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Thursday, July 16, 2009

Pésima foto:


Las brumas:


Cielo oscuro:


La otra Montaña:


El Universo:


El insondable Universo:


Los Misterios del Universo:


Buscando el inseñalable Arco Iris:


Buscando el Arco Iris Intocable del Pacto:


Atardecer Oscuro:


Reparando la Autopista:


Autopista, Tierra, Verdor y Cielo:


Ventana al Paisaje del Noroeste:


El Puente:


Otras Lomas:


La Bajada:


Deslumbramientos:


Sombras persistentes:


Desde el carro de Cristina asombro andante:


En contacto con el Creador:


Más Creación:


Otra foto mala:


Cada vez más ceca de la amiga Veera para recoger el DVD de su boda de Oro:


Louella rumbo a Baker City:


Naturaleza de Norteamérica:


Loma y Pinos:


Pinares:


Montaña:


Montaña:


Moviendo lo Estático:


Foto majadera:


Cristina sigue al Volante:


Louella contempla los bellos paisajes del Noroeste americano:


Blanco, Azul, Verde, Oscuro:


Explosión en el Cielo:


Imágenes bonitas:


Cielo y Tierra:


Imágenes en el Cielo:


Fantaseando:


Subiendo una Loma:


Foto 480:


Tierra, Pinos, Cielo:


Bosque Forestal:


De regreso a Baker City:


Edwing y yo jugamos con las nubes y la cámara:


Pinares, nube y cielo:


Con el auto en marcha:


Paisajes a través del cristal:


Desde el auto de Cristina:


Mirando a Dios "cara a cara":


Lo que contamina al hombre:

Jueves 16 de julio
Lo que procede del hombre es lo que contamina al hombre (Mar. 7:20).
Los misioneros de nuestros días, así como los cristianos que se mudan a donde hay más necesidad de proclamadores, tienen que adaptarse en muchos casos a un nivel de vida inferior al que tenían. Pero no podemos siquiera imaginar el contraste entre las circunstancias de Jesús en la Tierra y sus circunstancias en el cielo. Vivir entre humanos imperfectos en un mundo corrompido era algo muy distinto a lo que él estaba acostumbrado (Mar. 7:21-23). Hasta tuvo que lidiar con las rivalidades que surgían entre sus discípulos más allegados (Luc. 20:46; 22:24). Con todo, Jesús siempre manejó a la perfección las situaciones que enfrentó mientras fue humano. Además, cuando era bebé, no comenzó a hablar de manera milagrosa; tuvo que aprender poco a poco, como cualquier otro niño. Jesús empleó por lo menos una de “las lenguas de los hombres”, tan distintas a las “de los ángeles” (1 Cor. 13:1). Y aun así, ningún ser humano ha podido superar sus palabras llenas de gracia (Luc. 4:22).