucho tiempo atrás’ se cumplirá inexorablemente (Lam. 2:17).
Capitulo 13 del libro editado por los Testigos de Jehova.
26 Cualquier análisis de la actividad y mensaje proféticos de Jeremías quedaría incompleto si pasáramos por alto la magnífica promesa de Jehová de celebrar “un nuevo pacto” con su pueblo, uno cuyas leyes él escribiría en sus corazones (Jer. 31:31-33). Esta profecía y su cumplimiento, que nos incumben directamente, son el tema del siguiente capítulo.
¿Qué profecías del libro de Jeremías se han cumplido en la actualidad? ¿Qué cree de las que faltan por realizarse?
[Preguntas del estudio]
1. ¿Qué dijo Jeremías sobre las profecías de Jehová cuando Jerusalén fue destruida?
2. ¿Qué profecía hecha siglos atrás vio realizada Jeremías?
3. ¿Con qué fin envió Dios profetas a su pueblo?
4. ¿Qué sentimientos le produjo a Jeremías el mensaje que pregonaba?
5. ¿Por qué tenía confianza Jeremías en el mensaje que predicaba?
6, 7. a) ¿Por qué deben interesarnos las profecías de Jeremías? b) ¿Qué fortalecerá nuestra confianza en el mensaje que predicamos?
8, 9. ¿Cuál es una de las características distintivas de la Biblia?
10. ¿Qué predijo Jehová acerca de cuatro reyes judíos?
11. ¿Quién fue Hananías, y qué predijo Jehová sobre él?
12. ¿Cómo reaccionó la mayoría de los contemporáneos de Jeremías a su principal mensaje profético?
13. a) ¿En qué se parecen nuestros tiempos a los de Jeremías? b) ¿Qué interés tienen para nosotros las promesas que Dios les hizo a algunos contemporáneos de Jeremías?
14. ¿Qué tenía de extraordinario la profecía de Dios sobre Babilonia?
15, 16. ¿Cómo se llevó a cabo la palabra de Dios sobre la liberación de su pueblo?
17. Explique cómo las palabras de Jeremías sobre el “llanto” en Ramá podrían aludir a dos ocasiones distintas.
18. ¿De qué manera se cumplió la profecía de Dios sobre Edom?
19. ¿Qué revela el libro de Jeremías sobre el poder de Dios para llevar a término sus profecías?
20-22. ¿Por qué decimos que las profecías bíblicas, incluidas algunas de Jeremías, tienen más de un cumplimiento? Dé ejemplos.
23. ¿Qué restauración espiritual, predicha por Jeremías, tuvo lugar en el siglo XX?
24. ¿Qué impactantes palabras de Jeremías tienen todavía que cumplirse?
25. ¿Qué deber tiene hoy el pueblo de Dios?
26. ¿Qué profecía nos queda por analizar?
[Ilustración de la página 154]
[Ilustración de la página 160]
Padres, válganse del ejemplo de los recabitas, Ébed-mélec y Baruc para edificar la fe de sus hijos
[Ilustración de la página 163]
¿Dónde están los edomitas hoy?
[Ilustración de la página 166]
No ‘hurtemos las palabras de Jehová’ escondiendo lo que está por suceder

Romanos 5 al capitulo 8:


5 Por lo tanto, ahora que hemos sido declarados justos como resultado de fe,+ gocemos de paz+ con Dios mediante nuestro Señor Jesucristo, 2 mediante quien también hemos obtenido nuestro acceso+ por fe* a esta bondad inmerecida en la cual ahora nos mantenemos; y alborocémonos, basados en la esperanza+ de la gloria de Dios. 3 Y no solo eso, sino que alborocémonos estando en tribulaciones,+ puesto que sabemos que la tribulación produce aguante; 4 el aguante,+ a su vez, una condición aprobada; la condición aprobada,+ a su vez, esperanza, 5 y la esperanza+ no conduce a la desilusión;*+ porque el amor de Dios+ ha sido derramado en nuestros corazones+ mediante el espíritu santo,+ que nos fue dado.
6 Porque, de hecho, Cristo, mientras todavía éramos débiles,+ murió por impíos* al tiempo señalado.+ 7 Porque apenas muere alguien por un [hombre] justo;+ en realidad, por el [hombre] bueno,+ quizás, alguien hasta se atreva a morir.+ 8 Pero Dios recomienda su propio amor+ a nosotros en que, mientras todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.+ 9 Mucho más, pues, dado que hemos sido declarados justos ahora por su sangre,+ seremos salvados mediante él de la ira.+ 10 Porque si, cuando éramos enemigos,+ fuimos reconciliados con Dios mediante la muerte de su Hijo,+ mucho más, ahora que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida.+ 11 Y no solo eso, sino que también nos alborozamos en Dios mediante nuestro Señor Jesucristo,* mediante quien ahora hemos recibido la reconciliación.+
12 Por eso, así como por medio de un solo hombre+ el pecado entró en el mundo, y la muerte+ mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado+... 13 Porque hasta la Ley había pecado en el mundo, pero a nadie se imputa pecado cuando no hay ley.+ 14 No obstante, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés,+ aun sobre los que no habían pecado a la semejanza de la transgresión de Adán,+ el cual tiene un parecido con el* que había de venir.+
15 Mas no es con el don como fue con la ofensa. Porque si por la ofensa de un solo hombre muchos murieron, mucho más abundaron para los muchos la bondad inmerecida de Dios y su dádiva gratuita con la bondad inmerecida+ por el solo hombre,+ Jesucristo. 16 También, no es con la dádiva gratuita+ como fue con el resultado que se produjo mediante el solo [hombre] que pecó.+ Porque el juicio+ resultó de una sola ofensa en condenación,+ pero el don resultó de muchas ofensas en una declaración de justicia.*+ 17 Porque si por la ofensa del solo [hombre]+ la muerte reinó+ mediante aquel solo, mucho más los que reciben la abundancia de la bondad inmerecida+ y de la dádiva gratuita*+ de la justicia reinarán+ en vida mediante la sola [persona], Jesucristo.+
18 Así, pues, como mediante una sola ofensa el resultado a toda clase de hombres fue la condenación,+ así mismo también mediante un solo acto de justificación*+ el resultado a toda clase de hombres+ es el declararlos justos para vida.+ 19 Porque así como mediante la desobediencia del solo hombre muchos+ fueron constituidos pecadores, así mismo, también, mediante la obediencia+ de la sola [persona] muchos+ serán constituidos justos.+ 20 Ahora bien, la Ley+ entró además* para que abundara la ofensa.+ Mas donde abundó el pecado,+ abundó aún más la bondad inmerecida.+ 21 ¿Con qué fin? Para que, así como el pecado reinó con la muerte,+ así mismo también la bondad inmerecida+ reinara mediante la justicia con vida eterna+ en mira mediante Jesucristo nuestro Señor.
6 Por consiguiente, ¿qué diremos? ¿Continuaremos en el pecado, para que abunde la bondad inmerecida?+ 2 ¡Jamás suceda eso! Ya que hemos muerto con referencia al pecado,+ ¿cómo habremos de seguir viviendo todavía en él?+ 3 ¿O ignoran que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús*+ fuimos bautizados en su muerte?+ 4 Por lo tanto, fuimos sepultados+ con él mediante nuestro bautismo en su muerte, para que, así como Cristo fue levantado de entre los muertos mediante la gloria del Padre,+ así también nosotros andemos en novedad de vida.+ 5 Porque si hemos sido unidos con él* en la semejanza de su muerte,+ ciertamente también seremos [unidos con él en la semejanza] de su resurrección;+ 6 porque sabemos que nuestra vieja personalidad* fue fijada en el madero con [él],+ para que nuestro cuerpo pecaminoso* fuera hecho inactivo,+ para que ya no sigamos siendo esclavos del pecado.+ 7 Porque el que ha muerto ha sido absuelto* de [su] pecado.+
8 Además, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.+ 9 Porque sabemos que Cristo, ahora que ha sido levantado de entre los muertos,+ ya no muere;+ la muerte ya no es amo sobre él. 10 Porque [la muerte] que él murió, la murió con referencia al pecado una vez para siempre;+ pero [la vida] que vive, la vive con referencia a Dios.+ 11 Así mismo también ustedes: ténganse por muertos,+ en verdad, con referencia al pecado, pero vivos+ con referencia a Dios por Cristo Jesús.
12 Por lo tanto, no dejen que el pecado continúe reinando+ en su cuerpo mortal de modo que obedezcan los deseos de este.+ 13 Tampoco sigan presentando sus miembros al pecado+ como armas de la injusticia,+ sino preséntense a Dios como aquellos vivos+ de entre los muertos; también sus miembros a Dios como armas+ de la justicia. 14 Porque el pecado no debe ser* amo sobre ustedes, puesto que no están bajo ley,+ sino bajo bondad inmerecida.+
15 ¿Qué, pues? ¿Cometeremos un pecado porque no estamos bajo ley,+ sino bajo bondad inmerecida?+ ¡Jamás suceda eso! 16 ¿No saben que si siguen presentándose a alguien como esclavos para obedecerle son esclavos de él porque le obedecen,+ ya sea del pecado+ con la muerte en mira+ o de la obediencia+ con la justicia+ en mira? 17 Pero gracias a Dios que ustedes eran esclavos del pecado pero se hicieron obedientes de corazón a aquella forma de enseñanza a la cual fueron entregados.+ 18 Sí, habiendo sido libertados+ del pecado, vinieron a ser esclavos+ de la justicia.+ 19 Estoy hablando en términos humanos a causa de la debilidad de su carne:+ porque así como presentaron sus miembros+ como esclavos a la inmundicia+ y al desafuero con el desafuero en mira,* así ahora presenten sus miembros como esclavos a la justicia con la santidad en mira.+ 20 Porque cuando eran esclavos del pecado,+ eran libres en cuanto a la justicia.
21 Entonces, ¿cuál era el fruto+ que tenían en aquel tiempo? Cosas+* de las cuales ahora se avergüenzan. Porque el fin* de aquellas cosas es la muerte.+ 22 Sin embargo, ahora, porque han sido libertados del pecado, pero han llegado a ser esclavos de Dios,+ tienen su fruto+ en forma de santidad, y el resultado final vida eterna.+ 23 Porque el salario* que el pecado paga es muerte,+ pero el don*+ que Dios da es vida eterna+ por Cristo Jesús nuestro Señor.+
7 ¿Será que ignoran, hermanos (porque estoy hablando a los que conocen ley), que la Ley es amo sobre el hombre en tanto que este vive?+ 2 Por ejemplo, la mujer casada* está atada por ley a su esposo mientras este vive; pero si su esposo muere, queda desobligada de la ley de su esposo.+ 3 Así es que, mientras vive su esposo, sería llamada adúltera* si llegara a ser de otro hombre.+ Pero si su esposo muere, queda libre de la ley de él, de modo que no es adúltera si llega a ser de otro hombre.+
4 Así es que, hermanos míos, a ustedes también se les hizo morir a la Ley+ mediante el cuerpo del Cristo, para que llegaran a ser de otro,+ de aquel que fue levantado de entre los muertos,+ para que llevemos fruto+ para Dios. 5 Porque cuando estábamos en conformidad con la carne,+ las pasiones pecaminosas que eran excitadas por la Ley obraban en nuestros miembros para que produjéramos fruto para muerte.+ 6 Pero ahora hemos sido desobligados de la Ley,+ porque hemos muerto+ a aquello por lo cual se nos tenía sujetos, para que seamos esclavos*+ en un sentido nuevo por el espíritu,+ y no en el sentido viejo por el código escrito.+
7 Entonces, ¿qué diremos? ¿Es pecado la Ley?+ ¡Jamás llegue a ser eso así! Realmente, yo no habría llegado a conocer el pecado+ si no hubiera sido por la Ley; y, por ejemplo, no habría conocido la codicia+ si la Ley no hubiera dicho: “No debes codiciar”.*+ 8 Pero el pecado, recibiendo un incentivo por medio del mandamiento,+ obró en mí toda clase de codicia, porque aparte de ley el pecado estaba muerto.+ 9 De hecho, yo estaba vivo en otro tiempo aparte de ley;+ mas cuando llegó el mandamiento,+ el pecado revivió, pero yo morí.+ 10 Y el mandamiento que era para vida,+ este hallé que fue para muerte.+ 11 Porque el pecado, recibiendo un incentivo mediante el mandamiento, me sedujo,+ y mediante él me mató. 12 De manera que, por su parte, la Ley es santa,+ y el mandamiento es santo y justo+ y bueno.+
13 ¿Acaso, pues, llegó a ser muerte para mí lo que es bueno? ¡Jamás suceda eso! Pero el pecado lo fue, para que se mostrara como pecado que obraba muerte para mí mediante lo que es bueno;+ para que el pecado llegara a ser mucho más pecaminoso mediante el mandamiento.+ 14 Porque sabemos que la Ley es espiritual;+ pero yo soy carnal, vendido bajo el pecado.+ 15 Porque lo que obro no lo sé. Porque lo que deseo,* esto no lo practico; sino que lo que odio es lo que hago. 16 Sin embargo, si lo que no deseo es lo que hago,+ convengo en que la Ley es excelente.+ 17 Mas ahora el que lo obra ya no soy yo, sino el pecado que reside en mí.+ 18 Porque sé que en mí, es decir, en mi carne, nada bueno mora;+ porque la facultad de desear+ está presente conmigo, pero la facultad de obrar+ lo que es excelente no está [presente]. 19 Porque lo bueno que deseo no lo hago, pero lo malo que no deseo es lo que practico. 20 Ahora, pues, si lo que no deseo es lo que hago,+ el que lo obra ya no soy yo, sino el pecado que mora en mí.+
21 Hallo, pues, esta ley en el caso mío: que cuando deseo hacer lo que es correcto,+ lo que es malo está presente conmigo.+ 22 Verdaderamente me deleito+ en la ley de Dios conforme al hombre+ que soy por dentro, 23 pero contemplo en mis miembros+ otra ley que guerrea+ contra la ley de mi mente+ y que me conduce cautivo a la ley del pecado+ que está en mis miembros. 24 ¡Hombre desdichado* que soy! ¿Quién me librará del cuerpo que está padeciendo esta muerte?+ 25 ¡Gracias a Dios mediante Jesucristo nuestro Señor!+ Así pues, con [mi] mente yo mismo soy esclavo a la ley de Dios,+ pero con [mi] carne a la ley del pecado.+
8 Por lo tanto, no tienen condenación los que están en unión con Cristo Jesús.+ 2 Porque la ley+ de ese espíritu+ que da vida+ en unión con Cristo Jesús te ha libertado+ de la ley del pecado y de la muerte.+ 3 Pues, dado que había incapacidad de parte de la Ley,+ en tanto que era débil+ a causa de la carne, Dios, al enviar a su propio Hijo+ en la semejanza de carne pecaminosa+ y tocante al pecado,+ condenó al pecado en la carne, 4 para que el justo requisito de la Ley se cumpliera+ en nosotros los que andamos, no en conformidad con la carne, sino en conformidad con el espíritu.+ 5 Porque los que están en conformidad con la carne fijan la mente en las cosas de la carne;+ pero los que están en conformidad con el espíritu, en las cosas del espíritu.+ 6 Porque el tener la mente puesta en la carne significa muerte,+ pero el tener la mente puesta en el espíritu+ significa vida y paz; 7 porque el tener la mente puesta en la carne significa enemistad+ con Dios, porque esta no está sujeta+ a la ley de Dios, ni, de hecho, lo puede estar. 8 Por eso los que están en armonía con la carne+ no pueden agradar a Dios.
9 Sin embargo, ustedes no están en armonía con la carne, sino con el espíritu,+ si es que el espíritu de Dios verdaderamente mora en ustedes.+ Pero si alguien no tiene el espíritu de Cristo,+ este no le pertenece. 10 Pero si Cristo está en unión con ustedes,+ el cuerpo verdaderamente está muerto a causa del pecado, pero el espíritu es vida+ a causa de la justicia. 11 Por eso, si el espíritu del que levantó a Jesús de entre los muertos mora en ustedes, el que levantó a Cristo Jesús de entre los muertos+ vivificará también sus cuerpos mortales+ mediante Su espíritu que reside en ustedes.
12 Así pues, hermanos, no nos vemos obligados a la carne, para vivir de acuerdo con la carne;+ 13 porque si ustedes viven de acuerdo con la carne, de seguro morirán;+ pero si por el espíritu hacen morir las prácticas del cuerpo,+ vivirán. 14 Porque todos los que son conducidos por el espíritu de Dios, estos son los hijos de Dios.+ 15 Porque ustedes no recibieron un espíritu de esclavitud que ocasione temor+ de nuevo, sino que recibieron un espíritu+ de adopción+ como hijos,* espíritu por el cual clamamos: “¡Abba,*+ Padre!”. 16 El espíritu+ mismo da testimonio+ con nuestro espíritu+ de que somos hijos de Dios.+ 17 Pues, si somos hijos, también somos herederos: herederos por cierto de Dios, pero coherederos+ con Cristo, con tal que suframos+ juntamente para que también seamos glorificados juntamente.+
18 Por consiguiente, estimo que los sufrimientos+ de la época presente no son de ninguna importancia en comparación con la gloria+ que va a ser revelada en nosotros. 19 Porque la expectación+ anhelante de la creación+ aguarda la revelación de los hijos de Dios.+ 20 Porque la creación fue sujetada a futilidad,+ no de su propia voluntad, sino por aquel que la sujetó, sobre la base de la esperanza+ 21 de que* la creación+ misma también será libertada+ de la esclavitud a la corrupción y tendrá la gloriosa libertad de los hijos de Dios. 22 Porque sabemos que toda la creación sigue gimiendo juntamente y estando en dolor juntamente hasta ahora. 23 No solo eso, sino que también nosotros mismos los que tenemos las primicias,+ a saber, el espíritu, sí, nosotros mismos gemimos+ en nuestro interior, mientras aguardamos con intenso anhelo la adopción como hijos,*+ el ser puestos en libertad de nuestros cuerpos por rescate. 24 Porque fuimos salvados en [esta] esperanza;+ pero la esperanza que se ve no es esperanza, porque, cuando el hombre ve una cosa, ¿la espera? 25 Pero si esperamos+ lo que no vemos,+ seguimos aguardándolo con aguante.+
26 De igual manera el espíritu+ también acude con ayuda para nuestra debilidad;+ porque el [problema de] lo que debemos pedir en oración como necesitamos hacerlo no lo sabemos,+ pero el espíritu+ mismo aboga por nosotros con gemidos no expresados.* 27 Sin embargo, el que escudriña los corazones+ sabe cuál es la intención* del espíritu,+ porque este aboga en conformidad con Dios por los santos.+
28 Ahora bien, sabemos que Dios* hace que todas sus obras+ cooperen juntas para el bien de los que aman a Dios, los que son llamados según su propósito;+ 29 porque a los que dio su primer reconocimiento*+ también los predeterminó+ para que fueran hechos conforme+ a la imagen+ de su Hijo, para que él fuera el primogénito+ entre muchos hermanos.+ 30 Además, a los que él predeterminó,+ también llamó;+ y a los que llamó, también declaró ser justos.+ Finalmente, a los que declaró justos, él también glorificó.+
31 Entonces, ¿qué diremos a estas cosas? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará* contra nosotros?+ 32 El que ni aun a su propio Hijo perdonó,+ sino que lo entregó por todos nosotros,+ ¿por qué no nos dará bondadosamente también con él todas las demás cosas?+ 33 ¿Quién presentará acusación contra los escogidos de Dios?+ Dios es Aquel que [los] declara justos.+ 34 ¿Quién es el que condenará? Cristo Jesús* es aquel que murió, sí, más bien aquel que fue levantado de entre los muertos,* que está a la diestra+ de Dios, que también aboga por nosotros.+
35 ¿Quién nos separará del amor del Cristo?*+ ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada?+ 36 Así como está escrito: “Por tu causa se nos hace morir todo el día, se nos ha tenido por ovejas para degollación”.+ 37 Al contrario, en todas estas cosas estamos saliendo completamente victoriosos+ mediante el que nos amó. 38 Porque estoy convencido de que ni muerte, ni vida,+ ni ángeles,+ ni gobiernos,+ ni cosas aquí ahora, ni cosas por venir, ni poderes,+ 39 ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra creación podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús nuestro Señor.+

Textos Diarios:

Miércoles 14 de agosto
Sé animoso y fuerte, y actúa. No tengas miedo ni te aterrorices, porque Jehová Dios, mi Dios, está contigo (1 Cró. 28:20).
El rey David le dijo estas palabras a su hijo Salomón en el siglo XI a.e.c. Salomón siguió el consejo y construyó el magnífico templo de Jehová en Jerusalén. En el siglo X a.e.c., las valientes palabras de una niña israelita resultaron ser una bendición para un hombre que padecía lepra. Esta jovencita había sido secuestrada por una banda armada y ahora era sirvienta de la casa de Naamán, comandante del ejército sirio, que era leproso. Conociendo los milagros que Jehová había realizado mediante Eliseo, le dijo a la esposa de Naamán que si este iba a Israel, el profeta de Dios lo curaría. Naamán hizo caso, fue sanado milagrosamente y llegó a ser siervo de Jehová (2 Rey. 5:1-3, 10-17). Si eres joven y amas a Dios igual que aquella niña, puedes estar seguro de que él te ayudará a predicar sin temor a tus maestros, a tus compañeros de clase y a otros. w12 15/2 2:10, 11
Martes 13 de agosto
El obedecer es mejor que un sacrificio (1 Sam. 15:22).
La Biblia indica que Jehová aprobaba las ofrendas prescritas por la Ley únicamente si se hacían con el espíritu y la actitud que él pedía. De hecho, en las Escrituras hallamos ejemplos de sacrificios que Dios rechazó. Veamos el caso del rey Saúl. El profeta Samuel le señaló que había llegado el momento de ejecutar la sentencia divina contra los amalequitas: tenía que exterminarlos tanto a ellos como a sus rebaños. Sin embargo, una vez que los derrotó, Saúl permitió que sus soldados conservaran con vida a Agag, el rey de Amaleq. Y lo mismo hizo con los mejores animales del rebaño, argumentando que podía sacrificárselos a Jehová (1 Sam. 15:2, 3, 21). Pero ¿cómo se sintió Dios? Le indignó tanto la desobediencia de Saúl que lo destituyó de su cargo (1 Sam. 15:22, 23). De este pasaje extraemos la siguiente lección: si no obedecemos a Jehová, él no aceptará nuestros sacrificios. w12 15/1 3:13, 14
12 de ag. Lectura de la Biblia: Romanos 5 a 8
Núm. 2: ¿Por qué son llevados al cielo para estar con Cristo algunos cristianos? (rs pág. 50 párrs. 7-10)
Núm. 3: ¿Por qué poner la seguridad material antes que la espiritualidad conduce al desastre? (Mat. 6:33; 1 Tim. 6:10)
12-18 DE AGOSTO DE 2013
PÁGINA 12 • CÁNTICOS: 22 Y 110
Lunes 12 de agosto
El hombre que estaba en paz conmigo, en quien yo confiaba, que estaba comiendo mi pan, ha engrandecido contra mí su talón (Sal. 41:9).
Con esas palabras se predijo que el Mesías sufriría la traición de un amigo. Comer pan con una persona era considerado una muestra de amistad (Gén. 31:54). Por tanto, la profecía de David habla de un mal amigo, un traidor de la peor clase. Jesús mismo indicó cómo se cumpliría esa predicción cuando les dijo a sus apóstoles que iba a ser traicionado: “No hablo de todos ustedes; yo conozco a los que he escogido. Mas es para que se cumpla la Escritura: ‘El que comía de mi pan ha alzado contra mí su talón’” (Juan 13:18). Judas Iscariote traicionó a Cristo por el precio de un esclavo: 30 monedas de plata. Pero no llegó a utilizar aquel dinero manchado de sangre, sino que lo arrojó en el templo y luego se suicidó (Mat. 26:14-16; 27:3-10). w11 15/8 2:5, 6
Domingo 11 de agosto
Habrá falsos maestros entre ustedes (2 Ped. 2:1).
Jehová, a través de Pablo y Pedro, nos advierte de los falsos maestros (Hech. 20:29, 30; 2 Ped. 2:1-3). Veamos quiénes son y de dónde salen. Pablo dijo a los superintendentes de Éfeso: “De entre ustedes mismos se levantarán varones y hablarán cosas aviesas”, o retorcidas. Así que pueden salir de dentro de la congregación. En este caso, reciben el nombre de apóstatas. ¿Qué es lo que pretenden? No se conforman con abandonar la organización que quizás amaron en su día. Pablo deja claro qué intención tienen: “arrastrar a los discípulos tras de sí”. Así es, los apóstatas quieren llevarse a los que ya son discípulos de Cristo. No salen a hacer discípulos de los no creyentes, sino que buscan sus presas en la congregación. Como “lobos voraces”, quieren devorar a los cristianos que hayan bajado la guardia, acabando con su fe y sacándolos del camino de la verdad (Mat. 7:15; 2 Tim. 2:18). w11 15/7 2:3, 4

Canticos de los Testigos de Jehova.