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Wednesday, September 16, 2009

Presente siempre Jehová:


Tengamos siempre presente a Jehová
“He puesto a Jehová enfrente de mí constantemente.” (SAL. 16:8.)
LAS Escrituras registran de manera extraordinaria la relación de Dios con la humanidad. En ellas se menciona a muchas personas que participaron en el cumplimiento del propósito divino. Por supuesto, sus historias no se incluyeron en la Biblia tan solo para entretenernos, sino para acercarnos más a Dios (Sant. 4:8).
2 Todos tenemos mucho que aprender de los personajes más conocidos de la Biblia, como Abrahán, Sara, Moisés, Rut, David, Ester y el apóstol Pablo. No obstante, hay otros personajes menos conocidos de los que también podemos aprender mucho. Si meditamos en lo que la Biblia relata sobre ellos, nos sentiremos impulsados a imitar al salmista, quien dijo: “He puesto a Jehová enfrente de mí constantemente. Porque él está a mi diestra, no se me hará tambalear” (Sal. 16:8). Ahora bien, ¿cómo hemos de entender estas palabras?
3 En el campo de batalla, el soldado por lo general portaba la espada con la mano derecha y el escudo con la izquierda, de modo que dejaba descubierta la diestra, o costado derecho. Pero si un compañero le cubría ese lado, quedaba protegido. De la misma manera nos protegerá Jehová si lo tomamos en cuenta y le obedecemos. A continuación veremos algunos relatos bíblicos que fortalecerán nuestra fe y nos ayudarán a tener “a Jehová enfrente de [nosotros] constantemente”, es decir, a tenerlo “siempre presente” (Levoratti-Trusso).
Jehová contesta nuestras oraciones
4 Si tenemos siempre presente a Jehová, él contestará nuestras oraciones (Sal. 65:2; 66:19). Una prueba de ello es el caso del siervo de mayor edad de Abrahán, quien seguramente era Eliezer. Este hombre viajó a Mesopotamia por orden de su amo en busca de una esposa para Isaac, una mujer que sirviera a Jehová. Acudió a Dios, le pidió ayuda y, al ver que Rebeca se ofrecía para dar de beber a sus camellos, supo reconocer la respuesta divina. Debido a que era un hombre de oración, encontró a la que llegaría a ser la amada esposa de Isaac (Gén. 24:12-14, 67). Aunque no estemos en una misión especial, como lo estuvo el siervo de Abrahán, ¿no deberíamos tener esa misma confianza en que Jehová contestará nuestras oraciones?
5 A veces las circunstancias nos obligarán a ser breves al orar. En una ocasión, el rey persa Artajerjes quiso saber por qué su copero, Nehemías, estaba triste. En el curso de la conversación, le preguntó: “¿Qué es esto que tratas de conseguir?”. Ante eso, Nehemías oró “al instante [...] al Dios de los cielos”. Su oración tuvo que ser corta y en silencio, pero Jehová la contestó. Nehemías recibió el respaldo del rey para reconstruir las murallas de Jerusalén (léase Nehemías 2:1-8). Como vemos, hasta las oraciones breves hechas en silencio dan resultados.
6 La Biblia también nos exhorta a que oremos “unos por otros”, aunque no siempre veamos de inmediato una respuesta clara a nuestras oraciones (Sant. 5:16). Por ejemplo, Epafras, “un fiel ministro del Cristo”, oró insistentemente por sus hermanos en la fe. Pablo escribió lo siguiente desde Roma: “Epafras, que es de entre ustedes [colosenses], esclavo de Cristo Jesús, les envía sus saludos, y siempre está esforzándose a favor de ustedes en sus oraciones, para que al fin estén de pie completos y con firme convicción en toda la voluntad de Dios. Yo verdaderamente doy testimonio de él, que se empeña mucho a favor de ustedes y de los que están en Laodicea y de los que están en Hierápolis” (Col. 1:7; 4:12, 13).
7 Las ciudades de Hierápolis, Laodicea y Colosas se ubicaban en la misma región de Asia Menor. En Hierápolis, los cristianos vivían entre adoradores de la diosa Cibeles. En Laodicea, el problema era el materialismo. Y en Colosas, el peligro lo constituían las filosofías humanas (Col. 2:8). No es de extrañar, pues, que Epafras —quien era colosense— se preocupara por orar a favor de los hermanos de su ciudad. Él siempre oraba por ellos, aunque la Biblia no dice cómo se contestaron sus oraciones. También nosotros debemos orar constantemente por nuestros hermanos. Aunque no nos entrometemos en asuntos ajenos, es probable que sepamos de familiares o amigos que estén pasando por una prueba difícil (1 Ped. 4:15). Una buena manera de ayudarlos es pedir por ellos en nuestras oraciones. A Pablo le hicieron mucho bien las oraciones de sus hermanos, y las nuestras pueden tener el mismo efecto en los demás (2 Cor. 1:10, 11).
8 ¿Se nos conoce como personas que valoran la oración? Cuando Pablo se reunió con los ancianos de Éfeso, “se arrodilló con todos ellos y oró”. Luego “prorrumpió gran llanto entre todos ellos, y se echaron sobre el cuello de Pablo y lo besaron tiernamente, porque especialmente les causaba dolor la palabra que había hablado en el sentido de que no iban a contemplar más su rostro” (Hech. 20:36-38). Ignoramos los nombres de aquellos ancianos; lo que sí sabemos es que se trataba de hombres que valoraban la oración. Nosotros también debemos considerar un honor orar a Dios. Sigamos siendo leales, “alzando [nuestras] manos”, seguros de que nuestro Padre celestial nos contestará (1 Tim. 2:8).
Obedezcamos a Dios en todo
9 Si tenemos siempre presente a Jehová, le obedeceremos en todo y como resultado recibiremos abundantes bendiciones (Deu. 28:13; 1 Sam. 15:22). En efecto, debemos estar prestos a obedecer a Jehová. Pensemos en la actitud que demostraron las cinco hijas de Zelofehad, que vivieron en el tiempo de Moisés. La costumbre entre los israelitas era que la herencia familiar pasara a los hijos, y no a las hijas. Pero como Zelofehad murió sin hijos varones, Jehová ordenó que se entregara la herencia a sus hijas. Sin embargo, había una condición que respetar: debían casarse exclusivamente con hombres de la tribu de Manasés, de modo que la herencia no pasara a ninguna otra tribu (Núm. 27:1-8; 36:6-8).
10 Las hijas de Zelofehad estaban seguras de que las cosas saldrían bien si obedecían a Dios. La Biblia señala: “Tal como Jehová había mandado a Moisés, de esa manera lo hicieron las hijas de Zelofehad. Por consiguiente, Mahlá, Tirzá y Hoglá y Milcá y Noá, las hijas de Zelofehad, llegaron a ser las esposas de los hijos de los hermanos de su padre. Llegaron a ser esposas de algunos de las familias de los hijos de Manasés hijo de José, para que la herencia de ellas continuara junto con la tribu de la familia de su padre” (Núm. 36:10-12). Estas mujeres obedientes siguieron las órdenes de Jehová (Jos. 17:3, 4). Hoy día los cristianos solteros que son espirituales hacen lo mismo: confían en Dios y lo obedecen casándose “solo en el Señor” (1 Cor. 7:39).
11 También debemos imitar a Caleb, otro israelita que obedeció a Jehová en todo (Deu. 1:36). Después de que el pueblo de Israel fuera liberado de Egipto en el siglo XVI antes de nuestra era, Moisés envió a doce espías a Canaán. Pero solo dos de ellos, Josué y Caleb, instaron a la gente a confiar en Jehová y a entrar en aquella tierra (Núm. 14:6-9). Unos cuarenta años después, tanto Caleb como Josué —que fue elegido por Dios para guiar al pueblo a la Tierra Prometida— estaban aún con vida, siguiendo fielmente a Jehová. En cambio, todo parece indicar que los otros diez espías murieron durante los cuarenta años que Israel pasó vagando en el desierto (Núm. 14:31-34).
12 Como sobreviviente de aquella travesía, Caleb pudo afirmar delante de Josué: “Yo seguí plenamente a Jehová mi Dios” (léase Josué 14:6-9). A sus 85 años solicitó que se le permitiera ocupar la región montañosa que Jehová le había prometido, a pesar de que esta aún tenía grandes ciudades fortificadas que estaban habitadas por enemigos de Israel (Jos. 14:10-15).
13 Si “[seguimos] plenamente a Jehová”, él nos ayudará, tal como ayudó al fiel y obediente Caleb. Así es, si le obedecemos en todo, aun en medio de grandes dificultades, Jehová nos otorgará su favor. Ahora bien, seguir a Dios como lo hizo Caleb, a lo largo de toda una vida, no es nada fácil. Por ejemplo, el rey Salomón inició muy bien su reinado, pero cuando envejeció, sus esposas lo indujeron a adorar a deidades paganas, de modo que “no siguió de lleno a Jehová como David su padre” (1 Rey. 11:4-6). Por consiguiente, obedezcamos a Dios en todo y tengámoslo siempre presente, sin importar las dificultades que afrontemos.
Confiemos siempre en Jehová
14 Tenemos que confiar en Dios, sobre todo si el mañana parece tan sombrío que llegamos a deprimirnos. Pensemos en Noemí, quien se hallaba en Moab cuando la muerte le arrebató a su esposo y a sus dos hijos. Al volver a Judá, esta mujer ya anciana se lamentó así: “No me llamen Noemí [“Mi Agradabilidad”, nota]. Llámenme Mará [“Amarga”, nota], porque el Todopoderoso me ha hecho muy amarga la situación. Estaba llena cuando me fui, y con las manos vacías Jehová me ha hecho volver. ¿Por qué deben llamarme Noemí, cuando es Jehová quien me ha humillado, y el Todopoderoso quien me ha causado calamidad?” (Rut 1:20, 21).
15 Es cierto que Noemí se sentía muy angustiada. No obstante, al leer con detenimiento el libro de Rut, vemos que nunca dejó de confiar en Jehová. ¡Y qué giro dio su vida por esperar en él! Su nuera Rut, que había quedado viuda, se casó con Boaz y dio a luz un hijo. Además, Noemí tuvo la dicha de criar a su propio nieto. El relato señala: “Las vecinas le dieron nombre [al niño], diciendo: ‘Le ha nacido un hijo a Noemí’. Y empezaron a llamarlo por nombre Obed. Él es el padre de Jesé, padre de David” (Rut 4:14-17). Cuando Noemí resucite, se encontrará con Rut y se enterará de que su nuera fue antepasada del Mesías (Mat. 1:5, 6, 16). Igual que a Noemí, a nosotros nos resulta imposible saber cómo se resolverán nuestros problemas. Por eso, confiemos siempre en Jehová, tal como nos exhorta Proverbios 3:5, 6: “Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. En todos tus caminos tómalo en cuenta, y él mismo hará derechas tus sendas”.
Dejemos que nos guíe el espíritu santo
16 Si tenemos siempre presente a Jehová, él nos guiará con su espíritu santo (Gál. 5:16-18). Dios concedió su espíritu a los 70 ancianos seleccionados para ayudar a Moisés a “llevar la carga del pueblo” de Israel. Aunque solo se menciona por nombre a Eldad y Medad, el espíritu los facultó a todos para llevar a cabo su comisión (Núm. 11:13-29). Sin duda, eran hombres capaces, reverentes, confiables y honestos, como otros que fueron escogidos antes que ellos (Éxo. 18:21). Esos son los mismos rasgos que caracterizan a los ancianos cristianos hoy día.
17 El espíritu santo de Jehová también desempeñó un papel fundamental en la construcción del tabernáculo en el desierto. Jehová nombró a Bezalel artesano y constructor principal, y prometió llenarlo “del espíritu de Dios en sabiduría y en entendimiento y en conocimiento y en habilidad para toda clase de artesanía” (Éxo. 31:3-5). Junto con otros hombres “sabios de corazón”, Bezalel y su asistente, Oholiab, realizaron esta extraordinaria obra. Además, el espíritu de Jehová impulsó a “todo el de corazón dispuesto” a aportar generosas contribuciones (Éxo. 31:6; 35:5, 30-34). Ese mismo espíritu impulsa hoy a los siervos de Dios a hacer todo lo posible por el Reino (Mat. 6:33). Independientemente de las habilidades que tengamos, necesitamos pedir espíritu santo y seguir su guía, pues solo de ese modo lograremos cumplir con la tarea que Jehová nos ha encargado (Luc. 11:13).
Reverenciemos siempre a Jehová de los ejércitos
18 La actitud reverente que el espíritu santo fomenta en nosotros nos impulsa a tener siempre presente a Jehová. En la antigüedad, el pueblo de Dios recibió el siguiente mandato: “Al Señor de los ejércitos, a Él debéis reverenciar” (Isa. 8:13, Universidad de Navarra). Simeón y Ana, dos siervos de Dios que vivían en Jerusalén para el tiempo en que Jesús nació, demostraron precisamente esa actitud de respeto y devoción (léase Lucas 2:25-38). A su avanzada edad, Simeón seguía “espera[ndo] la consolación de Israel”, pues tenía fe en las profecías mesiánicas. Mediante su espíritu, Dios le había asegurado que viviría para ver al Mesías, y eso fue lo que ocurrió. Cierto día del año 2 antes de nuestra era, Jesús fue presentado en el templo por María, su madre, y por José, su padre adoptivo. Lleno de espíritu santo, Simeón empezó a profetizar acerca del Mesías y predijo el dolor que iba a sufrir María al ver a Jesús clavado en un madero de tormento. Pero ¡imagínese la alegría de Simeón al tomar en sus brazos al “Cristo de Jehová”! Este hombre reverente es sin duda un excelente ejemplo para los siervos de Dios de la actualidad.
19 Ana, una reverente viuda de 84 años, “nunca faltaba [al] templo”. Día y noche rendía servicio sagrado a Jehová “con ayunos y ruegos”. Como también estaba en el templo aquel día, tuvo la oportunidad de ver al bebé. ¡Y qué agradecida debió de sentirse al contemplar al futuro Mesías! De inmediato “empezó a dar gracias a Dios y a hablar acerca del niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén”. Ana no podía quedarse callada; tenía que compartir la magnífica noticia. Tal como Simeón y Ana, los cristianos mayores se alegran de saber que nunca se es demasiado viejo para servir a Jehová y ser su Testigo.
20 Sin importar nuestra edad, todos debemos tener siempre presente a Jehová. Así, él bendecirá nuestro empeño por hablar a otras personas de su dignidad real y de sus maravillosas obras (Sal. 71:17, 18; 145:10-13). Ahora bien, para honrar a Jehová, es necesario cultivar cualidades que le agraden. Analicemos otros relatos bíblicos para aprender más de dichas cualidades.
¿Qué respondería?
• ¿Cómo sabemos que Jehová contesta las oraciones?
• ¿Por qué debemos obedecer a Dios en todo?
• ¿Por qué debemos confiar en Jehová, aun si estamos deprimidos?
• ¿Cómo ayuda el espíritu santo al pueblo de Dios?
[Preguntas del estudio]
1. ¿Cómo nos beneficia conocer las historias de los personajes bíblicos?
2, 3. ¿Cómo hemos de entender las palabras de Salmo 16:8?
4. Mencione un ejemplo bíblico que demuestre que Dios contesta las oraciones.
5. ¿Cómo sabemos que hasta las oraciones breves hechas en silencio dan resultados?
6, 7. a) En lo que tiene que ver con la oración, ¿qué ejemplo nos dejó Epafras? b) ¿Por qué debemos orar a favor de los demás?
8. a) ¿Cómo sabemos que los ancianos de Éfeso valoraban la oración? b) ¿Cómo debemos considerar la oración?
9, 10. a) ¿Qué ejemplo dejaron las hijas de Zelofehad? b) ¿Qué pueden aprender los cristianos solteros de la obediencia de estas israelitas?
11, 12. ¿Cómo demostró Caleb que confiaba en Dios?
13. ¿Qué debemos hacer, aun en medio de grandes dificultades, para obtener el favor de Dios?
14, 15. ¿Cómo nos enseña la historia de Noemí que es necesario confiar en Dios?
16. ¿Cómo ayudó el espíritu santo de Dios a ciertos ancianos del Israel antiguo?
17. ¿Cómo intervino el espíritu santo en la construcción del tabernáculo?
18, 19. a) ¿Qué actitud fomenta en nosotros el espíritu santo? b) ¿Qué ha aprendido usted del ejemplo de Simeón y Ana?
20. Sin importar nuestra edad, ¿qué debemos hacer, y por qué?
[Ilustración de la página 4]
La oración de Nehemías dio resultados
[Ilustración de la página 5]
La forma en que se resolvieron los problemas de Noemí reafirma nuestra confianza en Jehová.

Tuesday, September 15, 2009

Los Caminos de Jehová:


Andemos en los caminos de Jehová
“Feliz es todo el que teme a Jehová, que anda en sus caminos.” (SAL. 128:1.)
LA FELICIDAD. ¿Quién no la desea? Claro, seguramente todos concordamos en que una cosa es desear y buscar la felicidad, y otra muy distinta, alcanzarla.
2 Con todo, Salmo 128:1 nos asegura que la felicidad está a nuestro alcance al decir que “feliz es todo el que teme a Jehová” y “anda en sus caminos”. La clave está, entonces, en tener respeto reverencial por Dios y andar en sus caminos, es decir, hacer su voluntad. Y esto se reflejará en nuestra personalidad y conducta. ¿Cómo?
Demostremos que somos dignos de confianza
3 Los que temen a Jehová son como él: dignos de confianza. Jehová cumplió todas las promesas que le hizo al antiguo Israel (1 Rey. 8:56). De las promesas que nosotros pudiéramos hacer, la dedicación a Dios es la más importante, y para cumplir con ella debemos orar con frecuencia. Imitemos al salmista David, quien oró: “Tú mismo, oh Dios, has escuchado mis votos. [...] Así que ciertamente celebraré tu nombre con melodía para siempre, para [pagar] mis votos día tras día” (Sal. 61:5, 8; Ecl. 5:4-6). Si queremos ser amigos de Dios, tenemos que ser confiables (Sal. 15:1, 4).
4 En los días de los jueces de Israel, Jefté hizo un voto: si Jehová le daba la victoria sobre los ammonitas, él presentaría “como ofrenda quemada” al primero que saliera a recibirlo cuando regresara de la batalla. Pero quien salió a su encuentro fue la única hija que tenía. A pesar de todo, ambos demostraron su fe en Jehová: Jefté cumplió su voto y su hija lo apoyó. Aunque el matrimonio y los hijos eran dones muy preciados en Israel, la hija de Jefté estuvo dispuesta a permanecer soltera, y por ello tuvo el honor de servir en el santuario mismo de Jehová (Jue. 11:28-40).
5 Ana, una mujer temerosa de Dios, también demostró que era digna de confianza. Ella vivía en la región montañosa de Efraín con su esposo, el levita Elqaná, y con Peniná, la otra esposa de este. Como Peniná tenía varios hijos, se burlaba de Ana, que era estéril, sobre todo cuando la familia viajaba al tabernáculo. En una de esas ocasiones, Ana le hizo una promesa solemne a Jehová: le dijo que si le daba un hijo, ella se lo entregaría para que le sirviera. Al poco tiempo quedó embarazada y dio a luz un varón, al que llamó Samuel. Una vez que destetó al niño, lo presentó a Jehová en Siló y se lo dejó para que le sirviera “todos los días de su vida” (1 Sam. 1:11). Así, Ana cumplió su voto, y lo hizo aun sin saber que con el tiempo tendría más hijos (1 Sam. 2:20, 21).
6 Tíquico, que vivió en el siglo primero, fue un cristiano confiable, un “fiel ministro” (Col. 4:7). Viajó con el apóstol Pablo desde Grecia hasta Asia Menor, pasando por Macedonia, y quizá llegó con él a Jerusalén (Hech. 20:2-4). Es probable que él haya sido el hermano que ayudó a Tito a distribuir la dádiva a favor de los cristianos necesitados de Judea (2 Cor. 8:18, 19; 12:18). Cuando Pablo fue encarcelado en Roma por primera vez, le confió a Tíquico la misión de llevar las cartas para las congregaciones de Éfeso y Colosas (Efe. 6:21, 22; Col. 4:8, 9). Y durante su segundo encarcelamiento en Roma, lo envió a Éfeso (2 Tim. 4:12). Si nosotros somos tan confiables como él, también disfrutaremos de muchos privilegios en el servicio de Jehová.
7 Dios espera que seamos leales a nuestros amigos (Pro. 17:17). Jonatán, hijo del rey Saúl, entabló una sólida amistad con David. Cuando se enteró de que el muchacho había matado a Goliat, “la misma alma de [él] se ligó con el alma de David, y [él] empezó a amarlo como a su propia alma” (1 Sam. 18:1, 3). Fue Jonatán quien le advirtió que Saúl quería matarlo, y cuando David huyó, se reunieron para hacer un pacto. Más tarde, Jonatán defendió a David ante su padre, lo que casi le costó la vida. Aun así, volvió a buscar a su amigo para reafirmar los lazos que los unían (1 Sam. 20:24-41). Y aprovechó su último encuentro para “fortalecerle la mano respecto a Dios” (1 Sam. 23:16-18).
8 Jonatán murió en una batalla contra los filisteos (1 Sam. 31:6). Abatido, David cantó: “Estoy angustiado por ti, hermano mío, Jonatán, muy agradable me fuiste. Más maravilloso me fue tu amor que el amor procedente de mujeres” (2 Sam. 1:26). Se trataba de un profundo cariño fraternal que carecía de connotaciones sexuales. Sí, David y Jonatán eran verdaderos amigos.
Seamos “de mente humilde”
9 Para ser amigos de Dios, tenemos que ser “de mente humilde” (1 Ped. 3:8; Sal. 138:6). El capítulo 9 del libro de Jueces destaca la importancia de la humildad. Allí encontramos una parábola que contó Jotán, hijo de Gedeón. El relato comienza así: “Una vez, los árboles fueron a ungir sobre sí un rey”. El olivo, la higuera y la vid representaron a hombres honorables que nunca buscaron reinar sobre sus hermanos israelitas. En cambio, el cambrón —que solo sirve para leña— representó el reinado de un asesino ávido de poder: el orgulloso Abimélec. Este hombre se las dio “de príncipe sobre Israel por tres años”, pero finalmente sufrió una muerte violenta (Jue. 9:8-15, 22, 50-54). ¿Verdad que es mucho mejor ser “de mente humilde”?
10 En el siglo primero de nuestra era se suscitaron tensiones entre el orgulloso rey de Judea, Herodes Agripa, y los habitantes de Tiro y Sidón. Estos buscaron restablecer la paz, a lo que Herodes respondió pronunciando un discurso público. A su vez, la multitud reunida empezó a adularlo gritando: “¡Voz de un dios, y no de un hombre!”. Como el rey no rechazó aquellas alabanzas ni “dio la gloria a Dios”, fue herido por un ángel de Jehová y murió de manera espantosa (Hech. 12:20-23). Pues bien, ¿qué se espera de nosotros si somos buenos oradores o maestros hábiles de la Biblia? Que le demos el mérito a Dios por lo que nos permite hacer (1 Cor. 4:6, 7; Sant. 4:6).
Cobremos fuerzas y valor
11 Si somos humildes al andar en los caminos de Jehová, él nos dará las fuerzas y el valor que necesitamos (Deu. 31:6-8, 23). Enoc, el séptimo en la línea genealógica de Adán, anduvo valientemente con Dios y se comportó con rectitud en medio de sus malvados contemporáneos (Gén. 5:21-24). Jehová le dio fuerzas para declarar un enérgico mensaje de juicio que condenaba sus perversas palabras y acciones (léase Judas 14, 15). ¿Tenemos nosotros el mismo valor para proclamar los juicios de Dios?
12 Aquella sentencia divina contra la gente malvada se cumplió cuando llegó el Diluvio. De ahí que el mensaje profético de Enoc nos aliente hoy día, pues la sociedad malvada que nos rodea también será destruida en breve por miríadas de santos ángeles (Rev. 16:14-16; 19:11-16). En respuesta a nuestras oraciones, Jehová nos dará valor para proclamar sus mensajes, tanto los de condena como los de esperanza en el Reino y sus bendiciones.
13 Cuando los problemas nos deprimen, necesitamos más que nunca el ánimo y las fuerzas que Dios da. Pensemos en Isaac y Rebeca. Cuando su hijo Esaú se casó con dos mujeres hititas, estas “fueron una fuente de amargura de espíritu” para ellos. Rebeca se lamentó así: “He llegado a aborrecer esta vida mía a causa de las hijas de Het. Si alguna vez [nuestro hijo] Jacob toma esposa de las hijas de Het como estas de las hijas del país, ¿de qué me sirve la vida?” (Gén. 26:34, 35; 27:46). Isaac tomó cartas en el asunto y envió a Jacob lejos a buscar esposa entre los siervos de Jehová. Aunque Isaac y Rebeca no podían cambiar lo que Esaú había hecho, Jehová les dio la sabiduría, la entereza y las fuerzas para continuar fieles. Y lo mismo hará por nosotros si se lo pedimos (Sal. 118:5).
14 Siglos después, una niña israelita fue tomada cautiva por una banda de asaltantes y llegó a ser sirvienta en la casa del comandante del ejército sirio, Naamán, quien padecía lepra. Como esta niña sabía de los milagros que Dios efectuaba mediante el profeta Eliseo, se armó de valor para hablar a su ama y decirle que si Naamán iba a Israel, el profeta de Jehová lo curaría. El hombre fue a Israel y se curó milagrosamente (2 Rey. 5:1-3). Esta niña es un ejemplo animador para los jóvenes que le piden valor a Jehová para predicar a profesores, compañeros y demás personas.
15 El valor que Dios da también nos ayuda a resistir la persecución. Tomemos el caso de Abdías, mayordomo de la casa del rey Acab y contemporáneo de Elías. Cuando la reina Jezabel ordenó que se aniquilara a los profetas de Dios, Abdías escondió a cien de ellos “por cincuentenas en una cueva” (1 Rey. 18:13; 19:18). ¿Tendríamos nosotros el mismo valor para proteger a nuestros compañeros cristianos en tiempos de persecución?
16 Si alguna vez se nos persigue, podemos estar seguros de que Jehová no nos abandonará (Rom. 8:35-39). Pensemos en Aristarco y Gayo, colaboradores de Pablo que tuvieron que enfrentarse a cientos o quizá miles de personas en el teatro de Éfeso. Con su predicación, el apóstol estaba logrando que muchos habitantes de esta ciudad abandonaran la adoración de ídolos. Los plateros del lugar, que fabricaban representaciones en plata del templo de la diosa Ártemis, vieron amenazado su próspero negocio. A instancias de uno de ellos, llamado Demetrio, se formó una chusma. La gente se llevó a Aristarco y a Gayo a la fuerza hasta el teatro y allí se puso a gritar: “¡Grande es Ártemis de los efesios!”. Estos cristianos seguramente pensaron que iban a morir, pero el principal funcionario público de la ciudad consiguió apaciguar a la muchedumbre (Hech. 19:23-41).
17 Si nosotros hubiéramos salido de una situación como esa, ¿habríamos buscado una forma de vida menos arriesgada? Nada indica que Aristarco y Gayo se acobardaran. Aristarco sabía que podían ser perseguidos por proclamar las buenas nuevas, pues la predicación de Pablo había generado disturbios en su ciudad, Tesalónica (Hech. 17:5; 20:4). Pero como él y Gayo andaban en los caminos de Jehová, contaban con el valor y la fortaleza que él les daba para resistir la persecución.
Preocupémonos por el bienestar de los demás
18 Debemos preocuparnos por el bienestar de nuestros hermanos, tanto en tiempos de paz como de persecución. Prisca y Áquila vigilaban “con interés personal” los asuntos de los demás, es decir, se preocupaban por sus hermanos (léase Filipenses 2:4). Es posible que este ejemplar matrimonio haya alojado a Pablo mientras estaba en Éfeso. Fue precisamente allí donde, a instancias de Demetrio, se formó la chusma antes mencionada, de modo que tal vez fue esta situación la que los haya llevado a arriesgar la vida por el apóstol (Rom. 16:3, 4; 2 Cor. 1:8). En tiempos de persecución, debemos ser “cautelosos como serpientes” al desempeñar nuestra labor, pues nos preocupamos por nuestros hermanos (Mat. 10:16-18). Tampoco los traicionamos dando sus nombres u otros datos a nuestros perseguidores.
19 Hay otras formas de demostrar que nos preocupamos por el bienestar de los demás. Si algún hermano está pasando necesidad, quizás podríamos tenderle la mano (Efe. 4:28; Sant. 2:14-17). En la congregación de Jope, en el siglo primero, había una cristiana muy generosa llamada Dorcas (léase Hechos 9:36-42). Esta cristiana “abundaba en buenos hechos y en dádivas de misericordia”. Al parecer confeccionaba ropa para las viudas necesitadas. Su muerte, ocurrida en el año 36 de nuestra era, causó gran congoja entre aquellas viudas. Pero Dios la resucitó mediante el apóstol Pedro, y seguramente Dorcas pasó el resto de su vida terrestre predicando y haciendo buenas obras. ¿Verdad que nos alegra tener a tantas hermanas generosas entre nosotros?
20 Otra manera de demostrar nuestra preocupación por los demás es brindándoles palabras de aliento (Rom. 1:11, 12). Veamos cómo Silas, el compañero de Pablo, fue una fuente de estímulo para quienes lo rodeaban. Cuando se resolvió la cuestión de la circuncisión en el año 49, el Cuerpo Gobernante envió emisarios desde Jerusalén con cartas a todas las congregaciones. Silas y Judas fueron a Antioquía junto con Pablo y Bernabé, y allí “animaron a los hermanos con muchos discursos, y los fortalecieron” (Hech. 15:32).
21 Más tarde, Pablo y Silas fueron encarcelados en Filipos. Pero un terremoto les dio la oportunidad de dar testimonio, y como resultado, el carcelero y su casa aceptaron el cristianismo. Antes de dejar la ciudad, Pablo y Silas dieron aliento a los hermanos (Hech. 16:12, 40). Esforcémonos por imitar su ejemplo y animar a los demás, sea al hacer comentarios, al dar discursos o al predicar con entusiasmo. Y si tiene “alguna palabra de estímulo” que decirle a alguien, no lo dude: dígasela (Hech. 13:15).
Sigamos andando en los caminos de Jehová
22 Debemos estar muy agradecidos por las historias de la vida real que contiene la Palabra de Jehová, el “Dios de quien proviene todo ánimo” (2 Cor. 1:3, Biblia del nuevo milenio). Ahora bien, estos relatos solo nos serán de provecho si aplicamos las lecciones que nos enseñan y nos dejamos guiar por el espíritu santo (Gál. 5:22-25).
23 Si meditamos en los relatos bíblicos, se despertará en nosotros el deseo de adquirir cualidades divinas. Además, se estrechará nuestra relación con Dios, quien nos llena de “sabiduría y conocimiento y regocijo” (Ecl. 2:26). Y de este modo, alegraremos el corazón de Jehová (Pro. 27:11). Decidámonos a hacerlo y sigamos andando siempre en los caminos de Jehová.
¿Qué respondería?
• ¿Cómo demostramos que somos dignos de confianza?
• ¿Por qué debemos ser “de mente humilde”?
• ¿Cómo nos ayudan los relatos bíblicos a cobrar ánimo y valor?
• ¿De qué maneras demostramos que nos preocupamos por el bienestar de los demás?
[Preguntas del estudio]
1, 2. ¿Por qué estamos tan seguros de que es posible ser feliz?
3. ¿Cuál es la mejor manera de demostrarle a Dios que somos dignos de confianza?
4. ¿Cómo vieron Jefté y su hija el voto que él había hecho a Jehová?
5. ¿Cómo demostró Ana que era digna de confianza?
6. ¿Cómo mostró Tíquico que era un cristiano confiable?
7, 8. ¿Por qué podemos decir que David y Jonatán eran verdaderos amigos?
9. ¿Cómo destaca el capítulo 9 de Jueces la importancia de la humildad?
10. ¿Qué aprendemos de que Herodes no diera “la gloria a Dios”?
11, 12. ¿Cómo prueba el caso de Enoc que Jehová da valor y fuerzas a sus siervos?
13. ¿Qué nos garantiza que Dios nos dará el ánimo y las fuerzas para afrontar cualquier dificultad?
14. ¿Cómo demostró valor una niña israelita?
15. ¿Qué valerosa acción llevó a cabo Abdías, el mayordomo de la casa de Acab?
16, 17. ¿Cómo reaccionaron Aristarco y Gayo ante la persecución?
18. ¿En qué sentido estaban Prisca y Áquila “vigilando con interés personal” los asuntos de los demás?
19. ¿Qué incluían los “buenos hechos” de Dorcas?
20, 21. a) ¿De qué otra manera demostramos que nos preocupamos por los demás? b) ¿Qué podría hacer usted para dar aliento a otros?
22, 23. ¿Qué hemos de hacer para sacar provecho de los relatos bíblicos?
[Ilustración de la página 8]
No fue nada fácil, pero Jefté cumplió su voto y su hija lo apoyó; así mostraron que eran dignos de confianza
[Ilustración de la página 10]
Joven, ¿qué has aprendido de la niña israelita?
[Ilustración de la página 11]
¿Cómo ayudó Dorcas a sus hermanas necesitadas?.

Cuba: Contracultura:


CUBA: CONTRACULTURA
Nota del BlogguistaEn mis ya lejanos años de estudiante universitario en la Universidad de La Habana, descubrí el Círculo Shakespiano de la Lengua en los bajos de la Biblioteca Central de dicha universidad; eran los años de Woodstock, The Beatles, Rolling Stones, la rock opera Hair, etc.. Me di banquete en ese Círculo o Centro leyendo las revista que allí llegaban todas en idioma inglés, las cuales me ayudaron a conectarme con el mundo exterior a la satrapía en lo referente al rock, que era lo que me interesaba en esos años de peligrosas melenas y pantalones campanas o patas de elefantes que eran vistos como un reto al sistema. Nunca hablé nada con nadie de ese lugar; hubiera sido un tanto más en contra de mi ya cuestionada condición revolucionaria.
********************Tomado de El Nuevo Herald.com
ContraculturaPor Alejandro RiosEn el hermoso filme Taking Woodstock, el director Ang Lee es capaz de idealizar los pormenores que dieron lugar al más legendario y significativo de los conciertos de rock que se hayan celebrado a cielo abierto.Se trata de la historia de un pueblo de provincias y sus pintorescos personajes que afrontan, un buen día de 1969, los rigores de un evento para el cual no estaban preparados. El dilema resulta encantador, más cuando ya es de todos conocidos el resultado: ``tres días de paz y música''.Cuando Woodstock celebró su primer decenio me acuerdo haber visto en un ejemplar de la revista The New Yorker, llegada furtivamente a Cuba, la caricatura donde los otrora participantes ya brindaban con champagne en ambiente de lujo. Era el chiste, algo cínico, de cómo los utópicos hippies se habían transformado en presidentes de grandes corporaciones. De cierta manera, también, la anécdota cifraba un elogio del dinámico capitalismo norteamericano.En 1970, un año después de haberse celebrado el concierto, yo estaba en el campamento Venceremos, donde un grupo de muchachos cubanos tratábamos, infructuosamente, de emular a nuestros congéneres norteamericanos, abogando por la paz, la música y el amor, con la diferencia que debíamos cortar caña para hacernos respetar por los estamentos oficiales.Cierto día, uno de los más conspicuos miembros de aquella aventura, rigurosamente vigilada por miembros de la Juventud Comunista, Silvio Rodríguez (sí, el mismo del concierto de la paz en la Plaza de la Revolución, cuando simulaba ser un forajido), se apareció en el campamento con un ejemplar de la revista Life dedicada a Woodstock. La publicación pasó desesperadamente de mano en mano hasta casi desaparecer. Hoy sospecho de tanta sinceridad y me parece que tras su sorpresiva promoción del concierto, se ocultaba un operativo de la policía política.(El insumergible y oportunista Carlos Rafael Rodríguez, comunista miembro del gabinete batistiano en el perído de gobierno de Fulgencio Batista de 1940-1944, junto al comunista y burgués azucarero Juan Marinello, y miembro del Buró Político durante el Castrato hasta que murió ; nota y foto adicionadas por el bloguista)Aquellas fotos espléndidas de un mundo vedado, sin embargo, quedaron para siempre fijadas a mi imaginación.Cuando en 1969 medio millón de jóvenes se arremolinaban ante sus dioses musicales tutelares en el pináculo del movimiento hippie, en aquel ignoto pueblo de Nueva York, los cubanos que intentaban imitarlos en la isla del desencanto eran acosados en las calles por diligentes policías y sus auxiliares civiles, desmochando melenas y abriendo pantalones ajustados a golpe de tijeretazos.Carlos Rafael Rodríguez, uno de los funcionarios más astutos entre los seguidores de Fidel Castro, se reunía temprano con los alumnos de las escuelas de arte, semillero potencial de desórdenes sociales, y celebraba el aire de protesta de los hippies, sus guitarras y hasta el pelo largo en el seno del imperio, al mismo tiempo que reafirmaba la improcedencia de una actitud de ese tipo en Cuba, donde casi todas las contradicciones estaban resueltas.Rodríguez llegó a decir que Castro era el ``protestante en jefe'', suerte de máximo hippie y que a partir de esa premisa cualquier queja de la juventud cubana no tenía sentido.En los accesos de las escuelas se apostaban funcionarios y profesores voluntarios para no dejar entrar a quienes ostentaran unas pulgadas más de pelo o se enfundaran en estrechos pantalones.La tradicional devoción de la juventud por las manifestaciones culturales de Estados Unidos, nada nuevo en Cuba, donde Presley y Paul Anka hicieron las delicias de muchos durante los años cincuenta, pasó definitivamente a la clandestinidad, impelidos por la intolerancia del socialismo criollo en franca imitación de sus iguales en Europa.Los músicos de Woodstock fueron escuchados a escondidas en primitivos radios de batería capaces de sintonizar estaciones en Miami como WQAM o Arkansas y su legendaria KAAY con el programa nocturno Beaker Street, donde supimos de lo mejor del rock. Uno de ellos, Santana (sí el mismo del t-shirt con Ernesto Guevara durante una ceremonia televisada) fue expresamente prohibido por el gobierno revolucionario.a contracultura en Estados Unidos obedeció a una época de grandes transformaciones sociales signadas por la guerra en Asia. Muchas de sus insospechadas derivaciones artísticas hoy forman parte del patrimonio cultural de la nación.La injusta represión contra la cultura foránea en Cuba tuvo consecuencias nefastas y todavía se habla de diversionismo ideológico o desviaciones cuando los jóvenes miran hacia el norte, más allá del malecón, para sacudirse la letanía de cincuenta años de batallas de ideas, resistencia, patria o muerte y otros disparates de similar género.
**************Jefferson AirplaneSomebody to love - White rabbit (live at Woodstock)
************Jimi Hendrix-WoodstockVoodoo Child


( Tomado de Baracutey Cubano).
Nota: Esto me hace recordar mi estancia en la Escuela Secundaria Básica en el Campo #6 " Cosmonauta Yuri Gagarin"donde fui Sub Directora Docente y Profesora de Historia en el curso 1973-74 . Los muchachos dibujaron el símbolo de Amor y Paz en sus sombreros de campo, y hubo un gran despliegue de la Policía Política en la Escuela, alertada por otro profesor de Historia de precedencia militar y "experto en asuntos de Hippies". Yo apenas sabía de eso; mis gustos musicales de entonces eran puramente hispanos. De Silvio, incluso, apenas conocía:" Habana, día de un año...Los amantes se dan la mano...", " Viven muy felices, los que repiten la lección como aprendices, los que mañana no serán ya ni raíces; no digo yo", y lo que oía todas las mañanas a la hora del "De pie" a las seis de la mañana: la canción de las Escuelas en el Campo o ESBECS.Entonces lo mío era Julio Iglesias, Nino Bravo, los Fórmula V....La música en Inglés nunca tuve la oportunidad de aprender a escucharla. Era un estigma para la mayoría de mi generación.Hoy todavía no he aprendido a disfrutarla; a diferencia de mis hijos.( Nota de la Blogguista).
Nota de amiga y lectora cubana residente en Nevada, U.S.A:
Olga L. Miranda
Margara esto esta genial, es verdad, en Cuba nunca se supo casi de Woodstock, yo al menos me estoy enterando ahora de lo importante que fue ese movimiento y de toda la gente que agrupo, pues ami me paso como a ti. Gracias por el escrito.

Monday, September 14, 2009

De la actualidad cubana( Diálogo con la Parienta):

-Prima,COMO ESTAS?
-AQUI HAY 1 CALOR Q ES 1 LOCURA MAS TODA LA Q YA TENEMOS
-Yo estoy muy bien, prima. Dime de ustedes?

-MIMA ESTO ESTA DE MADRE MUCHOS VIRUS Y ENFERMEDADES
Y FUMIGAN Y NADA, SOBREVIVEN LOS MOSQUITOS Y NOSOTROS NO.
-Pero y ustedes ahi como van(en la casa)?

-BIEN LA CONJUNTIVITIS MEJOR AUNQUE TENGO AL HIJO Y AL NIETO CON FIEBRE PARECE DE LA GRIPE
EN TODOS LOS HOGARES EXISTE ALGUN FAMILIAR ENFERMO
ESTO ES GENERAL
-yo tambien tengo gripe, pero bastante controlada con medicamentos

-AQUI VAS AL MEDICO Y TE DICEN Q SON VIRUS Q PASAN A X TIEMPO Q REPOSO Y AGUA
-PRIMA SOMOS LOS PRIVILEGIADOS DEL PLANETA SOLO NECESITAMOS AGUA PARA CURARNOS

-Lo peor son los huesos y la edad(56) y trabajando en un restaurante;podr ás imaginarte;pero tengo proyectos de negocios a ver si levanto y los visito allá algún día...

-amiga cuidate yo se q tienen q trabajar mucho pero tu salud 1

-si, me cuidaré

-no te creas yo tengo 47 y los dolores en las manos y en las piernas a veces me mata
prima cuidate rebiso mi correo para desconectarme
nos saludamos y nos cuidamos
-ok
-besos
y espero con ansiedad poder reconocernos.

-Ok. Revisa tu correo y mis envios...



-ok
yo tambien te envie algo muy bonito bueno para mi
chao
cuidateeeeeeeee
-precioso lo que me mandaste;gracias ...
-muaaaaaaaaaaa
-cuidate

-cuidate tu.besos;chao....
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Jesús puede protegernos( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):


Capítulo 33
Jesús puede protegernos
CUANDO Jesús creció y supo cómo Jehová lo había protegido en su niñez, ¿piensas que le oró para darle las gracias?... ¿Qué crees que les dijo a María y José al enterarse de que le habían salvado la vida llevándolo a Egipto?...
Por supuesto, Jesús ya no es un bebé y tampoco vive en la Tierra como entonces. Sin embargo, ¿te has dado cuenta de que en nuestros días parece que para algunas personas Jesús solo es un bebé acostado en un pesebre?... En muchos lugares se representa a Jesús de esa manera, sobre todo durante la época de Navidad.
Aunque Jesús ya no está en la Tierra, ¿crees que sigue vivo?... Sí, Dios lo resucitó, y ahora es un Rey poderoso en el cielo. Pero ¿cómo piensas que puede proteger a sus siervos?... Cuando Jesús vivía en la Tierra, demostró que podía proteger a quienes lo amaban. Veamos cómo lo hizo en cierta ocasión, mientras estaba en una barca con sus discípulos.
Era casi de noche. Jesús había pasado todo el día enseñando al lado del mar de Galilea, que es un gran lago de unos veinte kilómetros de largo y doce kilómetros de ancho. Entonces les dijo a sus discípulos: “Pasemos al otro lado del lago”. Así que se subieron a una barca y comenzaron a cruzarlo. Jesús estaba tan cansado que se fue a la parte de atrás y se acostó sobre una almohada. Enseguida se durmió profundamente.
Los discípulos se quedaron despiertos para mantener el rumbo de la barca. Todo iba bien hasta que, de repente, se levantó un viento fuerte. Cada vez soplaba con más furia, y el mar se agitaba más y más. Las olas daban contra la barca, y esta empezó a llenarse de agua.
Los discípulos tenían miedo de que la barca se hundiera. Mientras tanto, Jesús seguía durmiendo tranquilamente en la parte de atrás. Por fin, los discípulos lo despertaron y le dijeron: ‘Maestro, Maestro, sálvanos, vamos a morir en esta tormenta’. Al oír aquello, Jesús se levantó y les ordenó al viento y al mar: ‘¡Silencio! ¡Cállense!’.
El viento dejó de soplar de inmediato, y el mar se calmó. Los discípulos estaban sorprendidos, pues nunca antes habían visto nada igual. Se decían unos a otros: “¿Quién, realmente, es este, porque ordena hasta a los vientos y al agua, y le obedecen?” (Lucas 8:22-25; Marcos 4:35-41).
Y tú, ¿sabes quién es Jesús?... ¿De dónde le viene su gran poder?... Los discípulos no deberían haber tenido miedo mientras Jesús estaba con ellos, pues él no era un hombre como los demás. Podía hacer cosas maravillosas que resultaban imposibles para cualquier otra persona. Voy a contarte algo que hizo durante otra tormenta parecida.
Sucedió algún tiempo después. Un día, al atardecer, Jesús les dijo a sus discípulos que tomaran una barca, cruzaran hasta la otra orilla y lo esperaran allí. Entonces se marchó solo a la montaña, pues era un lugar tranquilo donde podía orar a su Padre, Jehová Dios.
Los discípulos se subieron a la barca y comenzaron a navegar. Sin embargo, al rato empezó a soplar el viento, cada vez con más fuerza. Ya se había hecho de noche. Los hombres recogieron la vela y se pusieron a remar, pero no avanzaban mucho porque el fuerte viento soplaba en dirección contraria. La barca subía y bajaba entre grandes olas, y le seguía entrando más y más agua. Los discípulos luchaban por llegar a la orilla, pero no lo conseguían.
Jesús llevaba ya bastante rato a solas en la montaña. Entonces, cuando vio que sus amigos estaban en peligro en medio del gran oleaje, bajó hasta la orilla del mar. Como quería ayudarlos, comenzó a caminar hacia ellos sobre el mar agitado.
¿Qué pasaría si tú intentaras caminar sobre el agua?... Te hundirías y podrías ahogarte. Pero Jesús es diferente porque tiene poder especial. Para llegar hasta la barca, tuvo que recorrer una gran distancia. Por eso, cuando los discípulos lo vieron acercarse caminando sobre las aguas, ya casi había amanecido. Los hombres no podían creer lo que veían. Se asustaron tanto que se pusieron a gritar. Entonces, Jesús les dijo: “Cobren ánimo, soy yo; no tengan temor”.
En cuanto Jesús se subió a la barca, la tormenta se detuvo. Los discípulos estaban sorprendidos de nuevo. Se inclinaron ante Jesús y le dijeron: “Verdaderamente eres Hijo de Dios” (Mateo 14:22-33; Juan 6:16-21).
¿No habría sido maravilloso vivir en aquella época y ver cómo Jesús hacía esos milagros?... ¿Sabes por qué los hizo?... Porque amaba a sus discípulos y quería ayudarlos. Además, quiso mostrar el gran poder que tenía entonces y que utilizaría en el futuro como Gobernante del Reino de Dios.
Hoy en día, Jesús también emplea su poder a menudo para proteger a sus seguidores cuando Satanás trata de impedir que hablen a otras personas del Reino de Dios. Sin embargo, no lo usa para evitar que sus discípulos se enfermen ni para curarlos. Hasta los apóstoles de Jesús murieron con el tiempo. Santiago, el hermano de Juan, fue asesinado, y a Juan lo metieron en prisión (Hechos 12:2; Revelación [Apocalipsis] 1:9).
En nuestros días ocurre lo mismo. Sin importar si sirven a Jehová o no, todas las personas se enferman y mueren. Pero pronto, cuando Jesús gobierne como Rey del Reino de Dios, todo será diferente. Nadie tendrá motivos para sentir temor nunca más, porque Jesús utilizará su poder para bendecir a todos los que le obedezcan (Isaías 9:6, 7).
Otros textos que muestran el gran poder de Jesús, a quien Dios ha hecho Gobernante de su Reino, son Daniel 7:13, 14; Mateo 28:18, y Efesios 1:20-22.
[Ilustraciones de la página 172]
¿Qué es Jesús para ti: un rey poderoso, o un bebé indefenso?
[Ilustración de la página 173]
¿Qué les está diciendo Jesús al viento y al mar?
[Ilustración de la página 174]
¿Por qué hacía milagros Jesús?
[Ilustración de la página 176]
¿Cómo protege Jesús a sus seguidores hoy en día?.

El Ministerio:


“Sigue vigilando el ministerio que aceptaste en el Señor”
“Sigue vigilando el ministerio que aceptaste en el Señor, [para] que lo cumplas.” (COL. 4:17.)
LOS cristianos tenemos una enorme responsabilidad hacia las personas que nos rodean, pues las decisiones que tomen ahora significarán vida o muerte para ellas cuando llegue “la gran tribulación” (Rev. 7:14). El libro bíblico de Proverbios nos dice: “Libra a los que están siendo llevados a la muerte; y a los que van trastabillando a la matanza, ¡oh, que los retengas!”. ¡Qué palabras tan impactantes! Lo cierto es que si no cumplimos con la responsabilidad de informar a la gente sobre la decisión que debe tomar, se nos podría considerar culpables de su muerte. De hecho, ese pasaje bíblico añade: “En caso de que digas: ‘¡Mira! No sabíamos de esto’, aquel mismo que está avaluando los corazones, ¿no lo discernirá?, y aquel mismo que está observando tu alma, ¿no lo sabrá, y ciertamente pagará al hombre terrestre conforme a su actividad?”. Está claro que los siervos de Jehová no podremos excusarnos diciendo que “no sabíamos” del peligro con que se enfrenta hoy la humanidad (Pro. 24:11, 12).
2 Como Jehová valora la vida, insta a sus siervos a hacer todo lo que puedan por salvar al mayor número posible de personas. Todos los ministros de Dios debemos dar a conocer el mensaje de salvación que contiene la Biblia. Nuestra labor se parece a la del vigilante que da la alarma para avisar de algún peligro inminente. No queremos que la sangre de quienes perezcan ‘esté sobre nuestras cabezas’ (Eze. 33:1-7). Por lo tanto, es fundamental que sigamos esforzándonos por “predica[r] la palabra” (léase 2 Timoteo 4:1, 2, 5).
3 Este artículo explica cómo vencer los obstáculos que pudieran entorpecer nuestro ministerio y cómo ayudar a un mayor número de personas. El siguiente muestra cómo cultivar el arte de enseñar a fin de transmitir las verdades vitales de la Palabra de Dios. Y el tercero habla de los alentadores resultados que están obteniendo los proclamadores del Reino en todo el mundo. Pero antes de analizar esos temas, repasemos las razones por las que son tan críticos los tiempos en los que nos ha tocado vivir.
¿Por qué vive sin esperanza tanta gente?
4 Los sucesos mundiales indican que vivimos en “la conclusión del sistema de cosas” y que el fin está muy cerca. La humanidad enfrenta las terribles condiciones que, según Jesús y sus discípulos, servirían para identificar “los últimos días”. Entre los “dolores de angustia” que nos afligen se encuentran las guerras, el hambre y los terremotos. Además, por todas partes reinan el egoísmo, la rebeldía y la falta de respeto a Dios. Ciertamente, estos son “tiempos críticos, difíciles de manejar”, incluso para quienes tratamos de seguir las normas bíblicas (Mat. 24:3, 6-8, 12; 2 Tim. 3:1-5).
5 Sin embargo, la inmensa mayoría de la gente ignora el verdadero significado de los sucesos mundiales. Por eso muchos están sumamente preocupados por su seguridad y la de sus familias o quedan destrozados cuando sufren la pérdida de un ser querido u otras desgracias. Como no saben exactamente por qué suceden estas cosas ni cuál es la solución, viven sin esperanza (Efe. 2:12).
6 “Babilonia la Grande”, el imperio mundial de la religión falsa, no ha sido de mucho consuelo. Al contrario, con “el vino de su fornicación” ha dejado a la humanidad tambaleante, confundida espiritualmente. Como si de una prostituta se tratara, ha seducido y controlado a “los reyes de la tierra”. Y además se ha valido de doctrinas falsas y prácticas espiritistas para conseguir que las masas se mantengan sumisas a sus amos políticos. De este modo, la religión falsa ha obtenido gran poder e influencia, pero a costa de rechazar por completo la verdad religiosa (Rev. 17:1, 2, 5; 18:23).
7 Jesús dijo que la mayoría de la gente va por el camino ancho que conduce a la destrucción (Mat. 7:13, 14). Algunas personas se encuentran en ese camino porque han rechazado deliberadamente lo que enseña la Biblia. Pero muchas otras están en él porque han sido engañadas, se les ha hecho creer que ese es el modo de vivir que complace a Dios. Pues bien, puede que haya quienes cambien si se les muestran las razones que da la Biblia para hacerlo. Pero los que permanezcan en Babilonia la Grande y sigan rechazando las normas bíblicas no sobrevivirán a “la gran tribulación” (Rev. 7:14).
Sigamos predicando “sin cesar”
8 Jesús dijo que sus seguidores darían a conocer las buenas nuevas del Reino y harían discípulos (Mat. 28:19, 20). Para los verdaderos cristianos, participar en la predicación es una manera fundamental de demostrar su lealtad a Dios y su fe. Eso explica por qué los primeros discípulos de Jesús no dejaron de predicar ni siquiera cuando sufrieron oposición. Más bien, le pidieron a Jehová que les diera fuerzas para seguir “hablando [su] palabra con todo denuedo”. Él les respondió llenándolos de espíritu santo, y así pudieron hablar la palabra de Dios con valor (Hech. 4:18, 29, 31).
9 ¿Se desanimaron los discípulos cuando la oposición se tornó violenta? De ningún modo. Veamos qué ocurrió. Los líderes religiosos judíos, irritados por la labor evangelizadora de los apóstoles, los arrestaron, los amenazaron y hasta los azotaron. Aun así, ellos “continua[ron] sin cesar enseñando y declarando las buenas nuevas acerca del Cristo, Jesús”, pues tenían claro que debían “obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres” (Hech. 5:28, 29, 40-42).
10 La mayoría de los siervos de Dios de la actualidad no sufrimos palizas ni somos encarcelados por predicar las buenas nuevas. Sin embargo, todos encaramos algún tipo de prueba o dificultad. Por ejemplo, puede que nuestra conciencia educada por la Biblia nos impulse a actuar de un modo que no esté bien visto por la gente o que llame la atención por ser diferente a lo habitual. Los compañeros de trabajo y de estudios o los vecinos tal vez piensen que somos raros porque basamos nuestras decisiones en los principios bíblicos. No obstante, su reacción no debe desanimarnos. En este mundo sumido en la oscuridad espiritual, los cristianos tenemos que “resplandece[r] como iluminadores” (Fili. 2:15). Quizás haya personas sinceras que vean nuestras buenas obras, reconozcan su valor y, como resultado, den gloria a Jehová (léase Mateo 5:16).
11 Es indudable que necesitamos valor para predicar sin cesar el mensaje del Reino. Algunas personas, entre ellas familiares, intentarán desanimarnos recurriendo a la burla o a otros métodos (Mat. 10:36). Al apóstol Pablo, por ejemplo, lo azotaron en varias ocasiones por cumplir fielmente con su ministerio. Pero veamos cómo reaccionó: “Después de primero haber sufrido y de haber sido tratados insolentemente [...], cobramos denuedo por medio de nuestro Dios para hablarles las buenas nuevas de Dios con mucho luchar” (1 Tes. 2:2). No debió de ser fácil para Pablo seguir predicando las buenas nuevas después de que lo detuvieron, le quitaron casi toda la ropa, lo golpearon con varas y finalmente lo echaron en prisión (Hech. 16:19-24). ¿Por qué continuó predicando con valor? Porque, por encima de todo, deseaba cumplir la comisión de predicar que Dios le había encomendado (1 Cor. 9:16).
12 Otra de las razones por las que pudiéramos perder el entusiasmo es que la gente sea indiferente al mensaje del Reino o casi nunca esté en su casa. ¿Qué podemos hacer si pasa esto en nuestro territorio? Podemos armarnos de valor y dar más testimonio informal. Además, tal vez tengamos que hacer algunos cambios en nuestro horario de predicación o concentrar nuestros esfuerzos en los lugares donde encontremos a más personas (compárese con Juan 4:7-15; Hechos 16:13; 17:17).
13 Otras dificultades a las que muchos se enfrentan son la vejez y la mala salud, las cuales limitan su participación en la obra de predicar. Si a usted le sucede así, no se desanime. Jehová conoce muy bien sus limitaciones y valora mucho todo lo que puede hacer (léase 2 Corintios 8:12). Sin importar cuál sea el problema que encare —oposición, indiferencia al mensaje o mala salud—, haga todo lo posible dentro de las circunstancias por dar a conocer las buenas nuevas (Pro. 3:27; compárese con Marcos 12:41-44).
‘Sigamos vigilando nuestro ministerio’
14 El apóstol Pablo tomó con mucha seriedad su ministerio y exhortó a sus hermanos en la fe a hacer lo mismo (Hech. 20:20, 21; 1 Cor. 11:1). En una ocasión dirigió esa exhortación a alguien en particular, a un cristiano llamado Arquipo. En su carta a los Colosenses, Pablo escribió: “Digan a Arquipo: ‘Sigue vigilando el ministerio que aceptaste en el Señor, [para] que lo cumplas’” (Col. 4:17). No sabemos ni quién era Arquipo ni cuáles eran sus circunstancias, pero está claro que había aceptado un ministerio. Si nosotros nos hemos dedicado a Jehová, también hemos aceptado un ministerio. ¿Lo ‘vigilamos’ o examinamos de continuo para asegurarnos de que lo estamos cumpliendo?
15 Antes de bautizarnos dimos el paso de dedicar nuestra vida a Jehová mediante una ferviente oración, y así demostramos que estábamos resueltos a cumplir su voluntad. De modo que hacemos bien en preguntarnos: “¿De verdad es lo más importante en mi vida cumplir la voluntad de Dios?”. Es posible que tengamos varias responsabilidades bíblicas, como la de proveer lo necesario para nuestra familia; si así es, Jehová espera que las atendamos (1 Tim. 5:8). Pero ¿cómo utilizamos el tiempo y las energías restantes? ¿Cuál es nuestra prioridad en la vida? (Léase 2 Corintios 5:14, 15.)
16 ¿Eres un joven que ya ha dedicado su vida a Jehová? ¿Tienes alrededor de 18 años y ya has terminado tus estudios o estás a punto de hacerlo? Es probable que aún no tengas responsabilidades familiares importantes. Si así es, ¿qué piensas hacer con tu vida? Puesto que le has prometido a Jehová que harás su voluntad, ¿qué decisiones te ayudarán a lograrlo? Muchos jóvenes han organizado sus asuntos a fin de ser precursores, y tal decisión les ha brindado muchas satisfacciones (Sal. 110:3; Ecl. 12:1).
17 Por otra parte, puede que usted sea un adulto joven que trabaje a tiempo completo y que tenga pocas obligaciones aparte de la de mantenerse a sí mismo. Sin duda disfruta de participar en las actividades de la congregación al grado que se lo permite su horario. Pero ¿pudiera sentir aún más felicidad? ¿Ha pensado en aumentar su participación en el ministerio? (Sal. 34:8; Pro. 10:22.) En algunos territorios queda todavía mucho por hacer para llevar el mensaje de la verdad a todas las personas. ¿Pudiera hacer ciertos cambios en su vida para ampliar su servicio? Por ejemplo, ¿le es posible mudarse a una zona donde se necesiten más proclamadores del Reino? (Léase 1 Timoteo 6:6-8.)
18 Veamos el ejemplo de Kevin y Elena, un matrimonio joven de Estados Unidos. Como toda pareja de recién casados de su área, Kevin y Elena creían que tenían que comprarse una casa, y así lo hicieron. Los dos trabajaban de tiempo completo, lo que les permitía llevar un estilo de vida cómodo. Sin embargo, entre el trabajo y todas las tareas de la casa, les quedaba poco tiempo para el servicio del campo. En un momento dado se dieron cuenta de que estaban dedicando casi todo su tiempo y energías a sus posesiones. Pero al ver lo feliz que era una pareja de precursores que llevaba una vida sencilla, decidieron cambiar sus prioridades en la vida. Tras orarle a Jehová para que los guiara, vendieron la casa y se mudaron a un apartamento. Elena empezó a trabajar menos horas y se hizo precursora. Animado por las buenas experiencias de su esposa en el ministerio, Kevin dejó su empleo de tiempo completo y también emprendió el precursorado. Algún tiempo después se fueron a servir a un país sudamericano donde hay gran necesidad de predicadores del Reino. “Siempre hemos sido un matrimonio feliz —dice Kevin—, pero desde que nos estamos esforzando por alcanzar metas espirituales, nuestra felicidad es aún mayor.” (Léase Mateo 6:19-22.)
19 La predicación de las buenas nuevas es la obra más importante que se realiza hoy en la Tierra (Rev. 14:6, 7). ¿Por qué? Porque contribuye a la santificación del nombre de Jehová (Mat. 6:9). Además, el mensaje bíblico mejora la vida de las personas y puede llevarlas a la salvación. De hecho, todos los años hay miles de personas que responden a este mensaje. Ahora bien, tal como preguntó el apóstol Pablo: “¿Cómo [...] oirán sin alguien que predique?” (Rom. 10:14, 15). Es muy difícil, ¿verdad? Así pues, ¿por qué no se resuelve a hacer todo lo posible por cumplir su ministerio?
20 Hay otra forma de ayudar a la gente a entender el significado de estos tiempos críticos y las consecuencias de las decisiones que tomen. ¿Cuál es? Mejorar nuestras habilidades como maestros. En el artículo siguiente se explicará cómo lograrlo.
[Nota]
Se han cambiado los nombres.
¿Qué respondería?
• ¿Qué responsabilidad tenemos los cristianos hacia nuestro prójimo?
• ¿Cómo podemos vencer los obstáculos que entorpecen nuestra predicación?
• ¿Cómo podemos cumplir el ministerio que hemos aceptado?
[Preguntas del estudio]
1, 2. ¿Qué responsabilidad tenemos los cristianos hacia nuestro prójimo?
3. ¿Qué temas se tratarán en este artículo de estudio y en los dos siguientes?
4, 5. ¿Qué condiciones enfrenta la humanidad, y cómo reaccionan muchos?
6. ¿Por qué no ha podido ayudar “Babilonia la Grande” a la humanidad?
7. ¿Qué futuro aguarda a la mayoría de las personas, pero cómo se las puede ayudar?
8, 9. ¿Cómo reaccionaron los cristianos del siglo primero cuando sufrieron oposición, y por qué?
10. ¿Qué pruebas encaramos hoy los cristianos, pero qué resultado puede tener nuestra buena conducta?
11. a) ¿Cómo reaccionan algunas personas ante la predicación? b) ¿Qué clase de oposición experimentó Pablo, y cómo reaccionó?
12, 13. ¿A qué dificultades se enfrentan algunos cristianos y cómo han intentado vencerlas?
14. ¿En qué aspecto fue Pablo un ejemplo para sus hermanos en la fe, y qué consejo dio?
15. ¿Qué demostramos al dedicarnos a Jehová, y qué preguntas surgen?
16, 17. ¿Qué posibilidades pueden analizar los cristianos jóvenes o los que tienen pocas obligaciones?
18. ¿Qué cambios hizo una pareja joven en su vida, y cuáles han sido los resultados?
19, 20. ¿Por qué es la predicación de las buenas nuevas la obra más importante que se realiza hoy?
[Ilustración de la página 5]
Se necesita valor para predicar cuando se afronta oposición
[Ilustración de la página 7]
¿Qué puede hacer si predica en territorios donde casi nadie está en su casa?.

Sunday, September 13, 2009

Nuestro "arte de enseñar":


Prestemos atención a nuestro “arte de enseñar”
“Predica la palabra, [...] censura, corrige, exhorta, con toda gran paciencia y arte de enseñar.” (2 TIM. 4:2.)
A PESAR de los maravillosos actos de curación que ejecutó durante su ministerio en la Tierra, Jesús no era conocido principalmente como un realizador de milagros o curaciones, sino como maestro (Mar. 12:19; 13:1). Para él, lo más importante era declarar las buenas nuevas del Reino de Dios, y lo mismo se puede decir de sus seguidores hoy día. Los cristianos hemos recibido la comisión de seguir haciendo discípulos, y para ello les enseñamos a observar todas las cosas que Jesús mandó (Mat. 28:19, 20).
2 A fin de cumplir nuestra comisión de hacer discípulos, nos esforzamos cada día por mejorar la calidad de nuestra enseñanza. El apóstol Pablo subrayó la importancia de ser un buen maestro cuando escribió lo siguiente a Timoteo, uno de sus compañeros de predicación: “Presta constante atención a ti mismo y a tu enseñanza. Persiste en estas cosas, pues haciendo esto te salvarás a ti mismo y también a los que te escuchan” (1 Tim. 4:16). Al hablar de enseñanza, Pablo no se refería al simple hecho de llenar la mente del estudiante de información. El ministro cristiano competente logra llegar al corazón de las personas y motivarlas a hacer cambios en su vida, y eso es todo un arte. En vista de lo anterior, ¿cómo podemos cultivar el “arte de enseñar” al difundir las buenas nuevas del Reino de Dios? (2 Tim. 4:2.)
Cultivemos el “arte de enseñar”
3 Un arte es una habilidad que se desarrolla por medio del estudio, la observación o la práctica. Pues bien, si queremos llegar a ser maestros eficaces de las buenas nuevas, no podemos pasar por alto ninguno de estos tres factores. Hemos de estudiar, después de haber orado, para comprender bien el tema en cuestión (léase Salmo 119:27, 34). Hemos de observar cómo enseñan los ministros experimentados a fin de imitar los métodos que emplean. Y hemos de esforzarnos por poner en práctica lo que aprendemos para pulir nuestras habilidades (Luc. 6:40; 1 Tim. 4:13-15).
4 Jehová es nuestro Magnífico Instructor y, mediante la parte visible de su organización, instruye a sus siervos terrestres para que sepan cómo cumplir su comisión de predicar (Isa. 30:20, 21). Por ejemplo, las congregaciones celebran semanalmente la Escuela del Ministerio Teocrático, la cual ha sido concebida para ayudar a los matriculados a convertirse en proclamadores eficaces del Reino de Dios. El principal libro de texto de dicha escuela es la Biblia. La Palabra inspirada de Dios no solo nos indica qué debemos enseñar, sino qué métodos de enseñanza son más efectivos. La Escuela del Ministerio Teocrático nos recuerda vez tras vez que para ser mejores maestros tenemos que basar nuestra enseñanza en la Biblia, utilizar hábilmente las preguntas, enseñar con sencillez e interesarnos sinceramente en los demás. A continuación analizaremos cada uno de estos puntos. Veremos, además, cómo llegar al corazón de nuestros estudiantes.
Basemos nuestra enseñanza en la Palabra de Dios
5 Jesús, el maestro más grande que ha pisado la Tierra, siempre basó sus enseñanzas en las Escrituras (Mat. 21:13; Juan 6:45; 8:17). En vez de enseñar sus propias ideas, habló en nombre de Aquel que lo había enviado (Juan 7:16-18). Y ese es el ejemplo que imitamos. De modo que todo lo que digamos al predicar de casa en casa o al dirigir estudios bíblicos debe centrarse en la Palabra de Dios (2 Tim. 3:16, 17). Ningún razonamiento nuestro —por agudo que sea— podrá jamás igualar la efectividad y el poder de las Escrituras inspiradas. No olvidemos que la Biblia tiene gran autoridad. Por tanto, sin importar el asunto que estemos tratando, la mejor manera de ayudar al estudiante a comprenderlo es pedirle que lea lo que dicen las Escrituras (léase Hebreos 4:12).
6 Desde luego, lo anterior no significa que el maestro cristiano no necesite prepararse para dirigir un estudio bíblico. Al contrario, debe elegir de antemano y con mucho cuidado los versículos que él mismo o su estudiante leerán directamente de la Biblia. Por lo general, es mejor leer los que constituyen la base de nuestras creencias. También hay que asegurarse de que el estudiante capte el sentido de cada uno de los textos que lee (1 Cor. 14:8, 9).
Utilicemos hábilmente las preguntas
7 El uso hábil de preguntas estimula el pensamiento y contribuye a que el maestro llegue al corazón del estudiante. Por ejemplo, en vez de explicar los textos bíblicos al estudiante, planteemos preguntas para que los explique él mismo. En algunas ocasiones bastará con una sola pregunta, pero en otras será necesario plantearle varias para guiarlo a la conclusión acertada. Al hacer que el estudiante participe más activamente en el proceso de aprendizaje, lograremos que comprenda las razones que hay para llegar a determinadas conclusiones y, además, que las acepte por convicción propia (Mat. 17:24-26; Luc. 10:36, 37).
8 Nuestras publicaciones emplean el sistema de preguntas y respuestas. Sin duda, la mayoría de las personas que estudian la Biblia con nosotros encontrarán enseguida la respuesta a las preguntas de cada párrafo. No obstante, el maestro perspicaz no se conforma con recibir la respuesta correcta. Tal vez el estudiante pueda explicar lo que la Biblia enseña sobre la fornicación, por ejemplo (1 Cor. 6:18). Pero planteándole preguntas con tacto, el maestro será capaz de averiguar lo que en verdad opina sobre este asunto. Entre otras cosas, pudiera preguntarle: “¿Por qué condena la Biblia las relaciones sexuales fuera del matrimonio? ¿Qué piensa usted de esta prohibición divina? ¿Cree que sirve de algo obedecer las normas morales de Dios?”. Es muy probable que las respuestas del estudiante revelen lo que hay en su corazón (léase Mateo 16:13-17).
Enseñemos con sencillez
9 La mayoría de las verdades bíblicas son relativamente sencillas. Ahora bien, puede que nuestros estudiantes estén confundidos por culpa de las doctrinas de la religión falsa. Nuestra labor como maestros consiste en hacer que la Biblia les resulte fácil de comprender. Los maestros capaces transmiten la información de manera sencilla, clara y precisa, y de esta forma evitan complicar la verdad innecesariamente. De modo que no hace falta que añadamos detalles que no vienen al caso ni que comentemos todo aspecto de los textos que leemos. Más bien, destaquemos solo lo que sea indispensable para dejar claro el asunto en cuestión. A medida que la persona progrese en su estudio, irá comprendiendo verdades bíblicas cada vez más profundas (Heb. 5:13, 14).
10 ¿Cuánta información se ha de analizar en cada sesión de estudio? No hay una respuesta única, pues las aptitudes y circunstancias del maestro y del estudiante son distintas en cada caso. Sea como sea, recordemos que nuestro objetivo es ayudar al estudiante a desarrollar una fe sólida. Por lo tanto, debemos darle suficiente tiempo para leer, comprender y aceptar las verdades de la Palabra de Dios. No analicemos más párrafos de los que la persona pueda asimilar, pero tampoco permitamos que el estudio se estanque. Una vez que el estudiante haya comprendido una idea, pasemos a la siguiente (Col. 2:6, 7).
11 El apóstol Pablo predicaba el mensaje de las buenas nuevas con sencillez. Aunque era muy instruido, evitaba el lenguaje elevado (léase 1 Corintios 2:1, 2). La sencillez de las verdades bíblicas atrae y satisface a la gente sincera; no hay que ser un intelectual para comprenderlas (Mat. 11:25; Hech. 4:13; 1 Cor. 1:26, 27).
Ayudemos al estudiante a ver el valor de lo que está aprendiendo
12 Para que nuestra labor de enseñanza sea productiva, tenemos que llegar al corazón. El estudiante debe comprender que lo que está aprendiendo es aplicable a él y puede beneficiarle. Debe entender que si sigue los consejos de las Escrituras, su vida mejorará (Isa. 48:17, 18).
13 Imaginemos que estamos analizando Hebreos 10:24, 25, donde se anima a los cristianos a reunirse a fin de fortalecerse espiritualmente y disfrutar del amor y el cariño de los hermanos. Si el estudiante no asiste todavía a las reuniones, podríamos explicarle brevemente cómo se llevan a cabo y qué temas se analizan. También podríamos mencionarle que las reuniones forman parte de nuestra adoración y que todos nos beneficiamos cuando asistimos a ellas. Luego invitémoslo a acompañarnos. Claro, lo que debe mover al estudiante a seguir los mandatos de la Biblia es su deseo de obedecer a Jehová, no el de complacer a la persona con quien estudia (Gál. 6:4, 5).
14 Uno de los principales beneficios que los estudiantes obtendrán al aprender lo que dice la Biblia y aplicar sus principios es que conocerán cómo es Jehová realmente y llegarán a amarlo (Isa. 42:8). Jehová es un Padre amoroso y el Creador y Dueño del universo. Además, a quienes lo aman y le sirven, él les da a conocer más detalles de su personalidad y de lo que puede hacer (léase Éxodo 34:6, 7). Poco antes de que Moisés sacara a los israelitas de Egipto, Jehová se identificó a sí mismo con la expresión: “Yo resultaré ser lo que resultaré ser” (Éxo. 3:13-15). Con estas palabras, Jehová dio a entender que llegaría a ser todo lo que fuera necesario a fin de llevar a cabo sus propósitos con respecto a su pueblo escogido. De este modo los israelitas llegaron a conocer a Jehová en su papel de Salvador, Guerrero, Proveedor y Cumplidor de promesas, así como en otras funciones (Éxo. 15:2, 3; 16:2-5; Jos. 23:14).
15 Tal vez nuestros estudiantes no experimenten personalmente una intervención divina tan espectacular como la que vivió Moisés. De cualquier manera, cuando su fe y su aprecio los motiven a poner en práctica lo que están aprendiendo, verán la necesidad de pedirle a Jehová que les dé valor, sabiduría y guía. Y al ver cómo él les responde, llegarán a conocerlo en su papel de Protector, Proveedor generoso y Consejero sabio y confiable (Sal. 55:22; 63:7; Pro. 3:5, 6).
Mostremos interés sincero
16 Si usted no es tan buen maestro como quisiera, no se desanime. Jehová y Jesús son quienes supervisan la labor educativa que se lleva a cabo hoy día por todo el mundo (Hech. 1:7, 8; Rev. 14:6). Ellos bendecirán nuestros esfuerzos, de modo que nuestras palabras surtan el efecto deseado en las personas de buen corazón (Juan 6:44). El amor y el interés sincero de un maestro por su estudiante compensarán con creces cualquier carencia de habilidades naturales. El apóstol Pablo comprendía la importancia de amar a quienes enseñaba, y así lo demostró en su manera de actuar (léase 1 Tesalonicenses 2:7, 8).
17 Nosotros también podemos demostrar que nos interesamos sinceramente en cada uno de nuestros estudiantes. ¿Cómo? Dedicando tiempo a conocerlos mejor. Al hablar con ellos de los principios bíblicos, lo más seguro es que nos vayamos familiarizando con sus circunstancias. Quizás notemos que en algunos aspectos de su vida ya están aplicando lo que han aprendido, mientras que en otros todavía necesitan hacer cambios. Si les explicamos cómo pueden poner en práctica los principios bíblicos, les mostraremos amor y los ayudaremos a convertirse en auténticos discípulos de Cristo.
18 Lo más importante es orar con el estudiante y pedir por él en la oración. A la persona debe quedarle claro que nuestro objetivo es ayudarla a conocer íntimamente a su Creador, acercarse a él y seguir su beneficiosa guía (léase Salmo 25:4, 5). Si le pedimos a Jehová que bendiga los esfuerzos del estudiante por poner en práctica lo que está aprendiendo, este verá que es fundamental ser ‘hacedor de la palabra’ (Sant. 1:22). Además, al escuchar nuestras oraciones sinceras, aprenderá a orar. ¡Y cuánto nos alegra ayudar a los estudiantes de la Biblia a desarrollar una relación personal con Dios!
19 Es muy animador saber que hay más de seis millones y medio de Testigos esforzándose por cultivar el “arte de enseñar”, todos con el objetivo de ayudar a las personas sinceras a observar las cosas que Jesús ha mandado. Ahora bien, ¿qué resultados se han obtenido gracias a la predicación? Contestaremos esta pregunta en el siguiente artículo.
¿Recuerda usted?
• ¿Por qué es necesario que los cristianos cultivemos el “arte de enseñar”?
• ¿Qué métodos nos harán mejores maestros?
• ¿Qué compensará cualquier carencia de habilidades naturales que tengamos?
[Preguntas del estudio]
1. ¿Qué comisión dio Jesús a sus discípulos, y qué ejemplo les dejó?
2. ¿Qué debemos hacer a fin de cumplir nuestra comisión de predicar?
3, 4. a) ¿Cómo cultivamos el “arte de enseñar”? b) ¿Cómo nos ayuda la Escuela del Ministerio Teocrático a ser mejores maestros?
5. ¿Cuál debe ser la base de nuestra enseñanza, y por qué?
6. ¿Qué debe hacer el maestro para que su estudiante comprenda la información que están analizando?
7. ¿Por qué es el uso de preguntas un eficaz método de enseñanza?
8. ¿Cómo podemos averiguar lo que hay en el corazón de nuestros estudiantes?
9. ¿Qué debemos tener presente al enseñar las verdades bíblicas?
10. ¿Qué factores determinarán cuánta información se ha de analizar en cada sesión de estudio?
11. ¿Qué lección aprendemos de la forma en que enseñaba el apóstol Pablo?
12, 13. ¿Qué impulsará al estudiante a poner en práctica lo que aprende? Ponga un ejemplo.
14, 15. a) ¿Qué puede aprender el estudiante acerca de Jehová? b) ¿Cómo le beneficiará al estudiante conocer la personalidad de Dios?
16. ¿Por qué no es la habilidad natural lo más importante para ser un buen maestro?
17. ¿Cómo podemos demostrar interés sincero en cada uno de nuestros estudiantes?
18. ¿Por qué es importante orar con el estudiante y pedir por él en la oración?
19. ¿Qué pregunta responderemos en el siguiente artículo?
[Ilustración de la página 9]
¿Se ha matriculado usted en la Escuela del Ministerio Teocrático?
[Ilustración de la página 10]
¿Por qué es importante pedir al estudiante que lea directamente de la Biblia?
[Ilustración de la página 12]
Ore con su estudiante y pida por él en la oración.

Responden al Mensaje:


Los que están “correctamente dispuestos para vida eterna” responden al mensaje
“Todos los que estaban correctamente dispuestos para vida eterna se hicieron creyentes.” (HECH. 13:48.)
EL LIBRO bíblico de Hechos contiene el emocionante relato de cómo los primeros cristianos respondieron a la profecía de Jesús de que las buenas nuevas del Reino se predicarían por toda la Tierra habitada (Mat. 24:14). Predicadores entusiastas abrieron el camino, y muchos siguieron sus pasos. A raíz de la celosa labor que los discípulos de Jesús efectuaron en Jerusalén, miles de personas, incluida “una gran muchedumbre de sacerdotes”, se unieron a la congregación cristiana del siglo primero (Hech. 2:41; 4:4; 6:7).
2 Los misioneros de aquel entonces ayudaron a muchas personas más a abrazar el cristianismo. Por ejemplo, Felipe fue a Samaria y allí encontró muchedumbres dispuestas a escucharlo (Hech. 8:5-8). Pablo viajó largas distancias con diversos compañeros para llevar el mensaje cristiano a Chipre, ciertas regiones de Asia Menor, Macedonia, Grecia e Italia, y el resultado fue que multitudes de judíos y de griegos se hicieron creyentes en varias de las ciudades donde predicó (Hech. 14:1; 16:5; 17:4). Tito cumplió con una asignación de servicio en Creta (Tito 1:5). Pedro dio testimonio en Babilonia, y para cuando escribió su primera carta (entre los años 62 y 64), la obra cristiana ya estaba difundida por el Ponto, Galacia, Capadocia, el distrito de Asia y Bitinia (1 Ped. 1:1; 5:13). ¡Qué tiempos tan emocionantes! Aquellos cristianos del siglo primero predicaron con tanto celo que sus enemigos dijeron que habían “trastornado la tierra habitada” (Hech. 17:6; 28:22).
3 La congregación cristiana también ha experimentado un crecimiento considerable en nuestros tiempos. ¿No le anima leer el informe anual de los testigos de Jehová y ver los resultados obtenidos a nivel mundial? ¿No le emociona saber que los proclamadores del Reino dirigieron más de seis millones de estudios bíblicos en el año de servicio 2007? Además, el año pasado hubo unos diez millones de personas que no son testigos de Jehová, pero que se interesaron en las buenas nuevas lo suficiente como para asistir a la Conmemoración. Esto indica que todavía queda mucho por hacer.
4 Hoy, al igual que en el siglo primero, “todos los que [están] correctamente dispuestos para vida eterna” responden al mensaje de la verdad (Hech. 13:48). Jehová atrae a tales personas a su organización (léase Ageo 2:7). Ahora bien, para cooperar plenamente con esta obra de recolección, ¿qué actitud hemos de tener?
Prediquemos con imparcialidad
5 Los cristianos del siglo primero sabían que “Dios no es parcial, sino que, en toda nación, el que le teme y obra justicia le es acepto” (Hech. 10:34, 35). Cualquier persona puede disfrutar de una buena relación con Jehová siempre y cuando ejerza fe en el sacrificio redentor de Jesús (Juan 3:16, 36). En efecto, la voluntad divina es que “hombres de toda clase se salven y lleguen a un conocimiento exacto de la verdad” (1 Tim. 2:3, 4).
6 No estaría bien que los proclamadores de las buenas nuevas prejuzgáramos a la gente por su raza, apariencia, religión, posición social o cualquier otra razón. Pensemos en lo siguiente: ¿verdad que estamos agradecidos de que la persona que nos habló por primera vez de las verdades bíblicas no se dejara llevar por ningún prejuicio? Así pues, ¿por qué negarle a la gente la oportunidad de escuchar un mensaje que pudiera salvarle la vida? (Léase Mateo 7:12.)
7 Jehová ha nombrado Juez a Jesús, de modo que ninguno de nosotros tiene el derecho de juzgar a nadie. Los seres humanos basamos nuestros juicios en la ‘apariencia de las cosas a nuestros ojos’ y en ‘lo que oyen nuestros oídos’, mientras que Jesús puede leer los pensamientos y ver lo que hay en lo más hondo del corazón (Isa. 11:1-5; 2 Tim. 4:1).
8 Personas de toda clase se han convertido en siervos de Jehová. Un ejemplo destacado es el de Saulo de Tarso, quien llegó a ser conocido como el apóstol Pablo. Saulo era un fariseo que perseguía sin piedad a los cristianos porque creía sinceramente que estaban equivocados (Gál. 1:13). Desde el punto de vista humano debía de parecer casi imposible que se hiciera cristiano. Pero Jesús vio algo bueno en su corazón y lo escogió para una comisión especial. Con el tiempo, Saulo llegó a ser uno de los miembros más activos y celosos de la congregación cristiana del siglo primero.
9 ¿Qué aprendemos del caso del apóstol Pablo? Es posible que en nuestro territorio haya ciertos grupos de personas que parezcan hostiles al mensaje. Pues bien, aunque nosotros dudemos que alguno de sus integrantes llegue a abrazar el cristianismo, intentemos siempre razonar con ellos. A veces acaba escuchando el mensaje quien menos nos imaginamos. Recordemos que nuestra comisión es seguir predicando a todos “sin cesar” (léase Hechos 5:42).
Las bendiciones de predicar “sin cesar”
10 Es bien sabido que las apariencias engañan. Tomemos como ejemplo a Ignacio, que empezó a estudiar la Biblia con los testigos de Jehová mientras estaba preso en un país sudamericano. Ignacio era un hombre violento a quien todo el mundo temía. De hecho, los reclusos que fabricaban artículos para venderlos a sus compañeros acudían a él para que cobrara las deudas pendientes. Pero conforme progresaba en el estudio y aplicaba lo que aprendía, fue cambiando, y pasó de ser una persona violenta y abusiva a ser una persona pacífica. Ya nadie le pide que cobre las deudas. Ignacio está muy contento de que las verdades bíblicas y el espíritu de Dios hayan transformado su personalidad. También está agradecido de que los hermanos que hicieron el esfuerzo de enseñarle no se dejaran llevar por los prejuicios.
11 Una de las razones por las que visitamos vez tras vez a las personas es que tanto su actitud como sus circunstancias pueden cambiar. Es posible que, después de nuestra última visita, algunas de ellas hayan contraído una enfermedad grave, se hayan quedado sin trabajo o hayan perdido a un ser querido (léase Eclesiastés 9:11). O quizás ciertos sucesos mundiales las hayan impulsado a pensar seriamente en su futuro. Cualquiera de esas cosas puede hacer que respondan positivamente al mensaje, aunque antes hubieran sido indiferentes o incluso se hubieran opuesto a él. Por lo tanto, no nos retraigamos de dar a conocer las buenas nuevas en toda ocasión oportuna.
12 El ser humano tiende a encasillar y prejuzgar a los demás. Jehová, en cambio, se fija en las personas individualmente y ve las buenas cualidades que cada una puede desarrollar (léase 1 Samuel 16:7). Tratemos de imitarlo en nuestro ministerio. Hay muchas experiencias que demuestran que cuando tenemos una actitud positiva hacia toda persona a quien predicamos, obtenemos buenos resultados.
13 Una precursora llamada Sandra estaba predicando de casa en casa en una isla del Caribe cuando se encontró con Ruth. Ruth siempre participaba con entusiasmo en los carnavales y, de hecho, en dos ocasiones había sido coronada reina nacional del carnaval. En vista del gran interés que Ruth mostró en el mensaje, Sandra quedó en volver para darle clases bíblicas. La hermana recuerda: “La primera vez que entré en la sala de su casa, vi de inmediato un retrato grande de ella vestida de carnaval de pies a cabeza, así como todos los trofeos que había ganado. Di por sentado que alguien tan popular y tan entregado a ese tipo de celebraciones perdería enseguida el interés por la verdad, así que dejé de visitarla”.
14 Algún tiempo después, Ruth se presentó en el Salón del Reino y, una vez finalizada la reunión, le preguntó a Sandra: “¿Por qué dejaste de visitarme?”. Sandra se disculpó y quedó en reanudar el estudio. Ruth progresó rápidamente. Retiró sus fotos de carnaval, empezó a participar en todas las actividades de la congregación y finalmente dedicó su vida a Jehová. Y Sandra, por supuesto, reconoció que su reacción inicial estuvo mal.
15 También ha habido muchos publicadores que han tenido buenos resultados al predicar a familiares no creyentes, aunque pareciera improbable que respondieran al mensaje. Joyce, de Estados Unidos, es un buen ejemplo de ello. Esta hermana tiene un cuñado que había estado preso varias veces desde su adolescencia. “La gente decía que era un caso perdido porque traficaba con drogas, robaba y hacía muchas otras cosas malas —nos cuenta ella—. Pero aun así, yo siempre le hablaba de las verdades bíblicas. No dejé de hacerlo durante treinta y siete años.” La paciencia y tesón de Joyce se vieron recompensados cuando su cuñado finalmente empezó a estudiar la Biblia con los testigos de Jehová y efectuó cambios drásticos en su vida. Hace poco se bautizó a la edad de 50 años en una asamblea de distrito de California. Joyce dice: “Su bautismo me hizo llorar de alegría. ¡Qué contenta estoy de no haber perdido las esperanzas de que cambiara!”.
16 Puede que a veces dudemos en hablar de las verdades bíblicas con algún familiar por el tipo de vida que lleva. Pero Joyce no dejó que eso la desanimara de predicarle a su cuñado. Después de todo, ¿cómo puede uno saber lo que hay en el corazón de la otra persona? Tal vez esté buscando la verdad con toda sinceridad. Así pues, no la privemos de la oportunidad de encontrarla (léase Proverbios 3:27).
Un manual bíblico muy eficaz
17 Los informes que llegan de todo el globo indican que el manual bíblico ¿Qué enseña realmente la Biblia? está ayudando a muchas personas de buen corazón. Una precursora de Estados Unidos llamada Penni empezó varios estudios con esta publicación. Dos de los estudiantes eran personas mayores que practicaban fielmente su religión, por lo que Penni no estaba segura de cómo reaccionarían a las verdades bíblicas que contiene el libro Enseña. Sin embargo, tal como ella escribe, “la información está expuesta de forma tan clara, lógica y concisa que enseguida entendieron que lo que estaban aprendiendo era la verdad y lo aceptaron sin ningún tipo de problemas”.
18 Pat es una publicadora de Gran Bretaña que comenzó a dar clases bíblicas a una refugiada asiática. Antes de verse obligada a huir de su país, esta mujer vivió sucesos terribles: los soldados rebeldes se llevaron a su esposo y a sus hijos, y nunca más los volvió a ver; su casa fue incendiada; su vida se vio en peligro, y fue violada por un grupo de hombres. Después de todo aquello, sentía que ya no tenía razón para vivir y varias veces pensó en suicidarse. No obstante, el estudio de la Biblia le dio esperanza. “El libro Enseña, con sus explicaciones y ejemplos tan sencillos, tuvo un gran impacto en ella”, escribe Pat. La estudiante progresó rápidamente, reunió los requisitos para ser publicadora no bautizada y expresó su deseo de bautizarse en la siguiente asamblea. ¡Qué gran satisfacción sentimos al ayudar a la gente sincera a abrigar la esperanza que ofrecen las Escrituras!
“No desistamos de hacer lo que es excelente”
19 Nuestra comisión de predicar y hacer discípulos es cada día más urgente. Todos los años responden al mensaje miles de hombres y mujeres que están “correctamente dispuestos para vida eterna”. Pero “el gran día de Jehová está cerca”, lo que significa que quienes aún están en la oscuridad espiritual “van trastabillando a la matanza” (Sof. 1:14; Pro. 24:11).
20 Todavía podemos ayudar a estas personas. Pero para ello es fundamental que imitemos a los cristianos del siglo primero, que “continuaban sin cesar enseñando y declarando las buenas nuevas acerca del Cristo, Jesús” (Hech. 5:42). Por consiguiente, sigamos su ejemplo: continuemos predicando pese a las adversidades, prestemos atención a nuestro “arte de enseñar” y demos testimonio a todo tipo de personas con imparcialidad. “No desistamos de hacer lo que es excelente”, pues si perseveramos, tendremos la aprobación de Dios y cosecharemos muchas bendiciones (2 Tim. 4:2; léase Gálatas 6:9).
[Nota]
Se han cambiado algunos nombres.
¿Qué contestaría?
• ¿Quiénes están respondiendo a las buenas nuevas?
• ¿Por qué nos esforzamos por no prejuzgar a las personas a quienes predicamos?
• ¿Qué resultados se están obteniendo con el libro Enseña?
[Preguntas del estudio]
1, 2. ¿Cómo respondieron los primeros cristianos a la profecía de Jesús de que las buenas nuevas se predicarían en toda la Tierra?
3. ¿Qué resultados están obteniendo los proclamadores del Reino en la predicación, y cómo se siente usted al saberlo?
4. ¿Quiénes están respondiendo al mensaje del Reino?
5. ¿Qué clase de personas pueden obtener el favor divino?
6. ¿Qué debemos evitar los predicadores del Reino, y por qué?
7. ¿Por qué no debemos juzgar a las personas a quienes predicamos?
8, 9. a) ¿Qué clase de persona era Saulo antes de hacerse cristiano? b) ¿Qué aprendemos del caso del apóstol Pablo?
10. Aunque alguien nos resulte intimidante, ¿por qué no debemos retraernos de predicarle? Relate experiencias locales.
11. ¿Por qué visitamos vez tras vez a la gente?
12. ¿Qué actitud debemos tener hacia la gente a quien predicamos, y por qué?
13, 14. a) ¿Por qué dejó de visitar una precursora a cierta mujer? b) ¿Qué aprendemos de esta experiencia?
15, 16. a) ¿Qué resultado obtuvo una publicadora al predicarle a un familiar? b) ¿Por qué no debemos permitir que el tipo de vida que lleva un familiar nos desanime de predicarle?
17, 18. a) ¿Qué indican los informes procedentes de todo el globo sobre lo valioso que es el libro Enseña? b) ¿Qué buenas experiencias ha tenido usted con el libro?
19. ¿Por qué es tan urgente que prediquemos?
20. ¿Qué debemos estar resueltos a hacer?
[Ilustraciones de la página 13]
Miles de personas sinceras están respondiendo al mensaje
[Ilustraciones de la página 15]
¿Qué aprendemos de los cambios que hizo el apóstol Pablo?
[Ilustración de la página 16]
Los proclamadores de las buenas nuevas no prejuzgan a la gente.

Saturday, September 12, 2009

Diálogo con cubana:

-Es la prima ;como estas? ? ?

-Estoy bien. Acabo de llegar del trabajo ahora mismo...

-es tarde, descansa
oye hoy es sabado? ? ?

-Dime cómo están ustedes?

-bien con mucho calor
y tengo conjuntivitis
aqui hay brote de dengue y de conjuntivitis y las fumigaciones acabando con las gentes
todos con catarro
y alergias
estamos vivos de puro milagro.

-Aqui hay calor todavía de día, pero de madrugada ya está bajando la temperatura.

-aqui no

-Oye, cúidense mucho y no cesen de orar por su salud; yo también lo haré por ustedes
-si, estoy aquí todavía

es q se desconecto internet
bueno oye me voy a bañar a ver si el calor me deja dormir
nos vemos

-ok;despues hablamos;besos:l a parienta...
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Friday, September 11, 2009

La Soberanía de Jehová:


¿Apoya usted la soberanía de Jehová?
“Digan entre las naciones: ‘Jehová mismo ha llegado a ser rey’.” (SALMO 96:10.)
EN OCTUBRE del año 29 de nuestra era se produjo un suceso único en la historia. Fue tan importante que aparece en los cuatro Evangelios. Mateo lo relata así: “Después que Jesús fue bautizado, inmediatamente salió del agua; y, ¡mire!, los cielos se abrieron, y [Juan el Bautista] vio descender como paloma el espíritu de Dios que venía sobre [Jesús]. ¡Mire! También hubo una voz desde los cielos que decía: ‘Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado’” (Mateo 3:16, 17; Marcos 1:9-11; Lucas 3:21, 22; Juan 1:32-34).
2 Cuando Jesús recibió visiblemente el espíritu santo, quedó claro que él era el Ungido, es decir, el Mesías o Cristo (Juan 1:33). ¡Por fin había aparecido la “descendencia” prometida! Allí, ante Juan el Bautista, estaba la persona que recibiría la magulladura de Satanás en el talón y que, a su vez, magullaría la cabeza del principal enemigo de Jehová y su soberanía (Génesis 3:15). A partir de entonces, Jesús no tuvo ninguna duda de cuál sería su misión: cumplir el propósito de Jehová con respecto a la soberanía y al Reino de Dios.
3 A fin de prepararse para su misión, “Jesús, lleno de espíritu santo, se apartó del Jordán, y el espíritu lo condujo por aquí y por allá en el desierto” (Lucas 4:1; Marcos 1:12). Durante los cuarenta días que pasó a solas, pudo reflexionar profundamente en el desafío del Diablo a la soberanía de Jehová y en lo que él tendría que hacer para defenderla. Aquel desafío implica a todas las criaturas inteligentes, tanto las del cielo como las de la Tierra. Así que nos conviene examinar la fiel trayectoria de Jesús y pensar en lo que debemos hacer nosotros para apoyar y defender la soberanía de Jehová (Job 1:6-12; 2:2-6).
Frente a frente con la cuestión de la soberanía
4 Como era de esperar, estos sucesos no le pasaron inadvertidos a Satanás, quien sin pensarlo dos veces atacó a la “descendencia” principal de la “mujer” de Dios (Génesis 3:15). Satanás presentó ante Jesús tres tentaciones incitándolo a dejar a un lado la voluntad de su Padre y a hacer lo que le resultara más conveniente. La tercera, en particular, puso a Jesús frente a frente con la cuestión de la soberanía. Tras mostrarle “todos los reinos del mundo y su gloria”, el Diablo le dijo con descaro: “Todas estas cosas te las daré si caes y me rindes un acto de adoración”. Jesús sabía que el Diablo tenía pleno control sobre “todos los reinos del mundo”. Pero rechazó su oferta y así dejó claro de qué lado estaba en la cuestión de la soberanía. “¡Vete, Satanás! —le dijo—. Porque está escrito: ‘Es a Jehová tu Dios a quien tienes que adorar, y es solo a él a quien tienes que rendir servicio sagrado’.” (Mateo 4:8-10.)
5 Para Jesús, lo más importante era defender la soberanía de Jehová, y lo demostró en cada momento de su vida. Él sabía perfectamente que para demostrar que Dios tenía el derecho a ser el Soberano, debía mantenerse fiel hasta la muerte, o como decía la profecía, hasta que Satanás magullara el talón de la “descendencia” de la mujer (Mateo 16:21; 17:12). También tenía que dar a conocer que el Reino de Dios sería el instrumento con el que Jehová sometería al rebelde Satanás y restauraría la paz y el orden en toda la creación (Mateo 6:9, 10). ¿Cómo cumpliría Jesús esa difícil misión?
“El reino de Dios se ha acercado”
6 Para cumplir con su comisión, “Jesús entró en Galilea, predicando las buenas nuevas de Dios y diciendo: ‘El tiempo señalado se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado’” (Marcos 1:14, 15). Él mismo dijo después: “Tengo que declarar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado” (Lucas 4:18-21, 43). Y así lo hizo: viajó por todo Israel “predicando y declarando las buenas nuevas del reino de Dios” (Lucas 8:1). También hizo muchos milagros: alimentó a multitudes, controló las fuerzas de la naturaleza, sanó a enfermos y hasta levantó a muertos. De esta manera, Jesús demostró que Dios puede anular todo el daño y el sufrimiento que ha causado la rebelión de Edén y así “desbaratar las obras del Diablo” (1 Juan 3:8).
7 Para que las buenas nuevas del Reino llegaran al mayor número de personas, Jesús preparó a un grupo de discípulos fieles. Primero eligió a sus doce apóstoles y “los envió a predicar el reino de Dios” (Lucas 9:1, 2). Posteriormente envió a 70 discípulos más con el mensaje: “El reino de Dios se ha acercado a ustedes” (Lucas 10:1, 8, 9). Cuando regresaron y le contaron a Jesús lo bien que les había ido, él les respondió: “Contemplaba yo a Satanás ya caído como un relámpago del cielo” (Lucas 10:17, 18).
8 Jesús trabajó a favor del Reino sin parar, día y noche. Incluso estuvo dispuesto a renunciar a muchas comodidades propias de la vida diaria. “Las zorras tienen cuevas y las aves del cielo tienen donde posarse —declaró—, pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza.” (Lucas 9:58; Marcos 6:31; Juan 4:31-34.) Además, no desperdició ninguna oportunidad. Por ejemplo, poco antes de morir, Jesús le dijo con valor a Poncio Pilato: “Para esto he venido al mundo, para dar testimonio acerca de la verdad” (Juan 18:37). Por su manera de vivir, Jesús dejó claro que no vino a la Tierra únicamente para ser un gran maestro, hacer milagros o dar su vida por nosotros. Su principal objetivo fue apoyar la soberanía de Jehová y dar a conocer que Dios efectuaría su voluntad mediante el Reino (Juan 14:6).
“¡Se ha realizado!”
9 El trabajo de Jesús a favor del Reino no le agradó nada a su adversario, Satanás. Valiéndose de la parte terrestre de su “descendencia” —tanto política como religiosa—, el Diablo trató una y otra vez de silenciar a la “descendencia” de la mujer de Dios. Desde que nació hasta que murió, Jesús estuvo en el punto de mira de Satanás y sus secuaces. Finalmente, en la primavera del año 33 llegó el momento de permitir que el Adversario magullara en el talón al Hijo del hombre (Mateo 20:18, 19; Lucas 18:31-33). Los Evangelios relatan con claridad cómo Satanás manipuló a la gente —Judas Iscariote, los sacerdotes principales, los escribas, los fariseos y los romanos, entre otros— para que se condenara a Jesús y se le sometiera a una muerte horrible en un madero de tormento (Hechos 2:22, 23).
10 ¿Qué nos viene a la mente cuando recordamos la lenta y dolorosa muerte de Jesús? Tal vez que él estuvo dispuesto a dar su vida en sacrificio por la humanidad pecadora (Mateo 20:28; Juan 15:13). Puede que también nos llene de admiración el gran amor que demostró Jehová al hacer posible ese sacrificio (Juan 3:16). O es probable que, como aquel oficial del ejército romano, nosotros también digamos: “Ciertamente este era Hijo de Dios” (Mateo 27:54). Sin duda, todas estas conclusiones son acertadas. Pero recordemos las últimas palabras que pronunció Jesús: “¡Se ha realizado!” (Juan 19:30). ¿Qué se había realizado? Es cierto que Jesús realizó muchas cosas durante su vida, y que su muerte también logró mucho. Pero ¿verdad que vino a la Tierra principalmente para zanjar la cuestión de la soberanía de Jehová? ¿Y no es cierto que, según la Biblia, la “descendencia” sufriría una prueba de fuego a manos del Diablo a fin de limpiar el nombre de Jehová? (Isaías 53:3-7.) Pues bien, Jesús cumplió perfectamente con esa importantísima misión. ¡Qué gran victoria!
11 Por su fidelidad y lealtad, Jesús fue resucitado, no como ser humano, sino como “espíritu dador de vida” (1 Corintios 15:45; 1 Pedro 3:18). Jehová le dijo a su Hijo glorificado: “Siéntate a mi diestra hasta que coloque a tus enemigos como banquillo para tus pies” (Salmo 110:1). Estos “enemigos” son Satanás —el cabecilla de la rebelión— y todos los que componen su “descendencia”. Como Rey del Reino mesiánico de Jehová, Jesucristo dirigirá la destrucción de todos los rebeldes del cielo y de la Tierra (Revelación [Apocalipsis] 12:7-9; 19:11-16; 20:1-3, 10). Entonces se cumplirá totalmente la profecía de Génesis 3:15, así como estas palabras de la oración modelo de Jesús: “Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra” (Mateo 6:10; Filipenses 2:8-11).
Un modelo digno de imitar
12 Hoy día, como predijo Jesús, las buenas nuevas del Reino se están predicando en muchos países (Mateo 24:14). Como resultado, millones de personas han dedicado su vida a Dios. Todas ellas están encantadas con las bendiciones que traerá el Reino. De hecho, están deseando vivir para siempre en paz y seguridad en una Tierra hecha un paraíso, y por eso disfrutan de hablar de su esperanza con la gente (Salmo 37:11; 2 Pedro 3:13). ¿Es usted uno de estos evangelizadores? Si así es, ha tomado una excelente decisión. Ahora bien, hay algo en lo que todos debemos pensar.
13 El apóstol Pedro escribió: “Cristo sufrió por ustedes, dejándoles dechado para que sigan sus pasos con sumo cuidado y atención” (1 Pedro 2:21). ¿No le parece interesante que aquí Pedro resalte los sufrimientos de Jesús, y no el entusiasmo con el que predicaba ni su gran habilidad como maestro? El apóstol sabía de lo que hablaba, pues fue testigo ocular del sufrimiento que Cristo estuvo dispuesto a soportar a fin de someterse a la soberanía de Jehová y demostrar que Satanás es un mentiroso. Y nosotros, ¿cómo podemos seguir los pasos de Jesús? Preguntémonos: “¿Cuánto estoy dispuesto a sufrir para apoyar la soberanía de Jehová? ¿Demuestran mi vida y mi ministerio que para mí lo más importante es defender la soberanía divina?” (Colosenses 3:17).
14 A diario nos enfrentamos a todo tipo de pruebas y decisiones. ¿Cómo deberíamos reaccionar en cada caso? Por ejemplo, ¿qué haremos si nos vemos tentados a hacer algo que pudiera amenazar nuestra integridad cristiana? Pues bien, ¿qué le dijo Jesús a Pedro cuando este le sugirió que fuera bondadoso consigo mismo? “¡Ponte detrás de mí, Satanás!”, exclamó Jesús. Y añadió: “Porque no piensas los pensamientos de Dios, sino los de los hombres” (Mateo 16:21-23). Y cuando surge la posibilidad de progresar en nuestra profesión o elevar nuestro nivel económico a costa del bienestar espiritual, ¿reaccionamos como lo hizo Jesús? Cuando él se dio cuenta de que algunos que habían visto sus milagros “estaban a punto de venir y prenderlo para hacerlo rey”, se alejó rápidamente de ellos (Juan 6:15).
15 ¿Por qué reaccionó Jesús con tanta determinación en estas y en otras ocasiones? Porque se daba perfecta cuenta de que había algo más importante que su seguridad o su conveniencia. Por encima de todo, quería hacer la voluntad de su Padre y apoyar la soberanía divina (Mateo 26:50-54). ¿Y eso qué nos enseña? Que nosotros también debemos tener siempre presente la cuestión de la soberanía, porque de lo contrario podríamos fallarle a Jehová. Fácilmente podríamos caer en las trampas de Satanás, un especialista en despertar el deseo por lo prohibido, como quedó demostrado en el caso de Eva (2 Corintios 11:14; 1 Timoteo 2:14).
16 En el ministerio tratamos de mostrar a las personas la solución que dan las Escrituras a sus problemas, y sin duda esta es una buena manera de despertar su interés en el estudio de la Biblia. Sin embargo, nuestro objetivo no es únicamente que la gente llegue a conocer el mensaje bíblico o las bendiciones del Reino de Dios. Ante todo, queremos que comprendan la cuestión de la soberanía de Jehová. ¿Están dispuestos a ser cristianos verdaderos, a tomar su “madero de tormento” y sufrir por causa del Reino? (Marcos 8:34.) ¿Están listos para unirse a los que apoyan la soberanía de Jehová y demostrar así que Satanás es un mentiroso? (Proverbios 27:11.) ¡Qué gran privilegio tenemos! No solo podemos apoyar la soberanía divina, sino que también podemos ayudar a otros a hacer lo mismo (1 Timoteo 4:16).
El día en que Dios sea “todas las cosas para con todos”
17 Sigamos esforzándonos por demostrar con nuestra conducta y nuestro ministerio que apoyamos la soberanía de Jehová. Así podremos esperar con confianza el día en que Jesucristo entregue “el reino a su Dios y Padre”. ¿Cuándo será eso? El apóstol Pablo explica: “Cuando haya reducido a nada todo gobierno y toda autoridad y poder. Porque él tiene que reinar hasta que Dios haya puesto a todos los enemigos debajo de sus pies [...;] entonces el Hijo mismo también se sujetará a Aquel que le sujetó todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas para con todos” (1 Corintios 15:24, 25, 28).
18 El día en que Jehová sea “todas las cosas para con todos” será un momento realmente glorioso. El Reino habrá logrado su objetivo. Todos los enemigos de la soberanía de Jehová habrán sido eliminados, y el universo habrá recuperado la paz y el orden. Como escribió el salmista, la creación entera cantará: “Atribuyan a Jehová la gloria que pertenece a su nombre [...]. Digan entre las naciones: ‘Jehová mismo ha llegado a ser rey’” (Salmo 96:8, 10).
¿Sabe la respuesta?
• ¿De qué manera demostró Jesús que la soberanía de Dios era lo más importante para él?
• Ante todo, ¿qué logró Jesús con su ministerio y su muerte?
• ¿Cómo podemos demostrar que, como Jesús, apoyamos la soberanía de Jehová?
[Preguntas del estudio]
1, 2. a) ¿Qué importante suceso se produjo en el año 29? b) ¿Qué implicaciones tuvo aquel suceso en la vida de Jesús?
3. ¿Cómo se preparó Jesús para cumplir con su misión y apoyar la soberanía de Jehová?
4. ¿Qué tentación de Satanás puso a Jesús frente a frente con la cuestión de la soberanía?
5. ¿Qué difícil misión tenía Jesús por delante?
6. ¿Cómo dio a conocer Jesús que el Reino es el medio que Dios usará para “desbaratar las obras del Diablo”?
7. ¿Para qué obra preparó Jesús a sus discípulos? ¿Y cómo les fue?
8. ¿Qué dejó claro Jesús por su manera de vivir?
9. ¿Cómo logró Satanás magullar el talón de la “descendencia” de la mujer de Dios?
10. ¿Qué gran victoria logró Jesús al morir en el madero?
11. ¿Qué hará Jesús para cumplir totalmente la profecía de Génesis 3:15?
12, 13. a) ¿Qué acogida han tenido las buenas nuevas del Reino? b) ¿Qué deberíamos preguntarnos los que deseamos seguir los pasos de Cristo?
14, 15. a) ¿Cómo reaccionó Jesús cuando le hicieron sugerencias u ofertas contrarias a la voluntad de Dios, y por qué reaccionó así? b) ¿Qué cuestión debemos tener siempre presente? (Incluya comentarios del recuadro “Se pusieron del lado de Jehová”.)
16. ¿Cuál debería ser nuestro principal objetivo en el ministerio?
17, 18. ¿Qué momento glorioso podemos esperar si apoyamos la soberanía de Jehová?
[Ilustraciones y recuadro de la página 29]
Se pusieron del lado de Jehová
Como saben muchos hermanos de Corea y de otros países, cuando nos vemos cara a cara con pruebas difíciles, es importante comprender bien por qué sufrimos.
Un testigo de Jehová encarcelado por el régimen soviético dijo: “Lo que nos ayudó a aguantar fue entender con claridad la cuestión que se planteó en el jardín de Edén [...]: la del derecho de Dios a gobernar. Sabíamos que teníamos la oportunidad de ponernos de parte de la gobernación de Jehová. [...] [Eso] nos hizo fuertes y nos ayudó a mantenernos íntegros”.
Otro hermano explicó cómo lograron aguantar él y los demás Testigos que estaban en un campo de trabajos forzados. “Jehová nunca nos abandonó —relató—. A pesar de las condiciones difíciles, estábamos espiritualmente despiertos. Nos animábamos recordándonos unos a otros que estábamos del lado de Jehová en la cuestión de la soberanía universal.”
[Ilustración de la página 26]
¿Cómo apoyó Jesús la soberanía de Jehová cuando Satanás lo tentó?
[Ilustración de la página 28]
¿Qué logró la muerte de Jesús?.