Translate a otros idiomas

Friday, August 07, 2009

Dar las gracias( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):

Capítulo 18
¿Te acuerdas de dar las gracias?
¿YA COMISTE hoy?... ¿Sabes quién preparó la comida?... Tal vez fue tu mamá u otra persona. Entonces, ¿por qué debemos dar las gracias a Dios por la comida?... Porque es él quien hace crecer las plantas de las que obtenemos alimentos. Sin embargo, también deberíamos dar las gracias a quienes nos preparan la comida o la sirven.
A veces nos olvidamos de agradecer a los demás las cosas buenas que hacen por nosotros, ¿no es cierto? Cuando el Gran Maestro estuvo en la Tierra, unos leprosos se olvidaron de dar las gracias.
¿Sabes qué es un leproso?... Es una persona que padece lepra, una enfermedad que puede hacer que la carne se caiga. En tiempos de Jesús, los leprosos debían mantenerse alejados del resto de la gente. Si un leproso veía que se acercaba alguien, tenía que avisarle para que se apartara. De esa forma evitaba que otras personas se contagiaran.
Jesús fue muy bondadoso con los leprosos. En cierta ocasión tuvo que atravesar una aldea de camino hacia Jerusalén. Cuando entró en la aldea, diez leprosos fueron a encontrarse con él. Habían oído que Dios le había dado a Jesús poder para curar toda clase de enfermedades.
Los leprosos no se acercaron a Jesús, se quedaron a cierta distancia. Pero creían que el Gran Maestro podía curarlos. Por eso, cuando lo vieron, gritaron: ‘¡Jesús, Maestro, ayúdanos!’.
¿Sientes lástima por los enfermos?... Jesús sí la sentía. Sabía lo triste que era ser leproso. Por esa razón les contestó: “Vayan y muéstrense a los sacerdotes” (Lucas 17:11-14).
¿Por qué les dijo Jesús que hicieran eso? Debido a la ley que Jehová le había dado a su pueblo sobre los leprosos. Aquella ley decía que el sacerdote de Dios tenía que examinar la carne del leproso y decirle si había desaparecido la enfermedad. Cuando quedaba curado, podía volver a vivir con las personas sanas (Levítico 13:16, 17).
Pero aquellos leprosos seguían enfermos. Así que, ¿irían a ver al sacerdote tal como les había dicho Jesús?... Sí, fueron enseguida. Sin duda creyeron que Jesús los curaría. ¿Qué ocurrió entonces?
Mientras iban de camino a ver al sacerdote, la enfermedad desapareció. Su carne sanó y quedaron curados. Fue su recompensa por creer en el poder de Jesús. ¡Qué alegría sintieron! Pero ¿qué deberían haber hecho para mostrar su agradecimiento? ¿Qué habrías hecho tú?...
Uno de los hombres curados volvió a donde estaba Jesús y comenzó a glorificar a Jehová, a decir cosas buenas de él. Eso era lo que debía hacer, porque el poder para curarlo había venido de Dios. Además, el hombre cayó a los pies del Gran Maestro y le dio las gracias. Se sentía muy agradecido por lo que Jesús había hecho.
Pero ¿y los otros nueve hombres? Jesús preguntó: ‘¿No fueron curados diez leprosos? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Solo regresó uno a darle gloria a Dios?’.
Sí, es cierto. Solo uno de los diez glorificó, o alabó, a Dios y volvió para darle las gracias a Jesús. Era un samaritano, un hombre de otro país. Los otros nueve no le dieron las gracias a Dios ni tampoco a Jesús (Lucas 17:15-19).
¿A cuál de aquellos hombres te pareces? ¿Verdad que queremos ser como el samaritano?... Por eso, cuando alguien hace cosas buenas por nosotros, ¿de qué debemos acordarnos?... De darle las gracias. Aunque la gente suele olvidarse, es bueno que demos las gracias, pues eso alegra a Jehová Dios y a su Hijo, Jesús.
Si lo piensas, te darás cuenta de que otras personas han hecho muchas cosas por ti. Por ejemplo, ¿has estado enfermo alguna vez?... Quizás no hayas estado nunca tan enfermo como aquellos diez leprosos, pero es posible que hayas tenido un resfriado fuerte o un dolor de estómago. ¿Te cuidó alguien?... Tal vez te dieron alguna medicina y te atendieron. ¿Te alegraste de que te ayudaran a ponerte bien?...
El samaritano dio las gracias a Jesús por curarlo, y eso alegró a Jesús. ¿Crees que tu mamá o tu papá se alegrarán si les das las gracias cuando hacen cosas por ti?... Claro que sí.
Hay gente que hace cosas por ti todos los días o todas las semanas. Puede que ese sea su trabajo y que incluso les guste hacerlo. Pero es posible que tú te olvides de darles las gracias. Tal vez tu maestra se esfuerce por enseñarte. Ese es su trabajo, pero sin duda se alegrará de que tú le des las gracias por ello.
A veces, otras personas nos hacen pequeños favores. ¿Te han sujetado alguna vez la puerta para que pases? ¿O te han alcanzado la comida en la mesa? Sería bueno que dieras las gracias incluso por esas cosas pequeñas.
Si nos acordamos de dar las gracias a las personas que nos rodean, nos resultará más fácil acordarnos de dárselas a nuestro Padre celestial. ¡Y cuántas cosas podemos agradecerle! Nos dio la vida y todo lo que la hace agradable. Por eso, tenemos muchísimas razones para glorificar a Dios todos los días diciendo cosas buenas de él.
Veamos lo que dicen los siguientes versículos respecto a dar las gracias: Salmo 92:1; Efesios 5:20; Colosenses 3:17, y 1 Tesalonicenses 5:18.
[Ilustración de las páginas 98 y 99]
¿Qué les dijo Jesús a los leprosos que hicieran?
[Ilustración de la página 99]
¿Qué se acordó de hacer este leproso?
[Ilustración de la página 100]
¿Cómo puedes tú imitar al leproso que volvió a donde estaba Jesús?
[Ilustraciones de la página 101]
¿Por qué es importante acordarse de dar las gracias?

Las peleas( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):

Capítulo 19
¿Está bien pelearse?
¿CONOCES a niños que se crean los más fuertes y siempre busquen pelea?... ¿Te gusta estar con ellos? ¿O prefieres estar con los que son amables y pacíficos?... El Gran Maestro dijo: “Felices son los pacíficos, puesto que a ellos se les llamará ‘hijos de Dios’” (Mateo 5:9).
Pero a veces, otras personas hacen cosas que nos enojan, ¿no es cierto?... Por eso, en ocasiones nos gustaría vengarnos. A los discípulos de Jesús les ocurrió algo así cuando viajaban con él hacia Jerusalén. Voy a contarte qué sucedió.
Cuando ya habían recorrido parte del camino, Jesús envió a varios discípulos a una aldea de Samaria para que buscaran un sitio donde pasar la noche. Pero la gente de la aldea no quería que se quedaran allí, ya que tenían una religión diferente. Además, a los samaritanos no les caían bien los que iban a la ciudad de Jerusalén para adorar a Dios.
Si eso te hubiera ocurrido a ti, ¿qué habrías hecho? ¿Te habrías enojado? ¿Habrías querido vengarte?... Eso es lo que los discípulos Santiago y Juan quisieron hacer. Le dijeron a Jesús: ‘¿Quieres que pidamos que baje fuego del cielo y los destruya?’. No nos sorprende que Jesús los llamara Hijos del Trueno. Jesús les respondió que no estaba bien que trataran a los demás de esa forma (Lucas 9:51-56; Marcos 3:17).
Es cierto que a veces la gente se porta mal con nosotros. Tal vez otros niños no te dejen jugar con ellos. Hasta puede que te digan: “No te queremos por aquí”. Cuando pasa algo así, ¿verdad que nos sentimos mal? Quizás nos den ganas de desquitarnos. Pero ¿deberíamos hacerlo?...
¿Por qué no buscas tu Biblia? Vamos a leer Proverbios, capítulo 24, versículo 29. Allí aconseja: “No digas: ‘Tal como me hizo, así voy a hacerle a él. Le pagaré a cada uno según actúe’”.
¿Qué significan para ti esas palabras?... Quieren decir que no debemos pagar con la misma moneda. No debemos portarnos mal con alguien porque esa persona se haya portado mal con nosotros. Pero ¿y si alguien busca pelea contigo? Puede que te insulte para hacerte enfadar o se ría de ti y diga que tienes miedo. Imagínate que te llama cobarde. ¿Qué deberías hacer? ¿Deberías responderle y pelear?...
Veamos de nuevo lo que dice la Biblia. Busca Mateo, capítulo 5, versículo 39. Jesús nos recomienda: “No resistan al que es inicuo; antes bien, al que te dé una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”. ¿Qué crees que quiso decir Jesús con esas palabras? ¿Que si alguien te da un puñetazo en un lado de la cara tienes que dejarle que te golpee también en el otro lado?...
No, no era eso lo que Jesús quiso decir. Una bofetada no es como un puñetazo. Se parece más a un empujón. Quien nos da una bofetada o un empujón seguramente busca pelea. Quiere que nos enojemos. Y si nos enojamos y también lo empujamos, ¿qué sucederá?... Es probable que acabemos peleándonos.
Pero Jesús no quería que sus seguidores pelearan. Por eso dijo que si alguien nos da una bofetada, no debemos devolvérsela. No debemos enojarnos ni pelear. Si lo hiciéramos, estaríamos demostrando que somos iguales que la persona que comenzó la pelea.
Si surgen problemas, ¿qué crees que es lo mejor que se puede hacer?... Lo mejor es marcharse. Quizás la otra persona te empuje alguna vez más. Pero probablemente ahí quede todo. Marchándote no demuestras que eres débil, sino que eres fuerte, porque se necesita fortaleza para hacer lo que está bien.
Pero ¿qué sucederá si acabas peleándote y eres tú quien gana? ¿Qué podría ocurrir después?... El que perdió tal vez vuelva con sus amigos, y puede que incluso te lastime con un palo o una navaja. ¿Entiendes ahora por qué Jesús no quería que peleáramos?...
¿Qué deberíamos hacer si vemos que otras personas se están peleando? ¿Deberíamos ponernos de parte de alguna de ellas?... La Biblia nos aconseja qué hacer. Busquemos Proverbios, capítulo 26, versículo 17. Allí dice: “Como quien agarra por las orejas a un perro es cualquiera que, al pasar, se enfurece por la riña que no es suya”.
¿Qué ocurriría si agarraras a un perro por las orejas? Le dolería y querría atacarte, ¿verdad? Cuanto más tratara de soltarse el perro, más fuerte tendrías que agarrarlo y más nervioso se pondría. Y si lo dejaras ir, probablemente te mordería con fuerza. Pero ¿puedes quedarte agarrándolo por las orejas toda la vida?...
Pues si vemos una pelea y nos metemos en ella, nos buscaremos un problema como ese. Puede que no sepamos quién empezó la pelea ni por qué están peleando. Quizás la persona que está recibiendo golpes robó algo y por eso le están pegando. Si la ayudamos, estaremos ayudando a un ladrón. Y eso no estaría bien, ¿verdad?
Por eso, ¿qué debes hacer cuando veas una pelea?... Si es en la escuela, puedes correr a decírselo a un maestro. Y si es fuera de la escuela, puedes llamar a tus padres o a un policía. Aunque otras personas quieran pelear, nosotros debemos ser pacíficos.
Los verdaderos discípulos de Jesús hacemos todo lo posible por evitar las peleas. De esa forma demostramos que somos lo suficientemente fuertes como para hacer lo que está bien. La Biblia dice que el discípulo de Jesús “no tiene necesidad de pelear, sino de ser amable para con todos” (2 Timoteo 2:24).
Vamos a buscar ahora más consejos que nos ayudan a evitar las peleas: Romanos 12:17-21 y 1 Pedro 3:10, 11.
[Ilustración de la página 102]
¿Qué querían hacer Santiago y Juan para vengarse de los samaritanos?
[Ilustración de la página 104]
¿Qué debemos hacer si alguien busca pelea con nosotros?
[Ilustración de la página 105]
¿Por qué meterse en las peleas de otras personas es como agarrar a un perro por las orejas? Porque saldrías lastimado, así que no lo hagas
[Ilustración de la página 106]
¿Qué debes hacer si ves una pelea?

Espíritu competitivo?( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):

Capítulo 20
¿Buscas siempre el primer lugar?
¿CONOCES a alguien que siempre quiera el primer lugar?... Tal vez empuje a otros para ser el primero de la cola. ¿Has visto eso alguna vez?... El Gran Maestro incluso vio a adultos tratando de conseguir los mejores sitios o los más importantes, y no le gustó. Veamos lo que ocurrió.
La Biblia nos cuenta que un fariseo, un importante líder religioso, invitó a Jesús a un banquete en su casa. Cuando Jesús llegó, observó cómo otros invitados entraban y elegían los mejores lugares. Por eso, quiso enseñar una lección a todos los que estaban allí usando una ilustración. ¿Te gustaría oírla?...
Jesús dijo: ‘Cuando alguien te invite a un banquete de bodas, no escojas el mejor sitio’. ¿Sabes por qué dijo aquello?... Él explicó que quizás haya algún invitado más importante. Entonces, como ves en la lámina, el dueño de la casa puede venir y decir: ‘Deja que este hombre ocupe ese lugar, y tú vete allí’. ¿Cómo se sentiría el invitado?... Avergonzado de que todo el mundo lo viera cambiarse a un sitio menos importante.
Jesús deseaba mostrarles que no está bien querer ocupar el sitio más importante. Les dijo: ‘Cuando alguien te invite a un banquete de bodas, busca el último puesto. Así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: “Amigo, ven a este lugar mejor”. De esa manera, recibirás honra delante de los demás invitados cuando te cambien a un lugar mejor’ (Lucas 14:1, 7-11).
¿Comprendes qué quiso enseñar Jesús con esa ilustración?... Pongamos un ejemplo para ver si lo entendiste. Imagínate que te subes a un autobús lleno de gente. ¿Deberías apresurarte a ocupar un asiento y dejar que una persona mayor se quede de pie?... ¿Le gustaría a Jesús que hicieras eso?...
Quizás alguien diga que a Jesús le da lo mismo. Pero ¿crees que es así?... Cuando Jesús estaba en aquel banquete en casa del fariseo, observó cómo la gente escogía los asientos. ¿No crees que está igual de interesado en lo que hacemos nosotros?... Ahora que Jesús está en el cielo, sin duda puede observarnos bien.
Cuando alguien intenta ser el primero, pueden surgir problemas. Con frecuencia, los demás empiezan a discutir con él y se enfadan. A veces sucede esto cuando los niños viajan juntos en el autobús. Tan pronto como se abren las puertas, corren para ser los primeros en subirse. Quieren los mejores asientos, los que están junto a las ventanillas. ¿Qué puede ocurrir entonces?... Que se enojen unos con otros.
Sin duda, el deseo de ser siempre el primero puede causar muchos problemas. Así les sucedió incluso a los apóstoles de Jesús. Como aprendimos en el capítulo 6, ellos discutieron sobre quién era el más importante. ¿Qué hizo Jesús?... Los corrigió. Pero después tuvieron otra discusión. Veamos cómo empezó todo.
Los apóstoles y otros discípulos viajaban con Jesús hacia la ciudad de Jerusalén por última vez. Jesús les había hablado sobre su Reino, y Santiago y Juan habían estado pensando en el hecho de que serían reyes junto con él. Hasta habían hablado de ello con su madre, Salomé (Mateo 27:56; Marcos 15:40). Por eso, cuando iban de camino a Jerusalén, Salomé se acercó a Jesús, se inclinó ante él y le pidió un favor.
“¿Qué quieres?”, le preguntó Jesús. Ella le contestó que le gustaría que permitiera a sus hijos sentarse al lado de él en el Reino, uno a la derecha y otro a la izquierda. Cuando los otros diez apóstoles se enteraron de lo que Santiago y Juan habían hecho que su madre pidiera, ¿cómo crees que se sintieron?...
Pues sí, se enfadaron mucho con Santiago y con Juan. Por lo tanto, Jesús les dio a todos sus apóstoles un buen consejo. Les explicó que a los gobernantes de las naciones les gusta ser poderosos e importantes. Quieren un puesto alto para que todos les obedezcan. Pero Jesús les dijo a sus seguidores que ellos no debían comportarse así, sino que ‘el que quisiera ser el primero entre ellos tenía que ser esclavo de ellos’. Piensa en eso (Mateo 20:20-28).
¿Sabes qué hace un esclavo?... Sirve a otros, no espera que le sirvan a él. Ocupa el último lugar, no el primero. No se comporta como el más importante, sino como el menos importante. Y no olvides que Jesús dijo que quien quisiera ser el primero debía comportarse como esclavo de los demás.
Entonces, ¿qué crees que eso significa para nosotros?... ¿Discutiría un esclavo con su amo sobre quién de los dos ocuparía el mejor asiento? ¿O sobre quién iba a comer primero? ¿Tú qué piensas?... Jesús explicó que un esclavo siempre pone a su amo en primer lugar (Lucas 17:7-10).
Por eso, en vez de tratar de ser los primeros, ¿qué deberíamos hacer?... Sí, comportarnos como esclavos de otros. Eso significa que debemos ponerlos en primer lugar y pensar que ellos son más importantes que nosotros. ¿De qué maneras se te ocurre que puedes poner a los demás en primer lugar?... ¿Por qué no vuelves a las páginas 40 y 41 para repasar cómo puedes servir a otros, y ponerlos así en primer lugar?
Recordarás que el Gran Maestro puso a otros en primer lugar sirviéndoles. La última noche que pasó con sus apóstoles, incluso se agachó y les lavó los pies. Si nosotros también ponemos a los demás en primer lugar sirviéndoles, agradaremos tanto al Gran Maestro como a su Padre, Jehová Dios.
Leamos otros textos bíblicos que nos animan a poner a los demás en primer lugar: Lucas 9:48; Romanos 12:3, y Filipenses 2:3, 4.
[Ilustración de la página 107]
¿Has visto a personas tratando de ser las primeras?
[Ilustraciones de las páginas 108 y 109]
¿Qué lección estaba enseñando Jesús cuando habló de los que ocupaban los mejores lugares?
[Ilustración de la página 110]
¿Qué le pidió Salomé a Jesús, y cuál fue el resultado?

No presumir( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):

Capítulo 21
¿Tenemos motivos para presumir?
¿QUÉ significa presumir? ¿Lo sabes?... Veamos un ejemplo. ¿Has intentado hacer algo aunque no te salga muy bien? ¿Quizás dar una patada a un balón de fútbol o saltar a la cuerda? ¿Se burló alguien de ti y te dijo: “Yo lo hago mejor que tú”?... En ese caso, la persona estaba presumiendo.
¿Cómo te sientes cuando otros hacen algo así? ¿Te gusta?... Entonces, ¿cómo crees que se sentirán los demás si eres tú quien presume?... ¿Está bien decirle a alguien: “Yo soy mejor que tú”?... ¿Le gustan a Jehová las personas que dicen eso?...
El Gran Maestro conoció a personas que se creían mejores que nadie. Presumían de sí mismas y despreciaban a todo el mundo. Por eso, en cierta ocasión Jesús les relató una historia que demostraba lo malo que era sentirse superior a los demás. Vamos a escucharla.
La historia trata de un fariseo y de un recaudador de impuestos. Los fariseos eran maestros religiosos que a menudo se comportaban como si fueran más justos que otras personas. El fariseo de la historia de Jesús subió al templo de Dios en Jerusalén para orar.
Jesús contó que un recaudador de impuestos también subió al templo a orar. A la mayoría de la gente no le gustaban los recaudadores, pues pensaban que trataban de estafarlos. Y lo cierto es que muchos recaudadores de impuestos no siempre eran honrados.
En el templo, el fariseo comenzó su oración a Dios de esta forma: ‘Oh Dios, te doy las gracias porque no soy un pecador como los demás. No le robo a la gente ni hago otras cosas malas. No soy como ese recaudador de impuestos de ahí. Soy un hombre justo. Dejo de comer dos veces a la semana para tener más tiempo para pensar en ti. Y le doy al templo una décima parte de todo lo que gano’. Aquel fariseo realmente se creía mejor que otras personas, ¿no es cierto?... Y además se lo dijo a Dios.
Pero el recaudador de impuestos no era así. Ni siquiera levantó los ojos hacia el cielo para orar. Se mantuvo de pie a cierta distancia con la cabeza inclinada. Estaba muy arrepentido de sus pecados y se daba golpes en el pecho para demostrar su dolor. No intentó decirle a Dios lo bueno que era. Más bien, le pidió: ‘Oh Dios, sé bondadoso conmigo, que soy pecador’.
¿Cuál de estos dos hombres crees que estaba agradando a Dios? ¿El fariseo, que se creía tan bueno? ¿O el recaudador de impuestos, que estaba arrepentido de sus pecados?...
Jesús dijo que fue el recaudador de impuestos quien agradó a Dios. ¿Por qué? Jesús explicó que todo el que trata de parecer mejor que los demás quedará en vergüenza, pero el que es humilde recibirá honra (Lucas 18:9-14).
¿Qué lección estaba enseñando Jesús con esta historia?... Mostró que está mal pensar que somos mejores que otros. Tal vez no lo digamos, pero nuestra forma de actuar puede demostrar que lo creemos. ¿Te has comportado alguna vez de esa manera?... Piensa en lo que le ocurrió al apóstol Pedro.
Cuando Jesús les dijo a sus apóstoles que todos lo abandonarían cuando fuera arrestado, Pedro respondió muy orgulloso: ‘¡Aunque todos los demás te abandonen, yo nunca lo haré!’. Pero Pedro se equivocaba. Estaba demasiado seguro de sí mismo. Él sí abandonó a Jesús. Sin embargo, después volvió, como veremos en el capítulo 30 de este libro (Mateo 26:31-33).
Tomemos un ejemplo de nuestros días. Quizás a un compañero de clase y a ti les hagan algunas preguntas en la escuela. ¿Qué pasaría si tú respondieras rápidamente, pero tu compañero no? Por supuesto, saber las respuestas haría que te sintieras bien. Pero ¿sería justo que te creyeras mejor que el niño que tardó en responder?... ¿Estaría bien que intentaras llamar la atención avergonzando al otro niño?...
Eso fue lo que hizo el fariseo. Presumió de ser mejor que el recaudador de impuestos. Pero el Gran Maestro dijo que el fariseo estaba equivocado. Aunque hagamos algunas cosas mejor que otras personas, eso no significa que seamos mejores que ellas.
Por eso, si sabemos más que otra persona, ¿es esa una buena razón para presumir?... Piensa en esto: ¿hemos creado nosotros nuestro cerebro?... No, Dios nos lo ha dado. Y la mayoría de las cosas que sabemos las aprendimos de los demás. Tal vez las leímos en un libro o alguien nos las enseñó. Aunque descubramos algunas por nosotros mismos, ¿cómo lo logramos?... Utilizando el cerebro que Dios nos dio.
Cuando alguien se esfuerza mucho, es bueno que le digas algo que lo anime. Dile que te gustó lo que hizo. Quizás puedas ayudarlo a hacerlo mejor. ¿No te gustaría que otros hicieran eso por ti?...
Algunas personas son más fuertes que otras. ¿Qué hay si tú eres más fuerte que tu hermano o tu hermana? ¿Es motivo para que presumas de ello?... No, no lo es. Lo que nos hace fuertes son los alimentos que comemos. Y Dios nos da la luz del sol, la lluvia y todo lo necesario para que crezcan las plantas y tengamos alimentos, ¿verdad?... Por eso, si somos fuertes, debemos dar las gracias a Dios (Hechos 14:16, 17).
A nadie le gusta oír a los que hablan con orgullo de sí mismos, ¿no es cierto?... Recordemos las palabras de Jesús: ‘Así como quieren que otras personas les hagan a ustedes, háganles de igual manera a ellas’. Si cumplimos ese mandato, nunca seremos como el fariseo que se sentía orgulloso de sí mismo en la historia que relató el Gran Maestro (Lucas 6:31).
En cierta ocasión, alguien llamó bueno a Jesús. ¿Afirmó el Gran Maestro: “Sí, soy bueno”?... No, no lo hizo. En vez de eso, dijo: “Nadie es bueno, sino uno solo, Dios” (Marcos 10:18). Aunque el Gran Maestro era perfecto, no presumió. Más bien, dio toda la alabanza a su Padre, Jehová.
Entonces, ¿hay alguien de quien podamos presumir o sentirnos orgullosos?... Sí, lo hay. Podemos sentirnos orgullosos de nuestro Creador, Jehová Dios. Cuando vemos un hermoso atardecer u otra maravilla de la creación, podemos decir a los demás: “¡Nuestro gran Dios, Jehová, lo creó!”. Que siempre estemos dispuestos a hablar de las cosas maravillosas que Jehová hizo en el pasado y hará en el futuro.
Vamos a ver lo que dicen las Escrituras sobre presumir o ser orgullosos, y aprenderemos por qué debemos evitarlo. Leamos Proverbios 16:5, 18; Jeremías 9:23, 24; 1 Corintios 4:7, y 13:4.
[Ilustración de la página 113]
¿Por qué le agradó a Dios el recaudador de impuestos, pero no el fariseo?
[Ilustración de la página 115]
¿Eres mejor persona por saber más que otros?
[Ilustración de la página 115]
¿Por qué no es bueno presumir de ser más fuertes que los demás?
[Ilustración de la página 116]
¿De quién está orgulloso este niño?

No mentir( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):

Capítulo 22
¿Por qué no debemos mentir?
IMAGÍNATE que una niña le dice a su madre: “Cuando salga de la escuela, vengo enseguida a casa”. Pero luego se queda a jugar con sus amigas y al volver explica: “La maestra me hizo quedarme después de clase”. ¿Estaría bien que dijera algo así?...
O supongamos que un niño le asegura a su padre: “No, papá, no jugué a la pelota dentro de la casa”, pero en realidad sí lo hizo. ¿Estaría mal que dijera que no?...
El Gran Maestro nos enseñó cómo debíamos comportarnos cuando dijo: ‘Que su palabra Sí signifique Sí y su No, No; porque cualquier otra cosa proviene del inicuo’ (Mateo 5:37). ¿Qué quiso dar a entender Jesús con aquellas palabras?... Que debemos hacer lo que decimos.
En la Biblia hay una historia que demuestra lo importante que es decir la verdad. Habla de dos personas que afirmaban ser discípulos de Jesús. Veamos lo que ocurrió.
Menos de dos meses después de la muerte de Jesús, muchas personas de lugares lejanos llegaron a Jerusalén para celebrar una fiesta importante de los judíos conocida como Pentecostés. El apóstol Pedro pronunció un discurso extraordinario en el que habló a la gente de Jesús y les contó que Jehová lo había resucitado. Aquella fue la primera vez que muchos de los que habían ido a Jerusalén oyeron hablar de Jesús. Entonces quisieron saber más. Por eso, ¿qué hicieron?
Se quedaron en la ciudad más tiempo del que habían planeado. Pero a algunos se les terminó el dinero y no podían comprar alimentos. Los discípulos de Jerusalén quisieron ayudar a los visitantes, así que muchos de ellos vendieron algunas de sus cosas y entregaron el dinero a los apóstoles de Jesús. Entonces, los apóstoles repartieron el dinero entre los necesitados.
Ananías y su esposa, Safira, que eran miembros de la congregación cristiana de Jerusalén, vendieron un terreno que tenían. Nadie les había dicho que lo vendieran; lo decidieron ellos. Pero no lo hicieron porque amaran a los nuevos discípulos de Jesús. En verdad, Ananías y Safira querían que la gente creyera que ellos eran mejores de lo que realmente eran. Por eso, se pusieron de acuerdo para decir que iban a dar todo el dinero de la venta para ayudar a otras personas. Solo pensaban dar una parte, pero dirían que lo habían dado todo. ¿Tú qué opinas de eso?...
Bueno, Ananías fue a ver a los apóstoles y les dio el dinero. Por supuesto, Dios sabía que no lo estaba dando todo, así que le reveló al apóstol Pedro que Ananías no estaba diciendo la verdad.
Pedro dijo entonces: ‘Ananías, ¿por qué te has dejado llevar por Satanás? El terreno era tuyo. No tenías que venderlo. Y, aun después de venderlo, lo que hicieras con el dinero era cosa tuya. ¿Por qué finges dar todo el dinero si solo has dado una parte de él? Haciendo eso no solo nos mientes a nosotros, sino también a Dios’.
El asunto era así de serio. Ananías estaba mintiendo. No estaba haciendo lo que decía; solo lo fingía. La Biblia nos dice lo que ocurrió a continuación: ‘Al oír las palabras de Pedro, Ananías cayó muerto’. Dios hizo que Ananías muriera. Después, se llevaron su cuerpo y lo enterraron.
Unas tres horas más tarde llegó Safira. Como ella no sabía lo que le había ocurrido a su esposo, Pedro le preguntó: ‘¿Vendieron ustedes el terreno por la cantidad de dinero que nos dieron?’.
Safira contestó: ‘Sí, lo vendimos justo por esa cantidad’. Pero era mentira. Se habían quedado con parte del dinero de la venta del terreno. Por tal razón, Dios también hizo que Safira muriera (Hechos 5:1-11).
¿Qué aprendemos de lo que les ocurrió a Ananías y Safira?... Que a Dios no le gustan los mentirosos. Él quiere que siempre digamos la verdad. Pero muchas personas piensan que no es malo decir mentiras. ¿Crees que tienen razón?... ¿Sabías que todas las enfermedades, el dolor y la muerte que sufrimos los humanos son el resultado de una mentira?...
Recuerda que el Diablo engañó a la primera mujer, Eva. Le dijo que no moriría si desobedecía a Dios y comía el fruto que Él le había prohibido comer. Eva creyó al Diablo y comió del árbol. Luego convenció a Adán para que también comiera, y de esa forma, ambos se volvieron pecadores. Ahora todos sus hijos nacerían pecadores y, debido a eso, sufrirían y morirían. ¿Cómo comenzó el problema?... Todo comenzó con una mentira.
Ya vemos por qué Jesús dijo que el Diablo ‘es un mentiroso y el padre de la mentira’, pues él fue el primero que dijo una mentira. Cuando alguien miente, está haciendo lo mismo que hizo el Diablo. Deberíamos pensar en esto si alguna vez sentimos la tentación de decir una mentira (Juan 8:44).
¿Cuándo podrías sentir la tentación de mentir?... ¿Verdad que es cuando haces algo malo?... Tal vez hayas roto algo sin querer. Si te preguntan, ¿deberías decir que uno de tus hermanos lo hizo? ¿O fingir quizás que no sabes cómo ocurrió?...
¿Y si tenías que hacer los deberes escolares, pero no los acabaste? ¿Deberías decir que los hiciste todos, aunque no fuera verdad?... Recordemos a Ananías y Safira. No dijeron toda la verdad, y Dios mostró lo malo que era eso haciendo que murieran.
Por lo tanto, sin importar lo que hayamos hecho, la situación siempre será peor si mentimos. Ni siquiera debemos decir verdades a medias. La Biblia nos manda que ‘hablemos la verdad’ y que ‘no estemos mintiéndonos unos a otros’. Jehová siempre dice la verdad y espera que nosotros hagamos lo mismo (Efesios 4:25; Colosenses 3:9).
Siempre debemos decir la verdad. Así se indica en Éxodo 20:16; Proverbios 6:16-19; 12:19; 14:5; 16:6, y Hebreos 4:13.
[Ilustración de la página 117]
¿Qué ha hecho este niño que está mal?
[Ilustración de la página 118]
¿Qué mentira le dijo Ananías a Pedro?
[Ilustración de la página 119]
¿Qué le sucedió a Ananías por mentir?
[Ilustración de la página 120]
Según Jesús, ¿quién dijo la primera mentira? ¿Cuál fue el resultado?
[Ilustración de la página 121]
¿Cuándo podrías sentir la tentación de mentir?

Por qué nos enfermamos?( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):

Capítulo 23
¿Por qué nos enfermamos?
¿CONOCES a alguien que esté enfermo?... Es probable que tú mismo te enfermes a veces. Quizás te resfríes o te duela el estómago. Algunas personas están muy enfermas. Ni siquiera pueden ponerse de pie sin ayuda, sobre todo si son muy mayores.
Todo el mundo cae enfermo de vez en cuando. ¿Sabes por qué la gente se enferma, envejece y muere?... Jesús mostró el motivo en cierta ocasión en la que le llevaron a un hombre que no podía andar. Voy a contarte lo que pasó.
Jesús se estaba quedando en una casa de una ciudad cercana al mar de Galilea, y una muchedumbre fue a verlo. Eran tantas personas, que llenaron la casa. Nadie podía acercarse ni siquiera a la puerta. Pero seguía llegando gente. Un grupo de personas trajo a un hombre que tenía parálisis y no podía ni caminar. Lo tenían que llevar en camilla entre cuatro hombres.
¿Sabes por qué quisieron llevar al enfermo a donde estaba Jesús?... Porque tenían fe en que Jesús podía ayudarlo, en que le podía curar su enfermedad. Pero con la casa tan llena, ¿cómo crees que lograron acercar el paralítico a Jesús?...
Bueno, en la ilustración puedes ver cómo lo hicieron. En primer lugar, subieron al hombre al techo, que era plano. Entonces, hicieron en él un gran agujero. Por último, bajaron al paralítico en su camilla a través del agujero hasta la habitación de abajo. ¡Cuánta fe tenían!
Todas las personas de la casa se sorprendieron al ver lo que ocurría. El paralítico que estaba en la camilla quedó justo en medio de ellos. ¿Se enojó Jesús cuando vio lo que habían hecho los hombres?... Por supuesto que no. Se alegró de ver que tenían fe. Le dijo al paralítico: “Tus pecados son perdonados”.
Algunas personas pensaron que no estaba bien que Jesús dijera aquello. No creían que él pudiera perdonar los pecados. Por eso, para demostrar que sí podía hacerlo, Jesús le dijo al hombre: “Levántate, toma tu camilla, y vete a tu casa”.
Cuando Jesús dijo esas palabras, el hombre se curó de la parálisis. Pudo levantarse sin ayuda y andar. Las personas que vieron el milagro estaban asombradas. Nunca habían visto nada tan maravilloso. Alabaron a Jehová por darles a ese Gran Maestro, que hasta podía curar las enfermedades (Marcos 2:1-12).
¿Qué aprendemos de este milagro?... Que Jesús tiene el poder de perdonar los pecados y curar a los enfermos. Pero también aprendemos otra cosa muy importante: que nos enfermamos debido al pecado.
Puesto que todos nos ponemos enfermos alguna vez, ¿quiere decir eso que todos somos pecadores?... Sí, la Biblia dice que todos nacemos en pecado. ¿Sabes lo que significa nacer en pecado?... Significa que cuando nacemos ya somos imperfectos. A veces hacemos las cosas mal aunque no queramos. Pero ¿por qué nos convertimos todos en pecadores?...
Fue porque el primer hombre, Adán, pecó al desobedecer la ley de Dios. Y todos heredamos el pecado de Adán. ¿Sabes cómo? Intentaré explicártelo de forma que lo puedas entender.
Quizás hayas visto a alguien hacer pan en un molde. ¿Qué le ocurrirá al pan si hay alguna abolladura en el molde? ¿Te lo imaginas?... Cualquier pan que hagas con el molde saldrá con la marca de esa abolladura, ¿verdad?...
Adán fue como el molde, y nosotros somos como el pan. Al desobedecer la ley de Dios, Adán se volvió imperfecto. Fue como si desde entonces tuviera una abolladura, o marca de imperfección. Por eso, cuando le nacieran hijos, ¿cómo serían?... Todos tendrían esa misma marca de imperfección.
La mayoría de los niños no nacen con imperfecciones que se noten a simple vista. No les falta un brazo ni una pierna. Pero la imperfección que tienen es lo suficientemente grave como para que se enfermen y, con el tiempo, mueran.
Sin embargo, algunas personas se enferman más que otras. ¿Por qué sucede esto? ¿Es porque nacen más pecadoras?... No, todo el mundo nace igual de pecador. Todos nacemos imperfectos y, por eso, tarde o temprano, padecemos alguna enfermedad. Incluso quienes tratan de obedecer todas las leyes de Dios y no hacen nada realmente malo se ponen enfermos.
Entonces, ¿por qué algunos se enferman más que otros?... Por muchas razones. Puede que no tengan suficientes alimentos o que estos no sean nutritivos. Quizás coman muchos dulces y golosinas. Otra razón puede ser que se acuesten muy tarde y no duerman lo suficiente. Tal vez no se abriguen bien cuando hace frío. Algunas personas tienen el cuerpo muy debilitado, y no pueden combatir las enfermedades aunque intenten cuidarse.
¿Llegará el día en que no nos enfermemos? ¿Nos libraremos alguna vez del pecado?... Bueno, ¿qué hizo Jesús con aquel paralítico?... Le perdonó sus pecados y lo curó. De esa forma, Jesús demostró lo que hará en el futuro con todos los que se esfuerzan por hacer lo que está bien.
Si demostramos que no queremos pecar y que odiamos lo malo, Jesús nos sanará. Como Rey del Reino de Dios, acabará con la imperfección que ahora tenemos. El pecado no desaparecerá enseguida, sino poco a poco. Entonces, cuando se haya ido para siempre, nunca volveremos a enfermarnos. Todos tendremos salud perfecta. ¡Qué felicidad!
Encontraremos más detalles sobre cómo el pecado afecta a todo el mundo en Job 14:4; Salmo 51:5; Romanos 3:23; 5:12, y 6:23.
[Ilustración de la página 123]
¿Qué le dijo Jesús al paralítico que hiciera?
[Ilustración de la página 124]
¿Qué aprendemos de este milagro?
[Ilustración de la página 125]
¿Cómo nos convertimos todos en pecadores?
[Ilustración de la página 126]
¿Cómo será nuestra salud cuando haya desaparecido el pecado?

No robemos( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):

Capítulo 24
Nunca seas un ladrón
¿ALGUNA vez te han robado algo?... ¿Cómo te sentiste?... Quien te robó era un ladrón, y a nadie le gustan los ladrones. ¿Cómo crees que alguien se hace ladrón? ¿Nace así?...
En la lección anterior aprendimos que todos nacemos pecadores y, por lo tanto, somos imperfectos. Pero nadie nace siendo ladrón. Es posible que la persona venga de una familia buena, que sus padres y hermanos sean honrados. Pero su deseo de conseguir dinero y comprarse muchas cosas puede hacer que se convierta en un ladrón.
¿Quién dirías tú que fue el primer ladrón?... A ver, pensemos un poco. El Gran Maestro lo conoció cuando estaba en el cielo. Aquel ladrón era un ángel. Pero si Dios había creado perfectos a todos los ángeles, ¿cómo fue que aquel se hizo ladrón?... Bueno, como aprendimos en el capítulo 8 de este libro, quiso algo que no le pertenecía. ¿Recuerdas qué fue?...
Después de que Dios creara al primer hombre y a la primera mujer, aquel ángel quiso que ellos lo adoraran a él. No tenía derecho a esto, porque la adoración pertenecía a Dios. Pero la robó, por decirlo así. Consiguió que Adán y Eva lo adoraran, y así se convirtió en ladrón. Llegó a ser Satanás el Diablo.
¿Qué convierte a alguien en un ladrón?... El deseo de tener lo que no le pertenece. Ese deseo puede volverse tan fuerte que hasta lleve a gente buena a hacer cosas malas. En algunos casos, quienes se hacen ladrones nunca se arrepienten ni vuelven a hacer lo bueno. Una de esas personas fue un apóstol de Jesús que se llamaba Judas Iscariote.
Judas sabía que robar era malo, pues le habían enseñado la Ley de Dios desde niño. Sabía que en cierta ocasión Dios había hablado desde el cielo y le había dicho a su pueblo: “No debes hurtar” (Éxodo 20:15). Cuando Judas creció, conoció al Gran Maestro y se convirtió en discípulo suyo. Con el tiempo, Jesús incluso lo escogió para que fuera uno de sus doce apóstoles.
Jesús y sus apóstoles viajaban y comían juntos. Todo el dinero del grupo se guardaba en una caja, y Jesús se la dio a Judas para que la cuidara. Por supuesto, el dinero no le pertenecía a Judas. Pero ¿sabes qué hizo él algún tiempo después?...
Judas comenzó a sacar dinero de la caja cuando no debía. Lo hacía cuando los demás no lo veían, y hasta intentó encontrar la forma de conseguir más. Comenzó a pensar en el dinero todo el tiempo. Veamos a qué lo llevó aquel deseo malo pocos días antes de que mataran al Gran Maestro.
María, la hermana del amigo de Jesús llamado Lázaro, tomó aceite de la mejor calidad y lo derramó sobre los pies de Jesús. Pero Judas se quejó. ¿Sabes por qué?... Dijo que ese aceite se debería haber vendido para dar el dinero a los pobres. En realidad, lo que él quería era tener más dinero en la caja para poder robarlo (Juan 12:1-6).
Jesús le dijo a Judas que dejara tranquila a María, que había sido tan bondadosa. A Judas no le gustó que Jesús dijera aquello, por eso fue a donde estaban los sacerdotes principales, los enemigos de Jesús. Ellos querían arrestar a Jesús, pero querían hacerlo de noche para que nadie los viera.
Judas les dijo a los sacerdotes: ‘Si me dan dinero, les explicaré cómo pueden detener a Jesús. ¿Cuánto están dispuestos a darme?’.
Los sacerdotes contestaron: ‘Te daremos treinta monedas de plata’ (Mateo 26:14-16).
Judas aceptó el dinero de aquellos hombres. Fue como si les hubiera vendido al Gran Maestro. ¿Puedes creer que alguien cometa una maldad así?... Pues ese es el tipo de cosas que ocurren cuando alguien se hace ladrón y roba dinero. Ama el dinero más de lo que ama a otras personas e incluso a Dios.
Quizás tú digas: “Yo nunca amaré ninguna cosa más de lo que amo a Jehová Dios”. Es bueno que pienses así. Probablemente, eso fue lo que Judas pensó cuando Jesús lo eligió para que fuera su apóstol. Otros que se hicieron ladrones tal vez creyeron lo mismo. Hablemos de algunos de ellos.
Uno fue un siervo de Dios llamado Acán, que vivió mucho antes de que naciera el Gran Maestro. Acán vio un vestido hermoso, una barra de oro y algunas piezas de plata. Ninguno de esos objetos le pertenecían. La Biblia dice que eran de Jehová porque el pueblo de Dios se los había quitado a sus enemigos. Pero Acán los deseaba tanto que los robó (Josué 6:19; 7:11, 20-22).
Veamos otro ejemplo. Hace mucho tiempo, Jehová escogió a David para que fuera el rey del pueblo de Israel. Un día, David comenzó a observar a una hermosa mujer llamada Bat-seba. Siguió mirándola y pensando en traérsela a su casa para estar con ella. Sin embargo, era la esposa de Urías. ¿Qué debería haber hecho David?...
David debería haber dejado de pensar en Bat-seba, pero no lo hizo. Así que se la llevó a su casa y se encargó de que mataran a Urías. ¿Por qué hizo David aquellas cosas malas?... Porque deseó a una mujer que era de otro hombre (2 Samuel 11:2-27).
Como David se arrepintió, Jehová le permitió seguir con vida. Pero desde entonces, tuvo muchos problemas. Su hijo Absalón quiso quitarle el puesto de rey. Cuando la gente iba a ver a David, Absalón los abrazaba y los besaba. La Biblia dice: “Absalón siguió robándose el corazón de los hombres de Israel”. Finalmente consiguió que aquellas personas quisieran que él fuera rey en lugar de David (2 Samuel 15:1-12).
¿Alguna vez has sentido un deseo grande de tener algo, como Acán, David y Absalón?... Si esa cosa pertenece a otra persona, tomarla sin permiso es robar. ¿Recuerdas qué fue lo que quiso el primer ladrón, Satanás?... Quiso que la gente lo adorara a él en vez de a Dios. De manera que Satanás estaba robando cuando hizo que Adán y Eva le obedecieran.
Cuando una persona es dueña de algo, tiene el derecho de decidir quién puede usarlo. Por ejemplo, si vas a jugar a casa de otros niños, ¿está bien que te lleves algo de su casa a la tuya?... No, a menos que su papá o su mamá te digan que puedes hacerlo. Si te llevas una cosa sin pedir permiso, estás robando.
¿Qué puede hacer que te sientas tentado a robar?... El deseo de tener algo que no te pertenece. Aunque ninguna otra persona te vea llevártelo, ¿quién te está viendo?... Jehová Dios. Debemos recordar que Dios odia el robo. Por eso, el amor a Dios y al prójimo evitará que seas un ladrón.
La Biblia explica claramente que robar es malo. Leamos, por favor, Marcos 10:17-19; Romanos 13:9, y Efesios 4:28.
[Ilustración de la página 129]
¿Por qué robaba Judas?
[Ilustraciones de la página 130]
¿En qué cosas malas están pensando Acán y David?
[Ilustración de la página 130]
¿En qué sentido fue Absalón un ladrón?

Los malos pueden cambiar( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro Jesucristo):

Capítulo 25
¿Pueden cambiar los que hacen cosas malas?
¿NO SERÍA maravilloso que todo el mundo hiciera el bien?... Pero la verdad es que no hay nadie que lo haga siempre. ¿Sabes por qué todos nos portamos mal a veces, aunque no queramos?... Porque todos nacemos pecadores. Pero hay personas que hacen muchas cosas terribles. Odian a otros y los lastiman a propósito. ¿Crees que pueden cambiar y aprender a ser buenos?...
Fíjate en el joven que está cuidando los mantos de los hombres que lanzan piedras contra Esteban. Su nombre hebreo es Saulo, pero además tiene un nombre romano, Pablo. Él se alegra de que maten a Esteban, que es discípulo del Gran Maestro. Pero veamos por qué Saulo es tan malo.
Saulo pertenecía al grupo religioso judío de los fariseos. Aunque ellos tenían la Palabra de Dios, hacían más caso a las enseñanzas de algunos de sus propios líderes religiosos que a las Escrituras. A eso se debía el mal comportamiento de Saulo.
Saulo estaba en Jerusalén cuando arrestaron a Esteban y lo llevaron ante el tribunal. Allí había algunos jueces fariseos. A pesar de las cosas malas que se dijeron sobre Esteban, él no tuvo miedo. Con valor les predicó a los jueces sobre Jehová Dios y Jesús.
Sin embargo, a los jueces no les gustó lo que escucharon. Ellos ya sabían mucho de Jesús. De hecho, poco tiempo antes lo habían condenado a muerte. Después Jehová había llevado a Jesús de vuelta al cielo. Pero los jueces, en vez de cambiar su conducta, habían empezado a perseguir a los discípulos de Jesús.
Los jueces agarraron a Esteban y lo sacaron a las afueras de la ciudad, donde lo tiraron al suelo y lo apedrearon. Como puedes ver en la lámina, Saulo observaba la escena de cerca. A él le parecía bien que mataran a Esteban.
¿Sabes por qué Saulo pensaba así?... Porque había sido fariseo toda su vida y creía que las enseñanzas de ese grupo religioso eran buenas. Los dirigentes de los fariseos eran un ejemplo para él y los imitaba (Hechos 7:54-60).
¿Qué hizo Saulo después de la muerte de Esteban?... Decidió acabar con los demás discípulos de Jesús. Sacaba de sus casas por la fuerza tanto a los hombres como a las mujeres y los mandaba a la prisión. Muchos discípulos tuvieron que huir de Jerusalén, pero no dejaron de predicar acerca de Jesús (Hechos 8:1-4).
Eso hizo que Saulo odiara aún más a los discípulos de Jesús. Así que fue a hablar con el sumo sacerdote Caifás, y este le dio permiso para arrestar a los cristianos que vivían en la ciudad de Damasco. Saulo quería llevarlos presos a Jerusalén para que los castigaran. Sin embargo, en el camino a Damasco sucedió algo asombroso.
Apareció una luz muy brillante en el cielo, y una voz dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me estás persiguiendo?”. ¡Jesús le estaba hablando desde el cielo! La luz era tan brillante que dejó ciego a Saulo, y quienes lo acompañaban tuvieron que llevarlo a Damasco.
Tres días después, Jesús se apareció en una visión a Ananías, uno de sus discípulos de Damasco. Le encargó que visitara a Saulo para que le curara la ceguera y hablara con él. Cuando Ananías habló con Saulo, este aceptó la verdad sobre Jesús y recuperó la vista. Su vida cambió por completo y se convirtió en un siervo fiel de Dios (Hechos 9:1-22).
¿Comprendes ahora por qué Saulo hacía cosas malas?... Porque le habían enseñado ideas equivocadas. Seguía a hombres que no eran fieles a Dios y pertenecía a un grupo que daba más importancia a las ideas humanas que a la Palabra de Dios. Entonces, ¿por qué cambió Saulo su vida y comenzó a hacer lo bueno, aunque otros fariseos siguieron oponiéndose a Dios?... Porque él no odiaba realmente la verdad, y cuando le mostraron cuál era, estuvo dispuesto a obedecerla.
¿Sabes quién llegó a ser Saulo después?... Un apóstol de Jesús: el apóstol Pablo. Recuerda, además, que Pablo fue el que escribió más libros de la Biblia.
Hay muchas personas que son como Saulo y que podrían cambiar. Sin embargo, no les resulta fácil porque existe alguien que hace todo lo posible por que la gente haga cosas malas. ¿Sabes quién es?... Jesús habló de él cuando se apareció a Saulo en el camino a Damasco. Jesús le dijo a Saulo desde el cielo: ‘Te envío para que abras los ojos de las personas, para que pasen de la oscuridad a la luz y de la autoridad de Satanás a la de Dios’ (Hechos 26:17, 18).
Satanás el Diablo es quien intenta que todo el mundo haga cosas malas. ¿Te cuesta trabajo a veces portarte bien?... Bueno, a todos nos pasa lo mismo porque Satanás nos lo pone difícil. Pero hay otra razón por la que no siempre es fácil hacer lo que está bien. ¿Sabes cuál es?... Que nacemos pecadores.
Por ese motivo suele resultarnos más fácil ser malos que buenos. Entonces, ¿qué es necesario que hagamos?... Esforzarnos mucho por portarnos bien. Si así lo hacemos, podemos estar seguros de que Jesús, que nos ama, nos ayudará.
Cuando Jesús estuvo en la Tierra, demostró su amor por personas que habían hecho cosas malas, pero cambiaron. Él sabía lo difícil que era para ellos cambiar. Por ejemplo, había mujeres que tenían relaciones sexuales con muchos hombres. Por supuesto, eso es malo. La Biblia llama a esas mujeres rameras, o prostitutas.
En cierta ocasión, una de esas mujeres oyó hablar de Jesús y fue a verlo a casa de un fariseo, pues Jesús se encontraba allí. La mujer echó aceite sobre los pies de Jesús y secó con sus propios cabellos las lágrimas que había derramado sobre ellos. Estaba muy arrepentida de sus pecados, y por eso Jesús la perdonó. Sin embargo, el fariseo opinaba que no se la debía perdonar (Lucas 7:36-50).
¿Sabes qué dijo Jesús en otra ocasión a algunos fariseos?... Estas palabras: “Las rameras van delante de ustedes al reino de Dios” (Mateo 21:31). Jesús dijo eso porque aquellas mujeres habían creído en él y habían cambiado, pero los fariseos seguían persiguiendo a los discípulos de Jesús.
Por lo tanto, si la Biblia muestra que estamos haciendo algo malo, debemos estar dispuestos a cambiar. Además, cuando aprendemos lo que Jehová quiere que hagamos, debemos estar deseosos de hacerlo. De esa forma, Jehová estará contento con nosotros y nos dará vida eterna.
Vamos a leer juntos varios textos que nos ayudarán a no hacer cosas malas: Salmo 119:9-11; Proverbios 3:5-7, y 12:15.
[Ilustración de la página 133]
¿Por qué le parecía bien a Saulo que mataran a Esteban?
[Ilustración de la página 135]
¿Quién está hablando con Saulo, y qué le manda hacer?
[Ilustración de la página 136]
¿Por qué perdonó Jesús a esta mujer que había hecho cosas malas?

Lo difícil de hacer el bien( Tomado de Aprendamos del Gran Maestro):

Capítulo 26
¿Por qué resulta difícil hacer lo que está bien?
¿QUIÉN se alegró cuando Saulo hizo cosas malas?... Satanás el Diablo. Pero los líderes religiosos de los judíos también se alegraron. Así que cuando Saulo se convirtió en discípulo del Gran Maestro y empezó a ser conocido como Pablo, aquellos líderes religiosos comenzaron a odiarlo. ¿Entiendes por qué le resulta difícil a un discípulo de Jesús hacer lo que está bien?...
En cierta ocasión, el sumo sacerdote Ananías ordenó que golpearan a Pablo en la cara. Además, Ananías intentó encarcelarlo. Pablo sufrió muchísimo por hacerse discípulo de Jesús. Por ejemplo, hubo personas malas que lo golpearon y quisieron matarlo a pedradas (Hechos 23:1, 2; 2 Corintios 11:24, 25).
Muchos intentarán que hagamos cosas que desagradan a Dios. Por lo tanto, debemos preguntarnos: “¿Cuánto amamos lo bueno? ¿Lo amamos tanto que lo haremos aunque otros nos odien?”. ¿No es cierto que para eso se necesita valor?...
Quizás te preguntes: “¿Por qué iban a odiarnos los demás por hacer lo bueno? ¿No deberían alegrarse?”. Eso sería lo normal. Por lo general, a la gente le gustaba Jesús por las cosas buenas que hacía. Una vez, todos los habitantes de una ciudad se reunieron a la puerta de la casa donde él estaba. Fueron allí porque Jesús curaba a los enfermos (Marcos 1:33).
Pero a veces a la gente no le gustaba lo que Jesús enseñaba. Él siempre enseñó la verdad, y algunos lo odiaban precisamente por eso. Así le sucedió un día en la ciudad donde se crió, llamada Nazaret. Jesús fue a la sinagoga, el lugar donde los judíos se reunían para adorar a Dios.
Allí Jesús dio un discurso magnífico basado en las Escrituras. Al principio, a la gente le gustó. Todos quedaron asombrados por las palabras tan bonitas que salían de su boca. Les parecía imposible que aquel fuera el joven que se había criado en la misma ciudad que ellos.
Pero entonces Jesús comenzó a hablarles de las ocasiones en las que Dios había tratado con bondad especial a personas que no eran judías. Cuando oyeron eso, quienes estaban en la sinagoga se enojaron. ¿Sabes por qué?... Porque pensaban que eran los únicos que disfrutaban de esa bondad especial de Dios, pues se creían mejores que los demás. Así que empezaron a odiar a Jesús por lo que había dicho. ¿Sabes qué intentaron hacerle?...
La Biblia explica: ‘Agarraron a Jesús, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron a lo alto de un precipicio para arrojarlo desde allí y matarlo. Pero Jesús se les escapó’ (Lucas 4:16-30).
Si te ocurriera algo así, ¿volverías para hablar de Dios a esas personas?... ¿Verdad que haría falta valor?... Pues, como al año, Jesús volvió a Nazaret. La Biblia dice: “Se puso a enseñarles en las sinagogas de ellos”. Jesús no dejó de hablar de la verdad por temor a hombres que no amaban a Dios (Mateo 13:54).
En otra ocasión era sábado y Jesús se hallaba en un lugar donde había un hombre con una mano seca, es decir, paralizada. Dios le había dado poder a Jesús para curarlo. No obstante, algunos hombres que se encontraban allí quisieron meterlo en problemas. ¿Qué hizo el Gran Maestro?... En primer lugar preguntó: ‘Si tuvieran una oveja que se hubiera caído en un hoyo en sábado, ¿la sacarían de allí?’.
Por supuesto que sacarían la oveja, incluso si era sábado, el día en que debían descansar. Por lo tanto, Jesús les dijo: ‘Mejor aún es ayudar a un hombre en sábado, puesto que un hombre es de mucho más valor que una oveja’. Estaba claro que Jesús debía ayudar a aquella persona curándola.
Jesús le pidió al enfermo que estirara la mano y se la curó enseguida. ¡Qué feliz se puso el hombre! Pero ¿y los demás? ¿Se alegraron?... No. Sintieron aún más odio por Jesús. Salieron de allí e hicieron planes para matarlo (Mateo 12:9-14).
La situación es parecida en nuestros días. Sin importar lo que hagamos, nunca podremos complacer a todo el mundo. Así que debemos decidir a quién queremos complacer. Si es a Jehová Dios y a su Hijo, Jesucristo, entonces debemos hacer siempre lo que ellos nos enseñan. Sin embargo, ¿quién nos odiará por eso? ¿Quién hará que nos resulte difícil hacer lo que está bien?...
Satanás el Diablo. ¿Alguien más?... Las personas a quienes el Diablo ha hecho creer cosas malas. Jesús les dijo a los líderes religiosos de su tiempo: “Ustedes proceden de su padre el Diablo, y quieren hacer los deseos de su padre” (Juan 8:44).
Hay muchas personas que hacen lo que le gusta al Diablo. Jesús las llama “el mundo”. ¿Qué crees que es “el mundo” del que habla Jesús?... Busquemos Juan, capítulo 15, versículo 19, donde leemos estas palabras de Jesús: “Si ustedes fueran parte del mundo, el mundo le tendría afecto a lo que es suyo. Ahora bien, porque ustedes no son parte del mundo, sino que yo los he escogido del mundo, a causa de esto el mundo los odia”.
Por lo tanto, el mundo que odia a los discípulos de Jesús está formado por toda la gente que no sigue al Gran Maestro. ¿Por qué odia el mundo a los discípulos de Jesús?... Piensa un poco. ¿Quién es el gobernante de este mundo?... La Biblia dice: ‘El mundo entero se encuentra en el poder del inicuo’. Ese inicuo, o malvado, es Satanás el Diablo (1 Juan 5:19).
¿Comprendes ahora por qué cuesta tanto trabajo hacer lo que está bien?... Satanás y su mundo nos lo ponen difícil. Pero hay otra razón. ¿Recuerdas cuál es?... En el capítulo 23 aprendimos que todos nacemos pecadores. ¿No crees que será maravilloso cuando el pecado, el Diablo y su mundo hayan desaparecido?...
La Biblia promete: “El mundo va pasando”. Eso significa que todos los que no sean discípulos del Gran Maestro desaparecerán, no se les permitirá vivir para siempre. Pero ¿sabes quiénes sí vivirán eternamente?... La Biblia pasa a decir: “El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17). Solo las personas que hagan lo que está bien, “la voluntad de Dios”, vivirán para siempre en Su nuevo mundo. Por eso, aunque resulte difícil, ¿verdad que deseamos hacer lo que está bien?...
Vamos a leer juntos algunos textos bíblicos que muestran por qué no resulta fácil hacer lo que está bien: Mateo 7:13, 14; Lucas 13:23, 24, y Hechos 14:21, 22.
[Ilustración de la página 137]
¿Qué sufrió Pablo por hacer lo que está bien?
[Ilustración de la página 138]
¿Por qué intentan matar a Jesús estas personas?
[Ilustración de la página 141]
Cuando este mundo pase, ¿qué les ocurrirá a quienes hacen lo que está bien?

Idolos a los que se le da gloria y adoración hoy día:

-A banderas, himnos, escudos y otros símbolos nacionales.
-A artistas famosos.
-A deportistas triunfadores,etc.

No adorar a dioses falsos( Del Libro para niños Aprendamos del Gran Maestro):

Capítulo 27
¿Quién es nuestro Dios?
¿POR qué es importante que nos preguntemos quién es nuestro Dios?... Porque la gente adora a muchos dioses (1 Corintios 8:5). Cuando el apóstol Pablo recibió poder de Jehová para sanar a un hombre que nunca había podido caminar, la muchedumbre gritó: “¡Los dioses se han hecho como humanos y han bajado a nosotros!”. Entonces quisieron adorar a Pablo y a su amigo Bernabé. Hasta se pusieron a llamarlos por el nombre de dioses falsos: Hermes a Pablo, y Zeus a Bernabé.
Pero Pablo y Bernabé no permitieron que nadie los adorara. Se mezclaron entre la gente diciendo: ‘Vuélvanse de estas cosas vanas al Dios vivo’ (Hechos 14:8-15). ¿Quién es el “Dios vivo” que creó todas las cosas?... Es Jehová, “el Altísimo sobre toda la tierra”. Jesús llamó a Jehová “el único Dios verdadero”. Por lo tanto, ¿quién es el único que merece que se le adore?... Jehová y nadie más (Salmo 83:18; Juan 17:3; Revelación [Apocalipsis] 4:11).
La mayoría de las personas adoran a dioses que no son “el único Dios verdadero”. Muchas veces adoran objetos hechos de madera, piedra o metal (Éxodo 32:4-7; Levítico 26:1; Isaías 44:14-17). E incluso a algunos hombres y mujeres famosos los llaman dioses, estrellas o ídolos. Pero ¿se debe dar gloria a todos estos?...
Después de que Saulo se convirtió en el apóstol Pablo, escribió: “El dios de este sistema de cosas ha cegado las mentes de los incrédulos” (2 Corintios 4:4). ¿Quién es ese dios?... Es Satanás el Diablo. Él ha conseguido que se adore a muchas personas y a muchas cosas.
Cuando Satanás intentó que Jesús se inclinara y lo adorara, ¿qué le respondió Jesús?... “Es a Jehová tu Dios a quien tienes que adorar, y es solo a él a quien tienes que rendir servicio sagrado.” (Mateo 4:10.) De esa forma, Jesús mostró claramente que la adoración solo le pertenece a Jehová. Vamos a leer qué les pasó a unos jóvenes que sabían esto muy bien. Se llamaban Sadrac, Mesac y Abednego.
Aquellos jóvenes eran hebreos que habían nacido en Israel, la nación de Dios, pero habían sido llevados prisioneros a la tierra de Babilonia. Allí, un rey llamado Nabucodonosor construyó una enorme imagen de oro y un día ordenó que todo el mundo se inclinara ante ella al sonar la música. Advirtió: ‘El que no se incline y la adore será arrojado al horno ardiente’. ¿Qué habrías hecho tú?...
Normalmente, Sadrac, Mesac y Abednego obedecían todas las órdenes del rey. Pero esta vez no lo hicieron; se negaron a inclinarse. ¿Sabes por qué?... Porque la ley de Dios decía: ‘No debes tener otros dioses además de mí. No debes hacerte ninguna imagen tallada ni inclinarte ante ella’ (Éxodo 20:3-5). Por ese motivo, Sadrac, Mesac y Abednego obedecieron la ley de Jehová en lugar de la orden del rey.
El rey se enojó mucho e hizo que llevaran enseguida ante él a los tres hebreos. Entonces les dijo: ‘¿Es verdad que ustedes no sirven a mis dioses? Voy a darles otra oportunidad. Cuando escuchen la música, inclínense y adoren la imagen que he construido. Si no lo hacen, se les arrojará al horno ardiente. ¿Y qué dios podrá rescatarlos de mis manos?’.
¿Qué harían aquellos jóvenes? ¿Qué habrías hecho tú?... Ellos le respondieron al rey: ‘Nuestro Dios a quien servimos puede rescatarnos. Pero aunque no lo hiciera, no serviremos a tus dioses. No nos inclinaremos ante tu imagen de oro’.
El rey se enfureció y ordenó: ‘¡Calienten el horno siete veces más de lo normal!’. Entonces mandó a algunos de sus soldados más fuertes que ataran a Sadrac, Mesac y Abednego y los arrojaran al horno. ¡El horno estaba tan caliente que las llamas mataron a los soldados! Pero ¿qué les pasó a los tres hebreos?
Sadrac, Mesac y Abednego cayeron en medio del fuego, pero de repente, se levantaron. No habían sufrido ningún daño y ya no estaban atados. ¿Cómo era posible?... El rey miró hacia dentro del horno y se asustó de lo que vio. ‘¿No arrojamos al fuego a tres hombres?’, preguntó. Sus sirvientes contestaron: “Sí, oh rey”.
Entonces él les dijo: ‘¡Miren! Veo a cuatro personas que se pasean en medio del fuego sin sufrir daño’. ¿Sabes quién era la cuarta persona?... Era el ángel de Jehová, que protegió a los tres hebreos para que no les pasara nada.
Al ver esto, el rey se acercó a la puerta del horno y gritó: “¡Sadrac, Mesac y Abednego, siervos del Dios Altísimo, salgan y vengan acá!”. Cuando salieron, todo el mundo pudo comprobar que no se habían quemado. Ni siquiera olían a humo. Entonces el rey dijo: ‘Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abednego, que envió a un ángel para salvar a sus siervos porque no quisieron adorar a otro dios que no fuera el suyo’ (Daniel, capítulo 3).
Podemos aprender una lección de lo que ocurrió entonces. En nuestros días, los hombres también fabrican imágenes, o ídolos, para adorarlas. Las hacen de madera, piedra, metal o tela. Una enciclopedia dice: “La bandera, al igual que la cruz, es sagrada” (The Encyclopedia Americana). Los primeros discípulos de Jesús no realizaban actos de adoración al emperador romano. El historiador Daniel P. Mannix dijo que lo que ellos hacían se puede comparar a “negarse a saludar la bandera o repetir el juramento de lealtad”.
Por lo tanto, ¿crees que para Dios hay alguna diferencia si una imagen religiosa está hecha de tela, madera, piedra o metal?... ¿Estaría bien que un siervo de Jehová realizara un acto de adoración ante una imagen así?... Sadrac, Mesac y Abednego no lo hicieron, y a Jehová le agradó. ¿Cómo puedes imitar su ejemplo?...
Los que sirven a Jehová no pueden adorar a ninguna otra persona ni cosa. Veamos qué se dice sobre esto en Josué 24:14, 15, 19-22; Isaías 42:8; 1 Juan 5:21, y Revelación 19:10.
[Ilustración de la página 143]
¿Por qué no permitieron Pablo y Bernabé que la gente se inclinara ante ellos?
[Ilustración de la página 144]
¿Por qué no se inclinaron ante la imagen estos tres hombres?
[Ilustración de la página 145]
¿Cómo salvó Jehová a sus siervos del horno ardiente?
[Ilustraciones de la página 146]
¿A qué ídolos se da gloria hoy día?

Los ungidos y las otras ovejas:

Viernes 7 de agosto
Siempre estaremos con el Señor (1 Tes. 4:17).
Los ungidos que quedan en la Tierra están absolutamente convencidos de que, si se mantienen fieles, recibirán pronto su recompensa celestial. Los millones de miembros de las otras ovejas, por su parte, ven la fe de estos hermanos y concuerdan con el apóstol Pablo, que dijo de los ungidos de Tesalónica: “Nosotros mismos nos gloriamos de ustedes entre las congregaciones de Dios a causa del aguante y la fe de ustedes en todas sus persecuciones y las tribulaciones que están soportando. Esto es prueba del justo juicio de Dios, que conduce a que se les considere dignos del reino de Dios, por el cual verdaderamente están sufriendo” (2 Tes. 1:3-5). En el momento en que fallezca el último ungido —ocurra este suceso cuando ocurra—, el gobierno celestial de Dios quedará completo. ¡Cuánta alegría causará eso en el cielo y en la Tierra!

Thursday, August 06, 2009

Sigamos al Rey de la Paz:

El nombre Salomón proviene de una raíz hebrea que significa"paz". El rey Salomón gobernaba el país desde Jerusalén, nombre que en hebreo significa"Posesión de Paz Doble", y su reinado de cuarenta años fue un período de paz sin precedentes en la historia de Israel. La Biblia dice sobre aquellos años:"Judá e Israel continuaron morando en seguridad, cada uno debajo de su propia vid y debajo de su propia higuera, desde Dan hasta Beer-seba, todos los días de Salomón" ( 1 Rey.4:25). Sin embargo, pese a toda su sabiduría, este rey no pudo librar a sus súbditos de la enfermedad, el pecado y la muerte. En cambio, el Salomón Mayor sí librará a sus súbditos de todos los sufrimientos ( Rom. 8:19-21).
En la congregación cristiana ya disfrutamos de un ambiente de paz. Vivimos en un paraíso espiritual. Estamos en paz con Dios y con el prójimo. Isaías habló proféticamente de las condiciones que tendríamos hoy:"Tendrán que batir sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas. No alzarán espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra"(Isa.2:3,4). Cuando actuamos en conformidad con el espíritu de Dios, contribuimos a la belleza de nuestro paraíso espiritual.
Pero el futuro que nos espera es aún mejor. Bajo el reinado de Jesús, los seres humanos obedientes disfrutarán de paz absoluta. Poco a poco irán librándose de "la esclavitud a la corrupción"hasta alcanzar la perfección( Rom. 8:21). Después de pasar la última prueba al final del Reinado Milenario, "los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz"( Sal.37:11; Rev. 20:7-10). El reinado de Jesucristo superará al de Salomón de una manera que no podemos siquiera imaginar.
Bajo el gobierno de Cristo seremos felices, tal como lo fue el pueblo de Israel bajo la guía de Moisés, David y Salomón( 1 Rey. 8:66). Sin duda alguna, nos sentimos sumamente agradecidos a Jehová por habernos dado a su Hijo unigénito: el Moisés, el David y el Salomón Mayor.

Sigamos al rey más sabio:

Solo ha habido un hombre más sabio que Salomón, y ese fue Jesucristo. El mismo dijo que era "algo más que Salomón"( Mat. 12:42). Jesús pronunció" dichos de vida eterna" (Juan 6:68). En el Sermón del Monte amplió algunos principios que aparecen en el libro de los Proverbios. Salomón habló de varias cosas que producen felicidad a los siervos de Jehová ( Pro. 3:13, 8:32, 33; 14:21, 16:20). Y Jesús, recalcó que lo que produce verdadera felicidad son los asuntos espirituales, todo aquello que está relacionado con la adoración a Jehová y el cumplimiento de sus promesas. Dijo: "Felices son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual, puesto que a ellos pertenece el reino de los cielos" ( Mat.5:3). Quienes ponen en práctica los principios contenidos en las enseñanzas de Jesús se acercan a Jehová, "la fuente de la vida" ( Sal.36:9; Pro. 22:11; Mat. 5:8). Cristo representa"la sabiduría de Dios"(1 Cor 1:24, 30). Y como Rey Mesiánico, tiene "el espíritu de sabiduría" ( Isa. 11:2).
Cómo podemos los seguidores del Salomón Mayor, encontrar la sabiduría divina?. Puesto que la sabiduría divina se encuentra en la Palabra de Dios, debemos esforzarnos por estudiarla detenidamente y meditar en ella, sobre todo en las enseñanzas de Jesús ( Pro.2:1-5). Además, debemos seguir pidiéndole a Jehová que nos dé sabiduría. La Biblia nos asegura que él contestará nuestras súplicas sinceras y nos dará el espíritu santo que necesitamos para hallar las perlas de sabiduría que en ella se encuentran ( Sant. 1:5).Estas nos ayudarán a sobrellevar nuestros problemas y a tomar buenas decisiones( Luc. 11:13). A Salomón también se le conoce como "el congregador"porque reunió al pueblo para adorar a Dios y porque"enseñó de continuo conocimiento a la gente" ( Ecl. 12:9, 10). Jesús, que es Cabeza de la congregación cristiana, también es el congregador de su pueblo, pues invita a sus seguidores a adorar a Jehová (Juan 10: 16; Col. 1: 18). Por eso debemos asistir a todas las reuniones, ya que allí se nos instruye de continuo.
Salomón fue un rey muy emprendedor. Organizó un Programa de construcción a escala nacional. Construyó palacios, caminos, redes de agua y ciudades para almacenamiento, para los carros y para la caballería, todo esto para beneficio del pueblo ( 1 Rey. 9:17-19). Pues bien, también Jesús es en cierto sentido un constructor. El edificó su congregación en una "masa rocosa" ( Mat. 16:18). Y además, supervisará los trabajos de construcción que se llevarán a cabo en el nuevo mundo ( Isa. 65:21, 22).

Jehová contesta la oración de Salomón:

Salomón, el hijo de David, también prefiguró a Jesús. El segundo nombre de Salomón era Jedidías, que significa"Amado de Jah"( 2 Samuel 12:24,25). Cuando Salomón subió al trono, Jehová se le apareció en un sueño y le prometió que le concedería cualquier cosa que le pidiera. El rey pudo haberle pedido más riquezas y poder, o una vida más larga. Pero pensando en el bien de sus súbditos, le dijo:"Dame ahora sabiduría y conocimiento para que pueda salir delante de este pueblo y para que pueda entrar, porque quién podría juzgar a este gran pueblo tuyo?"( 2 Cró 1:7-10). Y Jehová le concedió lo que le había pedido ( 2 Cro. 1:11-12).
Durante el tiempo en que Salomón se mantuvo fiel a Jehová, nadie pudo superarlo en sabiduría. Pronunció " tres mil proverbios"( 1 Reyes 4:30, 32, 34).Muchos de ellos se pusieron por escrito, y hasta el día de hoy suministran guía y dirección a quienes aman la sabiduría. La reina de Seba viajó 2.400 kilómetros ( 1.500 millas) para poner a prueba la sabiduría de Salomón con "preguntas de las que causan perplejidad" y quedó muy impresionada por las respuestas del rey y por la prosperidad de su reino ( 1 Rey. 10:1-9). La Biblia revela el verdadero origen de la sabiduría de Salomón:"Toda la gente de la tierra venía buscando el rostro de Salomón para oir su sabiduría que Dios había puesto en su corazón" (1 Rey: 10:24).

La santidad y la obediencia:

5 Y Jehová habló nuevamente a Moisés, y dijo: 2 “Manda a los hijos de Israel que envíen fuera del campamento a toda persona leprosa y a todo el que tenga flujo y a todo el que se haya hecho inmundo por un alma difunta. 3 Sea varón o hembra, ustedes deben enviarlos afuera. Deben enviarlos fuera del campamento, para que no contaminen los campamentos de aquellos en medio de quienes estoy residiendo”. 4 Y los hijos de Israel procedieron a hacerlo así, aun a enviarlos fuera del campamento. Tal como Jehová había hablado a Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel.

( Números 5:1-4)

De perseguidor a perseguido:

Jueves 6 de agosto
Seguí persiguiendo a la congregación de Dios (Gál. 1:13).
Antes de convertirse en el apóstol Pablo, Saulo era un fariseo que perseguía sin piedad a los cristianos porque creía sinceramente que estaban equivocados. Desde el punto de vista humano debía de parecer casi imposible que se hiciera cristiano. Pero Jesús vio algo bueno en su corazón y lo escogió para una comisión especial. Con el tiempo, Saulo llegó a ser uno de los miembros más activos y celosos de la congregación cristiana del siglo primero. ¿Qué aprendemos del caso de Saulo? Es posible que en nuestro territorio haya ciertos grupos de personas que parezcan hostiles al mensaje. Pues bien, aunque nosotros dudemos que alguno de sus integrantes llegue a abrazar el cristianismo, intentemos siempre razonar con ellos. A veces acaba escuchando el mensaje quien menos nos imaginamos. Recordemos que nuestra comisión es seguir predicando a todos “sin cesar” (Hech. 5:42).

El Cielo:

Cielo
Definición: La morada de Jehová Dios y de criaturas espirituales fieles; una región invisible al ojo humano. La Biblia también usa el término “cielo(s)” en varios otros sentidos; por ejemplo: para representar a Dios mismo, su organización de criaturas espirituales fieles, una posición de favor divino, el universo físico aparte de la Tierra, la expansión que rodea al planeta Tierra, los gobiernos humanos bajo la dominación de Satanás, y el nuevo gobierno celestial justo para el cual Jehová ha investido de poder a Jesucristo y sus coherederos.
¿Existíamos todos nosotros en la región espiritual antes que naciéramos como humanos?
Juan 8:23: “[Jesucristo les dijo:] ‘Ustedes son de las regiones de abajo; yo soy de las regiones de arriba. Ustedes son de este mundo; yo no soy de este mundo.’” (Jesús había venido de la región espiritual. Pero, como indicó Jesús, los demás hombres no habían venido de allí.)
Rom. 9:10-12: “Cuando Rebeca concibió gemelos [...] cuando todavía no habían nacido ni practicado cosa buena ni vil, para que el propósito de Dios tocante a la selección continuara dependiendo, no de obras, sino de Aquel que llama, se le dijo a ella: ‘El mayor será esclavo del menor.’” (Por supuesto, si los gemelos Jacob y Esaú hubieran vivido anteriormente en una región espiritual, con toda seguridad se habrían hecho un registro de actos basado en su conducta allí, ¿verdad? Pero no fue sino hasta después de nacer como humanos cuando se hicieron tal registro.)
¿Van al cielo todas las personas buenas?
Hech. 2:34: “David [a quien la Biblia se refiere como un ‘hombre agradable al corazón de Jehová’] no ascendió a los cielos.”
Mat. 11:11: “En verdad les digo: Entre los nacidos de mujer no ha sido levantado uno mayor que Juan el Bautista; mas el que sea de los menores en el reino de los cielos mayor es que él.” (De modo que Juan no fue al cielo cuando murió.)
Sal. 37:9, 11, 29: “Los malhechores mismos serán cortados, pero los que esperan en Jehová son los que poseerán la tierra. Los justos mismos poseerán la tierra, y residirán para siempre sobre ella.”
Si Adán no hubiera pecado, ¿habría ido al cielo con el tiempo?
Gén. 1:26: “Pasó Dios a decir: ‘Hagamos un hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza, y tengan ellos en sujeción los peces del mar y las criaturas volátiles de los cielos y los animales domésticos y toda la tierra y todo animal moviente que se mueve sobre la tierra.’” (Así que el propósito de Dios para Adán fue que se encargara de cuidar de la Tierra y de la vida animal sobre ella. No se dice nada de que él iría al cielo.)
Gén. 2:16, 17: “También le impuso Jehová Dios este mandato al hombre: ‘De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho. Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo no debes comer de él, porque en el día que comas de él positivamente morirás.’” (No era el propósito original de Jehová que el hombre muriera algún día. El mandato de Dios citado aquí muestra que él advirtió que no se siguiera el proceder que llevaría a la muerte. La muerte habría de ser el castigo por la desobediencia, no una puerta a una vida mejor en el cielo. La obediencia sería recompensada con vida continua, vida eterna, en el Paraíso que Dios había dado al hombre. Véase también Isaías 45:18.)

Es necesario el cielo para ser feliz?

¿Tiene que ir uno al cielo para tener un futuro verdaderamente feliz?
Sal. 37:11: “Los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz.”
Rev. 21:1-4: “Vi un nuevo cielo y una nueva tierra [...] Oí una voz fuerte desde el trono decir: ‘¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad, y él residirá con ellos, y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos. Y él limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado.’”
Miq. 4:3, 4: “No alzarán espada, nación contra nación, ni aprenderán más la guerra. Y realmente se sentarán, cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá nadie que los haga temblar; porque la boca misma de Jehová de los ejércitos lo ha hablado.”

Aprendamos del Gran Maestro( Libro para Niños Ilustrado):

Capítulo 28
¿Cómo podemos saber a quién debemos obedecer?
A VECES no es fácil saber a quién debemos obedecer. Quizás tu mamá o tu papá te manden hacer algo, pero un maestro o un policía te digan que hagas lo contrario. Si pasa eso, ¿a quién debes obedecer?...
En el capítulo 7 de este libro leímos el texto bíblico de Efesios 6:1-3. Allí se explica que los hijos deben obedecer a sus padres. Dice: “Sean obedientes a sus padres en unión con el Señor”. ¿Sabes qué significa estar “en unión con el Señor”?... Los padres que están en unión con el Señor enseñan a sus hijos a obedecer las leyes de Dios.
Pero hay algunos adultos que no creen en Jehová. ¿Qué sucedería si uno de ellos le dijera a un niño que está bien copiar en un examen o llevarse algo de una tienda sin pagar? ¿Estaría bien, entonces, que el niño copiara o robara?...
Recuerda que el rey Nabucodonosor ordenó en cierta ocasión que todos se inclinaran ante la imagen de oro que había mandado construir. Pero Sadrac, Mesac y Abednego no se inclinaron. ¿Sabes por qué?... Porque la Biblia dice que solo se debe adorar a Jehová (Éxodo 20:3; Mateo 4:10).
Después de la muerte de Jesús, a sus apóstoles los llevaron ante el Sanedrín, el tribunal religioso más importante de los judíos. El sumo sacerdote Caifás dijo: ‘Les ordenamos que no siguieran enseñando en el nombre de Jesús, y sin embargo, ¡miren!, han llenado a Jerusalén con su enseñanza’. ¿Por qué no obedecieron los apóstoles al Sanedrín?... Pedro, hablando en nombre de todos los apóstoles, contestó a Caifás: “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres” (Hechos 5:27-29).
En aquel tiempo, los líderes religiosos de los judíos tenían mucho poder. Pero su país estaba bajo el dominio de Roma y de su emperador, a quien llamaban César. A pesar de que los judíos no querían que César los dirigiera, el gobierno romano hizo muchas cosas buenas por el pueblo. Y los gobiernos de la actualidad también hacen cosas buenas por sus ciudadanos. ¿Puedes decirme algunas?...
Los gobiernos construyen carreteras para que viajemos por ellas, y pagan a policías y bomberos para que nos protejan. También se encargan de que haya escuelas para los niños y atención médica para los ancianos. Todas estas cosas les cuestan dinero a los gobiernos. ¿Sabes de dónde lo sacan?... De sus ciudadanos. El dinero que la gente entrega al gobierno se llama impuesto.
En tiempos del Gran Maestro, muchos judíos no querían pagar impuestos al gobierno romano. Un día, los sacerdotes contrataron a unos hombres para que le hicieran a Jesús una pregunta que lo metiera en problemas. Le dijeron: ‘¿Tenemos que pagarle impuestos a César, o no?’. La pregunta era engañosa. Si Jesús contestaba: “Sí, tienen que pagar impuestos”, a muchos judíos no les gustaría la respuesta. Pero Jesús no podía contestar: “No, no tienen que pagar impuestos”, pues eso no estaba bien.
¿Qué hizo Jesús entonces? Les dijo: ‘Muéstrenme una moneda’. Cuando le enseñaron una, Jesús preguntó: ‘¿De quién es la imagen y el nombre que hay en ella?’. Los hombres respondieron: “De César”. Así que Jesús les dijo: “Sin falta, entonces, paguen a César las cosas de César, pero a Dios las cosas de Dios” (Lucas 20:19-26).
Nadie pudo criticar aquella respuesta. Si César hace cosas por las personas, es justo que se las paguen con el dinero que él ha fabricado. De esa forma, Jesús mostró que debemos pagar impuestos al gobierno por las cosas que recibimos de él.
Aunque tú aún no tengas edad de pagar impuestos, hay algo que sí debes darle al gobierno. ¿Sabes qué es?... Obediencia a sus leyes. La Biblia dice: ‘Sean obedientes a las autoridades superiores’. Estas autoridades son las personas que tienen poder en el gobierno. De manera que es Dios quien nos dice que debemos obedecer las leyes del gobierno (Romanos 13:1, 2).
Quizás haya una ley que prohíba tirar papeles o basura en la calle. ¿Debes obedecerla?... Sí, Dios quiere que lo hagas. ¿Debes obedecer también a los policías?... El gobierno paga a los policías para que protejan a la gente. Si los obedeces, es como si obedecieras al gobierno.
Por lo tanto, si vas a cruzar la calle y un policía te dice: “¡Espera!”, ¿qué harás?... ¿Cruzarás corriendo de todos modos porque otros también lo hacen?... Debes esperar, aunque seas el único. Dios te dice que obedezcas.
Puede que haya problemas en el vecindario y un policía diga: “No salgan a la calle. Quédense en casa”. Pero quizás oigas gritos y te preguntes qué pasa. ¿Deberías salir a mirar?... Si salieras, ¿estarías obedeciendo a “las autoridades superiores”?...
En muchos lugares, el gobierno también construye escuelas y paga a los maestros. ¿Crees que Dios quiere que obedezcas a los maestros?... Piensa en lo siguiente: el gobierno paga a los maestros para que enseñen, igual que paga a los policías para que protejan a la gente. Así que obedecer a los policías o a los maestros es como obedecer al gobierno.
¿Y si un maestro te dice que adores a una imagen? ¿Qué harás?... Los tres hebreos no se inclinaron ante la imagen, aunque el rey Nabucodonosor se lo ordenó. ¿Recuerdas por qué?... Porque no querían desobedecer a Dios.
Un historiador llamado Will Durant escribió que los primeros cristianos ‘no daban su lealtad principal a César’. Esa lealtad le pertenecía a Jehová. Por lo tanto, no olvides que Dios debe ser lo más importante en nuestra vida.
Obedecemos al gobierno porque Dios quiere que lo hagamos. Pero si se nos pide hacer algo que Dios prohíbe, ¿qué diremos?... Lo mismo que los apóstoles le dijeron al sumo sacerdote: “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres” (Hechos 5:29).
La Biblia enseña a obedecer las leyes. Leamos lo que está escrito en Mateo 5:41; Tito 3:1, y 1 Pedro 2:12-14.
[Ilustración de la página 148]
¿Qué le está diciendo Pedro a Caifás?
[Ilustración de la página 149]
¿Cómo respondió Jesús a la pregunta engañosa de estos hombres?
[Ilustración de la página 151]
¿Por qué debemos obedecer a la policía?

Wednesday, August 05, 2009

Sobre Cuba desde Madrid:

CUBA: LOS PANES DEMORADOS
Tomado de http://www.elmundo.es/opinion/columnas/raul-rivero/2009/08/17692675.htmlLos panes demorados
Por Raúl RiveroLa crisis general que acompaña la candela de este verano en Cuba -una situación desesperada, peor que la que se produjo cuando se cerró la fontanería de los rublos soviéticos- ha hecho que el gobierno se ponga a gritar que comenzará a trabajar con seriedad en los problemas de la agricultura arruinada. Como si el único problema de los cubanos fuera el hambre.Los discursos, los teques de los escribientes y centenares sesiones de trabajo, charlas y documentos redactados con las fórmulas secas del socialismo real están centrados en la debacle de la economía. Se habla de la falta de plátanos y de la desaparición del boniato como asuntos que ponen en peligro la seguridad nacional. Y se disimula bajo unas sábanas de cifras desoladoras las vidas en peligro de 205 presos políticos.Las mesas están vacías. Regresaron los apagones y las ilusiones no duran ni una hora en los planes estatales de recuperación. Pero en la isla trabaja y vive una oposición pacífica que propone cambios radicales en la sociedad. Buscan noticias y escriben crónicas y artículos de fondo decenas de periodistas independientes en todo el territorio nacional. Y se ha instalado una franja de blogueros creativos, irreverentes y talentosos que le dan al mundo su visión personalísima de lo que pasa en el país.Los prisioneros, muchos de ellos enfermos y con condenas de entre 20 y 28 años, son como unas sombras en el escenario de la Cuba de 2009. Hay también la tendencia a no considerar las posiciones de los grupos disidentes y a menospreciar el papel del resurgimiento de la sociedad civil en asociaciones de profesionales y de activistas sindicales independientes.Los amigos extranjeros y los cómplices de los poderosos preparan cheques y visitas. Siguen la rima para justificar la ineficacia del sistema (Cuba compra el 80 por ciento de los productos de la canasta familiar) con el embargo de Estados Unidos y otros lugares comunes deshabitados. Pero la verdad es que Norteamérica es el quinto socio comercial de la dictadura y el año pasado le vendió mercancías por 801 millones de dólares.Ha llegado la candela de agosto y trae nuevas rondas de quejas y propagandas. Se han convocado asambleas en contra del imperio y del hambre física.Los presos políticos no aparecen en ninguna agenda, pero allí están, en su agonía y su valor, llenos del hambre primordial de ser libre para trabajar por el pan y la palabra.

(Tomado de Baracutey Cubano).

El 5 de agosto de 1994 en La Habana, Cuba:

CUBA: AQUEL 5 DE AGOSTO
Aquel 5 de agosto
Por Aleaga PesantLA HABANA, Cuba, agosto (www.cubanet.org) – Sonó el despertador. A los treinta años, era el verano más sofocante que recordaba. Toda la noche hubo apagón en Alamar y la mañana no resultaba más fresca. Se fijo en el calendario. Viernes cinco de agosto de 1994.Los recién inventados camellos eran arrastrados por los lentos capetrés (camiones rusos), por lo que decidió coger una botella con un amigo, para salir de la ciudad dormitorio. No tenía el día para montar bicicleta. En la ciudad fue directo al cliente del día, la extra hotelera Occidental Gaviota, en calle 16, Miramar. Tenía reunión a las diez de la mañana con el ejecutivo principal.Mientras esperaba en el recibidor de la antigua casa vivienda convertida en oficinas, escuchó a un funcionario comentar que “iba a ensillarse” (colocar la pistola en el cinto) “porque a mí no me van a coger de jamón”. Percibió nuevamente la alarma en el ambiente y recordó los días anteriores.Recordó el periodo especial con su secuela de miserias. Luego los sucesos de Cojímar, cuando los guardafronteras ametrallaron en el muelle a un grupo de personas que huían del país, y una tarde de procesión en Regla donde los manifestantes, que cargaban el cadáver de otra víctima del régimen, gritaban asesinos a los policías.Luego pensó en el hundimiento del remolcador 13 de marzo, el 13 de julio, y a renglón seguido en el segundo intento de secuestro de la lanchita Baraguá, de Casablanca.Después de la reunión con el militar-empresario se dirigió a su oficina, donde sería recogido a la una de la tarde para visitar las instalaciones del Parque Morro-Cabaña, en especial el restaurante ubicado en la Batería de los Doce Apóstoles, al otro lado de la bahía.No había electricidad en la ciudad, ni transporte para salir de ella. La televisión sólo trasmitía en horas de la noche. Casi todos los centros de trabajo estaban cerrados. El vagabundeo se había apropiado de la ciudad sin alimentos, cansada de promesas incumplidas y con la curiosidad de lo que sucedería con la lancha Baraguá llena de fugitivos, que continuaba detenida en medio de la bahía. Corrían rumores: se preparaba un barco para sacar a los que quisieran rumbo a Estados Unidos.El auto demoró casi veinte minutos en recorrer los 1500 metros entre Belascoaín y la entrada del túnel de la bahía. Negros, mulatos y blancos paseaban por el malecón sin respetar el sol de agosto, ni los pocos y viejos autos que en el verano de 1994 circulaban por la avenida. Sólo paseaban, con la expectativa puesta en lo que ocurriría con la lanchita de Casablanca.En el restaurante Batería de los Doce Apóstoles, allende al canal del puerto, es de donde se ve hermosa la ciudad, el equipo de trabajo se sentó a disfrutar del mojito, mientras discutía de publicidad. Sin embargo, la tensión exterior fue atrapando a los presentes. Delante de ellos cientos habaneros, concentrados en la Avenida del Puerto, corrían de un lado a otro. Trescientos metros de mar los separaban de las multitudes que corrían, cuando vieron aparecer los policías.La gravedad de los sucesos dio por terminado el encuentro de negocios antes de lo previsto. Pasadas las 4 de la tarde subieron al auto para cruzar el túnel. La imagen de la ciudad era la de un campo de batalla. Un grupo de personas apedreaban un auto patrulla, mientras los oficiales trataban de esconderse en el interior. Las personas corrían de un lado a otro sin orden, sólo con el terror y la euforia retratados en los rostros.El funcionario que iba “ensillado”, dijo:-¡Hay que sacar los tanques!El auto se movió rápidamente hacia la calle 23 donde, agrupados en bloques compactos, se encontraban hombres y mujeres de pulóveres blancos que llevaban una inscripción sobre el pecho: Contingente Blas Roca. En sus manos llevaban palos, machetes, cabillas. La porra “del proletariado” esperaba la orden de avanzar sobre la ciudad, escoltada por las tropas de asalto de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.El auto siguió por la calle O y dobló por 19 hasta detenerse en el lugar de donde había partido. Eran las cinco de la tarde del viernes cinco de agosto de 1994.Esa noche, a las nueve, al teatro Carlos Marx no le cabía un alpiste. Carlos Varela, con el sombrero calado hasta los ojos, cantaba: Guillermo Tell no comprendió a su hijo, que un día se aburrió de la manzana en la cabeza/ echo a correr y el padre lo maldijo entonces como iba a probar su destreza.


(Tomado del blog Baracutey Cubano).

Sigamos al Rey victorioso:

El rey David fue un guerrero que protegió con valentía al pueblo de Dios, y Jehová lo siguió salvando dondequiera que iba. En su reinado el territorio de Israel llegó a abarcar desde el río de Egipto hasta el río Eufrates( 2 Samuel 8:1-14). Gracias a la fuerza de Jehová, David se convirtió en un poderoso gobernante. Se hizo famoso en todas las tierras y llenó de pavor a todas las naciones. ( 1 Cró 14:17).
Al igual que David, Jesús fue valeroso e intrépido. Después de que Jehová lo ungió para ser rey , él demostró que tenía autoridad sobre los demonios, librando a muchas víctimas de sus garras( Mar 5:2, 6-13, Luc 4:36). Ni siquiera Satanás, el principal enemigo de Dios, tenía poder sobre él. Con la ayuda de Jehová, Jesús venció al mundo, que está en el poder del Diablo( Juan 14:30; 16:33; 1 Juan 5:19).
Unos sesenta años después de que Jesús resucitó y ascendió al cielo, el apóstol Juan lo vio en una visión profética como Rey victorioso y poderoso Guerrero en el cielo. Esto fue lo que Juan escribió: "Miren!, un caballo blanco; y el que iba sentado sobre él tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo y para completar su victoria"( Rev 6:2). El jinete del caballo blanco es Jesús. La corona la recibió en 1914, cuando fue entronizado como Rey del Reino celestial, tras lo cual"salió venciendo". Jesús es un rey victorioso, igual que David. Poco después de recibir el Reino luchó contra el Diablo, lo venció y lo arrojó a la Tierra junto con sus demonios( Rev 12:7-9). Jesús seguirá cabalgando hasta que culmine su victoria, hasta que destruya por completo el malvado sistema de Satanás( Rev 19:11, 19-21).
Jesús es también un rey compasivo, como lo fue David. Por eso protegerá a "la gran muchedumbre"durante el Armagedón( Rev 7:9, 14). Bajo el reinado de Jesús y sus coherederos, los 144 000, habrá "resurrección así de justos como de injustos"en la Tierra ( Hech 24:15). Y quienes resuciten tendrán la posibilidad de vivir para siempre. Qué magnífico futuro!. Sigamos pues haciendo lo bueno para ver el día en que reine la justicia en este planeta poblado por felices súbditos del David Mayor, Jesucristo (Salmo 37:27-29).

La fornicación:

Miércoles 5 de agosto
Huyan de la fornicación. [...] El que practica la fornicación peca contra su propio cuerpo (1 Cor. 6:18).
Nuestras publicaciones emplean el sistema de preguntas y respuestas. Sin duda, la mayoría de las personas que estudian la Biblia con nosotros encontrarán enseguida la respuesta a las preguntas de cada párrafo. No obstante, el maestro perspicaz no se conforma con recibir la respuesta correcta. Tal vez el estudiante pueda explicar lo que la Biblia enseña sobre la fornicación, por ejemplo. Pero planteándole preguntas con tacto, el maestro será capaz de averiguar lo que en verdad opina sobre este asunto. Entre otras cosas, pudiera preguntarle: “¿Por qué condena la Biblia las relaciones sexuales fuera del matrimonio? ¿Qué piensa usted de esta prohibición divina? ¿Cree que sirve de algo obedecer las normas morales de Dios?”. Es muy probable que las respuestas del estudiante revelen lo que hay en su corazón.

La mujer y el esposo celoso en la Ley Mosaica:

5 Y Jehová continuó hablando a Moisés, y dijo: 6 “Habla a los hijos de Israel: ‘En cuanto a un hombre o una mujer, en caso de que hagan cualquiera de todos los pecados de la humanidad, al cometer un acto de infidelidad contra Jehová, esa alma también se ha hecho culpable. 7 Y ellos tienen que confesar su pecado que han hecho, y él tiene que devolver la cantidad de su culpa en su principal, añadiendo también a ello su quinta parte, y tiene que darlo a aquel contra quien haya cometido la injusticia. 8 Pero si este no tiene pariente próximo a quien devolver la suma de la culpa, la suma de la culpa que se devuelve a Jehová pertenece al sacerdote, con la excepción del carnero de la expiación con el cual hará expiación por él.
9 ”’Y toda contribución de todas las cosas santas de los hijos de Israel, que ellos presenten al sacerdote, debe llegar a ser de él. 10 Y las cosas santas de cada uno quedarán suyas propias. Cualquier cosa que cada uno dé al sacerdote, eso llegará a ser de este’”.
11 Y Jehová siguió hablando a Moisés, y dijo: 12 “Habla a los hijos de Israel, y tienes que decirles: ‘En caso de que la esposa de cualquier hombre se desvíe, y en efecto cometa un acto de infidelidad contra él, 13 y otro hombre realmente se acueste con ella y tenga una emisión de semen, y ello haya sido escondido de los ojos de su esposo y haya quedado sin descubrirse, y ella, por su parte, se haya contaminado, pero no haya testigo contra ella, y ella misma no haya sido sorprendida; 14 y el espíritu de celos le haya sobrevenido a él, y le hayan entrado sospechas de la fidelidad de su esposa, y ella de hecho se haya contaminado, o el espíritu de celos le haya sobrevenido a él, y le hayan entrado sospechas de la fidelidad de su esposa, pero ella de hecho no se haya contaminado; 15 entonces el hombre tiene que llevar a su esposa al sacerdote, y junto con ella llevar la ofrenda de ella, un décimo de efá de harina de cebada. Él no debe derramar aceite sobre esta ni poner olíbano encima, porque es ofrenda de grano de celos, ofrenda de grano para memoria que hace recordar el error.
16 ”’Y el sacerdote tiene que presentar [a la mujer] y hacer que esté de pie delante de Jehová. 17 Y el sacerdote tiene que tomar en una vasija de barro agua santa, y el sacerdote tomará un poco del polvo que haya en el suelo del tabernáculo, y tiene que echarlo en el agua. 18 Y el sacerdote tiene que hacer que la mujer esté de pie delante de Jehová, y soltar el cabello de la cabeza de la mujer y poner sobre las palmas de las manos de ella la ofrenda de grano para memoria, es decir, la ofrenda de grano de celos, y en la mano del sacerdote debe hallarse el agua amarga que trae una maldición.
19 ”’Y el sacerdote tiene que hacer que ella jure, y tiene que decir a la mujer: “Si no se ha acostado contigo ningún hombre, y si, estando sujeta a tu esposo, no te has desviado a ninguna inmundicia, queda libre del efecto de esta agua amarga que trae una maldición. 20 Pero tú, en caso de que te hayas desviado mientras estabas sujeta a tu esposo, y en caso de que te hayas contaminado y algún hombre, aparte de tu esposo, haya puesto en ti su emisión seminal...” 21 El sacerdote entonces tiene que hacer que la mujer jure con un juramento que encierre maldición, y el sacerdote tiene que decir a la mujer: “Que Jehová te ponga por maldición y por juramento en medio de tu pueblo, dejando Jehová que se te decaiga el muslo, y que se te hinche el vientre. 22 Y esta agua que trae una maldición tiene que entrar en tus intestinos para hacer que se te hinche el vientre y decaiga el muslo”. A esto la mujer tiene que decir: “¡Amén! ¡Amén!”.
23 ”’Y el sacerdote tiene que escribir estas maldiciones en el libro y tiene que borrarlas en el agua amarga. 24 Y tiene que hacer que la mujer beba el agua amarga que trae una maldición, y el agua que trae una maldición tiene que entrar en ella como cosa amarga. 25 Y el sacerdote tiene que tomar de la mano de la mujer la ofrenda de grano de celos y mecer la ofrenda de grano de acá para allá delante de Jehová, y tiene que acercarla al altar. 26 Y el sacerdote tiene que asir parte de la ofrenda de grano como recordativo de ella y tiene que hacerla humear sobre el altar, y después hará que la mujer beba el agua. 27 Cuando haya hecho que beba el agua, también tiene que ocurrir que, si ella se ha contaminado por haber cometido un acto de infidelidad para con su esposo, el agua que trae una maldición entonces tiene que entrar en ella como cosa amarga, y su vientre tiene que hincharse, y su muslo tiene que decaer, y la mujer tiene que llegar a ser una maldición en medio de su pueblo. 28 Sin embargo, si la mujer no se ha contaminado, sino que es limpia, entonces tiene que quedar libre de tal castigo; y se le tiene que poner encinta con semen.
29 ”’Esta es la ley acerca de los celos, en caso de que una mujer se desvíe mientras está sujeta a su esposo, y de veras se contamine, 30 o en el caso de un hombre cuando el espíritu de celos le sobrevenga, y él de veras sospeche infidelidad en su esposa; y tiene que hacer que la esposa esté de pie delante de Jehová, y el sacerdote tiene que llevar a cabo para con ella toda esta ley. 31 Y el hombre tiene que ser inocente de error, pero aquella esposa responderá por su error’”.

(Libro de Números 5:5-31 : celos del esposo, infidelidad de la mujer, culpa, confesión de pecados, injusticia, contribución, sacerdote, contaminación, inmundicia, semen, esposa desviada, memoria del error, sospechas, maldición de la mujer en medio de su pueblo, juramento, limpieza, santidad, castigo, ofrenda de grano de celos, prueba respecto a celos,justicia.)

Tuesday, August 04, 2009

Sigamos a nuestro Pastor y Rey:

Tal como David fue pastor, Jesús también lo es.Un buen pastor cuida las ovejas, alimenta constantemente el rebaño y lo protege con valor de los peligros( Sal 23:2-4). En su juventud David cuidó muy bien las ovejas de su padre y las protegió de los depredadores. Arriesgó su vida para defender al rebaño de un león y de un oso( 1 Sam 17:34-35).
Los años que pasó en el campo cuidando las ovejas lo prepararon para convertirse en el pastor de la nación de Israel ( Sal 78:70,71).Pero David también se comportó como un cordero manso, pues acudió al Gran Pastor Jehová en busca de protección y guía. Con él sabía que nada le faltaría (Sal 23:1). Juan el Bautista llamó a Jesús"el Cordero de Dios"( Juan 1:29). Jesús también ha demostrado ser un pastor ejemplar. El pastorea al "rebaño pequeño" y a las "otras ovejas" gracias a las fuerzas y la guía que Jehová le da ( Luc 12:32, Juan 10:16).
Jesús es el Pastor excelente. Conoce tan bien a sus ovejas que las llama a todas por su nombre.Las requiere tanto que cuando estuvo en la Tierra hizo muchos sacrificios por ellas ( Juan 10:3, 11, 14, 15).
Pero Jesús logró algo que David jamás hubiera podido lograr. Su sacrificio redentor abrió la puerta para que la humanidad sea rescatada de la muerte. Nada impedirá que guíe a los miembros del "rebaño pequeño" hasta los cielos, donde recibirán vida inmortal, ni que conduzca a sus "otras ovejas" a un nuevo mundo de justicia, donde podrán vivir para siempre sin temor a los depredadores. (léase Juan 10:27-29).

David prefiguró a Cristo:

Jesús nació en Belén, al igual que David(rubicundo, joven de hermosos ojos y gallarda apariencia) , solo que mil cien años después de él.El tampoco tenía aspecto de rey, al menos no de la clase de rey que estaban esperando muchos judíos. Sin embargo, como ocurrió con David, Jehová eligió a Jesús y lo amó con todo su corazón( Luc 3:22). El nombre David probablemente significa "Amado". En el bautismo de Jesús y en su transfiguración , Jehová habló desde el cielo y lo llamó:"Mi Hijo, el amado"( Mat 3:17, 17:5). Y el espíritu de Jehová también "empezó a entrar en operación" en él cuando fue ungido.
David fue traicionado por Ahitofel, su consejero, y Jesús, por Judas Iscariote, uno de sus apóstoles( Sal 41:9; Juan 13:18). Tanto David como Jesús sentían un gran aprecio por el lugar donde se adoraba a Jehová( Sal 27:4, 69:9; Juan 2:17).
Jesús fue el heredero de David. Antes de que Jesús naciera, un ángel le dijo a su madre:" Jehová Dios le dará el trono de David su Padre" ( Luc 1:32; Mat 1:1). Pero aunque Jesús es heredero de David, en realidad es mayor que él, puesto que todas las promesas mesiánicas se cumplen en Jesús. Por eso podemos afirmar que es el David Mayor.El es el Rey Mesiánico que todos han esperado durante tanto tiempo( Juan 7:42).

La actitud reverente:

Martes 4 de agosto
Al Señor de los ejércitos, a Él debéis reverenciar (Isa. 8:13, Universidad de Navarra).
La actitud reverente que el espíritu santo fomenta en nosotros nos impulsa a tener siempre presente a Jehová. Simeón, un siervo de Dios que vivía en Jerusalén para el tiempo en que Jesús nació, demostró precisamente esa actitud de respeto y devoción (Luc. 2:25-38). A su avanzada edad, Simeón seguía “espera[ndo] la consolación de Israel”, pues tenía fe en las profecías mesiánicas. Mediante su espíritu, Dios le había asegurado que viviría para ver al Mesías, y eso fue lo que ocurrió. Cierto día del año 2 antes de nuestra era, Jesús fue presentado en el templo por María, su madre, y por José, su padre adoptivo. Lleno de espíritu santo, Simeón empezó a profetizar acerca del Mesías y predijo el dolor que iba a sufrir María al ver a Jesús clavado en un madero de tormento. Pero ¡imagínese la alegría de Simeón al tomar en sus brazos al “Cristo de Jehová”! Este hombre reverente es sin duda un excelente ejemplo para los siervos de Dios de la actualidad.